Actualizado el 6 de agosto de 2014

Pacto de caballeros entre la animación y el videoclip en Cuba

Por: . 3|8|2014

Imagen del videoclips Fly de Danay Suárez (corealizado con Yolanda Durán en 2013)En el videoclip Proposiciones (2010), concebido a partir del remix del tema de Pablo Milanés, confluyen casi una decena de creadores (Idania del Río, Erick Silva, Dany González, Jarol Cuéllar, Nelson Ponce, Roberto Ramos, Mola, Néstor Kim y Raupa), casi todos de formación en el diseño gráfico, quienes engarzan sus muy diversas y auténticas apropiaciones de la animación. Resulta un verdadero collage audiovisual, mixtura heteróclita que parece entretejida aleatoriamente por un videojockey (VJ) durante una presentación en vivo de este tema de música electrónica; describiendo así una amplia pendulación entre algunos de las estratos más diversos de este magno lenguaje audiovisual que es la animación.

En contraste con zonas más canónicas e irregulares de la animación cubana, como la institucional, donde este inmenso lenguaje se ve reducido al dibujo animado preferentemente de sesgo infanto-juvenil, y por ende de naturaleza humorística y concepción didáctica; el material de marras delata, desde su pluralidad discursiva y técnico-estética, que uno de los senderos más llamativos e interesantes remontados hoy por la animación en nuestro país, es el del videoclip. No pocos proyectos e intérpretes de géneros diversos cuentan con promocionales de tal naturaleza, y no me refiero precisamente a la amplia producción de videoclips animados de música para niños, acometidos por los Estudios de Animación del ICAIC y adscritos al “dibujo animado” más convencional.

Cultores de la salsa, el son, el pop, el rock n´ roll, la trova, el rap, el jazz, la canción y la música electrónica, han apostado por promover sus temas mediante videoclips completamente animados o con gran preponderancia de este recurso. Por esto se terminó dedicándoles una categoría en los Premios Lucas desde el año 2003; ganada entonces por Ulises de Jesús, Vivian del Valle y Mónica Capote, con Cimarrón, videoclip para tema de William Vivanco y dirigido por Lester Hamlet; una obra triunfadora además en otros apartados, como el de Video Masculino y Video Pop. Ya en 2000, el antológico Píntate los labios, María, de Eliades Ochoa, a cargo de Juan Padrón, había sido laureado en Dirección, Música Tradicional y Folklórica, rompiendo cualquier tabú (como las estrecheces conceptuales que en diversos premios marginan a la animación hacia una categoría aislada, sin posibilidad de medir fuerzas en otros apartados) y actuando como una suerte de precursor; aunque no sea el primer videoclip cubano en emplear la animación, pues por ahí todavía andan copias, casi arqueológicas, de un videoclip de Donato Poveda, concebido en la zona limítrofe entre los ochenta y los noventa, con animaciones rudimentarias.

A su vez, la categoría de Efectos Visuales, resulta estrechamente ligada a la animación; pues estos se desarrollan por lo general desde el CGI —siglas en inglés para Imágenes Generadas por Computadora—, el cual no es, a la larga, más que otra variante de la animación. Véanse si no las varias obras triunfadoras en esta zona de los Lucas, como Pa´ qué tú hablas, de Francis del Río (Andros Barroso, 2005); The chosen one, de Hipnosis (Ana Margarita Moreno y Fernando Morlans, 2006); ¿Quién te dijo?, de Gardy (Julio César Leal e Ismar Rodríguez, 2006), ganador también en Animación; Mala leche, de Moneda Dura (Nassiry Lugo, 2008) y La estación, de Adrián Berazaín (Ismar Rodríguez y Wicho, 2011). En todos prima la manipulación, recontextualización y animación de figuras, además de los escenarios virtuales donde se desarrollan las acciones dramáticas y se ven envueltos los intérpretes-protagonistas.

Tales obras y muchas más, rompen el referido encasillamiento de esta zona del videoclip en las audiencias infanto-juveniles, aunque no deben obviarse propuestas como Estela, granito de canela, El despertar (Leonardo Pérez y Miguel Vidal, 2001 y 2004, respectivamente) y El trencito y la hormiga (Fernando Morlans y Manuel Cruz, 2005); todos para temas interpretados por Liuba María Hevia; ni mucho menos el muy divertidamente efectivo y bello La Ñáñara, de Rita del Prado y Karma feat. Roly Berrío (Katia Hernández, 2012). Por sus méritos formales y poéticos, destacan estos dentro de la hechura más común de los referidos videoclips para niños, concebidos casi todos como graficación literal de las historias relatadas melódicamente.

VIDEOCLIP CUBANO: ZONA LIBRE DE PREJUICIO

Píntate los labios, María, de Eliades Ochoa, a cargo de Juan Padrón, laureado en los Premios Lucas en Dirección, Música Tradicional y FolklóricaEn el panorama del videoclip animado cubano para públicos generales hay una gama variada de visualidades y discursos, donde la música y las imágenes dialogan en producciones de valores significativos; y que se estructuran desde las más actuales estéticas y técnicas del 3D, como el en su momento muy popular y bastante ingenuo técnicamente Di que no, de Hoyo Colorao (Humberto Scola y Karoll William, 2004); hasta la recuperación de antiguas técnicas como el stop motion, en piezas sobre todo de música electrónica, como Las cosas de DJ Ra (Iván Lejardi, 2009) o Renacer de DJ Tiko sk8 (2011) y Typewriter de DJ Alex 6 (2012), ambos del proyecto Sporas. Estos tres últimos, consiguen un curioso y contrastante engarce entre la contemporaneidad sonora y la “rústica” visualidad, que reformula la percepción sobre un contexto objetual inquietantemente cercano, incluida la propia figura humana, enfocada desde la pixilación —animación de fotos de seres humanos.

