Sencillamente, Bartolo
Por Paquita Armas Fonseca

Para quienes seguimos los derroteros del cine en Cuba, el primer largometraje de ficción de Jorge Luis Sánchez era esperado por años. Excelente documentalista (El Fanguito, Dónde está Casal y Atrapando espacios) tuvo que postergar sus proyectos por falta de financiamiento y otros avatares por más de diez años. El guión sobre Maximiliano Bartolomé Moré (El Benny) nació en 1994. El realizador bebió de su familia la historia de su primo lejano, Benny, y luego se documentó en libros, revistas y la propia música acerca del sonero mayor, porque para los suyos no era el Benny ni el Bárbaro del Ritmo, sino sencillamente Bartolo.

Ahora, cuando al fin se ha estrenado El Benny, Jorge Luis ha declarado: “Me demoré el tiempo que tenía que demorarme para hacer la película”. Pienso que hay mucha verdad en esa afirmación: es un cineasta más formado y un hombre con mayor experiencia que aquel escritor del guión doce años atrás. Incluso esa primera aproximación escrita entonces recibió retoques, ideas y propuestas en 1996 del dramaturgo recientemente fallecido Abraham Rodríguez, quien, desgraciadamente, no podrá ver el resultado de su obra como coguionista.

Primero El Benny se llamaría Divina desmesura, en alusión a la telúrica vida del músico, o El Bárbaro del Ritmo como fue acuñado el compositor, director de orquesta y cantante autodidacta nacido en San José de Las Lajas.

Jorge Luis ha insistido en que su película no es un retrato biográfico, sino que se inspira en la existencia del Benny. También ha dicho: “No es un musical. Es una tragedia de un hombre que fue músico”. Pero cuando una sale del cine, luego de haber escuchado, íntegras o en parte, 42 canciones y haber disfrutado de la voz, el baile, las coreografías y arrebatos del músico, ¿cómo no decir que es una película del Benny y un musical, tal vez no clásico, pero musical al fin?

La música es precisamente uno de los más grandes méritos del filme. El experimentado y minucioso Juan Manuel Ceruto, junto a Jorge Luis, buscó la voz, que cantaría como El Benny, y apareció en el trovador y bohemio santiaguero Juan Manuel Villi. Juan Formell, director de los Van Van, escribió una pieza para la película, y Chucho Valdés fue pianista de lujo.

Acerca del trabajo musical en la cinta, Iliana García, pianista, musicóloga y profesora del Instituto Superior de Arte comenta: “Por un lado el trabajo con la voz del Benny fue un acierto. Me parece que habría que apuntar una especial coherencia entre la música propia del Bárbaro del Ritmo, con todo su valor, y la de Ceruto para la banda sonora. Existe una correspondencia entre lo “no académico” del Benny y lo “académico” de Ceruto, porque el tratamiento de los diferentes medios expresivos de la música, parte de una lógica que toma o elabora elementos melódicos-armónicos y rítmicos, implícitos en la música del Benny y los recrea con una excelente factura, propios de un músico que está a la altura de los propósitos estéticos del filme”.

La voz real de Moré solo se escucha al final, en la canción “Soy campesino”, número en el que se escucha también al grupo Orishas.  Para quien no sepa que se trata de excelente doblaje, la voz que inunda el cine es la del lajero más famoso.

Y si el uso de la voz de otro cantante engaña al público no conocedor, en los primeros minutos de la cinta, cuando el Benny dirige a su banda de espalda, una piensa que es de verdad, incluso se pregunta: ¿por qué habrán coloreado las imágenes? Cuando se vira de frente y se descubre que es Renny Arozarena, el actor que hizo sangre y carne suya al popular sonero, ya se sabe que la película va por buen camino. Porque el Benny está ahí, en la música y la actuación del protagonista.

El coreógrafo Isidro Navarro pensó que el director se había vuelto loco cuando le dijo que Renny sería el Benny. Pero tras un largo período de trabajo consiguió la metamorfosis.

“Mis inicios como actor fueron en  el teatro y en el cine debuté con la película Entre ciclones, de Enrique Colina, donde interpreté un personaje marginal”, ha afirmado el ya popular actor que confiesa que veía al Benny como algo muy grande y conocía algunas de  sus canciones, su proyección artística, su manera de cantar y de bailar; pero —dice— “desde que me dijeron que el personaje era mío empecé a descubrir cosas en mi persona que ni yo mismo sabía; comprendí verdaderamente cuál era el significado de disciplina, rigor, profesionalismo y entrega”.

