Actualizado el 7 de junio de 2011

Lo que me interesa es escribir…

Por: . 21|5|2010

Confieso que desde que comencé a leer las obras de Leonardo Padura soñé con la posibilidad de hacerle una entrevista. Siempre lo pospuse, primero por timidez, después porque la inmediatez me obligaba a otras “supuestas prioridades”. Cuando casi había olvidado el sueño, supe de la presentación de su más reciente novela La neblina del ayer. Abarrotada como estaba la sala Villena de la UNEAC y después  de haber firmado los libros a todos los presentes el escritor accedió a esta entrevista, para el Portal Cubasí.

Esta es la conversación que sostuve con el autor de obras tan fundamentales como La novela de mi vida,  o las que forman parte de Las cuatro estaciones y aunque no es la entrevista que todavía soñaba, (las circunstancias no permitían otra cosa) al menos tiene la impronta y la espontaneidad surgida al calor de una presentación llena de emociones y fidelidades.

-¿En qué cree que radica el éxito que tiene su obra entre los lectores cubanos? Lo digo pensando en que es uno de los escritores de ficción vivo, más leído…

-Mira para mí sigue siendo un misterio. Cuando me siento a escribir, tengo en la mente una serie de lectores ideales que son lectores muy exigentes. Por ejemplo,  cuando escribí La novela de mi vida pensaba en lo que podía decir Ambrosio Fornet, lo que podía decir Enrique Saínz, que conocen muy bien esta época del siglo XIX, la vida de Heredia; y qué podía decir mi editora española Beatriz de Moura. Tengo la suerte tremenda de publicar en una editora española donde se respeta muchísimo la literatura,  y donde la calidad literaria es un elemento que decide las publicaciones de esta editorial. Eso me obliga a escribir siempre con un nivel de exigencia para esos lectores que pongo en mente y digo,  bueno a este lector lo convencerá esto que estoy escribiendo… Pero a la vez, para mí comunicarme con el lector también es algo que me preocupa;  lograr que lo que yo esté escribiendo sea algo que llegue, que le diga algo a ese lector, sobre la realidad cubana, sobre la historia cubana, sobre sus propias preocupaciones, en general, sobre los elementos mas diversos.  Creo que la combinación de esas dos cosas ha provocado al final que exista esta comunicación, esta respuesta del público.

“Hay además otros elementos que creo funcionan; el escribir estas novelas, que son cercanas al género policíaco, (cada vez se alejan más, pero siguen siendo novelas policíacas) en Cuba, donde hay una avidez muy grande por ese tipo de literatura, ya que apenas se publica literatura policíaca escrita fuera de la isla, la que se escribe aquí es poca y a veces la calidad no complace a los lectores.  Siento que estoy en un vacío de compañía y por eso también los lectores se acercan a estos libros, buscando esta compensación. Por último, creo que la gente necesita leer sobre su realidad y la mayoría de mis  libros, aunque yo me remita a Heredia caminando por las calles de la Habana, estoy hablando de La Habana de hoy también y eso es una necesidad de los lectores cubanos, es una necesidad muy compleja porque no solamente tiene que ver con la literatura, tiene que ver también con que la gente necesita el encuentro con otra dimensión de la realidad y cuando la encuentran en la literatura se identifican con ella”.

-Me interesa mucho oír su opinión, a partir de esto que me ha dicho de la novela policíaca, ¿cómo se inserta su obra dentro del género neopolicial iberoamericano?

-Se inserta en la  medida en que es un tipo de novela de carácter urbano, es una novela en la cual los elementos fundamentales no son el enigma y no es la estructura de un misterio, sino que son la corrupción, la violencia, la pérdida de valores. Se conecta en la medida en que violo constantemente las reglas del género, en esta novela, cuando la leas, verás que el asesinato ocurre en la segunda mitad del libro, es decir, sabes que estás leyendo una novela de carácter policiaco pero no hay muertos, no hay asesinato, no hay delito. Recuerda que tradicionalmente las novelas policíacas empezaban con que llamaban al inspector, y le decían “oye, hay un muerto aquí y hay que empezar a investigar”. No, en este caso Mario Conde ni siquiera es policía.

