Actualizado el 4 de noviembre de 2012

Las luces en Penumbras

Por: . 1|11|2012

PenumbrasAnte Penumbras, la última obra de Charlie Medina, el espectador se encuentra un vaso con agua hasta la mitad: para algunos estará medio vacío, para otros estará por llenarse. Yo soy de los que me inclino por la segunda visión: la imagen final de Pepe, el expresidiario y drogadicto pero también solidario, buen amigo, que no fuma crack en ese instante para salir a bañarse en el agua de los cielos —pensando quizás en Yemayá u Ochún—, danzando en la calle, sonriendo, me dice que con hombres como él, a pesar de su pasado, no todo está perdido.

Pero para que yo llegara a disfrutar de ese filme en el nada oloroso, ni fresco, ni claro cine Payret, tuvieron que pasar años primero, desde que el dramaturgo Amado del Pino estrenara Penumbras en el noveno cuarto y meses después que Carlos Lechuga escribiera para lo que en inicio fue un teleplay, el guión que parte de la reconocida obra dramática.

Precisamente Amadito, en un amanecer español, me escribió vía email: “La puesta en escena de Medina es fiel en apariencia y en esencia a Penumbras en el noveno cuarto. Lo evidente está en que casi todos los textos que pronuncian los intérpretes proceden de la obra original. Entre los correos que me escribían los amigos me decía alguien que tal vez Omar Franco improvisara en Pepe, ese protagonista que borda e ilumina. Le recordaba que en la puesta en escena de Doime (Osvaldo Doimeadiós) algunos pensaron lo mismo. Omar logra una naturalidad, un encanto y una identificación, que lo que es letra pura y dura parece ocurrencia aportada por el intérprete.

“Lo esencial de la fidelidad de Charlie y su equipo se localiza en la pasión para la Cultura Popular; la falta de prejuicios clasistas o dogmáticos. El guionista —Carlos Lechuga— y el propio director se vieron obligados a escoger entre la urdimbre de pasiones, carencias sentimentales, sueños a medio construir de los personajes. Me agrada que se haya preservado y privilegiado la relación del Posadero y el pitcher; el fanático y el ídolo que se van convirtiendo en amigos. Eso. Y aplaudir con las dos manos y todo mi gordo cuerpo la magnífica factura cinematográfica, lograda con pocos recursos pero mucha profesionalidad”.

A su vez, Carlos Lechuga me confesó: “Bueno te contaré que trabajé a partir de un texto que ya se sabía que había funcionado muy bien en los escenarios teatrales, por lo que me sentía más confiado. Amadito, además de ser muy amigo mío, me dio la total libertad para que yo hiciera con Penumbras (la película) lo que quisiera. En par de meses la adaptación estaba terminada y creo que del original, del punto de partida, mantuve un noventa por ciento de las situaciones, par de cositas las cambie para hacer más fácil la dramaturgia cinematográfica para el futuro director en el que iba a terminar el guión, que gracias a Dios fue Charlie Medina. De la obra los diálogos se mantienen al cien por ciento como Amado del Pino los imaginó, son diálogos de él con retoques de los actores. Creo que mi trabajo, sin falsa modestia, lo veo como un puente, de un lado está la obra y del otro lado está la película que Charlie tenía en mente. Yo siempre fui un intermediario. Un intermediario contento y orgulloso de trabajar con dos grandes del entretenimiento en Cuba”.

PenumbrasAhora bien, luego de tener el texto listo, en octubre del pasado año, después de múltiples trámites, (el cine no está ajeno a la burocracia) comenzó la odisea de la filmación, para colmo Charlie enfermó: los fuertes dolores óseos los achacó a subir y bajar once pisos durante once días, con el cuidado de que ningún equipo se rompiera. Para ese malestar tomó ibuprofeno que desató una gastritis medicamentosa y al final lo que sucedió fue que pasó el dengue encaramándose en lo que una vez fue la piscina del Hotel Bristol y que en Penumbras es la casa de Pepe. El resto de la filmación, al no ser unas pocas acciones en el estadio Latinoamericano, transcurre en los propios escenarios de lo que fuera la famosa (y muy usada) posada Rex de los años 70 y 80.

