Actualizado el 22 de enero de 2014

The Walking Dead:

Distopía y mordidas de zombi

Por: . 21|1|2014

…el Infierno se está desbordando y Satán nos está enviando a sus muertos…

George A. Romero (Dawn of the Dead, 1978)

ZombiAsí como el Vampiro es señero ícono del Romanticismo, en tanto antihéroe trágico, descolocado, solitario eremita de lo ignoto y onírico en un mundo moderno e industrial, individuo cuyos propios poder e inmortalidad son maldiciones ineluctables; pues el living-dead o muerto viviente, clasificado también como zombi*, que se arrastra en hordas por ciudades y páramos desolados sediento de sangre, es incontestable sujeto-tipo de la humanidad postmoderna, consumista ya sea de productos o de ideologías, ambos igualmente rutilantes y promisorios lograr un status mejor para quien los devore.

Sometido parece tal ente a una mente colmena o carece por completo de raciocinio, cediendo el dominio del cuerpo a los instintos más básicos, al estrato animal cuya satisfacción proviene de la virulenta deglusión de toda carne, como metáfora de la oveja alienada por decisión propia quese dirige a donde le indican las hambres elementales, sea de comida, sexo, ropa o drogas.

He ahí el significativo aporte del cineasta estadounidense George A. Romero a la fílmica contemporánea y la imaginería popular, con su producción de películas sobre el tema iniciada en 1968 (no creo que este aciago año,donde murió la última gran utopía, sea casualidad en el gran plan del Universo) con la muy independiente clase B Night of the living dead, sucedida por Dawn of the dead (1978), Day of the dead (1985) y Land of the dead (2005). A lo largo de los años, los títulos de esta serie axial han sido y son versionados, referidos, homenajeados, apropiados, recreadosy plagiados para constituir un verdadero subgénero cinematográfico, no carente de muy sólidas producciones determinantes de la significativa lozanía exhibida hasta el momento.

Más allá de la externalidad formal que de una obra a otra varía de calidad, tono, expresividad y verosimilitud, según el rigor, los propósitos de los realizadores y la destreza de los gestores directos de efectos especiales, la obra de Romero, desde su mismo génesis blanquinegro del ´68, articula una crítica mirada socio-antropológica a la humanidad de fin de milenio y principios de otro. Echa mano redimensionadora a clásicos de las distopías como Yevgueni Zamyatin (Nosotros), George Orwell (1984), William Golding (El señor de las moscas) y Jack London con su Peste escarlata, donde el hombre se torna lobo del hombre, según la sentencia de Plauto, y mucho más cuando uno o varios grupos de estos son sometidos a una amenaza ajena y forzadosa luchar por sus vidas. Ni siquiera circunstancias aciagas que sitúen a la especie al borde de la pura extinción, consiguen hacer florecer algo tan raro en el homo sapiens como la solidaridad desinteresada y el amor al prójimo; todo lo contrario, el malthusianismo reina.

Sobre tales presupuestos más allá de lo comercial, y sin renunciar al suspense, los códigos gore y splatter característicos del subgénero, se sustenta igualmente la serie televisiva The Walking Dead, versión audiovisual de la novela gráfica homónima de los autores Robert Kirkman & Tony Moore (editorial Image Comics), emprendida desde 2010 por el director de cine Frank Darabont (The Shawshank Redemption, 1994; The Green Mile, 1999; The Mist, 2007) para la AMC, cadena generadora de otras series tan aclamadas como Breaking Bady Mad Men.

Entre 2013 y 2014, esta nueva pesadilla catastrofista desarrolla su cuarta temporada como uno de los seriados dramáticos más seguidos y apreciados en todo el mundo, en una de esas extrañas coincidencias entre críticos y públicos. Obra esta que desde su primera y más breve temporada** sentó posaderas en la cúspide cualitativa del subgénero, junto al propio Romero y otras piezas como las satíricas: Return of the living dead (Dan O´Bannon, 1985), Shaun of the Dead (Edgar Wright, 2004) y Zombieland (Ruben Fleisher, 2009); las más serias: Brain dead (Peter Jackson, 1992), 28 Days Later (Danny Boyle, 2002),REC (Jaume Balagueró & Paco Plaza, 2007), la muy apasionada La horde (Yannick Dahan & Benjamin Rocher, 2009) y la bizarra The Violent Kind (The Butcher Brothers, 2010), variopintasy auténticas versiones del “Apocalipsis Zombi”.

Zombies ILa serie desarrolla las peripecias de un grupo humano en perenne fluctuación, dadas las muertes e incorporaciones de nuevos personajes. Liderados por el exsheriff sureño Rick Grimes (Andrew Lincoln), estos sobreviventes bregan en ambiente hostil por conservar cosas tan importantes como la vida y la dignidad. Resalta singularmente la azarosa relación de éste “líder” ocasional, cual representante de un pasado “ordenado” y lógico, con su hijo Carl (Chandler Riggs), vástago-engendro de los nuevos tiempos, en quien mediante un sutil proceso de desarrollo y añadiduras de matices, encarnan nuevas formas de violencia ruda, cavernícola, consecuencias del proceso de-civilizatorio y de-sofisticador, experimentado por una especie que nuevamente debe echar mano del garrote, las garras y los dientes para prevalecer.