La fotografía de José Manuel Riera y la dirección de arte de Erick Grass logran crear un ambiente creíble en los escenarios mexicanos, de Ciudad de La Habana y de Lajas. Como siempre, Enrique Molina en Olimpio, está bien, igual Carlos Ever Fonseca en Angeluis, Mario Guerra en Monchy e Isabel Santos en Maggie. Kike Quiñones borra su imagen de cómico para dar un orgánico Pedrito.

No creo que El Benny sea una película perfecta. Pienso que hay detalles del guión que quedaron sueltos, historias no cuajadas totalmente, y que no se trata de una película de tesis, ni Jorge Luis se lo propuso. El director ha afirmado que “esta película ya tiene el mayor premio al que pudo aspirar, y es haberla hecho. Vale decir que nos dejaron hacer con toda la libertad y la confianza del mundo”.

También comentó: “esta película no es intimista ni psicológica, ni sobre un tipo dándose cabezazos contra las paredes. Es una película que quisimos grande, de bares y neones, de luces, sensualidad y mucho escenario (…) Yo no quería hacer un musical convencional, ni tampoco una película lineal y cronológica, por eso está la etapa mexicana, donde él crece como artista, y por eso están las retrospectivas, porque me interesaba también inquietar al espectador, confundirlo un poco. Respecto al diseño del personaje en el registro trágico, con destino inexorable, yo pienso que somos un país con una historia llena de tragedias, por eso no entiendo esa costumbre de representarnos siempre riendo y gozando. A mí me interesa mostrar el desgarramiento y la tragedia, entiéndase que no la derrota ni el vacío”.
 También Jorge Luis quiso desmitificar al Benny, un hombre que se tiende a santificar a partir de sus indudables cualidades como músico.  Nadie como Nicolás Guillén lo caracterizó mejor: “El Benny extrajo de la vida su más rico jugo y lo devolvió en ritmo y armonía”.

Es lo que ha conseguido Jorge Luis: ofrecerles a los aficionados al séptimo arte una visión hecha música del singular sonero. Y hasta ahora ha logrado que el público se identifique con su obra, porque según ha dicho: “veo y siento al espectador como el centro, el punto vital por donde pasan y se encuentran todos los caminos posibles para llegar a la comunicación, la que no tiene que ser absolutamente total, porque el espectador es diverso. Necesito del espectador. Adoro y necesito comunicarme con él. Ser su cómplice. Me propongo metas; que ría, llore, sufra, medite, padezca, se movilice”.

 

 

 

Cálida acogida a El Benny en Suiza

Locarno, Suiza. — Esta ciudad, que posee el clima más templado de toda la nación centroeuropea, ha devenido sede por estos días de la 59 edición de un Festival de Cine que, a diferencia de otros de su tipo, prioriza el resultado artístico. “Allí no existen alfombras rojas ni cierto glamour que está más cerca del palo mediático, del mercado a ultranzas y de la frivolidad”, nos comunica por vía electrónica Jorge Luis Sánchez, realizador de la película El Benny, con la que Cuba estuvo presente en el certamen. “Es un evento grande, pero sobrio. Moviliza a la población de la parte italiana de Suiza, generando una impresionante participación de la comunidad”, continúa señalando el cineasta, quien afirma que a pesar de no haber resultado galardonada —el jurado concedió el Leopardo de Oro al filme suizo Das Fraulein— la cinta cubana ha sido exhibida con gran éxito de público y de crítica, habiendo sido considerada, incluso, entre las favoritas para alzarse con uno de los Leopardos. Una de las cinco proyecciones que se hicieron de la película, efectuada en una polivalente con capacidad para 3 500 personas, fue presentada por el director del Festival, Frederic Maire, y concluyó con un encuentro que duró más de 40 minutos, en el que Jorge Luis, Renny y los productores de El Benny, intercambiaron y respondieron a las preguntas de los espectadores. “Aunque el jurado no distinguió a nuestro filme —concluye Jorge Luis— puedo asegurarles que si ante el público de Lajas tuvimos una prueba de fuego, ante este de Suiza, bastante frío por naturaleza, nos enfrentamos a otra prueba de la que salimos airosos. Gustó.” En la tarde del viernes 11 de agosto se conoció que la crítica especializada independiente decidió otorgar el premio Boccalino a Renny Arozarena, por su desempeño actoral en el personaje del Benny.

 

 

 

IMPRIMIR ESTE MATERIAL

SUBIR


CAIMÁN BARBUDO 2006