Actualizado el 17 de julio de 2011

Conversación con Elena Palacios, directora de TV

Mujer contando la historia de otra mujer

Por: . 30|12|2010

Elena PalaciosLa representación del cuerpo femenino, el erotismo en las mujeres y las relaciones de pareja son temas que aborda en su más reciente telefilm, Del lado del velo, la directora y guionista Elena Palacios. Elena ha transitado por temáticas en las que la búsqueda del espacio femenino, la escritura sobre los mundos posibles desde donde habitan las mujeres y los conflictos que ello implica, la han convertido en una directora que posee una indagación muy personal, a partir de tópicos que el cine y el audiovisual, en general, han transitado desde aristas en las que muchas veces ha primado una mirada masculina. La discusión antológica, al menos para la crítica interesada, de cuándo el desnudo femenino se representa en la pantalla para el disfrute de los hombres (to-be-looked-atness, “el-ser-mirada”, concepto elaborado por la teórica Laura Mulvey), o cuándo este moviliza las fantasías femeninas a partir de la mirada desde donde se enuncie; es uno de los asuntos sobre los que siento hay un silencio abismal. Sin mencionar que el propio abordaje del desnudo es, ya en sí mismo, un tema polémico y creo que poco comprendido por los decisores de políticas mediáticas.

Insisto en el diálogo con Elena Palacios, pues su perseverancia y compromiso con estos y otros temas que indagan en el universo femenino revelan inquietudes, contradicciones y muchas interrogantes que pueden indicar nuevos caminos posibles para la televisión cubana.

—¿Con qué proyecto comienzas a dirigir en la TV? ¿Te interesa incursionar en otros medios?

—Empiezo a dirigir en el 2003, con una versión de un cuento de Woody Allen, uno de mis autores favoritos, y que como sabes incursiona en la literatura con la misma gracia y humor inteligente que en el cine. El cuento se llama El experimento del profesor Kugerglass y yo lo versioné retitulándolo El experimento del profesor Muguercia. Fue una primera experiencia divertida, por supuesto cubanizada, ya que el agudo y neurótico Woody Allen es fácilmente reencontrable en personajes de cualquier latitud. Y además premiada como Ópera Prima, lo que me dio unos bríos…

“¿Otros medios? Me gustaría el cine, por supuesto. Pero, entretanto, la televisión ofrece espacio y entrenamiento.

Ningún medio es desdeñable y cada uno tiene sus ventajas: la televisión tiene la ventaja cuantitativa, la posibilidad de hacer más, de no parar, de explorar y aprender. Todavía tengo muchísimo que aprender, y en la TV estamos contando historias, en los espacios llamados unitarios, como el telefilme y el cuento, que son mis preferidos porque ofrecen la posibilidad de trabajar con códigos menos televisivos, o menos viejos… Así que trabajo, trabajo y trabajo, y ya veremos”.

—¿Por qué abundas en el tema de lo femenino? ¿Crees que existe una mirada femenina cuando lo abordas? ¿Cómo crees que se expresa?

—Pregunta difícil. Cuando empecé a dirigir solo quería eso: dirigir, hacerme un espacio. Pero apenas me probé, sabía que tenía cosas que decir, cosas que me inquietaban desde siempre, y por supuesto que mis primeras preocupaciones parten de mí, de mis experiencias: Pompas de jabón, Puertas, guiones que hicieron otros directores, tienen mucho de biográfico, de mis choques pasados con la vida. Y yo soy mujer, y siempre he sido una inconforme, por lo tanto me dije: voy a aprovechar esta tribuna para plantear mis inconformidades, las cosas que percibo en mi propia vida y en la de las mujeres cercanas…

