Actualizado el 8 de julio de 2011

Frank Delgado: un lobo estepario

Por: . 19|8|2010

Frank DelgadoLa trova cubana, elemento clave en la formación de nuestra nacionalidad, ha sido también una constante en el espíritu de la revista El Caimán Barbudo desde su fundación. En esa cuerda hemos editado con la Casa Editora Abril los cancioneros: Cualquier flor de la trova tradicional cubana, antología de cincuenta textos de Sindo, Corona, Villalón, Matamoros, María Teresa Vera… en fin, de esas canciones inmortales que las nuevas generaciones no han tenido a mano. Un segundo título: Una guitarra, un buen amor. 100 canciones de Pablo Milanés, Noel Nicola y Silvio Rodríguez; y ahora tenemos en preparación un nuevo cancionero, cuyo título provisional es Gerardo, Santiago, Frank y Varela: trovadores de la herejía, que contendrá 40 textos de cada uno de ellos, entrevistas, fotos, o sea un acercamiento a la obra de esos representantes de la llamada generación de los topos. Como adelanto, ofrecemos en estas páginas un fragmento de ese encuentro con Frank Delgado en el cuarto de su casa, libros, pinturas, fotos, y por supuesto, la guitarra.

UN TROVADOR

Yo siempre he sido un trovador. La esencia del trovador es la guitarra y las composiciones, la interpretación y la comunicación. Son como factores que forman el trovador: es un poeta, es un músico, es un intérprete; yo digo que es mediocre en los tres… Es como los tipos que en el atletismo practican el pentatlón: son malos en todas las especialidades; malos en 100 metros planos, en salto largo, son mediocres en la jabalina, qué se yo, pero son los más completos.

SILVIO, PABLO, VICENTE, NOEL, SARA…

Yo recuerdo haber visto varias veces a Silvio, en vivo, en actos políticos, cosas así. El primer recital que yo vi de Silvio fue en los Camilitos en el año 76; fue con Noel Nicola, yo recuerdo que no era una música que agradaba a la mayoría de la gente. Estaba en décimo grado y había un grupo de gente que le gustaba esa música; recuerdo que Silvio cantó “Mariposas” y los socios tratando de fusilarle el guitarreo. Aquella vez fue la primera que vi a Noel, lo había oído mentar pero no lo había disfrutado en vivo. Recuerdo que cantó “Es más, te perdono”, “Se fue a bolina” y a mí me encantan unos acordes menores ahí, que era una disminución rarísima, cantó “Hay un almanaque lleno de días 26”.

Cantó todo eso y la gente hablaba de Silvio pero yo me fijé también en aquel otro; me decía “Coño ese flaco cantó unas cosas buenísimas y tiene una voz como una escopeta del carajo”, fueron gente que los vi, de muy chiquito. Después los disfruté muchísimas veces en el Almendares, en conciertos, en los que tenían ellos… no sé, 28, 30 años… Yo era un Silviano. A mí siempre me gustó la música cantarla yo, soy más cantante, intérprete que otra cosa. No tengo buena voz, pero sí una buena maña, entonces yo agarro una guitarra empiezo a cantar y tengo un repertorio muy amplio con canciones de Pablo, de Silvio, Noel, Vicente, Sara González. Tú me pones ahí y yo sé muchísimas cosas de ellos y de otras gentes que me han gustado. Yo no sólo hago música, sino que soy un gran consumidor de música y esa música que consumo me gusta interpretarla y me gusta interpretársela a otra gente “coño, ¿pero no oyeron esta canción que es de Augusto Blanca?, que escribió en el año tal”…qué se yo, esas canciones rarezas que tú te dices que son buenas; no son tan exitosas pero son muy buenas. Me da placer que la gente descubra a través de mí algunas canciones de otros creadores. Soy Post nueva trova, pero yo todo lo que viví fue la génesis de la Nueva Trova y me gustó muchísimo.

