Actualizado el 17 de octubre de 2014

YUNAISY :

Ética y consecuencia en la producción comunicativa audiovisual joven cubana

Por: . 15|10|2014

Los documentales son los

poetas y oradores de la sociedad moderna

Simon Kilmurry

 

“Yunaisy recoge, en un solo plano secuencia, esos punzantes minutos en que un creador se cuestiona a cuál poder servirá: al Arte, a una Institución que financia y distribuye sus trabajos, a la Realidad, e incluso a Sí mismo.Al hacer un bosquejo en la producción cinematográfica joven actual, resaltan a la vista las posturas de carácter ético que en las diversas tramas se gestan más allá del género. En esa misma medida, aparece una multiplicidad de consecuencias cuya versión pocas veces dista de la realidad cubana actual.

La Muestra Joven del ICAIC coloca a disposición del público amante y seguidor del evento, varias propuestas que bien pueden generar toda una serie de polémicas y debates a partir de la representación que de la Cuba de hoy se hace en la pantalla. Algunas de mejor factura que otras, las obras presentadas por jóvenes realizadores navegan en un mar de temáticas que cada año acentúan la calidad creadora que prima en este tipo de eventos.

Por supuesto, no todas exponen de manera explícita y abierta, las hegemónicas relaciones de poder que se suscitan entre los individuos, a diferentes escalas de la sociedad. Claro está que este no es el objetivo primario de la totalidad de las piezas, pero el mero hecho de abordarlo ya las hace merecedoras de un aparte.

Con fuertes implicaciones en el orden comunicativo, hegemónico-político y cultural, sobre todo por su contenido y las antagónicas presentaciones de figuras que ostenta, pudiéramos anclar esta reflexión en la obra de ficción de corto metraje Yunaisy, bajo la dirección de Juan Pablo Daranas.

Yunaisy: corto, documental, producto comunicativo

Esta obra, que como un juego de palabras, trata sobre un documental que lleva el mismo nombre por la protagonista (Yunaisy), indaga en las dinámicas y conflictos de los jóvenes realizadores de la nación.

El joven realizador Carlos ha filmado a una joven que trabaja en un bote en La Habana desde que su esposo murió y está en espera de un autorizo legal, pero todas las puertas se le han cerrado y ya no sabe qué hacer.

La cinta tiene el mérito de traer al celuloide el propio dilema de la producción cinematográfica, y las mediaciones que en ella están presentes desde el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), su agenda, el convencimiento, los valores y contradicciones que priman durante la realización de una propuesta de este tipo.

Justo Planas, en artículo publicado en el diario Bisiesto, publicación de la Muestra Joven, expresó: “Yunaisy recoge, en un solo plano secuencia, esos punzantes minutos en que un creador se cuestiona a cuál poder servirá: al Arte, a una Institución que financia y distribuye sus trabajos, a la Realidad, e incluso a Sí mismo. Esos conceptos aparecen, así en mayúsculas, involucrados en el corto; pues Daranas, con las imágenes en blanco y negro de alto contraste, con la disposición espacial del drama, con el claro propósito de cada escena, más que una historia particular aspira a recoger la historia subterránea de todo acto creativo.

(…) “Justo al final, el director nos hace conscientes de la presencia de un espacio, ya no físico pero sí muy presente en la ética de todo realizador. Es el espacio que ocupa en la pantalla Yunaisy, la protagonista del documental sobre el cuál discuten los personajes de la obra. No por gusto, el cortometraje lleva su nombre en el mismo título, porque el primer compromiso ético y estético de un cineasta — al menos así lo ve Daranas —es con ese hombre que no pertenece a la industria cinematográfica pero puebla las calles de la Isla y puebla también —ruidos e influencias mediante— las calles de luces y sombras que solo unos escogidos proyectan sobre la pantalla grande”.

Aparecen como actores sociales fundamentales, el joven realizador, con una idea de documental que pudiera tornarse complicado e incómodo para quienes no están acostumbrados a un discurso álgido, crítico, punzante; y por otra parte está el sujeto antagónico, imponente, llamado paradójicamente Alfredo, el cual desde una postura burocrática y conservadora, representa a la institución (ICAIC), que corre con la producción del documental.

