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Tim Hodgkinson
Para los seguidores del rock experimental de los años 70, Tim es recordado como uno de los integrantes de Henry Cow, banda dedicada a socavar esquemas y expandir las fronteras del género hasta algunas de sus más radicales consecuencias. Fundador desde 1968, se hacía cargo del saxofón alto, órgano y clarinete, pero sobre todo destacó como compositor, firmando algunas de las piezas más intrigantes del repertorio (“Amygdala”, “Living in the heart of the beast”, “Nine funerals of the citizen King”, “Viva Pa Ubu”). En ellas encontramos enunciados los parámetros que desarrollaría luego en plan solista, o a través de los disímiles proyectos en los cuales ha recalado. Temas complejos construidos sobre ritmos cruzados, armonías retorcidas, conjunciones instrumentales atípicas (guitarra eléctrica, violín, xilófono, batería, fagot, teclados, saxofones), y un mensaje de confrontación sin paralelos en su época, marcaron la entrega de Henry Cow en unos pocos discos medulares e incomprendidos. Con este grupo, Tim forzó el lenguaje del rock con base en la improvisación, y ahondó en un pensamiento político de izquierda, actitud que lo hermanó, principalmente, a otros dos miembros, el baterista Chris Cutler y la fagotista Lindsay Cooper, con los cuales siguió colaborando desde entonces. Luego vino The Work, a partir de 1980, pasando del progresivo radical al noise rock. Bill Gilonis (guitarra), Mick Hobbs (bajo) y Rick Wilson (batería) lo respaldaron en una aventura de producción irregular (Slow crimes, See) donde Tim comenzó a familiarizarse con un tipo de guitarra hawaiana, que se toca apoyada horizontalmente en las piernas. Este instrumento lo ha seguido desde entonces, reapareciendo en algunos de sus discos. Si Henry Cow había sido un acertijo para los puristas, con The Work desplegó una intensidad sonora rayana con el punk, pero sin perder de vista que las necesidades expresivas iban en otra dirección. Su discografía individual consta de unos pocos títulos: Splutter (1985), Each in our own thoughts (1997, donde rescata una pieza suya concebida para Henry Cow pero nunca antes grabada, “Hold to the zero burn, imagine”), Pragma (1997) y Sang (2000). Cada fonograma presenta facetas distintas de su quehacer, incluyendo improvisaciones en el clarinete o el saxo alto, complejas partituras para formatos de cuerdas, experimentos con las computadoras, y revisiones del sonido más urgente y próximo al rock. Como compositor, Hodgkinson cultiva dos vertientes que parecen excluyentes: la de la obra estructurada, escrita en sus mínimos detalles, y aquella que toma la improvisación como puerta abierta al azar y sus consecuencias. No obstante, quizás lo mejor sea cuando las hace coincidir. Pasa así del perfeccionismo de una escritura puntillista, a los espacios abiertos donde todos los sonidos son posibles. De este modo sus piezas son un recorrido por referentes como el ultracromatismo y el expresionismo, sin olvidar el rock, la música concreta, el serialismo y la electroacústica. Además, las posibilidades tímbricas y colorísticas proporcionadas por las nuevas tecnologías aparecen incluso en composiciones de su autoría destinadas a la gran orquesta, los conjuntos de cámara o las secciones exclusivas de alientos y metales. Requerido en sesiones para Rascal Reporters, Valentina Ponomareva, God, Kalahari Surfers, Art Bears, Egg, The Momes, Hatfield & The North, Dagmar Krause, European Improvising Orchestra, Iancu Dumitrescu y Ana Maria Avram, participa en roles de productor, autor o instrumentista. De todos modos hay colaboraciones que arrojan otra luz en torno a su labor. Citaría el cuarteto de clarinetes que integró el año pasado junto a Jacques Di Donato, Isabel Duthoit y Xavier Charles, centrado en un grupo de obras de texturas contemporáneas; los proyectos junto a agrupaciones como Hyperion Ensemble y Ossatura, y un extenso listado de binomios circunstanciales, casi todos explorando esta combinación en situaciones de creación espontánea. Los percusionistas Chris Cutler, Jim Meneses y Roger Turner, los saxofonistas Lol Coxhill, Laurent Bigot y Kevin Martin, el cellista Vladislav Makarov, la cantante Catherine Jauniaux y el guitarrista Fred Frith, entre otros, han sido sus asociados para tales ocasiones. Signos de su curiosidad creativa son colaboraciones como “Apophasis”, donde trabaja con el pintor David Connearn, y “Decoding advertisements”, con la videasta Judith Williams. En el primer caso, la fórmula consistió en grabar el sonido del pincel al friccionar sobre el papel, y utilizarlo como materia prima para desarrollar una partitura que buscaba reproducir las tensiones propias de dicho acto. En el segundo, música diseñada solo para saxofones apoyaba la proyección de imágenes de carteles publicitarios. Dos intenciones y resultados diferentes, dos maneras de encarar nuevas perspectivas para la música, la interacción antes que el simple fondo sonoro.
Aunque la durabilidad de sus proyectos es bastante precaria, quisiera señalar al menos un par de ellos que me resultan significativos, entre otras cosas porque han sobrevivido durante varios años, sin contaminarse mutuamente. En primer lugar, The Shams, dueto con el percusionista Ken Hyder, que explora el mundo sonoro de los chamanes a través de una discografía discreta. Por otro lado está Konk Pack, trío que redondean Thomas Lehn (sintetizadores) y Roger Turner (batería), con su implacable fusión de lo acústico y lo electrónico en discos como Big deep (1999) y Off leash (2004). Tim Hodgkinson sabe, por experiencia propia, que la tradición académica descarta una gama notable de elementos físicos presentes en los sonidos que pueden emitir los instrumentos convencionales, a la vez que ignora los avances que, en el campo de las músicas populares, se han conseguido en los últimos tiempos. Conoce de fusión y apropiaciones, tanto como de sobrevivir sin renunciar a ciertos principios que lo sitúan en un puesto destacado entre los compositores contemporáneos. Sabe lo que es vivir en el corazón de la bestia, al otro lado del espejo, en el difícil acto de la cuerda floja. Desobedecer la historia es otra manera de escribirla. Casi cuarenta años de creación musical están diseminados por discos y textos publicados. Su obra no pretende la popularidad ni el elitismo; simplemente existe como propuesta, hasta en su inevitable dicotomía: demasiado rock para los clásicos, demasiado clásica para el rock.
MAS INFORMACIÓN: http://www.l-m-c.org.uk/texts/hodgkinson.htm l
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