“Hoy hago las cosas con mucha más conciencia. Claro que no es lo mismo una ‘mirada femenina’ a una ‘feminista’, o con sentido de género. Una mujer realizadora puede abordar temas muy suyos desde presupuestos muy rígidos, machistas, o tradicionales. Ser mujer no te ‘ilumina’ automáticamente. De cualquier manera no creo que el espacio para decir en el audiovisual deba quedar sólo para las realizadoras ‘de vanguardia ideológica’. Yo creo que en lo que respecta a la TV, en estos últimos años, se ha logrado una diversificación y acercamiento a códigos más cinematográficos, o marcados por géneros como el clip. Es decir, hay búsqueda, experimentación, rigor visual; no en todos, pero sí en algunos realizadores, y esa tendencia, ese grupo, es importante, y está integrado tanto por realizadores como por realizadoras. No se si habría, aún, un lenguaje audiovisual femenino en un momento en que todavía estamos haciendo búsquedas estéticas. A lo mejor sí, el que ve de lejos ve mejor…”

—¿Crees que las mujeres filman con un lenguaje diferente? ¿Piensas que hay temas o puntos de vista que privilegian?

—Puntos de vista y temas, sí. Incluso, cada vez que me acerco a una obra literaria para versionarla trato de darle una vuelta, acomodarla a lo que quiero decir. Pero en la manera de filmar, en lo formal… Bueno, empecé a ver The Hurt Locker, y no sabía que había sido hecha por una mujer. Quizás ese enfoque de ‘lenguaje’ tiene una arista que valdría la pena analizar con profundidad, porque es peligroso. ¿Existe, en lo formal, una manera femenina? ¿Una mujer prioriza la ‘suavidad’ en el lenguaje, selecciona encuadres ‘bellos’, ilumina ‘femeninamente’? ¿Una mujer escoge temas psicológicos, humanos, sociales, amorosos y un realizador aborda aristas duras, sórdidas de esos mismos temas? Los recursos son los mismos, hasta donde he experimentado yo. Ahora, qué cuento dentro del plano es otra cosa.

¿Compongo para decir qué? Valdría la pena hablar más de eso. Yo todavía estoy respondiéndome esas preguntas… “En lo que a mí respecta, por ejemplo, y en el dueto de realización que he formado con Yanay Arauz, una talentosísima directora de fotografía, muy joven aún, creo que vamos creciendo juntas, explorando posibilidades narrativas, volviéndonos más osadas, probando fórmulas hechas, imaginándonos otras… Y esos recursos, es cierto, los voy usando para decir lo que escojo decir, pero no creo que en estos momentos para las mujeres lo formal pesa tanto como las temáticas.

Del lado del velo representa un tema poco encarnado en el cine y el audiovisual en Cuba: las mujeres y el placer, la mujer capaz de disfrutar de su cuerpo. Se vislumbra claramente que hay un punto de vista femenino, un compromiso con el hecho de ser mujer. ¿Cómo te propusiste abordarlo?

—Libre de prejuicios, honestamente y con profundidad. Partí de la novela breve de Kundera, La identidad, y rehice la historia; hice otra, muy cubana, y a diferencia del texto de partida me enfoqué en el mundo interior de ella, de Teresa. Sabía que el tema era polémico: la infidelidad, el derrumbe del mundo pasional de la pareja y el universo erótico que la protagonista vivía en secreto, que se iban a despertar. Pero nunca me imaginé que tanto, y para mal… Después se ha despertado en el ICRT una ola alarmante de proyectos censurados, literalmente levantados de la parrilla de programación.

“Pero volviendo a mi último proyecto, recuerdo que un amigo, tras una lectura de la primera versión del guión, me dijo: ‘Pero esta mujer se desaguacata‘. Y yo le dije: ‘Si así le llamas a esa efervescencia vital erótica, secreta, que tu mujer podría estar viviendo ahora mismo sin que tú lo sepas…’ Y entonces, sin cinismos, con todo el desenfado del mundo, me metí en este proyecto. Como mujer, contando la historia de una mujer. Y, curiosamente, una gran parte de las mujeres cubanas, telespectadoras, me han comprendido. Y de todas las edades. El hecho de que las mujeres se masturban, fantasean, se autocomplacen, parece haber sorprendido a algunos.

