Actualizado el 9 de noviembre de 2015

Birdman o cómo la libertad nunca ha guiado al pueblo

Por: . 3|11|2015

Birdman, el último filme Alejandro González Iñárritu, provocó las más encendidas polémicas luego que recibieralos premios Oscar 2014 en las cuatro grandes categorías del certamen: Mejor película, Mejor director,Mejor guión y Mejor fotografía.Pienso, luego existo

René Descartes

 El sueño de la razón produce monstruos

Francisco de Goya

Birdman, el último filme Alejandro González Iñárritu, provocó las más encendidas polémicas luego que recibiera los premios Oscar 2014 en las cuatro grandes categorías del certamen: Mejor película, Mejor director, Mejor guión y Mejor fotografía. El director mexicano en reiteradas ocasiones se había aproximado a los galardones de la academia norteamericana con películas como Amores perros (2000), Babel (2006) y Biutiful (2010), sin embargo no es hasta su última producción que demuestra definitivamente que, aun dentro de Hollywood, si algo caracteriza a su cine es la agudeza de la mirada y el quiebre de los esquemas sociales preestablecidos. Reducir este filme a una lectura finita significaría ahogar toda su riqueza como texto estético. Sin dudas, cada espectador construirá su propio Birdman, posibilidad inescrutable de una verdadera obra de arte.

El actor Riggan Thompson (Michael Keaton), otrora exitoso protagonista de las sagas del superhéroe Birdman, se encuentra frustrado ante un prolongado período de declive histriónico, y para subsanar tal acontecimiento decide dirigir una obra de teatro en Broadway. Su única aspiración es alcanzar nuevamente el reconocimiento y el éxito, pero camino a ello encontrará no pocos detractores. Por un lado, aquellos que como el actor Mike Shiner (Edward Norton) y la crítica de teatro Tabhita Dickinson (Lindsay Duncan) señalarán constantemente que ser protagonista, guionista y director de su propia obra es un acto que supera sus supuestas capacidades artísticas; y por el otro aquellos que como Jake (Zach Galifianakis), su abogado y su propia hija (Emma Stone) alegan que el momento para demostrar su competencia actoral ha quedado en el pasado.

La contraparte de Rigganes Shiner, actor de renombre, pero insensato y propenso a las extravagancias. Sin embargo, quizás sea uno de los personajes más atinados y consecuentes en el filme pues toda su imagen aparentemente egocéntrica y superficial no es más que un personaje que a sabiendas se ha construido para su propia existencia y con el que trata de simular y enmascarar sus miserias y frustraciones. Mike realmentese encuentra tan atormentado como Riggan. Los une la necesidad constante por aparentar, fingir y demandar la atenciónde todos. De ahí que el primer gran conflicto entre ambos se haya producido por el protagónico en una nota de prensa.

Sus universos son totalmente caóticos, sentido que se refuerza por la excelente fotografía de Emmanuel Lubezki, basada en la utilización de prolongados planos secuencias y el empleo de una iluminación que apuesta por las penumbras. Los tiempos se dilatan, se hibridan. Los límites espaciales se disuelven como metáfora al propio universo interior de sus protagonistas: incoherente, desequilibrado e inestable.

Riggan puede entablar un diálogo sincero únicamente con su alter ego, reflejo de sí mismo, el cual regresa para atormentarlo durante todo el filme. Mike solo puede tener experiencias reales en el escenario, como él mismo declara. Su proyección en el mundo real es pura pose, actuación.

El alter ego irónico, y en disputa con Riggan, clama que durante su período de juventud fue mucho más ignorante, pero también más feliz. Mike desea arrancarle los ojos a Sam, la hija de Riggan, para observar la ciudad como lo hace ella. Ambos localizan la etapa de la juventud como el momento de la felicidad. La ignorancia y la inexperiencia permiten la actuación libre y desenfadada del sujeto. A medida que se envejece aumenta la represión de los instintos juveniles. Madurez supone en Birdman frustración, estado en el que se encuentran los protagonistas de la cinta.

Todos los personajes establecen una carrera por el reconocimiento. La propia Sam lo deja muy claro en una apostilla a su padre:  “si no estás en Facebook no eres nadie”. La existencia solo se concreta en tanto la identidad individual, lo privado se convierte en público. Riggany Mike desean que la crítica y el público los aprecie. “Lo único que importa es lo que la crítica escriba sobre nosotros”, plantea el segundo. Sam busca el halago de su padre. La adicción a las drogas, su enfermedad y su propio papel de la hija perdedora es una manera de reclamar la atención. Laura (Andrea Riseborough), actriz y novia de Riggan imagina un embarazo para atrapar el interés de este. Lesley (Naomi Watts), también actriz, quiere ser una aclamada estrella de teatro.

Lo que en apariencia pudiera ser una historia aburrida y trillada sobre el mundo tras bambalinas de Broadway, encierra la problemática sobre cómo el sujeto es obligado constantemente a simular, vivir y aparentar una supuesta realidad que dista de sus expectativas y deseos reales, para alcanzar el reconocimiento y el modelo de éxito que nuestra cultura ha legitimado como válido. Cada sujeto juega un rol determinado en la sociedad y constantemente está simulando y corrigiéndose para desempeñar lo mejor posible ese rol asignado.