Quizás sin proponérselo, este dueto resulta contundente antípoda del formado por Viggo Mortensen y Kodi Smit-McPhee en la cinta post-apocalíptica La carretera (John Hillcoat, 2009; a partir de la novela homónima de Cormac McCarthy); y hasta del Guido (Roberto Benigni) y el Josué (Giorgio Cantarini) de La vita è bella (Roberto Benigni, 1997, sobre la novela de En el final, derroté a Hitler, de Rubino Romeo Salmoni). En aquellas los progenitores intentan por todos los medios mantener a sus respectivos hijos a salvo de la barbarie, por representar estos, según Martí, la esperanza del mundo, los receptáculos o nuevas arcas de Noé donde se salvará lo mejor del orbe derruído bajo la catástrofe que sea. Mientras el niño de La carretera deviene conciencia piadosa del padre endurecido por las circunstancias extremas, el pistolerito Carl es todo lo contrario, más bienes suerte de mixtura entre los antagónicos personajes de Ralph y Jack en El señor de las moscas.

Este y otros muchos conflictos éticos, morales, filosóficos y sociológicos, que ponen en crisis todo paradigma humanista y/o humanitario suscitados entre los seres racionales pervivientes, determinan el meollo conflictual de la serie, relegando al zombi a una mera amenaza, fácilmente sustituible para los efectos por una manada de fieras, un enjambre de abejas asesinas, pirañas con esteroides, mosquitos hipertrofiados y demás monstruosidades del cine.

Aunque no se llega a perfilar en exceso al zombi como caricatura de la humanidad mecanizada e ignorante tal cual lo hace Romero, quien especula en Dawn of the dead que los muertos retornan al gran centro comercial siguiendo inerciales costumbres aún latentes en sus pútridos cerebros; al ser este el gran peligro-pivote de la obra, se intensifica lo terrorífico-grotesco de las circunstancias, pues es el hombre contra sí mismo, enfrentado al autómata que ha coadyuvado a edificar, a fuerza de incentivar el sedentarismo mental inherente a la especie, es Víctor Frankenstein cazando a la criatura creada con sus propias manos. No proviene la amenaza mortal del espacio exterior o de otras especies animales, sino del propio humano. No perder de vista el detalle terrible revelado hacia el final de la segunda temporada: todos están infectados, no más se requiere morir para ingresar ipso facto en las huestes de los walkers (caminantes), como se tiende a nombrarles.

Un guión preciso, donde los personajes están esculpidos con los cinceles más finos y engarzan orgánicamente en la trama general como un mecanismo de relojería suiza. Dirigido está todo con una mano diestra, que equilibra escuelas y generaciones en heterogénea unidad, permite dinamizar la acción hasta bordes escalofriantes y giros pasmosos; sin descuidar para nada la complejidad caracterológica-situacional desarrollada a plenitud en la segunda temporada, donde los personajes intentan vivir normalmente en la granja del médico Hershel Greene (Scott Wilson). Este refugio resulta laboratorio sociológico para sedimentar pasiones, aberraciones y limar escrúpulos, inservibles a la hora de sobrevivirno “al”, si no “en el” Apocalipsis ya inevitable,y hacia el final revela su precariedad.

La tortura, la intriga y la psicosis se destilan en este alambique terrorífico, soltando finalmente los perros de la guerra en la apoteósica y hasta ahora insuperable escena climática del capítulo 7, donde poseídos por el más morboso de los placeres (y la erupción hormonal de disponer de las vidas ajenas con la total impunidad de guardia nazi del complejo Auschwitz-Birkenau), varios protagonistas masacran a los familiares zombis que Hershel mantenía en secreto en un granero con la esperanza de “curarlos”. Retorna Plauto, siempre oportuno: Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit, o sea: Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, “cuando desconoce quién es el otro”.Una vez más, el personaje del living dead deviene metáfora ideal de la alienación de las relaciones humanas, donde debes temer y odiar al prójimo como a tí mismo.

Zombies IIHacia la tercera temporada, quizás para aminorar la densidad dramatúrgica y en pos de alcanzar las mayores audiencias logradas, el maltrecho grupo protagónico sale de su redil, aparecen nuevos grupos y comunidades enteras. Surgen nuevas perspectivas ante la correspondencia entre la apacible y perfecta villa rectorada por el Gobernador (David Morrisey) y la novela Brave new world, de Aldous Huxley, donde la distopía adquiere rostro amable, lejos del lóbrego y esclavista paradigma Zamyatin-Orwell. Aunque existe felicidad y armonía en medio del caos, este bienestar conseguido por la reducida población implica el exterminio profiláctico de los potenciales peligros humanos externos, pues el walkeres ya una mera bestia que mantener a raya. Se enriquece el panorama, sorteando así el riesgo de abocarse todas las accionesa una vana masacre splatter, elemento que no deja de abundar para complacer a todos los gustos.

The Walking Dead, en pleno auge como la propia novela gráficade base que Image Comics no deja de publicar con puntualidad, burila con dedos sangrientos unas lecciones depura sociología distópica para sus públicos. Y se revela, finalmente, menos horror en las cuencas putrefactas de las lastimosas y hambrientas criaturas que en los brillantes ojos de los Walking Lives, verdadera amenaza sobre la Tierra.

NOTAS:

*El zombi (erradamente escrito zombie según la grafía inglesa) es originalmente una figura legendaria propia de las regiones donde se practica el culto vudú, como Haití y New Orleans (USA), consistente en un muerto resucitado a través de medios mágicos por un hechicero para convertirlo en su esclavo.

**Transmitida en 2010, contó con sólo seis capítulos, seguida en el bienio 2010-2011 por otra de 13 episodios. La tercera, transmitida entre 2012 y2013, cuenta con 16; y la cuarta, a cubrir 2013 y 2014, presenta igual extensión.

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