“Por eso te digo que cada vez son menos policiales, pero desde que se comienza a leer el libro hay la certidumbre de que estás leyendo una novela policial aunque tiene códigos distintos. Esa violación de los códigos tradicionales es lo que hace que estos libros pertenezcan a ese movimiento del neopolicial”.

-Háblenos un poco de cómo convive el Padura ensayista, el Padura autor de  una novela tan hermosa y que tiene una complejidad estructural mucho mayor como La novela de mi vida, y el Padura que sabe dibujar un personaje como Mario Conde, dentro del policiaco, un tipo marginal, en un mundo marginal. ¿Cómo logra transitar de la llamada alta cultura a la cultura popular,  a la cultura de la calle, de lo cotidiano?

-Yo creo que eso se potencia incluso en esta novela.  Decía que es como un tornillo esta novela porque va desde la bibliografía cubana del XIX, todo ese proceso que se debe a la gran riqueza cubana del XIX, cuando se hicieron aquellos libros hermosos; va al mundo del bolero y a las noches de los años cincuenta;  y  llega  a una Habana sórdida, oscura, violenta, de hoy. Creo que la novela transita lógicamente por esos tres universos. Yo he hecho a fondo tres tipos de trabajos literarios, el periodismo, el ensayo y la narrativa.  Cuando digo literario incluyo el periodismo porque  considero que el periodismo puede ser una forma de literatura. Yo traté de hacer literatura con el periodismo y lo hice con la mayor capacidad y la mayor posibilidad que tuve en su momento. Igual cuando escribo ensayos, los he tratado de hacer, y lo sigo haciendo, igual que el periodismo, lo que con menos frecuencia, con la mayor profundidad que puedo.

“La literatura es mi oficio en estos momentos, es mi oficio y también trato de hacerla con toda la responsabilidad. A veces ocurre que hay asuntos en los cuales yo siento que necesito pasar de una reflexión a la otra, de la periodística a la ensayística,  de la ensayística a la literaria, o de la literaria a la ensayística. Por ejemplo está el libro, Heredia, la patria, la vida, que son  reflexiones que no cabían en la novela, pero que yo quería hacer porque me daba cuenta  que había un vacío en cuanto a la reflexión de lo que significaba Heredia, no solamente para la poesía cubana, sino para la formación de Cuba como país.

“Yo decía, esto de alguna manera el lector lo encuentra en la novela, creo que está dicho en la novela, pero no está en términos ensayísticos, con fechas con datos, precisiones que necesitan otro tipo de lenguaje. Por eso hago el ensayo. A veces escribo crónicas, desde hace diez años colaboro con la agencia IPS. Ahora se va a editar para el año próximo un libro con esas crónicas, donde reflexiono, fundamentalmente, sobre la realidad cubana contemporánea”.

-¿Qué significa para Padura ser hoy un escritor coherente en Cuba?

-Mira yo creo que lo principal es ser lo más honesto posible, primero con uno mismo y segundo con el medio en el que vives. A mí no me interesa congraciarme con nadie, no me interesa representar, figurar, estar donde no tengo que estar. Lo que me interesa es escribir y siempre he dicho que lo mismo que digo en esta sala es lo que digo en París, o lo digo en cualquier ciudad del mundo donde esté presentando mis libros. Hablo, como te digo, desde la honestidad, no me interesa que me consideren un disidente, ni me consideren un tipo incómodo, ni que me consideren un alabardero del sistema.  Trato de mantener la política lo más alejada posible de mi vida porque eso me da más libertad a la hora de escribir. Cuando tengo que hablar, porque a veces inevitablemente tengo que hablar de política, trato de hacerlo con la mayor objetividad  y con la mayor honestidad posible.

“Cuando escribo mis libros escribo sobre los temas que quiero escribir, con la mayor profundidad con que quiero escribir, sabiendo que asumo determinados riesgos y bueno, esos riesgos, son los riesgos del escritor, del artista. Puede ser que haya personas a las  que no les guste lo que dicen mis libros, pero de pronto me encuentro con una persona como la doctora Graziella Pogolotti,  que antes de entrar a la presentación me dijo que le había encantado la novela,  que le parecía hermosísima. Eso es muy satisfactorio, un juicio así, viniendo de una persona como la doctora Pogolotti, es casi como una consagración para cualquier escritor”.

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