Actualizado el 2 de septiembre de 2014

Los canales educativos crean la Voz Cuba y reciclan Decida Usted

Por: . 29|8|2014

Los conductores del espacio Los programas televisivos Sácame del apuro (Canal Educativo 2) y Revelación TV (Canal Educativo), lanzados al aire como novedades del Verano 2014, no son más que intentos desesperados y, por cierto, lamentables, de estos canales por articular una identidad audiovisual propia, más allá de la ya en declive Universidad para Todos y tantos otros diversos cursos escolares, para así conseguir ratings decorosos, que a la larga justifiquen sus meras existencias.

Ambos espacios para nada ocultan el ostensible calco de probadas fórmulas internacionales como el talent show de origen holandés, The Voice (con su versión hispana La Voz y todas sus ramificaciones), para el caso de Revelación TV, que se transmite cada sábado en la noche; y del brasilero Decida usted, para el caso de Sácame del apuro, en las horas crepusculares del viernes. Este último, gozó en Cuba de amplia popularidad durante la década de 1990, conducido inicialmente por Camilo Egaña y seguido por otros presentadores, en una suerte de hibridación, que en pos de un digno ejercicio de televisión interactiva a lo criollo, articulaba la conducción y participación telefónica local con los dramatizados de TV Globo, pletóricos de conocidos actores de las telenovelas de turno.

Mucho más allá de la pura mímesis, práctica a la cual el resto del mundo no es ajena, pues unos canales copian a otros sin los más mínimos ambages, estos programas delatan una desmañada puesta en escena. Adolecen de una improvisación que no se justifica por los, quizá, bajos recursos destinados para construir las magras escenografías, donde la más catastrófica falta de creatividad desencadena la falta de gracia y el mal gusto.

El desafortunado empaque, como primera pero no única agresión preceptiva a una audiencia sensible, se combina, para más infortunio, con los respectivos ejercicios de conducción de la inorgánica pareja de Raúl Isidrón y Rosa María de la Rosa, al frente de Sácame…, como verdaderos opuestos nada complementarios, dada por la inexperticia en este tipo de programas. Lo mismo ocurre a Lianet Pérez, que como rostro de Revelación TV, vuelve a demostrar sus limitaciones de carisma, y esa falta de ingenio, vivacidad y carácter que ya trascienden como rasgos casi generalizados de la conducción televisiva cubana post-Consuelito Vidal, Pinelli, Cepero Brito, Eva Rodríguez, Marianita Morejón y otras figuras, las cuales, aseveran hasta ahora en estas cuestiones que “todo tiempo pasado fue mejor”.

CAMARONCITO DURO…

 Fue constante de la TV Cubana en determinado momento el dramatizado monotemático o seriado, que ponía sobre el tapete conflictos psico-sociales, con el fin de provocar la reflexión en los públicos mediante propuestas como Nuestros hijos, Convivencia y Ciencia y salud, con posteriores (e inferiores) reencarnaciones en Cuando una mujer, La dosis exacta, Cuidemos al amor, donde a veces se cuenta con breves encuestas callejeras. Decida usted suscitó en la década de 1990 una suerte de mini-revolución en la concepción cubana de la televisión interactiva, con sus maratones telefónicos (¿pudiera haberse aproximado al Teletón?) en pos de escoger uno de dos finales concebidos.

La innegable calidad artística de los dramatizados brasileros, sin dudas preeminente en estas lides melodramáticas, cualificaba la propuesta. Desde la primera emisión, en manos de Egaña, quien se limitaba a enumerar las llamadas telefónicas a favor y en contra, además de matizar carismáticamente las pausas entre secuencias, Decida usted fue degradando a encuestas en comedores obreros y otros colectivos de esta guisa, donde la escogencia de la conclusión, se limitaba a los juicios de los presentes. Hasta el ocaso de la propuesta, donde los emisores le encajaban a la historia el final que más les convenía, con algunas entrevistas para dar un ligero matiz.

Más de una década después, el Canal Educativo 2 vio en esta fórmula la posibilidad de articular una propuesta de ya comprobado atractivo, con la particularidad, que no deja de ser loable, de por primera vez ofrecer un Decida Usted cien por ciento cubano, cuyo título no carece de cierto ingenio referencial como derivación del relato para niños El Camarón Encantado, espero que aún bastante conocido entre los cubanos de varias generaciones. Hasta aquí todo bien; el resto, bastante mal.