Entre ambos se desatan conflictos sobre la concepción de la obra, e incluso otras divergencias hasta de tipo generacionales; de perspectivas y puntos de vista sobre la creación audiovisual, los cuales provocan la disyuntiva central del protagonista del corto: suprimir una secuencia del rodaje para no buscarse problemas, o mantenerla y defenderla, siendo fiel a una historia de vida cubana.

Fotograma de Yunaisy de Juan Pablo Daranas...la cámara se desliza en travelling por uno de los pasillos de la institución cultural, en el que las paredes exhiben imágenes de los más grandes exponentes del cine cubano...Una conversación en off entre Carlos y Alfredo, se escucha a la vez que la cámara se desliza en travelling por uno de los pasillos de la institución cultural, en el que las paredes exhiben imágenes de los más grandes exponentes del cine cubano; una suerte de homenaje a aquellos que le fueron fieles a la Patria con productos comunicativos de excelencia, sin concesiones, en épocas en las que el cine decía tanto o más que el noticiero.

La discusión revela grandes diferencias de criterios entre uno y otro, ante la permanencia de la secuencia de breve duración dentro del documental, pero cuya carga explicita la misión y objetivos comunicativos del producto. Apenas unos segundos encierran en sí todo el valor que la pieza pudiera contener como denuncia de una situación problemática.

Carlos explica que se lo ha mostrado a un suizo y le ha parecido espectacular, haciendo énfasis en la escena que Alfredo antes le había casi ordenado suprimir “para no buscarse problemas con nadie”, “para que nadie los fueran a explotar”.

Una propuesta de beca para estudiar en Suiza aparece en juego, a partir de la calidad del documental que Carlos tiene entre manos, y que su productor se empeña en modificar, ejerciendo en primera instancia una suerte de poder que adquiere tintes paternalistas hacia el joven. Sin embargo, a la par que lo presiona, trata de convencerlo de que será lo mejor para él, y de manera muy solapada pero evidente al espectador, lo fuerza en pos de su propósito.

Jorge Luis Acanda, en Sociedad civil y hegemonía, cita al italiano Antonio Gramsci y señala que el poder se apoya, esencialmente, en su control de las instituciones dadoras de sentido, las que establecen y justifican al individuo, le enseñan a pensar de una manera y a no pensar de otras, le indican los valores que tiene que compartir, las aspiraciones que son permisibles, las fobias que son imprescindibles.

En Yunaisy, Alfredo, más que productor, reencarna como institución, él es el ICAIC y tiene por tanto el control sobre Carlos, o al menos considera que lo tiene y trata de ejercerlo de manera consensuada; a fin de cuentas  para Gramsci “el ejercicio normal de la hegemonía (…) se caracteriza por una combinación de fuerza y consenso, que se equilibran de diferentes maneras, sin que la fuerza predomine demasiado sobre el consenso, y tratando de que la fuerza parezca apoyada en la aprobación de la mayoría”.

Y es que la hegemonía, según el propio Gramsci, implica tensión, una tendencia y un contraste. Es una expresión de la lucha de clases, de las “relaciones de fuerzas”.

A su vez, López Pino enfatiza en que a pesar de que el filósofo italiano no unifica en uno solo el concepto de hegemonía, deja sentado, como principio central de ella, el hecho de ser una dirección política, intelectual y moral. Con ello intenta sintetizar en un concepto la relación entre la dominación y la dirección, entre el consenso y la fuerza.

En uno de los momentos más críticos del diálogo, Alfredo le espeta: “También puedo mandarte a matar como todo buen jefe, pero yo solo quiero lo mejor para ti. ¿Nos estamos quedando sin opciones, no es verdad?”.

Claro está en este fragmento que Alfredo ejerce un poder evidente sobre Carlos, y aunque no podemos simplificar el término, como diría Foucault[1], a las estructuras del Estado, en este caso es indiscutible que en él recae o reposa la decisión de la institución.

