Actualizado el 4 de diciembre de 2013

TV cubana:

¿Atrapada entre dos congresos?

Por: . 3|12|2013

Caricatura de AresDesde antes de celebrarse el noveno congreso de la Unión de Periodistas de Cuba, ya en los noticieros de la televisión comenzaron a aparecer reportajes y comentarios que se acercaban a algunos problemas de la realidad.
Después de la importante cita en la que el Partido Comunista de Cuba convocó a periodistas, funcionarios, comunicadores, y en general a quienes tienen que ver con la emisión de mensajes en nuestro país, a participar de lleno en los cambios previstos en los Lineamientos económicos y los objetivos de la Conferencia partidista, nació el espacio “Cuba dice” en el NTV y a la Mesa redonda se han llevado temas —desde la educación hasta la construcción— con el interés de brindar información sobre serios problemas de la sociedad cubana actual.
Ahora bien, ¿es suficiente lo que se hace? NO. Aplaudo que por lo menos se hable de esos asuntos pero falta una profundidad mayor en la mayoría de los enfoques; y de que no se llegue al meollo de las problemáticas no sólo es responsabilidad de los periodistas o los ejecutivos del ICRT.
Para que la realidad transite por nuestras pantallas de una manera transparente y aguda se impone que los medios de prensa tengan el respaldo absoluto de las estructuras del propio Partido, y que este haga valer su autoridad con ministerios y empresas que siguen jugando al secretismo, amparados en la real y nada desdeñable guerra económica e ideológica dictada en Washington contra Cuba, que lejos de disminuir ha aumentado. Pero muchas veces por no darles información a nuestros potentes enemigos, dejamos que sean ellos los que impongan la agenda informativa, porque las noticias corren por la red de redes y a pesar de que no todo el mundo tiene Internet o correo, con memorias flash o DVD llegan a quienes no están conectados. ¿Quién asegura entonces que si los medios de difusión cubanos no lo dicen, el público no se entera?
Pienso que cada uno (o una) con responsabilidad en la difusión, está consciente de que la información debe salir de nuestras fuentes y no de las otras, porque jugar a la riposta no es nada efectivo. Si los acuerdos del noveno Congreso de la UPEC son un reto para toda la prensa, en específico para la televisión son una varilla alta, que no se debe saltar sólo en un espacio informativo sino en todos.
Con un tiempo de elaboración mayor, programas como Sitio del arte, Hurón azul, Paréntesis, Dialogo Abierto, Al derecho (en canales nacionales), y Libre acceso del Canal Habana (sé que en otros telecentros existen buenos espacios, pero no los conozco) se acercan mucho más a una información comentada, especializada, polémica y diversa que contribuye a satisfacer las necesidades del televidente.

¿CAMBIO EN EL BULLPEN?

Hace un tiempo atrás los que seguimos los avatares de la televisión,decíamos que el reflejo de la Cuba actual estaba en los programas de ficción. A vuelo de memoria recuerdo las propuestas seriadas: La cara oculta de la luna, Diana, Bajo el mismo sol, Aquí estamos, y unitarios comoLos aretes que le faltan a la luna, Reinará la serpiente y Apuntaladas, que con mayor o menor logro estético contaban historias de aquí y de ahora.
Después de la teleserie Aquí estamos, el espacio de la telenovela acogió a tres propuestas alejadas de nuestra cotidianidad o tocadaesta de una forma superficial, que en su momentoya valoré.
Ahora tenemos al aire Tierras de fuego, una telenovela dirigida por Miguel Sosa y que, según algunos sondeos más las visitas a las cooperativas que realiza el colectivo de la obra, es aceptada por los campesinos, un sector poblacional que hacía mucho tiempo no salía en la pantalla chica.
Mi colega Soledad Cruz me ha dicho una y otra vez que en el campo se vive así, y le creo. Pero no de la forma en que está reflejada, porque la propia televisión la desmienteen sus entrevistas a mujeres que trabajan en las cooperativas. Ellas, en el campo, andan con el pelo tapado por un pañuelo, camisa de mangas largas, botas y sin gota de maquillaje. Aunque es cierto que cuando ellas se les presenta en su casa, hay ahí todo tipo de confort, y aparecen bien maquilladasy vestidas con prendas que nada tienen que envidiarle a las usadaspor las mujeres que se pasean por el Habana Libre.
Cuando salió el primer capítulo de la serie llamé a Miguel para preguntarle si no había tenido ni un poco de café claro para echarle a los sombreros blancos, relucientes, que portaban todos los guajiros. Lo mismo sucede con los muebles y las paredes de las casas, ni siquiera en las fachadas hay un descorchado. Todavía recuerdo a Antonio Fagundes en la telenovela brasileña El rey del ganado, con la camisa mojada y mostrando el canoso pecho a descubierto,sudado,luego de un trote por su finca. Aún estoy por ver a alguien sudando así en Tierras de fuego, una telenovela que cuenta sucesos que habrían podido desarrollarse en cualquier parte, pero en definitiva escogió el campo como telón de fondo.
Existen subtramas—como la violación de una “guajira” que reniega de su pueblito— que darían de por sí una historia interesante… ¿Cuántos campesinos han emigrado a la ciudad buscando otros horizontes? ¿Por qué no abordar también acerca de las personas que vivieron en La Habana pero se han ido para una finca porque es la manera que encuentran para subsistir?
Claro, esa sería otra novela… En la que estamos, opino que hay problemas con el guión y con la dirección de actores, que impiden hacer creíbles (y entrañables) a sus personajes. De Tierras de fuego no saldrá ninguna Verena Contreras, ni un Nacho Capitán, ni mucho menos un Silvestre Cañizo, que Xiomara Blanco en una telenovela de corte clásico logró dotar de sangre y carne suficiente como para que Jacqueline Arenal, Fernando Hecheverría y Enrique Molina, intérpretes de esos personajes, aún no logren rescatar sus nombres verdaderos para el público.
Otra propuesta de dramatizados estrenada en el verano, S.O.S. Academia, tiene una puesta en escenaatractiva, buenas coreografías y actuaciones aceptables, pero se hace muy evidente que es un calco nacional de El internado y Un paso adelante, series españolas bien acogidas aquí, pero especialmente aplaudidas por los adolescentes. ¿Y por qué entonces la “versión” cubana se transmitió a las diez de la noche?
Los sábados por Cubavisión se trasmitieron este verano telefilmes para los más jóvenes en Una calle, mil caminos.Este espacio tuvo, además de temas necesarios, una presentación y debate incluido, que contribuyó a la intención de que muchachos y muchachas se involucraran en esos cuentos no lejanos de la vida real.