Víctima de la casi generalizada decadencia del dramatizado televisual cubano, y mucho más el de “bien social”, Sácame… presenta un apenas decoroso segmento de ficción, apenas cualificado por la presencia de actores de altos quilates como Eslinda Núñez o Enrique Molina, quienes protagonizaron el capítulo dizque piloto, y siempre van a tener un desempeño decoroso, por muy pésima que sea la dirección. A pesar de todas las deficiencias de puesta en escena, guión, dirección de arte o de actores, este es el momento más afortunado, por mucho, que tiene Sácame…

El resto del show es una escenografía anodina, donde campean por su respeto dos conductores tan incompatibles y fallidos en sus individualidades como peces fuera del agua. Primero que todo, Rosa María de la Rosa es una “locutora”, con dulzura y buena dicción, pero sin el carisma ni la agilidad psicosocial de una “conductora”. Son estas dos disciplinas muy diferentes, a pesar de las aparentes similitudes. Por su parte, Raúl Isidrón es un digno comentarista deportivo, como demostró durante su trabajo en el Telecentro Perlavisión, de Cienfuegos, y un bastante efectivo conductor de revistas informativas como Buenos Días; pero en lo absoluto es un sucesor de la Vidal (ahora mismo rememoro En la viva, uno de los últimos programas de esta anfitriona), Pinelli, Carlos Otero (recuerdo Sábado conmigo, a inicios de la década de 1990), y ni siquiera de Edith Mazzola, a pesar de todos los excesos y estridencias de esta figura al frente de 23 y M.

Con el doctor Raúl FuilleratCompleta el triunvirato el psicólogo Raúl Fuillerat, personaje habitual en los predios de los programas “familiares” o “utilitarios” de tono muy ligero, suerte de estilo consolidado durante décadas por Rosalía Arnáez y medio que proseguido por Raquel Mayedo con su De tarde en casa. La presencia de este experto pretende cualificar las polémicas de muy baja intensidad desatadas entre los públicos presentes, partidarios indistintamente de las dos conclusiones planteadas para las encrucijadas en que se hallan los protagonistas de la ficción de turno. Más, la ligereza de los criterios de Fuillerat no trasciende el tono de los libros de autoayuda, o peor, de los power points aleccionadores y moralistas que pululan en los correos electrónicos cubanos. Mucho menos ayuda a esclarecer los conflictos éticos, personales, sociales, con argumentos complejos.

Pudiera pretextarse que este invitado busca mantenerse en la cuerda liviana y familiar de Sácame…, pero dista mucho de conseguir una comunicación efectiva, carismática y dialógica, resultando a la larga un rosario de afectaciones melodramáticas de signo muy kitsch y extrema volubilidad. Además de no aportar seriamente a los temas, se dedica a ir al vaivén de las opiniones de un público tímido, en plena inorganicidad comunicativa con los conductores, muy poco adiestrado para su comportamiento en cámara; pues en la televisión no hay ingenuidades y, cuando suceden, se pagan muy caras, como en este caso.

Y es que la televisión, en todo el mundo, es una puesta en escena total, donde la audiencia deviene un personaje más, ya sea con funciones decorativas o como elemento interactivo y muchas veces “definitorio”. No dejarse engañar, poco hay de espontaneidad en los talk shows de Oprah Winfrey y sus émulos, mucho menos en los escandalosos tinglados de la tal Doctora Polo y su Caso Cerrado, más adaptado al tremendismo melodramático del latinoamericano.

REVELACIÓN TV O LA REBELIÓN DEL MAL GUSTO QUE TE VE

 Cuba no es ajena a la perennemente popular fórmula de los talent shows, como una de las naciones pioneras de la televisión en América Latina, desde la radial Corte Suprema del Arte y la televisual Aquí todos hacen de todo, hasta los relativamente recientes Para Bailar, Todo el mundo canta y Bailar casino, sustentados en la premisa de que cada persona cree poseer una aptitud artística en espera de ser descubierta por y para el mundo.

No es cuestión de satanizar tales prácticas mediáticas, de las cuales han emergido no pocas figuras del espectáculo musical y danzario. No puede negarse el logro de identidades, calidades y jerarquías apreciables, pregnando en el imaginario popular, ávidas siempre las grandes audiencias del entretenimiento, de la posibilidad de participar en procesos socioculturales verdaderamente deificados como los nuevos paraísos; de soñar y realizarse en los triunfos de otros o, con suerte, de uno mismo, a pesar del riesgo de terminar desquiciados y frustrados como la ilusa anciana Sara Goldfarb (Ellen Burstyn) de Requiem para un sueño (Darren Aronofsky, 2000).