Entonces comenzó otro gran reto: llevar el guión a imágenes, y es cuando entra a jugar en la filmación de los nueve innings —así está dividida la cinta— el graduado de la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual (FAMCA) del Instituto Superior de Arte, Roberto Otero Martínez, quien dice: “La concepción fotográfica partió de tres puntos muy fuertes: primero un guión con una historia muy dura y bien contada, luego las largas conversaciones con Charlie donde me expuso, como director, la visualidad que quería para su película y por último la inmersión en lo más profundo del barrio habanero de Colón para conocer las locaciones y descubrir una realidad que supera a cualquier fantasía. La luz, las atmósferas, las composiciones y los paisajes de esta película viven en estos lugares donde filmamos.

“Yo lo que he hecho es potenciarles mediante las técnicas cinematográficas, para que estos personajes puedan habitar en ellos, y quedaron plasmadas en la pantalla. El blanco y negro fue un pedido que nos hizo Penumbras desde el primer momento para dejarse contar”.

Con esos elementos, ¿quién no lo sabe?, no se realiza un filme, porque sin actuación no hay producción audiovisual. Penumbras se desarrolla sólo con cuatro actores. Dos de ellos, conversaron con El Caimán Barbudo:

Omar Franco afirma: “Pepe es ese tipo de personaje que a los actores les cuesta trabajo dejarlos a un lado. En el 2004 Doime me convocó a interpretarlo y desde que lo leí me pareció que podría defenderlo a plenitud, primero porque almacenaba muchas de las herramientas que Armando Suárez me brindó en mi formación, segundo porque es un personaje cubano en penumbras pero a la luz, y tercero porque tenía esa mezcla única de nuestras vidas: la tragedia y la comedia (algo que para el público nuestro en muchas ocasiones es tan difícil de asimilar en una actuación); un reto que me propuse asumir en el teatro. De los tres Caricatos que he recibido, el que me proporcionó Pepe es inolvidable, así como el Premio a la Crítica ese año (Villanueva) por la puesta. En mi vida ando distanciado de los avatares de Pepe, de prisiones conozco lo justo por haber actuado en una o dos ocasiones, no consumo drogas, no vivo en condiciones precarias, sí me gusta mucho el béisbol y de posadas creo saber lo que sabe el cubano medio. No deseo aburrirla pero agregaría que Pepe es un personaje del cual se puede apoderar con amor un actor y luego que el público se pueda enamorar de él. Hoy precisamente logré comunicarme con Amadito y está muy contento con la película. A él también le di las gracias por engendrar Penumbras y, por supuesto, a Pepe. Hay otros personajes que albergo con mucho cariño como el Mario Conde de Padura en Vientos de Cuaresma, Ñico Bocachula en Santa Camila o Fredy en Fredy, pero Pepe sigue siendo Pepe”.

PenumbrasA su vez, Omar Alí, el otro posadero, me comentó: “Penumbras es un proyecto del que me siento orgulloso. Es raro que en la carrera de un actor, al menos como yo la conozco, armonicen condiciones apropiadas para hacer un trabajo serio. Cuando hablo de condiciones no me refiero a las materiales, que siempre son precarias, hablo de condiciones para la creación. Tuve en mis manos un personaje que desde el libreto ofrecía muchas posibilidades aun siendo el de menor presencia, un grupo de colegas talentosos y motivados, un equipo de trabajo implicado de verdad en la historia que se quería contar y un director de actores excelente, de los que tanto añoramos.

No me toca juzgar mi trabajo; solo sé que terminando el rodaje tuve la extraña sensación de haber formado parte de una obra atractiva. Podrá ser criticada, polémica. ¡Ojalá!. Pero mis expectativas están en el gran público, sería muy feliz si les gustara”.