SERRAT, JARA, VIOLETA PARRA, CHICO BUARQUE…

Igual, también llegaba a mi ambiente de aquellos años esa canción política, eran tipos muy luctuosos, recuerda a Inti Illimani, Quilapayún, que se vestían con unos ponchos negros y mi mamá me decía que parecían auras tiñosas.

Imagínate, todos vestidos de negro y venían del Chile de Salvador Allende, de toda la tragedia. Yo recuerdo que ellos estuvieron en los Camilitos que cantaban aquello de “Aunque el amo me mata en la mina yo voy, yo no quiero morirme en un socavón”, oye eso es triste, eso es triste, pero estaba bien hecho, se oía bien, a mi me gustaba.

Serrat también, pero era distinto. Los latinoamericanos que llegaron aquí eran muy densos. El mismo Daniel Viglietti era un tipo muy sobrio, tocaba una guitarra espesa, pero muy rara, y cantaba con una voz como de ultratumba aquello de “Yo pregunto a los presentes, si no se han puesto a pensar, que esta tierra es de nosotros y no del que tenga más…”.

Todas esas gentes iban a mi escuela, yo estaba en los Camilitos que era la mejor escuela, iban Mercedes Sosa, Daniel Viglietti, otra gente que vi como el venezolano Alí Primera. Por allí pasaron Víctor Manuel y Ana Belén, pasó Serrat que ya venían de una canción española más afrancesada, con otra esencia y era un poco más entretenida. Tenía un grupo que lo acompañaba, que sonaba muy bien, imagina Joan Manuel Serrat tocando con Ricard Miralles…, unos músicos que eran excelentes.

A mí me gustaba mucho la música latinoamericana y de hecho, en la escuela, me la obligaban a cantar para los actos políticos, se usaba esa movilización; me decían: “Oye esa canción maravillosa que habla del latifundio en Latinoamérica, ‘A desalambrar’“, y me la aprendía. Son canciones muy bonitas, después conocí a Viglietti, no lo podía creer. Yo cantaba las canciones suyas cuando era casi un niño y ahora lo tenía a mi lado. Por Los Camilitos, pasaron aquellos grandes cantores. Allí vimos a Víctor Jara que después lo asesinan en el 73. Ni sé en cuántos actos públicos canté “Plegaria a un labrador”, “Las casitas del barrio alto”, “Ni chicha, ni limoná” y otras. Era como a cañona pero realmente me gustaba, de manera que no lo hacía a disgusto.

LA GENERACIÓN DE LOS TOPOS

Frank DelgadoYo no conocía a mucha gente de mi edad que trovara. Veía un programa de TV, Variedades infantiles, en el que trabajaba Marcos Miranda, y salieron Xiomara Laugart, Alberto Tosca, Cabrales y Donato Poveda. Ellos cantaron ahí “Saltarina” de Donato y Santiaguito, y yo me quedé encantado con esa gente. Después una amiga me presenta a un trovador llamado Renato González, y él me dice: “Yo conozco a esa gente, tú tienes que ver con ellos, vamos allá para que los conozcas” y me lleva a casa de Donato.

A Santiago no lo conocía en esos días, fue un tiempito después en casa de Donato. Ellos ya tenían hasta una teoría, querían transformar el idioma de la Trova. A mí eso no me convencía. ¿Por qué renegar la Nueva Trova? Para mí eso era una traición, y es que querían romper con todo lo anterior. De cierta manera ellos tenían razón, para no parecerte a lo que te antecede tienes que conocer bien, asimilar, pero también romper; ellos lo hicieron de esa manera y les salió bien después.

Por los años 79 u 80, un amigo, Antonio Castro, poeta venezolano-colombiano, me arrastró a sus actividades. Me decía: “Vamos para la Fábrica de Bisutería y Lámparas”, allá íbamos; él leía los poemas para los trabajadores y yo cantaba. Llevaba también a Gema Corredera, que cantaba canciones de Pablo, Silvio, Chico Buarque, y “La canción de los chismes” de Alfredo Carol. Un día de esos me dice: “Hoy vamos con un trovador que se llama Carlos Varela”, y fue la primera vez que escuché a Varela, que cantaba canciones de Silvio y las primeras suyas.