En uso de una mala memoria olímpica, que borra de un plumazo todo este camino recorrido en la TV Cubana durante más de sesenta años, Revelación TV echa mano a las ofertas foráneas de inminente éxito internacional, seguidas a pie juntillas por disímiles cubanos y cubanas, como La Voz, émula, sucesora y competidora de talent shows como American Idol (EUA), Operación Triunfo (España), The X Factor (Reino Unido). Claro, que la propuesta criolla carece de todo el glamour y el aparataje, “espectaculero” pero lujoso, diseñado muy a conciencia para los referentes del Primer Mundo. El más cercano guiño (a años luz) que pudiera hacerles Revelación TV, es la pretendida pompa del vestuario diseñado para la conductora y las concursantes femeninas, en su mayoría caricaturas de opereta de los ropajes foráneos.

Los artificios hueros y recursos escasos de Lianet Pérez, quizás más adecuada en pretéritos y discretos trabajos como su época de Contra el olvido o su desempeño más conversacional en De cualquier parte (que más bien programaba “cualquier cosa”), en también desbalanceada interacción con el conductor secundario Yosvany Gil, se combinan con la casi claustrofóbica estrechez del espacio escenográfico, donde el público sustituye a los más histriónicos jurados de La Voz y demás, con un desgano equiparable a Sácame del apuro.

También esto es resultado de un trabajo insuficiente del coordinador, a cuyo cargo debería estar la guía de la audiencia, en pos de un rol más entusiasta y chispeante, que evite la reincidente idea de que asisten al programa como castigo y no como alegres voluntarios. Al menos, otros públicos como los de Palmas y Cañas, a pesar de sus inadecuados saludos a la cámara, delatan no pocas veces espontánea alegría.

Eso sí, como La Voz, los contendientes tienen coaches, que los entrenan en grupos de tres o cuatro, para finalmente decidir cuál prevalece con miras a competir en la “gala” de premiación, realizada en el mismo estudio. Vemos en estas primeras emisiones una no depreciable aunque irregular nómina de padrinos, integrada entre otros por Edesio Alejandro, Rafael Guedes, Niurka Reyes, Osmany Espinosa, quienes imagino tratan de salvar la honrilla preparando lo mejor que pueden a los intérpretes para intentar remontar el aún inalcanzable camino trazado por las voces y temperamentos de Rita Montaner, la Freddy, Moraima Secada, Elena Bourke, Omara Portuondo.

Tampoco faltan los intentos de algunos de estos coaches, por forzar también expresiones de azoro, sorpresa, atención, exceso de cariño, emoción, es decir, dramatizar una pequeña fantasía que sugiera cierto rapport, cierta familiaridad entre los involucrados, a la vez que aumente el suspense durante las interpretaciones. Aunque mucho menos exagerado que las explosiones lacrimógenas de los padrinos de Los pequeños gigantes o La Voz Kids, que casi parecen más dedicados que los propios padres, sí resultan más desmañados, sumándose al bajo coste artístico general del programa, de donde no escapa ni siquiera la iluminación, cuya deficiente concepción y manejo provoca llamativas e imperdonables sombras en los paneles de fondo. ¡Vaya, que es algo básico en los gajes del oficio televisivo cruzar los haces sobre el escenario para anular penumbras, a no ser que el programa contemple ciertos recursos expresivos basados en el rejuego luminotécnico!

A MODO DE EPÍLOGO: VÍSTEME DESPACIO QUE ESTOY… EN UN APURO

 Si bien la TV Cubana está urgida de reformarse y replantearse a fondo muchas de sus concepciones, procederes y preceptos, tampoco saldrá de sus apuros con soluciones tan apresuradas, que largan al aire en etapas aún embrionarias, abocándose con su desaliño a una prematura decadencia. Muy pocas son las honrosas excepciones que han resurgido de sus cenizas, como el actual seriado humorístico Vivir del cuento, que corrigió rumbo a tiempo para revalidar con decoro la comedia de situaciones en Cuba.

Sácame del apuro y Revelación TV no clasifican en este apartado excepcional, y traen muchas cosas negativas, menos salvamentos oportunos y epifanías creativas, demostrando una vez más la necesidad, no solo de una selección mucho más rigurosa de los proyectos, si no el sabio uso del “pilotaje”, estrategia que tanto ayuda y le ahorra a las televisoras foráneas, arriesgando el mínimo de capital y esfuerzos con los capítulos pilotos de seriados y shows de todo tipo.

Estoy seguro que un capítulo piloto de los programas de marras, seguido de una concienzuda investigación social y la sabia asesoría de alguien lúcido, hubiera evitado, o al menos atemperado, los despropósitos del verano televisivo cubano…Es lo mínimo que puedo sugerir.

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