Quien sabe un poquito del audiovisual, al ver esta cinta —una producción de RTV Comercial de conjunto con la Televisión Cubana y con la colaboración del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos, el Instituto Nacional de Deporte y Recreación Física y la empresa española VM Broadcast Services Global— percibe un intenso trabajo en la postfilmación, que corrió a cargo de Pedro Suarez: “Contrariamente a lo que puede imaginarse, la postfilmación comenzó mucho antes de iniciarse el rodaje. En ese momento se gestaban ideas que serían concretadas varios meses más tarde, durante la finalización del trabajo. Si bien en un inicio no se pensaba en una obra cinematográfica, sí podía intuirse que, por su puesta en escena y la manera en que se proponía el rodaje, estaba concebida más allá de un material televisivo.

Al concluir el rodaje, llega un día Charlie y me propone: ‘Pedro, vamos a convertir Penumbras en una película’. La idea, aunque implicaba un cambio sustancial en el destino de la obra, no resultaba descabellada. Se partía de un buen material, filmado con la tecnología adecuada y con muchos elementos dramáticos que permitían la correspondiente traslación al medio cinematográfico. Pero la postfilmación de un largometraje es notablemente diferente y compleja respecto a otras obras audiovisuales, por lo que debían cambiarse las ideas en cuanto a procesos a realizar, cantidad de especialistas que participarían y tiempos de ejecución de todo el trabajo.

En ese momento fue que se inició la postfilmación propiamente dicha. Comenzamos por buscar el apoyo de las instituciones implicadas y a partir de ahí lo diseñamos todo, teniendo en cuenta hasta el más mínimo detalle que permitiera convertir el proyecto en una película. Si no se realiza, desde un inicio, de forma completa y coherente, muy rara vez se conseguirá el resultado esperado. Ese diseño es el punto de partida y la necesaria guía para los meses posteriores de trabajo, resulta una lástima que muchas veces se ignore este paso y se acometa la postfilmación de un modo azaroso y poco articulado. Nuestro objetivo estaba claro: ejecutar un proceso de la más alta calidad posible, que resultara además eficiente en cuanto a recursos y tiempo de ejecución. Nos dimos entonces a la tarea de conformar el equipo de trabajo, es decir, encontrar a cada uno de los especialistas que laborara en la post de Penumbras.

De este modo logramos reunir a: Celia Suárez como asistente de edición; Mario Leclere en los efectos visuales y la corrección de luces; Juan Antonio Leyva y Magda Rosa Galbán en la composición musical; Osmany Olivare en el diseño de la banda sonora (junto a él trabajaron Sheyla Pool, Salomé Román y Sergio Marticorena); y Raúl Valdés (RAUPA) en el diseño gráfico. Por otro lado, yo me encargué del montaje y de la organización y supervisión de todo el trabajo de post. Sin la participación de estos especialistas (y artistas), hubiera sido imposible tener buenos resultados. Ellos se comprometieron con el proyecto y pusieron lo mejor de sí para culminarlo. Se podía haber contado con las mejores intenciones y algunos recursos, pero sin estos artistas, no se hubiera podido llevar a buen término la postfilmación de Penumbras.

Comenzamos, por supuesto, por realizar la edición de la obra. El montaje le dio forma y ritmo a todo el material filmado; aportando elementos que completaron la estructura de la película y lograron lo que se puede definir como la última escritura del guión. A su vez constituyó el punto de partida para el resto de los especialistas.

PenumbrasEl trabajo fue supervisado por Charlie y por mí de forma sistemática, de modo que podíamos conducir, en una misma línea dramática, la labor de cada artista Fue un proceso plagado de pequeños detalles, a los que se les prestó minuciosa atención y cuidado. Duró algo más de cuatro meses, un tiempo bien corto para la realización de este trabajo en un largometraje. Durante ese período se cumplieron más de doscientas quince sesiones de trabajo, lo que implica que en determinado momento tres o cuatro especialidades trabajaron de forma simultánea”.

