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Otra vuelta al almanaque
Por Leopoldo Luis y Rafael Grillo

Donde van a morir las mariposasYa es habitual que El Caimán Barbudo reseñe los títulos agraciados con los premios Calendario, convocados anualmente por la Asociación Hermanos Saíz y religiosamente publicados, año tras año, por la Casa Editora Abril. Es el turno de los laureados en la edición de 2004, que salieron de imprenta justo para ser lanzados en la última Feria Internacional del Libro de La Habana. Comoquiera que estos libros recién inician su camino hacia los lectores, intentamos a cuatro manos presentárselos en una escueta —y ojalá justa— síntesis:

Premios de Poesía: Poemas casi humanos se adentra en un mundo de dioses, semidioses y mortales, pero siempre desde una perspectiva fugaz, humana. “Ni siquiera esperé salvar la eternidad”, afirma Herbert Toranzo Falcón (Ciego de Ávila, 1972). Sus textos estremecen los cimientos de la espiritualidad, el extrañamiento, la inseguridad misma del vivir. El sujeto lírico transita sobre arenas movedizas, hace catarsis: “todo me fue prestado”. Se conforta: “tengo al menos una clara incertidumbre”. “Nonsense”, breve composición, alocada y sugerente; con su “no ha desierto la angustia, confundo de músicas paredes”, resume acaso la osadía de estos poemas casi…

El desabrigo de los personajes de cierto cuadro; la visión de un San Lázaro, de la virgen sobre un barco; la punzante injusticia de estar recostado allí “donde otros arañaron las paredes”: imágenes, memorias, sensaciones dispersas a lo largo de diecisiete poemas, corredor iluminado a capricho por la subjetividad de René Coyra (Banes, 1970). Pensamiento primitivo es un libro-pasadizo con apariencias de cuaderno sobrio; es apremiante desasosiego que el autor de Nocturno de la sed encubre con las tímidas certezas de la realidad.

“Dios mío   yo soy el canario de Martí/ tengo el pecho/ así de grande   amarillo y solitario   dispara/ pon tu bala en mí”.  ¿Con qué adjetivos definir la huella que el artista va dejando en los daguerrotipos? Atención: Después de Anverso de la bestia amada ya no será posible sustraerse a esa mirada atroz desde (y también hasta) la patria, los mendigos, la inclemencia (no sólo del invierno). Porque “este es un país de ferias y holocaustos”, en el que “vi a los extranjeros con las rosquillas/ los helados”.  Y luego “descubres que el tiempo es ignorante de tus quejas”. Luis Felipe Rojas Rosabal (San Germán, 1971) se confiesa negro en moneda nacional y se desangra sobre el lomo de su bestia: “esta es mi palabra/ esta es la música por la que tengo que/ morir”. Páginas desafiantes, que sufren y se contentan en ese otro sueño que es esta isla.

No te acuestesPremio de Ciencia Ficción: Yoss, nombre de guerra que identifica a José Miguel Sánchez (La Habana, 1969) dentro de la falange literaria, vive obsesionado por el  rock, más también con “el Contacto”. Y no viste de carnaval ese momento de mañana donde llegará al fin para los humanos una respuesta inteligente al Hellooo lanzado a través del frío y desmesurado Universo. Teme él que el instante cuando salgamos del laberinto de la soledad cósmica pueda trocarse en película de terror aunque no caigan del cielo marcianitos verdes en plan belicoso. Sus cuatro cuentos nos alertan de que vayamos a pagar el Precio Justo —así titula el cuaderno— por albergar dentro de nosotros tantas ingenuidades y anhelos como cálculos y desconfianzas. Y, claro, también estarán las influencias que lo complican todo: los  medios “de confusión”, los “maquinismos” de poder, las legiones de religiones, las ciencias incultas, las filosofías de mala esquina...

Premio de Ensayo: Lezama es inmenso, inabarcable... Tal construcción mítica no deja de adivinarse detrás de tanto ensayo que en los últimos tiempos se ufana en leer entre líneas al viajero inmóvil de Trocadero. Y entre página y página, alguna deslumbra, porque logró verle la cuarta pata al “hipopótamo lírico”.  No serán las que Ronel González aplica en volver sobre la marca del descubridor del Paradiso insular sobre la generación de Orígenes, pero sí aquellas en que el autor —decimista también él— devela el busto de un culterano a lo Góngora que igual cultivó sin prejuicios la estrofa popular del Cucalambé: “lo reconozco, su herida,/ como en el ciervo el acecho/ busca en el agua de helecho/ la sucesión sumergida (el verso en cursivas da título al cuaderno). 

Premio Cuento: Gustavo Sabas del Pino (Ciudad de La Habana, 1982) salió del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso siendo tempranamente un avezado narrador. No te acuestes agrupa nueve narraciones breves, sorprendentes, escritas con lenguaje apretado y limpio. Los temas, como los personajes, deambulan sin dificultad entre dos universos paradójicamente ligados y distantes: el de lo racional y ese otro que escapa a la dimensión de la conciencia. Leyendo estas historias, traspasamos sin notarlo la frontera que ¿divide? Centro Habana del mundo de lo onírico. Con toda coherencia, el estudiante que se abre a un sexo brutal en plena luz, sentado en una cafetería habanera, cede paso al coronel que sueña —¿o despierta?— su fracaso, aquel domingo consagrado a la defensa. Arturo, ese hombre común que se rebela contra el absurdo de la cotidianeidad, concibe un muñeco que se incendia y consume al primer contacto con lo real. Se transmuta luego en artesano que diseña figuritas con la esponja macabra de colchones hurtados en un lugar de muerte. ¿Demasiado alucinante? Mejor reflexionar en torno a la existencia.

Anverso de la bestia armadaPremio Literatura Infantil: En palabras de José Manuel Espino, con la simpleza de todo lo evidente, se nos enuncia ya la condición indispensable para acercarnos a esta “larga historia” que Alejandra nos cuenta: habrá que hacerlo “con mucho corazón”. La extraordinaria cosmovisión de una niña, de apenas nueve años, revelada en esta especie de diario íntimo que es Donde van a morir las mariposas, deviene poderoso imán del que ya no escaparemos una vez que la protagonista se nos haya “presentado”. Alejandra, Gianny, Alicia, José Luis, han sido personajes en la historia de cualquiera de nosotros. Pequeños “descubrimientos” que los niños hacen. “Secretos” que no comparten. Emociones, en fin, presencias y ausencias que pueblan sus vidas, nuestras vidas. Muy bien dichas; alegres una vez y tristes otras. Expuestas con toda sencillez por Yanira Marimón Rodríguez (Matanzas, 1971), o con la natural complejidad de lo aparentemente nimio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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CAIMÁN BARBUDO 2006