La cultura occidental, con sólidas bases modernas, ha sido estructurada según los patrones de la racionalidad ilustrada, condición que solo determinados tipos de arte han logrado o intentado temporalmente subvertir. Esta racionalidad construye simbólicamente modelos de éxito; dicta y regula normas, modos de comportamientos morales, sexuales, espirituales y cualquier tipo de experiencia vivencial en sentido general.

Que la humanidad se haga racional —(…) que la razón alcance la mayoría de edad (que, después de todo, es la tarea y el destino de la humanidad)— por medio de una lógica interna desencadena los procesos históricos que tienden a despersonalizar las relaciones sociales, a desecar la comunicación simbólica, y a someter la vida humana a la lógica impersonal de los sistemas racionalizados, anónimos y administrativos —procesos históricos, en resumen, que tienden a hacer que la vida humana se mecanice careciendo de libertad y significado.(*)

Todo ello ha conllevado históricamente a la marginación y desecho del sujeto o la conducta que no se incorpore al proyecto moderno. Riggan es excluido del gremio de los actores canónicos porque su protagonismo actoral se encuentra enlazado a las sagas de superhéroes, un subgénero considerado “menor”por la historia y la crítica de cine. De ahí que se empeñeen dejar un “verdadero” legado, una actuación en Broadway. Sin embargo, según los dictámenes sociales, es demasiado tarde para ejecutar tal empresa.

Mike es un modelo de “lo masculino” y “lo viril” en el teatro; en la vida real, sin embargo, es su antípoda. Sam es la hija abandonada y drogadicta. Laura solo será la novia; jamás la esposa. Lesley simbolizalos mitos construidos en torno a la mujer rubia. Todos son perdedores según el arquetipo del hombre moderno. Sin embargo, quieren incorporarse a ese modelo de éxito y para ello corrigen constantemente su modus vivendi, lo cual los obliga a simular, aparentar, estar pendientes sobre lo que dicen los otros. De ahí su voraz necesidad de reconocimiento.

El vuelo, “el suicidio”, la erección de Mike en el escenario, el observar desde las alturas la ciudad, son solo metáforas que revelan el contraste entre los momentos de asfixia y de liberación ante los requerimientos culturales. Hecho que es reforzado, por ejemplo, en el caso de Riggan, por el contraste entre la banda sonora propia de los períodos supuestamente reales —más orientada hacia el jazz y sus sonoridades entrecortadas y agresivas— y la sonoridad mucho más melódica con connotaciones de ensueño, propia de los planos del vuelo sobre la ciudad y del suicidio.

De este modo, Birdman goza de un excelente guión. No asisten aquí los estereotipos, las ideas míticas, los amores furtivos o cualquier otra leyenda del teatro, sino que sin ser una doctrina panfletaria o tratado filosófico, sin regodearse en lugares comunes y discursos lacrimógenos propios del kitsch, y solo a través de la más encendida metáfora, reflexiona sobre problemáticas claves de la sociedad contemporánea, que atañen a la propia condición humana.

Iñárritu, sin mirada lastimosa, una vez más muestra a aquellos hombres desechados por los modelos de éxito de la cultura occidental. Los sujetos de sus historias no están construidos en blanco y negro, no son héroes o villanos, sino que se cargan de matices. Son seres complejos como el Jack de 21 gramos o el Uxbal de Biutiful, y ahora Riggan, Mike y Sam de Birdman. Si antes mostró vocación por los sujetos “fracasados” del “bajo mundo”: el apostador en las peleas de perros, el exconvicto, el traficante de personas; con Birdman, descubre a ese “perdedor” tras las bambalinas de Broadway.

Este filme denuncia a gritos la crisis que produce en el sujeto el enfrentamiento entre el deber ser social asignado culturalmente y las proyecciones y aspiraciones individuales. Denuncia la angustia del hijo de una modernidad perversa. Una cultura que a nivel de proyecto abogó por la libertad, la igualdad y la fraternidad y que en la práctica ha terminado por reprimir al individuo mediante la estratificación, segmentación y asignación de roles.

De este modo, Birdman goza de un excelente guión. No asisten aquí los estereotipos, las ideas míticas, los amores furtivos o cualquier otra leyenda del teatro...Birdman es el tipo de propuestas que descoloca al espectador, lo hace pensar y cuestionarse la realidad. Aunque ciertamente, lo admito, como alguien me ha señalado, este filme significa el verdadero pliegue de Iñárritu a los imperativos de Hollywood, y aunque a nivel visual le deba mucho al knowhowde este y diste de los ambientes marginales de sus cintas anteriores, más emparentados con las estéticas del cine latinoamericano, no cabe dudas de que la historia y la construcción de sus personajes distan muchísimo de ser el típico y espectacular filme de la industria estadounidense. Birdman, desde dentro, bien ha sabido poner en crisis al propio sistema que con cuatro Oscar lo ha legitimado.

 

Nota:

*Wellmer, Albretch. “Razón, utopía y dialéctica de la Ilustración”, en Carlos Simón Forcade. Selección de lecturas de Teoría de la Cultura Artística I. Modernidad: arte y cultura. Documento consultado en formato digital.

Categoría: Audiovisuales | Tags: | |

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