Actualizado el 17 de julio de 2011

Rafael Hernández Fauret:

¿Cultura para el turismo?

Por: . 7|2|2011

El cronista Ciro Bianchi afirma que “la esplendorosa noche cubana posee sus templos a los que se debe asistir si uno pretende decir que un día estuvo en La Habana. Entre ellos se encuentran los cabarets: Salón Rojo, del Capri; el Copa Room, del Habana Riviera y el Parisién, del Hotel Nacional”.

Para mi entrevistado, Rafael Hernández Fauret, director artístico del afamado Salón Parisién del Hotel Nacional de Cuba, “el cabaret es un género prácticamente en extinción”. Gracias a él, porque mi bolsillo no me lo permite, he tenido el gusto de conocer al Parisién, uno de los centros nocturnos más emblemáticos de la Habana bohemia y del mundo.

Muy pocos jóvenes pueden acceder a estos espacios donde la magia del espectáculo de variedades, las modelos y las lentejuelas —en el criterio más reducido del género— forman parte de un producto cultural con una dramaturgia completa, que entre sus méritos tiene el rescate del teatro musical, y que legitima nuestra identidad dentro del mercado turístico que visita la Isla.

Rafael Hernández es uno de los maestros de excelencia del catálogo de la empresa TURARTE S.A. Sus orígenes están en Santiago de Cuba, en el barrio de Los Hoyos, donde fue conguero, rumbero y estuvo metido en el mundo del teatro. Luego vino a probar suerte en La Habana y lo logró; el éxito continuo de su carrera profesional lo avala. Es un hombre serio, respetuoso y enamorado de su trabajo.

Desde las paredes de su oficina en el Hotel Nacional, nos miran La Gitana Tropical, varios reconocimientos del Teatro de Variedades América, de la Asociación de Artistas Escénicos de la UNEAC, medallas, placas, diplomas de honor de varios países; además, trabajó con grandes artistas de Cuba y el mundo: Manolo Riffat, Juan M. Condal, Bobby Carcassés, Héctor Quintero, Enrique Núñez, Martha Valdés, Elena Burke, Juan Formell, Adalberto Álvarez, Lázaro Valdés…

—Maestro, ¿por qué usted considera que el cabaret, como género, está en extinción?

—Porque es un medio costoso. Una vez en el programa Hurón Azul vi que compañeros muy respetados por mí tenían criterios sobre la cantidad de dinero que se derrocha y que hoy el espectáculo en un final no aporta… Esos son apreciaciones muy poco profundas. El cabaret es como hacer ópera, zarzuela. Hemos hecho espectáculos costosos por el vestuario, las grandes pelucas, pero más económicos. No pienso que esté en extinción por eso, sino porque ha perdido consideración. Sufro mucho y lo dije en la UNEAC hace poco. Soy fundador del Consejo Nacional de Cultura, de la Industria Nacional del Turismo. Me parece que lo malo hay que extirparlo y lo bueno hay que reconocerlo.

“Me molesta que en ese programa se haya hablado de todo el mal trabajo que se está haciendo en los espectáculos en sentido general, porque sacaron vistas de Tropicana, del Parisién; entonces el público que lo ve no sabe si están diciendo que eso es muy malo. Soy de los que creen que la crítica es necesaria porque es la que te hace evolucionar; pero hay que ver cómo se hace y a quién se le hace, y de modo muy directo y nada tapado.

“La otra cosa es la forma de cómo está dirigido el producto. La forma de acercarse y acceder a él es muy cara. El turismo está en baja. Este es uno de los lugares privilegiados, es una sala pequeña, siempre está lleno. Es un espectáculo que tiene prestigio de boca a boca, la gente sale y se lo recomienda a otros. Ya tiene catorce años. Hay personas que han venido a verlo muchas veces, otros me han dicho que cada vez que vienen han visto cambios, porque siempre estoy renovándolo.

“Yo mantengo repertorio, que es algo que muchas gentes no hacen. Tengo cuadros dedicados a músicos como Chucho Valdés, Piloto y Vera, César Portillo de la Luz, a Lourdes Torres y a Rembert Egües. Esto perteneció a una serie de espectáculos que titulé Compositores cubanos”.