LO QUE VIENE…

En este pase rápido por la televisión de hoy, invito a que se fijen si no lo han hecho ya, en el programa Elogio de la memoria, una muestra de cómo hacer agradable y útil la semblanza de grandes hombres y mujeres de la humanidad, además de hechos históricos. El equipo realizador de esta propuesta tiene la cultura suficiente para escoger lo bueno y saber transmitirlo sin adulterar la historia.
Durante el Festival de la televisión y la radio, desarrollado con más aciertos que deficiencias, se debatieron en los talleres teóricos y conferencias diversos asuntos vitales para estos dos medios poderosos. A la queja de que al Palacio de las Convenciones no puede ir todo el que quiera a los debates, habría que recordar que tampoco se llenaban las salas cuando se hacían en el Vedado, ni siquiera ya el Caracol es capaz de convocar hasta repletar la sala Villena de la UNEAC, como ocurría una década atrás. El Comité Organizador del Festival, al valorar el desarrollo de este encuentro, acordó que el próximo sea la primera Convención de la radio y la televisión, para desarrollar los festivales en sí mismos, con concursos y debates, más las ferias e intercambio con delegados extranjeros.
Pienso que para ese encuentro, si se quieren prestigiar los premios que se conceden deberían revisarse las bases y buscar que se le entreguen galardones a los más destacados, de tal suerte que, sin conceder una retahíla de reconocimientos, tampoco se deje de distinguir, por ejemplo, una edición espectacular.
Precisamente, en el contexto del Festival me topé con las ofertas de RTV Comercial, empresa comercializadora de la radio y la televisión. Para mí, quizás porque lo desconocía, resulta muy estimulante que sea esta entidad la gestora de filmes como Conducta, de Ernesto Daranas; Leontina, de Rudy Mora;¿Por qué lloran mis amigas?, de Magda González Grau; Esteban, de Jonal Cosculluela; y La espuma de los días, de Fernando Timossi.
A esas películas se unen las series Hábitat, de Randol Menéndez, el Gran Premio de la televisión este año; y Duaba, la odisea del honor, de Roly Peña (a la que dedicaré un análisis posterior),las cuales muestran al igual que los filmes una hechura envidiable. La reconocida cinta Penumbras, de Charlie Medina, también fue producida por esta empresa.
RTV Comercial trabaja con diversas formas de producción y por ello es una buena muestra de lo que se puede lograr. Sé que no depende de los ejecutivos de la televisión, pero ¿cuándo un creador podrá vender sus obras a la pequeña pantalla? ¿Acaso no se quitarían los líos de transporte, merienda, luces… en fin, todo lo que lleva producir un minuto, si se lo encargaran a un realizador que puede, dado el desarrollo tecnológico, hasta editar en su casa?
No por gusto hablé de dos Congresos en el titulo de este texto: fue el Noveno de la UPEC, viene ahora el Octavo de la UNEAC. ¿Cuántos de los planteamientos de los artistas de la radio y la TV formulados un lustro atrás tendrán una respuesta positiva? ¿Llegaremos a esa cita con una deficiente infraestructura, desde el edificio hasta la carencia de micrófonos de balitas, por ejemplo? ¿Se quiere realmente propiciar una televisión y una radio culta y entretenida? Si a esta última pregunta la respuesta es SÍ, entonces hacen falta,además del talento, los recursos de todo tipo para lograr audiovisuales diversos que satisfagan a los distintos públicos.
La investigadora, publicista y Premio Nacional de la Televisión Mirta Muñiz tiene un interesante libro sobre la libreta de abastecimientos. Un tema como ese sólo ha sido tocado con la profundidad necesaria,y la vez con todo el humor del mundo, por el equipo de Vivir del cuento que dirige Ignacio Hernández (Nachy). Ese programa mereció el premio de la TV en espacios humorísticos en el último Festival, pero recibió más: una ovación cerrada de quienes estábamos allí para reconocer el esfuerzo de un grupo de artistas que trabaja unido como una familia para la pequeña pantalla. Pero, más allá de ese estímulo moral, ¿es justo que Nachy reciba monetariamente lo mismo que otros directores que no consiguen esa calidad en sus productos? Ese es un tema muy debatido, pero ¿tendrá solución en breve?
Y ya… No alcanza el espacio para temas tan variopintos. En otra oportunidad será. Y por supuesto, antes del próximo Congreso de la UNEAC.

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