Por entonces yo había conocido en el Café Cantante a un tipo un poco rebencúo, que tocaba en la peña y también en las esquinas, que era Gerardo Alfonso. Él iba al Café Cantante los domingos, siempre estaba fajado con Roberto Poveda; Roberto decía dame acá la guitarra y se ponían a discutir. Recuerdo una vez muy especial, tras un concierto de Ana Belén y Víctor Manuel, que a la salida del Carlos Marx nos encontramos con Carlos y Gerardo, y nos fuimos a descargar; a partir de ahí empezamos a reunirnos para oír aquellas canciones que estábamos haciendo. Nos encontrábamos en casa de Noemí. Una vez se sumó Santiago, recuerdo que a él le gustó mucho “La Palanca”, una canción de Carlitos, y le hizo un acompañamiento.

Santiago ya entonces era una figura. El Santi había viajado al extranjero, había ido con Noel Nicola a Nicaragua y después a Suecia y hasta se trajo a una sueca, Gunila, ya eso era el non plus ultra, del tipo bárbaro, el exitoso. Estaba fugado, como a cien leguas de nosotros y entonces empezamos a ir a casa de Carlos, aquí en el Vedado, nos reuníamos, cantábamos. Un día, Eduardo del Llano nos dice que tienen un grupo literario que se reúnen los domingos a escribir en las noches, que era Nos y Otros, donde estaban Luis Felipe Calvo, José León Díaz, uno que creo se fue a vivir a Uruguay, y otros que ahora no recuerdo. Nos pusimos de acuerdo, partiendo de sus historias y decidimos hacer un recital en el Guiñol, debe haber sido en el año 81 u 82. En ese concierto estábamos Carlos Varela, Gerardo y yo, Santiago era el invitado y Eduardo del Llano, que leía algunos textos. Fueron dos días en el Guiñol.

LA CASA DEL JOVEN CREADOR

La Casa del Joven Creador fue el refugio. No había nada que hacer los sábados, a los trovadores les encantaba descargar donde había ron, las gentes se reunían y hacían más o menos caso a las canciones. Tenía swing reunirse en una sillita que eran unos tronquitos forrados de verde y con unas mesitas, a oír todo lo que pasaba. Toda la farándula joven pasaba por ese lugar. Allí se creó un ambiente, se componía una canción cada semana y empezó a convertirse en “la onda” cuando este sube, yo te hago una segunda voz… eso pasaba también en el Café Cantante del Teatro Nacional y todo el mundo se acostumbró a eso. Iba Donato y todos nos subíamos a cantar “Saltarina”, “Quédate para germinar”… terminábamos todos haciendo voces allá arriba. Allí fue la primera vez que conocí personalmente a Silvio, que vivía en el reparto Siboney, my cerca de mi casa en el reparto Flores, y me trajo una vez del Café Cantante. Cuando terminé de cantar me dijo que le había gustado mi canción y me trajo de vuelta hasta la casa. Yo le dije: “¿Quiere conocer a mi mamá?”, y yo hinchado le dije a la vieja: “¡Me trajo Silvio!”. Otra me invitó a su casa para que conociera allí a Eduardo Galeano. Luego fui otra vez con Carlos Varela, quien me hizo tirarle un montón de fotos con Silvio y no me hizo ninguna a mí, y eso que era con mi cámara. O sea que por aquellos días se armaba toda esa cosa de la descarga, del ambiente poético.

LOS TROVADORES QUE VIENEN

Yo hice radio en la buena época de Radio Ciudad. Prácticamente las primeras grabaciones que hicieron José Luis Medina, Vanito, Barbería, Raúl Ciro, José Luis Estrada, que era el de Cachivache, Alejandro Bernabeu, Athanai, Polito Ibáñez, toda esa gente pasaba por ahí, y muchos de ellos dejaron sus primeros temas grabados en el programa. Me sabía las canciones de ellos; bueno, yo me decía: “Esta gente me va a pasar por encima, me van a aplastar como con una Buldózer y me van a enterrar ahí”. Imagínate, en Cuba tú le das una pedrada a un árbol y se caen diez trovadores.