Entre tantos galardones, está el Premio a la Fidelidad otorgado por única vez, porque de forma relevante y sostenida ha contribuido en el desarrollo cultural, histórico y arquitectónico del Hotel Nacional de Cuba en su condición de Monumento Nacional y Patrimonio de la Humanidad, conjuntamente con La Llave del Hotel, en reconocimiento a las tres décadas de dedicación ininterrumpida en la elaboración de los espectáculos del Hotel Nacional. Este año la institución cumple ochenta años y para el aniversario cerrado el maestro anda preparando algo bien fuerte.

—Mi primer trabajo en el Cabaret Parisién fue como bailarín en el espectáculo Calor del director artístico coreógrafo y bailarín Carlos Sandor a finales de los 60. Luego regresé a trabajar por segunda vez en el año 71 como coreógrafo en los espectáculos Panorama Latinoamericano, Presencia Cubana, Lo Que Me Queda Por Vivir, A Lo Formell y Luces y Movimiento por espacio de seis años.

“Regreso por tercera vez en el 88, como director artístico y coreógrafo con la caracterización del salón para presentar espectáculos humorísticos-costumbristas, estrenando Sucedió en 12 y 23 que se mantuvo en escena durante dos años. Se cerró el hotel para una restauración capital que demoró casi dos o tres años, hasta su inauguración en el 92, con la Gran Revista Musical Salseando (origen y surgimiento de la Salsa) que tuvo cuatro años de puesta en escena. Le siguió Ajiaco cubano, con cuatro años de duración; continuó con el estreno de Calor cubano,con cinco años de explotación; y Cubano cubano el cual se mantiene. Esta trilogía de espectáculos presenta como tema el nacimiento de la nacionalidad indo, hispano, latinoamericana, sus músicas, cantos y danzas.

“Debo decir que el cabaret Parisién y el Hotel Nacional de Cuba ya forman parte de mi propia vida. He tratado en los últimos veinte años de mi carrera artística de elevar la calidad, el nivel artístico y conceptual de ese medio para que todo el que nos visite, sea cubano o extranjero, encuentre en sus presentaciones la calidad técnico artístico alcanzada por nuestros artistas; la marcada cubanía que nos distingue y los códigos culturales para difundir nuestros valores éticos, morales y revolucionarios”.

—De usted dijo el periodista y crítico de danza Ismael Albelo que “ha logrado crear un estilo personal, imaginativo y muy cubano, sin traicionar las herencias y las pautas, que han marcado una forma particularmente cubana de enfrentar el espectáculo”. ¿Desde qué perspectiva Rafael Hernández traduce su identidad en el escenario?

—Lo primero que tiene que hacer el arte es amar la espontaneidad, la organicidad. Yo veo a mi pueblo cantar, bailar, cómo se proyecta, hasta en una cola. Me fijo en cómo asume cualquier tipo de hecho, para luego utilizarlo en un momento determinado.

“Como he tenido que hacer tantas obras del teatro cubano… Entonces, ¿se puede hablar del teatro cubano sin hablar de música, de danza, de movimiento? En el cubano todo se une y por eso el cubano tiene una forma tan específica en cualquier tipo de proyección que haga en su vida: conversando, etc.…

“No trato de rebuscar, yo recibo para la producción que me estás diciendo, aquí en el Salón, bailarines de danza, de ballet, de folclor, de la calle… ¿Y qué hago? Mezclar todas estas escuelas y disciplinas. Buscar una comunicación y un medio que me de más identidad, pues pienso que entre más original uno sea vas a ser más internacional. No trato de cubrirme de lo que es universal, sino de lo que me representa a mí como etnia y como identidad. Para esto no me gusta quedar bien con nadie, ni con el ISA, ni el Ballet Nacional, ni con Danza, yo salgo a buscar mi lenguaje, que me identifique como cubano.

