Actualizado el 26 de octubre de 2012

Penumbras al estilo de Charlie Medina

Por: . 24|10|2012

Penumbras al estilo de Charlie MedinaDesde la puesta en escena que hiciera Osvaldo Doimeadiós de Penumbras en el noveno cuarto, la obra de Amado del Pino, Charlie Medina quedó fascinado. Poco después, el joven realizador Carlos Lechuga —director de Los bañistas y Melaza— pondría el eslabón que faltaba para el lanzamiento: el guión adaptado para cine. Comenzaba así la aventura.

I. La historia

La película cuenta la historia de cuatro personajes en el marco del Período Especial. Tomás Cao (Lázaro), famoso pitcher; Ismercy Salomón (Tati), su amante, una bailarina que conoce en uno de sus viajes a Japón, y Omar Franco (Pepe), quien trabaja en una posada junto a Omar Alí (Renato), realizando la limpieza. Para Lázaro ha llegado el momento del retiro y en medio de esta crisis conoce a Pepe, su fan, con quien entablará una gran amistad en medio de la desolación que los consume.

En este singular y caótico horizonte temporal cada personaje va develando pedazos ocultos de su vida. La adicción al crack y el encarcelamiento temprano de Pepe; la maternidad trunca de Tati y la espera por un compromiso que no llega, así como el declive en el rendimiento del “estelar”.

II. El guión y el reparto

Después de Los aretes que le faltan a la luna, Habana Blues, Cuéntame poeta y Larga distancia, regresa Tomás Cao. Esta vez como un tipo duro que ve como su gran pasión se le escurre entre los dedos sin poder hacer nada. Finales y comienzos, también actitudes de macho, son mostradas con una actuación muy orgánica. De nuevo, Cao demuestra sus posibilidades para deslizarle con soltura en diferentes situaciones dramáticas.

El guión del joven realizador Carlos Lechuga se nos presenta muy bien concebido. En la adaptación, Lechuga logró con gran eficiencia la unión entre el lenguaje popular, el humor, y dejó espacio al monólogo, que en el caso de Omar Franco tuvo una actuación de lujo. La Tati de Ismercy Salomón cumplió la función de servir de hilo conector entre los dos sujetos, y con Omar Alí se viven momentos donde la risa fluye francamente.

Penumbras al estilo de Charlie MedinaPepe es uno de los personajes mejor delineados, en el texto original y en el guión. Su obsesión por la pelota, la admiración por el ídolo como una herramienta esgrimida desde la prisión para mantener la cordura no solo conmueven, sino que generan una identificación inmediata. En ese cubano de a pie, que no es intelectual sino un hombre que “lucha”, se encuentra contenida una gran sabiduría sobre los comportamientos y las relaciones humanas.

Al mismo tiempo, Pepe encarna dos elementos en los cuales se alude a la continuidad de las pasiones y tradiciones de la nación cubana: el deporte y la religión. Constantes —parafraseando a Buena Fe—, sí, de nuestra cubanidad. Penumbras no mira solo a la ciudad o a los 90, enfoca más adentro, a un país en el cual el sujeto se aferra a su condición y a los pilares de la fe. De ahí que el deporte nacional también sirva para pensarnos como nación.

Siendo actor de la pieza de teatro, donde se aprecia la maestría de Franco es principalmente en conducir a su personaje por un camino libre de la sobreactuación que exigen las tablas. Además se verifica su talento para realizar las transiciones de la comedia a los matices del drama.

III. La estética

Hay un tratamiento simbólico de la luz en Penumbras que nos cautiva desde el primer fotograma y nos arrastra al ambiente de frustración de estos personajes.

La estructura narratológica es fragmentada a partir de los innings, siguiendo la dinámica de un juego de pelota. Las jugadas que impone la vida, con sus carreras anotadas y sus inevitables ponches. Las grandes decisiones que se toman en el noveno: te retiras, cambias la bola, en fin, decides y, a veces, otros deciden por ti. Una tesis tan simple como desgarradora. Momentos de luz escasa o nula que traviesan estos personajes, dándose la mano para continuar en pie.

Después de Aire frío y Larga distancia, Alain Ortiz realiza, en esta cinta, la dirección de arte. Lo primero a destacar es el trabajo de los espacios donde se empleó una escenografía minimalista. La “piscina” de Pepe no solo responde a los requerimientos de la acción dramática, sino que crea la atmósfera idónea para la naturaleza volátil de este sujeto. Asimismo, es un acierto la selección de las fuentes de luz, que apoyan la atmósfera de opresión, de penurias, a través de la recurrencia a la clave baja y la luz dura.

Filmada en locaciones reales, la fotografía de Roberto Otero hurgando en esa Habana desolada y destruida impregna a la cinta de una extraordinaria poesía visual; acentuada por las posibilidades del cine digital para presentar con nitidez la relación entre la figura y el fondo. Aun dentro de la intensidad dramática que va cobrando el filme, el poder pictórico de estas imágenes no se pierde. No quiere ello decir que las locaciones no sean acordes a su función expresiva, sino que la miseria también tiene su estética. De igual manera, no pueden pasarse por alto la excelencia de la corrección de luces y de la música original de Juan Antonio Leyva y Magda Rosa Galván, así como del trabajo de Pedro Suárez, el montador del filme.

Penumbras al estilo de Charlie MedinaIV. “Tírame un cabo, mamá”

Los 90 han conquistado un espacio dentro de nuestra reciente filmografía. Tal es el caso de Boleto al paraíso, Larga distancia, y una cinta anterior como Páginas del diario de Mauricio. No es gratuito este final que nos deja expectantes. Un cierre edificante sería irreal y se perdería el tono realista de la cinta y los valores de un contexto tan precario. Todavía estamos a la espera de un cierre aún más polémico, que no incluya las necesarias y socorridas redenciones; pero la película entera es más que su cierre.

Por otra parte, si bien la lluvia —como recurso expresivo— ha sido muy empleada en el cine, el plano final sobrecoge y se erige como resumen de las necesidades de estos seres, una ilusión, un poco de felicidad, una luz dentro de las penumbras, mi virgen.

El director de Los heraldos negros, El ojo de la noche y Pompas de jabón dio un salto de la televisión a la gran pantalla. Era un reto llevar al cine el texto de Amado del Pino y creo que lo ha conseguido con éxito ¡Enhorabuena, Medina!

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