Fotograma de Yunaisy de Juan Pablo Daranas. “También puedo mandarte a matar como todo buen jefe, pero yo solo quiero lo mejor para ti. ¿Nos estamos quedando sin opciones, no es verdad?”.Para el crítico Antonio Enrique González Rojas, el corto “además de exponer el referido antagonismo entre artista cubano e institución cubana en una coyuntura determinada, Yunaisy es el registro del desvirgue de todo creador, sea cubano, kuwaití o francés, que transita del idealismo independiente, de la alternativa renuente y pobre, a la industria que le dará el sustento, que le facilitará conexiones ventajosas, a cambio de concesiones más o menos significativas, según el talante y la lucidez del empresario. Es la eterna lucha entre el creador y la institución/industria, o desde a una dimensión filosófica, entre Libertad y Necesidad”.

Es válido resaltar en este sentido que para Jesús Martín Barbero, una de las mediaciones más importantes es la institucionalidad y en este caso se hace sentir con todas las fuerzas.

En su tesis de doctorado, luego editada como libro (Revolución, Socialismo, Periodismo. La prensa y los periodistas cubanos ante el siglo XXI) Julio García Luis reflexiona que el campo de los intelectuales no debía verse nunca de forma homogénea, y a su vez retoma unas palabras de Armando Hart Dávalos: “Los artistas y literatos, por ejemplo, desarrollan generalmente actividades creativas más individuales y personales. Aunque el Estado y las instituciones pueden y deben tener políticas en estos campos, que implican coordinar, impulsar, alentar… no dirigir burocráticamente, las pretensiones de arbitrar contenidos han tenido históricamente resultados paralizantes y desastrosos.  Los contenidos en arte y literatura son asunto que compete tratar como regla a los propios artistas y literatos.  La autorregulación más efectiva es la que  surge de la formación moral, estética y del compromiso social, y es aquella que organizan los propios creadores, en formas diversas.  La regulación externa se entiende aquí en el sentido de proporcionar los marcos más favorables para el desarrollo del talento y su aplicación”.

Más adelante, asume el criterio de Alfredo Guevara, quien advirtió que en el campo de la creación no pueden existir moldes estrechos: “Se trata de abrir y aun de ahondar el debate ideológico sin temores y sin límites, de hacerlo coherente y seriamente, buscando en extensión y profundidad las líneas más justas y los análisis más completos.  Y de armarse para ese proceso con una adecuada formación, que ha de comenzar por una información igualmente adecuada.  De otro modo, la tentación de la fuerza puede hacerse inevitable, y causar incalculables daños, temporal silencio e irrecuperable empobrecimiento espiritual”.

De regreso a Yunaisy, parece ser que el productor es la única persona que no concuerda con su realización. Otros colegas de trabajo lo felicitan por ser la primera vez que Carlos “se pone los pantalones”.

Alfredo lo amenaza con que si sacan a la calle el documental, nunca más se va a poder acercar a una cámara y sus trabajos serán engavetados como tantos otros; y a él como productor le dirán que ya está viejo y es mejor que dé paso a otro.

Cuando Alfredo termina de “explicarle” las razones fuertes por las cuáles debe quitar la secuencia del bote, Carlos sale de su oficina dispuesto, no se sabe si a mantener su posición o a suprimir la secuencia de una vez, pero al entrar al set de edición, en la pantalla dice Yunaisy a la cámara: “Yo tenía tremenda ilusión con que la situación del bote pudiera resolverse ¿me entiendes? Yo no quiero una casa, yo no quiero un carro, yo no estoy pidiendo na´, lo único que yo estoy pidiendo es ser legal, estar legal aquí.

“Hace un mes exactamente y todavía yo no he recibío respuesta ninguna. La gente me dice: ´bueno sí vamos a ver qué hacemos, pero me han tenío dormía así to´ este tiempo. Tú sabes que yo te dije hoy que sí, que iba a responderte toas estas preguntas y toa la pila de cosas que tú me has preguntado desde el tiempo que estamos aquí, porque al final yo vi en eso como un rayito ahí por lo menos de luz”.

