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Otra vuelta al almanaque
Premios de Poesía: Poemas casi humanos se adentra en un mundo de dioses, semidioses y mortales, pero siempre desde una perspectiva fugaz, humana. “Ni siquiera esperé salvar la eternidad”, afirma Herbert Toranzo Falcón (Ciego de Ávila, 1972). Sus textos estremecen los cimientos de la espiritualidad, el extrañamiento, la inseguridad misma del vivir. El sujeto lírico transita sobre arenas movedizas, hace catarsis: “todo me fue prestado”. Se conforta: “tengo al menos una clara incertidumbre”. “Nonsense”, breve composición, alocada y sugerente; con su “no ha desierto la angustia, confundo de músicas paredes”, resume acaso la osadía de estos poemas casi… El desabrigo de los personajes de cierto cuadro; la visión de un San Lázaro, de la virgen sobre un barco; la punzante injusticia de estar recostado allí “donde otros arañaron las paredes”: imágenes, memorias, sensaciones dispersas a lo largo de diecisiete poemas, corredor iluminado a capricho por la subjetividad de René Coyra (Banes, 1970). Pensamiento primitivo es un libro-pasadizo con apariencias de cuaderno sobrio; es apremiante desasosiego que el autor de Nocturno de la sed encubre con las tímidas certezas de la realidad. “Dios mío yo soy el canario de Martí/ tengo el pecho/ así de grande amarillo y solitario dispara/ pon tu bala en mí”. ¿Con qué adjetivos definir la huella que el artista va dejando en los daguerrotipos? Atención: Después de Anverso de la bestia amada ya no será posible sustraerse a esa mirada atroz desde (y también hasta) la patria, los mendigos, la inclemencia (no sólo del invierno). Porque “este es un país de ferias y holocaustos”, en el que “vi a los extranjeros con las rosquillas/ los helados”. Y luego “descubres que el tiempo es ignorante de tus quejas”. Luis Felipe Rojas Rosabal (San Germán, 1971) se confiesa negro en moneda nacional y se desangra sobre el lomo de su bestia: “esta es mi palabra/ esta es la música por la que tengo que/ morir”. Páginas desafiantes, que sufren y se contentan en ese otro sueño que es esta isla.
Premio de Ensayo: Lezama es inmenso, inabarcable... Tal construcción mítica no deja de adivinarse detrás de tanto ensayo que en los últimos tiempos se ufana en leer entre líneas al viajero inmóvil de Trocadero. Y entre página y página, alguna deslumbra, porque logró verle la cuarta pata al “hipopótamo lírico”. No serán las que Ronel González aplica en volver sobre la marca del descubridor del Paradiso insular sobre la generación de Orígenes, pero sí aquellas en que el autor —decimista también él— devela el busto de un culterano a lo Góngora que igual cultivó sin prejuicios la estrofa popular del Cucalambé: “lo reconozco, su herida,/ como en el ciervo el acecho/ busca en el agua de helecho/ la sucesión sumergida (el verso en cursivas da título al cuaderno). Premio Cuento: Gustavo Sabas del Pino (Ciudad de La Habana, 1982) salió del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso siendo tempranamente un avezado narrador. No te acuestes agrupa nueve narraciones breves, sorprendentes, escritas con lenguaje apretado y limpio. Los temas, como los personajes, deambulan sin dificultad entre dos universos paradójicamente ligados y distantes: el de lo racional y ese otro que escapa a la dimensión de la conciencia. Leyendo estas historias, traspasamos sin notarlo la frontera que ¿divide? Centro Habana del mundo de lo onírico. Con toda coherencia, el estudiante que se abre a un sexo brutal en plena luz, sentado en una cafetería habanera, cede paso al coronel que sueña —¿o despierta?— su fracaso, aquel domingo consagrado a la defensa. Arturo, ese hombre común que se rebela contra el absurdo de la cotidianeidad, concibe un muñeco que se incendia y consume al primer contacto con lo real. Se transmuta luego en artesano que diseña figuritas con la esponja macabra de colchones hurtados en un lugar de muerte. ¿Demasiado alucinante? Mejor reflexionar en torno a la existencia.
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