“El tema de la infidelidad femenina, sin castigo, sin terminar aleccionando al personaje, juzgándolo para bien o para mal, es algo que me interesaba desde hacía rato. Mostrar que ciertos comportamientos humanos tienen matices y complejidades más allá de códigos morales rígidos, y que eso puede sucederle a cualquiera, en coyunturas determinadas, sin por ello ser más buena o más mala persona, debatir sobre ello sin moralina, era también mi intención.

“Lo que ha molestado a los puritanos que han alzado la voz de alarma, es el hecho de que mi personaje protagónico es una mujer corriente, como cualquiera: madre, esposa, trabajadora; es decir, ‘mujer de bien’, y que tuviera un mundo de anhelos secretos que la llevaran a buscar más allá de la sacrosanta institución del matrimonio.

“Cuando preparaba el personaje le decía a Yerlín, la actriz, que lo que más me gustaba de ella era su imagen de mujer normal que, a diferencia de las bellezas extremas o las supermodelos, no crea esa sensación de irrealidad o espacio inalcanzable. De modo que por el hecho de parecer ‘tan normal’, mi personaje puede sentirse como un espejo inquietante, perturbador, para mucha gente”.

—¿Cómo te planteas el tratamiento del desnudo femenino? ¿Cómo lo trabajas desde el guión y después en la puesta en escena?

—Me interesa el cuerpo femenino porque soy mujer, y vivo la casi totalidad de sus posibilidades. Casi, digo, porque no soy madre, y esta es una de las maneras u opciones de abordar el cuerpo femenino también. Pero el cuerpo femenino desnudo es fascinante, en todas sus edades, y no veo nada malo en usarlo como recurso, sin gratuidad, sin vulgarizaciones, sin banalizarlo. Es verdad que el desnudo femenino ha sido un tema del arte en general, desde siempre, y también es verdad que la mirada casi totalitaria del arte hasta el siglo XX, incluyendo el cine, ha sido una mirada masculina. Y ahora que nosotras también tenemos el lente en la mano y un espacio “en el aire”, por así decirlo, ese cuerpo que es tan territorio nuestro, ese cuerpo donde vivimos, mira, no faltaba más, tiene que ser también un objeto de interés, de ‘nuestro ojo’.

“Estamos muy acostumbrados a ver el desnudo femenino y a relacionar el placer que el cuerpo de la mujer puede dar mayoritariamente en relación con el placer visual que proporciona a su pareja masculina, y aquí, en Del lado del velo, yo traté de ir un poco más allá, un desnudo para enseñar cómo el cuerpo femenino maneja sus propios poderes a partir de sus decisiones, necesidades o fantasías muy suyas. ¿Cuál es la alarma de algunos? Se nos ha enseñado a desconfiar de todo esto, no podemos desprendernos tan fácilmente de nuestros esquemas y prejuicios, de la idea de que el cuerpo y muchas de sus verdades son un terreno privado, que debe escamotearse en pro del pudor y la moral. “Estoy consciente de lo difícil que puede ser para una actriz enfrentar este tipo de personajes, con desenfado, sin miedo, sin cortapisas. El actor es una herramienta narrativa más, y muy compleja, y muy importante. Siempre que me he acercado a una actriz o a un actor para proponerle un personaje que implique desnudos o escenas eróticas ha sido desde la base del respeto y del hacerle cómplice de la futura puesta.

“Cuando estaba escribiendo Del lado del velo tenía plena consciencia de que iba a ser una propuesta atrevida, pero ya desde el papel, y más sabiendo que un guión de televisión pasa por múltiples lecturas antes de ser aprobado, traté de dibujar lo que sería la esencia erótica de la historia, sin guardarme nada, en términos literarios, pero muy claros para la lectura con perspectiva visual.”

—¿Cómo crees que la TV debe dialogar con las propuestas que hacen varios realizadores/as, tú entre ellos, en las que el desnudo y el placer son un tema importante dentro de sus historias?