Con esas palabras termina el corto, imprimiendo a su documental toda la importancia y valor social que podría encerrar. Si Carlos quitó la secuencia o no, no sabemos. El espectador que aún cree en el cine como un espacio de reproducción de lo social de forma verídica y en los principios de sus realizadores, está seguro de que lo mantuvo por encima de su productor/institución; quien considera lo contrario está más cercano al mercado y sus beneficios, que al cine mismo.

Lo más interesante es que aun cuando se enfatiza en que el corto es de ficción, algunos críticos, partiendo de las contradicciones entre los protagonistas, generadas durante la transición del producto comunicativo, dudan de si alguna de las aristas tendrá algo de biográfico.

Asimismo, resulta importante reconocer el papel de la fabricación de cortometrajes y documentales dentro de la producción comunicativa y cinematográfica de un país; más aún cuando el auge de realizadores independientes, en su mayoría jóvenes, cubren en muchas ocasiones disímiles vacíos temáticos que suceden en las productoras legitimadas.

No obstante, es válido reconocer que en la actualidad, desde el Instituto, varias propuestas traen discursos críticos sobre la sociedad cubana de hoy, pero siguen siendo los más noveles quienes llevan la delantera en ese sentido.

Apuntes finales…

Aparecen en la expresión comunicativa analizada huellas de censura, vestigios de las fobias a ejercer la crítica desde los medios de comunicación o presentar la realidad tal cual es. ¿Y por qué sucede ello? Sencillamente porque años de censura en los campos de la creación intelectual de manera general, dieron pie a una autocensura arraigada y difícil de desterrar.

Las visibles relaciones de poder que en ella se gestan no son exclusivas de esta rama o sector, sería imposible imaginar una sociedad sin las mismas. Pero sin dudas, más allá de una trama, el valor de Yunaisy recae, a mi modo de ver, en la manera en la que se enfrentan realizador y productor, en los valores que sustentan las posturas de cada uno y la construcción simbólica que de la realidad hacen.

Ello conlleva a un razonamiento obligatorio desde la comunicación y para el cine: ¿De qué manera asumen las propuestas cinematográficas la realidad cubana? ¿Qué criterios priman en la selección de temáticas para llevar a la pantalla grande? ¿Quiénes, y sustentados en qué fundamentos y herramientas median el proceso de producción cinematográfica?

¿De qué manera asumen las propuestas cinematográficas la realidad cubana? ¿Qué criterios priman en la selección de temáticas para llevar a la pantalla grande? ¿Quiénes, y sustentados en qué fundamentos y herramientas median el proceso de producción cinematográfica? Sería pertinente analizar las diferencias entre las propuestas audiovisuales que se presentan en la Muestra por realizadores independientes, y aquellas que se gestan propiamente desde el ICAIC. Estudiar los mensajes que proponen los públicos a los que van dirigidos, los criterios que pretenden perpetuar y legitimar. Hay que escuchar qué nos están diciendo, con qué lenguajes, cuáles relaciones de poder se articulan, a qué escalas o niveles de la sociedad y cómo los afectan.

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[1] “La cuestión del poder se simplifica cuando se plantea únicamente en términos de legislación o de Constitución; o en términos de Estado o de aparato de Estado. El poder es sin duda más complicado, o de otro modo, más espeso y difuso que un conjunto de leyes o un aparato de Estado“(Foucault, 1980: s.p).

En el texto La Verdad y las Formas Jurídicas, habla de subpoder para referirse a una “trama de poder microscópico, capilar” ubicado al nivel de la existencia de los hombres y no al que se conoce como poder político, ya que “no se trata de un aparato de Estado ni de la clase en el poder, sino del conjunto de pequeños poderes e instituciones situadas en un nivel más bajo” (Foucault, 1980: s.p).

Otra de las acepciones que utiliza para el poder es: “El modo en que ciertas acciones pueden estructurar el campo de otras acciones posibles. Lo que sería propio de una relación de poder es que esta es un modo de acción sobre otras acciones. Esto es decir, que las relaciones de poder están profundamente enraizadas en el nexo social, no reconstituido sobre la sociedad como una estructura suplementaria de la que podamos imaginar su desaparición radical”(Foucault, s.r).


 

 

 

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