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El piano que llevo
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Editado por el sello Colibrí, el fonograma viene a darnos un nuevo testimonio del excelente momento que vive la interpretación del piano por ejecutantes cubanos. En dicho amplísimo diapasón, que va desde un Bebo Valdés (su fabuloso y ya histórico disco Bebo de Cuba resultó uno de los galardonados en la pasada emisión del Premio Grammy), hasta un Haroldo López-Nussa (en semanas recientes se presentó en escenarios de Nueva York, actuaciones que motivaron elogiosos comentarios de distintos medios de comunicación), Daniel Amat se inserta con una propuesta que lo distingue. En su ópera prima se percibe a las claras que él resulta deudor de figuras como Lilí Martínez y Rubén González. Así, aunque en la técnica que despliega al tocar deja en evidencia que es un pianista moderno, en los tumbaos posee un sabor antiguo, proveniente de los años cuarenta y cincuenta del siglo anterior. En el material escogido para El piano que llevo dentro, hay un equilibrio entre temas clásicos de la música popular cubana, que aquí son revisitados con versiones muy respetuosas de los originales, y otros que han sido compuestos por el propio Daniel. En el primer caso pudieran mencionarse las versiones de “El guararey de pastora”, donde encontramos la siempre bienhechora intervención de Pancho Amat en el tres, y de “Bilongo”, pieza que se ha tornado recurrente en el repertorio de numerosos pianistas de orientación hacia el jazz latino o afrocubano, y que en el arreglo recogido en la presente grabación tiene lo suyo. Aunque si soy del todo sincero me parece que los mejores momentos interpretativos del fonograma están registrados en los cortes pertenecientes a la firma autoral del joven Amat. En ese sentido, entre los temas que más captan mi atención, tengo que mencionar el que da inicio al CD, "Lejanía". Dicha pieza comienza con un piano diría que sutil, y que de cierto modo va a orientarnos en cuanto a saber por qué terrenos se mueven las ideas del intérprete. Acertada me resulta la inclusión de Regina Campos en el violonchelo antes de transformar la composición en un son muy grato al oído. Asimismo, desde el prisma pianístico me parece muy logrado “A Ulises”, creación escrita por Daniel para rendir merecido tributo a su maestro Ulises Hernández, a no dudar uno de nuestros músicos con mayor poder de convocatoria, como lo demuestran los numerosos proyectos colectivos que él ha organizado. Otro corte altamente recomendable en mi opinión es el titulado "Una vasca en Camagüey", clásico ejemplo de lo que es el jazz latino y que sirve para el lucimiento de Javier Zalba desde el saxofón. En una línea semejante, se hallan “Chachachá comprensivo”, que nos mantiene inmersos en el sonido de la archiconocida descarga cubana y “Tumbao del feo”, introducido por un solo en las congas a cargo de Tata Güines y que, además, posee el mérito de contar con la intervención de Changuito como timbalero. Creo que el trabajo interpretativo de Daniel en “Tumbao del feo” alcanza uno de los instantes de mayor lucimiento a lo largo de todo el álbum y demuestra cómo, al igual que puede ser delicado en su pianismo, también si se lo propone es capaz de brindarnos un toque agresivo y de mucha fuerza expresiva. Entre los numerosos méritos que posee El piano que llevo dentro, en mi criterio uno de los fundamentales está dado por la nómina de instrumentistas participantes. Junto a los ya mencionados Pancho Amat, Regina Campos, Javier Zalba, Changuito y Tata Güines, acompañan al pianista en esta entrega discográfica su hermano, el bajista José Francisco Amat, el flautista Carlos Hudson, Ulises Hernández en el piano, así como Gilberto Noriega y Joel Rodríguez, todos los cuales aportan para el destaque en conjunto del CD. Por los días que corren, ya Daniel Amat tiene preparado otro proyecto. Me refiero a lo que ha dado en llamar Esquina Caliente, un grupo que funde el jazz y el son cubano en perfecta armonía, y que, si bien da continuación a su interés por ahondar en una propuesta que resulta moderna, no deja ni por un instante de permanecer aferrada a la tradición, base desde la cual prosigue una inteligente exploración a través del lenguaje pianístico. Así, como queda plasmado en El piano que llevo dentro, se defiende en la práctica la idea de que hay que elaborar lo nuevo desde el conocimiento y dominio absolutos de las raíces, lo cual posibilita asumir en su real dimensión la contemporaneidad.
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