Hay gente desconocida de una provincia, de un municipio apartado, que tú lo escuchas y te dices: que no vaya para La Habana porque me va a quitar el trabajo.

La Trova Cubana es un sector de la música. Es, además muy diversa, hay un circuito en el que pongo a Kelvis Ochoa, David Torrens y demás que tocan en Don Cangrejo, que son esencialmente trovadores y vienen de lo que fue el movimiento trovadoresco cubano, aunque ya sean músicos más abiertos a otras corrientes. Hay un sector que convoca, otro que convocan menos, en fin, hay un abanico de gente que lo puedes diferenciar por estilos, por poder de convocatorias. Unos más metidos en esos circuitos de alta convocatoria, económicamente hablando, que se acompañan de piquetes, otros en marcos más estrechos. Ahora hay algo muy bueno, el Instituto de la Música está pagando peñas y hay un resurgimiento de espacios muy diversos para los trovadores. Yo quiero hacer algo que se llame “La Ruta de la Trova”, una programación semanal que diga dónde está la Trova cada día. Que diga, por ejemplo: el lunes, está Frank Delgado en el Tocororo, la entrada es libre pero la bebida es muy cara; a las 5 de la tarde en el UNEAC, está la peña de Eric Méndez. El martes está la peña de Niurka Miniet en la Universidad, está Ray Fernández en Fresa y Chocolate por la noche… Así tú puedes ir haciendo una ruta de todo lo que es la Trova Cubana. Puede trazarse por todo el país, con el Mejunje de Santa Clara, el trovazo de Yamira en Pinar, la Suerte de cangrejos en Cárdenas… tremenda ruta nacional, para que cada cual acuda de acuerdo a sus intereses musicales y a su bolsillo. Puede que te digas: “Coño, no puedo ir a ver a Kelvis pagando 5 cañas, CUC, en Don Cangrejo, pero veo a Frank Delgado, que me cuesta 50:00 MN en el Sauce. O está duro porque con la pareja te sale en 100, pero sí puedo ir a la Peña de Argudín, o las Tres Tazas de Silvio Alejandro, que es 5 pesos MN, al espacio de Inti Santana en Fresa y Chocolate, que creo es a 20 MN, u otras de entrada libre como el Patio de Baldovina de La Jiribilla o el Trovando que tienen ustedes, la tribu de El Caimán Barbudo, en el patio de la EGREM.

Están surgiendo ideas y proyectos muy buenos, diversos, alrededor de la trova y creo que el Ministerio de Cultura, se ha percatado de la importancia de esa zona que es la trova, y es bueno que esté apoyando y financiando esos espacios y pagando a los trovadores.

Todavía se pueden hacer algunas cosas más; si se pudiera encontrar alguna otra mecánica de pagos, de producción, de audio y luces. Hay lugares que tienen su magia, a mí, por ejemplo, me gustaría hacer algo fijo en el Almendares. Eso se pudiera retomar: un Festival de la Trova en La Habana; si existe “Al sur de mi mochila” en Cienfuegos, el Longina en Santa Clara, existe en Guantánamo el Festival de la Canción Política, debería haber uno en la ciudad.

UNA POÉTICA

Yo empiezo haciendo canciones más serias por el año 1976, ya con letras y con música mía… Bueno, las músicas eran una combinación de acordes sacados descaradamente de lo que escuchaba, recuerdo que hice varias que eran con acordes de “Hotel California”, otras con los acordes de “Para vivir” de Pablito, con esa onda de acordes partidos, que degradaban. Era muy evidente de dónde me robaba las cosas. Yo creo que un músico, por muy genio sea, es un ladrón de melodías y armonías. Todos lo hacemos, el mejor no es el que no robe de otros sino el que lo disimula mejor, el que combina mejor las cosas sin que uno se dé cuenta.