—Lo primero es definir una política coherente, inteligente y actualizada de programación. Porque, ¿hasta dónde es, por ejemplo, un desnudo, una escena de sexo, justificada o no? ¿Qué, quién, la justifica? ¿Cómo podemos valorar si una escena de sexo se ha montado “a la medida”, sin ser ofensiva, grosera, obscena? Lo agresivo, lo obsceno, ¿quién lo mide? Son términos muy relativos, sujetos a la temperatura moral, prejuicios, educación, cultura, psicología, inteligencia, y miles de intereses más, de las personas que pueden tener poder de decisión sobre la obra. Yo creo que más allá de que casi todas las historias pueden tener, en mayor o menor grado, un acercamiento al universo erótico de sus personajes, y que cada realizador lo maneja según su criterio, desenfado y estilo, el sexo, las posibilidades eróticas del animal humano, tienen todo el derecho a ser el eje central de algunas narraciones. ¿Acaso no es el sexo uno de los más poderosos y raigales motores de la psicología humana?

“Lo inteligente sería diseñar una política de programación a partir de presupuestos flexibles, que protejan al hecho artístico (si lo hay), y permita el diálogo, la negociación. La TV cubana debería poner sus pies en la época por la que va transcurriendo, y no maniatar la creación y sus posibilidades con enfoques inquisitoriales que tienen todo el tufo del código Hays norteamericano de los años 50. No hay nada que temer, y sí mucho que ganar, si se logra un balance inteligente y maduro entre los horarios de salida al aire y las peculiaridades de lo que se va a transmitir. Del lado del velo, Los heraldos negros, Dos toques para Roberto, Eclipse: son obras singulares, atractivas y ¡para adultos! No tolero la frase: “esto es televisión”, que trata de justificar la bobería, la banalización de los temas, la pacatería.

“La televisión que tenemos, puede ser inteligente, provocativa, seductora, profunda, si lo hacemos bien, si dejamos un espacio para los productos de mayor riesgo estético y temático y abrimos una puerta de diálogo con los realizadores, y les garantizamos una política de programación lúcida, sin términos cenagosos que algún funcionario pueda aprovechar para mover a gusto de sus propias limitaciones”.

—En tu equipo de realización te rodeas de gente joven y crees, al menos así lo entiendo, en las mujeres al frente de especialidades en las que no abundan, estoy pensando en la dirección de fotografía. ¿Cómo decides con quienes trabajas?

—Busco gente buena, primero que todo. Gente con talento, sin miedo a los riesgos, con criterios actualizados sobre el audiovisual. Y si ese tipo de gente es mujer, pues cuenta con todo mi apoyo y mi solidaridad. No es una cuestión de solidaridad tontamente sexista. Me estrené con Ilka en la edición y estoy muy satisfecha porque sus criterios para el montaje son muy agudos e inteligentes. Yanay, mi directora de fotografía, que apenas se graduó en la FAMCA fue a parar a la TV y no me he separado de ella desde entonces. A pesar de todo lo que hemos conseguido, del espacio que las mujeres nos hemos ido arañando en este medio, en especialidades antes netamente masculinas incluso, todavía nos sigue siendo más difícil, todavía tenemos que “probar” más, con más ojos encima nuestro. Y si esa mujer es una jovencísima recién graduada, con más razón. Existe todavía un pensamiento machista, plagado de desconfianza, en algunos departamentos del instituto. Algunos dirán, teatralmente sorprendidos: “¿Aquiiiiiií?” Pero es cierto, y nosotras lo hemos percibido, o padecido, en el peor de los casos. Por eso, ayudo y promuevo a cuanta especialista talentosa llega o conozco en la TV, y lo hago con toda consciencia, con un criterio de elección del que nunca me arrepentiré.

“¿Los tiempos están cambiando ahora? Esperemos, pero no podemos dejar de estar alertas. La FAMCA está formando y graduando talentosas directoras de fotografía, y algunas de ellas: Yanay Arauz, Ana María, han recalado en el ICRT.

Allí han encontrado un espacio, apoyadas por directores que han sabido valorarlas, y créeme que no lo desaprovechan. Trabajan, buscan, ejercitan. Toman riesgos, y eso es importante, creo yo.”

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