El resultado permitió a Penumbras convertirse en una película y ser proyectada en las salas cinematográficas; con todos los requerimientos desde el punto de vista artístico y tecnológico que ello implica. El equipo de trabajo que laboró en la postfilmación puede estar contento por el resultado.

A Charlie le hice dos preguntas. La primera: ¿Cuándo supiste que tenías una película?, tuvo esta respuesta: “Me haces recordar a un excelente fotógrafo, editor y amigo, Luis Najmías Jr., que me acompañó como editor en tres de mis obras más significativas, creo yo: Escuchando a Litlle Richard, El ojo de la noche y El hombre de Venus.

Luisito, cuando hablaba de la obra, usaba el término ‘película’. ‘Montemos la película’, ‘veamos ahora la película’, ‘esto le sobra a la película’ y así todo el tiempo. A mí nunca me molestó. Sabía que Luisito hablaba de algo que trascendía el formato en que había sido grabada o filmada y, por supuesto, en dónde se iba a exhibir, si en las salas de cine o en la televisión.

Por otro lado, Pedro Suárez, editor de un gran número de obras producidas por y para la industria del cine, y que ya había editado conmigo el telefilme El otro antes de Penumbras, dice siempre que ‘no todo lo que se proyecta en una pantalla de cine es una película’. En un momento en que la tecnología digital permite filmar a cualquiera lo que desee, habría que sentarse a reflexionar qué es una película y qué no lo es. Y creo que, ahora mismo, la respuesta no puede basarse en qué entidad la produjo, dónde se exhibió primero o en qué formato se filmó.

En temas de realización audiovisual, a estas alturas las fronteras entre cine y televisión no son tan precisas. Muchos de los mejores cineastas en el mundo emigran hacia la televisión para hacer sus proyectos y no por eso dejan de ser cineastas. En mi caso, con la experiencia acumulada en la realización de múltiples obras de ficción para la televisión, sentí la necesidad de buscar otros caminos, otras alternativas a la hora de enfrentar la producción. Esta historia, además, me permitía transitar sin mayores sobresaltos y de manera natural a un medio como el cine que te exige menos premura, menos inmediatez, que te obliga a pensarte más los procesos productivos y tecnológicos

PenumbrasEn términos de lenguaje esta película no fue pensada de manera muy diferente al resto de mis últimos proyectos. Lo que destaca a Penumbras del total de mi obra es que me enfrenté a nuevos procesos tecnológicos: el registro en un soporte de alta definición, la utilización de una determinada óptica y una postfilmación (diseño sonoro, corrección de luces y efectos digitales) donde pude enfatizar y enriquecer detalles y trabajar con más precisión. Todo esto para lograr un destino final pensado en cualquiera de las masterizaciones posibles en el cine digital.

Y por último inquirí: ¿Qué opinión te merece el encuentro con el gran público? “Estuve asistiendo esporádicamente a la proyección de Penumbras en varias salas de cine. Quería ver si la reacción que tuvo el público en la première se mantenía. Y para mi alegría fue así. La gente se reía, se callaba y se emocionaba en las escenas y los textos precisos. Para mi sorpresa, el primer día de exhibición en el Yara la película fue aplaudida cuando finalizó. En otra tanda, un señor salió cantando, a viva voz, el rezo final a la Virgen de la Caridad del Cobre. Y en el Multicine Infanta supe que muchos habían disfrutado la película sentados en las escaleras.

Los espectadores que han asistido a los cines han sido numerosos. Es emocionante cuando ves una fila de personas para acceder a tu obra. Eso es algo nuevo para mí, acostumbrado a un público que te ve desde su casa y que no te acompaña”.

Lo que he recibido en cuanto a criterios es muy interesante, pues desde los que me hacen comentarios tremendamente elogiosos hasta los que encontraron cosas que no les gustaron, lo más importante para la película es que nadie que la ha visto ha quedado indiferente. Es decir, creo que la película ha dialogado con todos los públicos y eso es muy estimulante para cualquier realizador.

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