No sé si yo tenga una poética, más bien yo soy de la narrativa; me gusta más la narrativa. Creo que yo tengo una buena memoria, y sé cómo sacar de esa memoria para hacer una canción. De vez en cuando combino un par de palabras y me sale poético, pero lo mío ha sido más bien narrar.

Las canciones mías que más éxito han tenido fueron las del Período Especial, del disco Trovatur, que estaban vinculadas a una realidad, y a la gente le gustó, la gente se enganchó. Yo he hecho otras cosas, con las que estoy más conforme, que me parecen más poéticas, sin embargo no han tenido la misma resonancia. Pero no importa, uno es la suma de varias cosas, y para buscarte tienes que mirar todo lo que hiciste, que abarca un período de lo que te pasó a ti, al país. Yo soy más de crónicas, por enfermedad y porque hago narraciones de hechos; es lo que mejor me sale. Una vez en Cuerda viva, Amaury Pérez dijo que él podría haber hecho la canción a un apagón, pero que, luego, cuando ya no se va la luz, la canción pierde importancia. Pero ahí está mi canción “Cuando se vaya la luz mi negra”. Yo descubrí, por ejemplo, en España, que gente muy joven cantaba las canciones de la Guerra Civil Española. Es verdad que hace rato no se va la luz en Cuba, ojalá la canción siga sin el referente por mucho rato, de todos modos la gente la sigue pidiendo. El otro día estaba pensando que hay canciones CVP, canciones vigilantes, que están ahí por algo, porque son cosas que pasaron y la canción te las recuerda para que no se repitan; alguien dijo que “un país sin memoria es un país tartamudo” porque repite los mismos errores. Yo no lo hago con ese sentido de recordatorio; lo hago porque necesito escribir las cosas no pensando en si van a trascender o no. Yo hace rato que me dejé de preocupar por esa supuesta dimensión. Por suerte vivo en Cuba y no tengo por tanto esa presión.

Muchos amigos míos que se fueron del país cayeron en la presión del mercado y en tratar de “meter un número” de crítica o simplón que te lo van pidiendo para vender el disco o qué se yo, y perdieron la esencia y no se dieron cuenta, porque fue en el diario donde iban dejando poco a poco el espíritu de su creación. Y cuando los vi, después de veinte años desde que se fueron, te das cuenta que son gente completamente diferente a la gente tan talentosa que uno conoció, porque el mercado transforma. Y Cuba tiene eso bueno, que como aquí tú estás embarcado, no tienes que estarte preocupando que si esto está de moda, si pega, si vas vender más. Tú sabes que no vas a ganar más, que no te van quitar la casa, que no tienes que pagar la salud; y eso no se ve, pero para los artistas es muy liberador. Cuando tú escribes por el gusto de escribir, con la libertad de que aunque esa música no guste no vas a estar tirado en la calle, pues le pones todo. Cuba, en ese sentido, es un país muy especial. Por eso la música cubana es tan buena y diversa, porque la gente la hace como quiere hacerla; a su gusto, a su manera. Hasta el reguetón cubano tiene otra sustancia mejor que el internacional porque no hay esa competitividad simplificadora del mercado que existe en otros lugares, que te obliga a lo codificado porque si no te mueres. Por eso aquí, tú vas para una provincia y te encuentras de pronto muchísimos músicos buenos. El otro día fui a Sancti Spíritus y me encontré a un dúo muy joven, Aire y Madera. Ellos me dijeron: “Oye, maestro, cantar delante de ti”… “Qué cantar delante de quien si ustedes son ochenta veces más buenos que yo”. Hay gente que me dicen ese tipo de cosas y cuando los escucho tienen tremendas canciones, o tocan una guitarra fuera de liga o con unos conceptos musicales tremendos. Son cosas que pasan en Cuba, aparte de la tradición musical de la trova de siempre y todo eso, por la libertad que tienes, la gente crea sin presión, muchas veces subvencionados, lo tuyo es hacer canciones. En otro lugar tienes que asegurar y batirte. Eso tiene también su lado malo que a veces la gente se acomoda y se escapa demasiado de la necesidad de comunicarse, pero sin dudas es una ventaja tremenda.

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