Actualizado el 17 de julio de 2011

Jamila Medina Ríos:

Tengo mi propio Gran Teatro del Mundo

Por: . 4|11|2010

Nada como una entrevista, sobre todo si se engendra desde la informalidad del coloquio, para conocer esos incesantes cambios de telón que proveen la circunstancia en que habita el escritor. Con este fin se promueve el acercamiento que la Casa de la Poesía de la Oficina de Historiador procura cada primer sábado de mes con los poetas que invita a su espacio Informalmente formal. Jamila Medina Ríos, filóloga de formación y quien mereciera el Premio David de Poesía 2008 por su poemario Huecos de araña, formó parte de la nómina de esta actividad el pasado año y compartió sus revelaciones y creaciones sobre el “objeto literario”, ese trompo extraño que sólo existe en movimiento, al decir de Jean Paul Sartre y que la poetisa maneja con buena pita y soltura de manos.

—¿En qué medida los concursos validan la obra premiada y cómo evitar que la poesía sufra la desgarradora subjetividad de los jurados?

—Un premio valida y no. Otorga valor simbólico y redistribuye momentáneamente las posiciones del campo intelectual. Pero tras el aplauso, el libro queda solo… y viene la lucha encarnizada por el lector. Incluso un buen libro puede no encontrar su lector ni su renombre. Hay mejores y peores jurados y concursantes. Cuando pierdo, mi paranoia o mi ego me dicen que no he sido leída, que quizás mi sobre se perdió. Existe el mito de los jurados que no leen, y hay quien lee sólo lo que conoce. Hay expertos en concursología. El azar de los concursos concierta todas esas posibilidades.

“Con la subjetividad no hay vade retro posible: está la del jurado, la de la crítica, la del lector, la de los concursantes, la del espacio y el tiempo, la del título del libro, la del orden de los poemas…, y está tu propia subjetividad, sin la que no podrías escribir”.

—Algunos hablan de distancia infranqueable entre los poetas y su obra y los lectores. ¿Cuál es tu experiencia como escritora y como lectora?

—Daría mi reino por un solo lector puro asiduo. Muchas veces tengo la impresión de que la literatura que producimos (así como las revistas nacionales) es leída solamente, y si acaso, por los críticos y los propios escritores. Siendo esquemáticos y usando como medidor la Feria Internacional del Libro de La Habana, aparte de la literatura infantil y especializada, la política y los libros de autoayuda, hay un público ávido de novelas, que de Cuba busca a Chavarría y a Padura, un público más restringido de ensayos y rarezas históricas, y un público de poesía que persigue a los autores universales más conocidos, sin olvidar a los latinoamericanos… Entre tales parcelas pudiera haber un lector para la narrativa más joven cubana, pero no imagino ese al que podría interesarle mi poesía…

“Como lectora hago siempre malas lecturas, me acerco a la mentalidad del autor y luego la tenso hasta los lindes absurdos, desorbitados, oníricos que más me complazcan. Como escritora aspiraría por tanto a un lector de sueño, avezado, que pudiera decodificar toda la red intertextual que le he metido en vena a lo que hago. Pero lo mejor sería un lector que pasara más allá de la malla asociativa construida por mí y, descolocándola, hiciera máquina con esa escritura y la llevara más lejos, retorciéndola, traicionándola, poniendo al rojo vivo cualquiera de sus potencialidades, e incluso haciéndola estallar, más absolutamente moderna (o reactiva) de lo que yo imaginé”.

—¿Podríamos hablar de multiplicidad de mensajes, códigos, poéticas que ayuden a redefinir, a concentrar el espectro de nuestra literatura más joven?

—El propio Roland Barthes —que en algún momento mató al autor, para que nacieran el lector y su vasta posibilidad de interpretar— habló de la multiplicidad de la escritura como una elección no sólo estética sino ética. Yo no podría trazar la multiplicidad de constantes de nada de lo que se está escribiendo ahora mismo, pero está claro que no es un monolito. En narrativa: realista, fantástica, gótica, cyberpunk, rusófila, anti y neohistórica, de ficción científica, freak, pro y post bolaño, coupland, piglia, stephenking, guillermorosales, saroyan y kundera, borgiana todavía…, ironiza, sigue y deconstruye las convenciones de la historia. En poesía, no puedo mentirte…, leo apenas a los poetas de mi generación (Michel Trujillo, Oscar Cruz, Marcelo Morales…).

—La poesía femenina salta alto y contundente. ¿Será que alcanzaron una cota que distingue su voz peculiar en el tejido contemporáneo, será que se expande desde una tradición que amortigua la ausencia casi absoluta de “ellas” en el devenir literario de la Isla…?

—Mi deuda con la poesía cubana femenina contemporánea apenas la salva haber leído de pasada Queredlas cual las hacéis… Pero creo absolutamente innecesario pensar las literaturas balaceando estadísticas para considerar si la visibilidad de la poesía femenina de hoy se relaciona con su ausencia (real o antológica) de ayer; en cualquier caso, algún verso de Nivaria Tejera y de Isel Rivero, y la poesía de Reina María Rodríguez, Albis Torres y una Nara Mansur que recién he descubierto, pueden llegar a ser para mí toda la presencia necesaria.

—Carlos Augusto Alfonso declaró en una entrevista para La letra del escriba que la poesía es su sistema de posicionamiento global. ¿Cómo ves desde tu perspectiva de la creación a Jamila Medina Ríos?

—Angustia y aliento y goce. Freudianamente, dar testimonio de la existencia a través de la escritura permite alcanzar lo que no puedo…, en mi propia surrealidad lo soluciono o asumo, redibujado, y me veo y abro a otras sensaciones y caminos.

“Quisiera ser una multiplicidad de singularidades intensivas que rebasara todo estanco genérico, y en cierto sentido mis quehaceres se trasvasan (lo cual es chocante para ciertos lectores educados en los géneros). A un tiempo, agradezco la existencia de diversos espacios y convenciones de enunciación, que me permiten ser diversas jamilas, una anábasis de ellas”.

—¿De dónde o de qué referencias se alimenta el cosmos donde transcurren tus obsesiones como escritora y como mujer?

Trabajo por no tener límites, tampoco referenciales…. Mi escritura se agarra y corta incesantemente sus flujos. En Huecos… están desde Villena y Dulce María, hasta Lezama, Sigfredo Ariel, Reina María, Pedro Marqués de Armas… En las secciones de Primaveras… están las voces de varias mujeres suicidas…, las revoluciones traicionadas, la estructura estereotípica de cierta poesía griega o asiática… Incesantes cambios de telón.

—¿Cómo te llevas con el silencio y con la soledad?

—Los añoro y los rompo.

—¿Tu sentido de la realidad?

—Puede llegar a ser el del realismo sucio, pero generalmente es sous y sur-real. Lo que está por arriba y por debajo, lo que anida en mi cabeza y, peor, lo que poso en la cabeza de los otros —que unas se asombran de mi empatía y otras se quejan de mis ínfulas de telépata. Tengo mi propio Gran Teatro del Mundo.

Categoría: Entrevistas | Tags: | |

El Caimán Barbudo © Todos los derechos reservados