Sin dudas, la animación es abordada con mucho menos prejuicios en el videoclip que en otras zonas del audiovisual cubano, quizás porque su infinito potencial expresivo, más su riqueza visual, dinamizan y refuerzan las posibilidades promocionales de un producto como este. De ahí la exitosa alquimia entre dibujos animados y música popular bailable conseguida por los animadores Ulises de Jesús, Reynier Valdés, Homero Montoya y Alexander Rodríguez en Ay, hay amor, de la Charanga Habanera (Julio César Leal e Ismar Rodríguez, 2004), triunfante en numerosas categorías de los correspondientes Lucas, incluidas Video del Año y Video Más Popular.

En la misma cuerda de este dibujo animado más convencional, destacan otros videoclips de muy exquisita factura, por la realista estilización, la orgánica fluidez y el calibre discursivo, como son los gestados por Ermitis Blanco, entre los que se hallan Ves, de los raperos Kumar y Telmaris (en codirección con Abel Álvarez y animación de Suraima Pérez, 2004); Piedras vs tanques, del grupo español Ojos de brujo (con Abel Álvarez y Dany González, 2006); y el más reciente Fly, de Danay Suárez (corealizado con Yolanda Durán en 2013). Este último ya plantea una disolución de las fronteras entre el videoclip y el videoarte, dada su naturaleza más conceptual.

Por otro lado, los recursos que brinda la animación también permiten a los realizadores alcanzar altas cotas líricas, acorde a los niveles poéticos de temas como el de Polito Ibáñez titulado Como nacen las hojas (Santana, 2005), basado en la sutil manipulación de fotos artísticas, las cuales son redimensionadas, acentuadas en varias los movimientos congelados, desde la tenue vida que se les insufla.

Otras obras como Alto el fuego (Conrado Martínez, 2003), de Santiago Feliú; y Habana, 8 pm (2004), dirigido y protagonizado por X Alfonso; detentan estéticas y discursos del collage, donde las imágenes animadas, respectivamente tributarias de los videojuegos o de corte gráfico, subrayan los ritmos trepidantes y la vertiginosa narración de ambos, añadiendo elementos visuales significativos para el relato desarrollado.

GRÁFICA Y ANIMACIÓN A LA REDOMA DEL ALQUIMISTA

 Una suerte de sub-área que se singulariza en el videoclip animado cubano más reciente, es la influenciada directamente por el diseño gráfico, con piezas como las varias propuestas del grupo de rock Golden Popeye´s Theory, dirigidas o codirigidas todas por J. H. Pagliery (Trópica y Destroy, 2005; Hit Nro. 1, 2007; Poltergeist, 2008); las producciones gestadas por el cuadrilla creativa de los también diseñadores Nelson Ponce, Mola, Raupa y Tupac Pinilla, sobre los temas Bailando Suiza, de Harold Lopez-Nussa (2009) y Mamífero Nacional, de Buena Fe y Eliades Ochoa (2011). Se suman a la lista: Revolución, de Raúl Paz (Rudy Mora, Orlando Cruzata y Lester Brito, 2009); y el ya mencionado La Ñáñara.

Prima en ellos la conocida como “animación de marionetas”, donde se crea una sensación de figuras recortadas del papel con movimientos limitados, como pensadas originalmente para la cartelística o el graffiti, y luego colocadas en un nuevo contexto; tal cual fue en un inicio realmente esta técnica, sólo que echando mano aquí a la tecnología digital para dinamizar los procesos productivos. A partir de estos presupuestos, Bailando… (que también emplea la rotoscopía, consistente en dibujar sobre modelos humanos), Mamífero… y Revolución, tributan directamente a la gráfica del cartel y la ilustración. La Ñáñara, por su parte, apela además a la pixilación.

Golden Popeye´s Theory fue más allá, articulando sus videoclips (de estética más explícitamente graffitera y con grotescas figuraciones) en la serialización de una bien perfilada mitología particular, con personajes bien delineados, dobles virtuales de los propios integrantes de la banda, similar a los rockeros virtuales del británico Gorillaz. Varios de estos caracteres eran traspolados a la realidad como disfraces y máscaras que ocultaban a los músicos en sus presentaciones en vivo, devenidas verdaderos performances.

Imagen del divertidamente efectivo y bello videoclip La Ñáñara, de Rita del Prado y Karma feFértil terreno de búsqueda estética y conceptual es, entonces, el videoclip para quienes optan por la animación en sus más amplias dimensiones, como principal lenguaje expresivo. En otro sentido, los amplios recursos de esta, ofrecen al videoclip nacional grandes posibilidades creativas, de riqueza e impacto visual, redundantes en una promoción más efectiva. Se establece así un pacto, una verdadera simbiosis, beneficiosa para ambas partes.

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