“Tengo un hijo de 28 años, que está haciendo su carrera en el ISA. Como joven que es, cada vez que me dice algo sobre alguna obra, le digo siéntate y míralo desde aquí, desde tu entorno, desde tu atmósfera, desde tu aire, no lo mires como es y ya. Porque todo el mundo quiere reggae, reguetón, rap. Pregúntate, cómo tú eres, cómo tú lo sientes, y por suerte me ha escuchado, me ha respondido.

“Hay un show que se puso aquí en el Parisién y que se llamó Salseando, que toca ese tema. Dedicado al origen de la salsa, que no es más que un disfraz de lo latino y refleja dónde nace, cómo sale. Para este espectáculo hice una gran investigación con musicólogos sobre cómo surge este movimiento, y fui construyendo toda la nostalgia de los latinos en el barrio de Nueva York, cómo se reunían añorando cada uno su cultura, sufriendo. Uno con un gabán y el otro con un sombrero de gángster. Los trajes tenían vuelos de tul azul. Para la escenografía, pedí que fueran andamios, pero medio derrumbados. La enseñanza está en que cada individuo que vive en cualquier otro país que no sea el suyo, debe tener una lucha constante por su cultura.

“Al final logramos el diseñador y yo una identidad única: la de Cuba. Utilizamos la música del maestro Adalberto Álvarez. Montamos un canastillero a la usanza afrocubana con todos los orishas, sus soperas, etc. Este espectáculo viajó por todo el mundo.

“En todos mis espectáculos le dedico un cuadro a Latinoamérica, porque pienso que mi cultura no solo es cubana sino latinoamericana.

“Ajiaco cubano, Calor cubano y Cubano cubano es una trilogía con un tema: el surgimiento de nuestra identidad. Se han variado porque son muchos años, los he ido perfeccionando… Ajiaco cubano está inspirado en la obra de Fernando Ortiz. Un ajiaco porque iba a mezclar muchas cosas. Me fue muy interesante poder al fin llevarlo a este medio, me dije que tenía que ser más atrevido, mostrar diferente no solo al turismo nacional ni internacional. No creo que haya que hacer una cultura para el turismo, a él hay que decirle cómo somos.

“Cuando se estrenó el primer Congreso de Etnología en Cuba recibimos una felicitación de Miguel Barnet por el espectáculo, porque quedó muy bien preparado. A los asistentes les dimos primero una conferencia teórica de cómo se aborda el folclor en este tipo de espectáculo, cómo se dan las clases de folclor, cómo se diseña el vestuario, cómo se hace el trabajo de guiones y dramatúrgicos. Respeto mucho el folclor, pero esto es un espectáculo que lo está trabajando mucho. Tengo un cuadro, que ponemos los lunes, que es Obbatalá en tiempo de rap. Síntesis ya lo hizo en rock, yo lo hice en rap.

“Es lo que te digo: no es una compañía dedicada al ballet, ni al folclor, ni a la danza. Es una compañía de espectáculos musicales, del teatro musical nuestro. ¿Quién ha mantenido más las raíces populares en Cuba que el cabaret, el chachachá, el mambo…? Difícil que vayas a ver al cabaret lo que vas a ver al teatro Mella, allí disfrutas de una compañía de danza que trabaja la descomposición del tiempo en el espacio, el diseño, el dominio de la técnica, la velocidad, la dinámica. Pero en el cabaret hay otros códigos…

“Yo invité a un especialista de danza en Artes Escénicas para que viera las clases, la capacidad de las bailarinas. Nosotros, en la UNEAC, hace mucho tiempo que estamos fajados por el rescate del teatro musical en Cuba, un país eminentemente musical. Milián fajado por allá, Héctor un poco por acá. Ahora Ulises Aquino con la Ópera de la Calle. Ha sido fantástico”.

—Usted comenzó a trabajar en espacios televisivos donde todo tipo de público podía disfrutarlo, y luego pasa al turismo. Independientemente del reconocimiento de instituciones, su arte comenzó a conocerse más hacia fuera que hacia adentro. ¿Cómo ha sorteado Rafael Hernández ese posible olvido?

—No he tenido tiempo de sentir ese olvido. En los espacios que la industria turística tiene para la presentación de los espectáculos que ofrece al visitante, encontré un gran apoyo para la realización de los mismos, ya que como es conocido el espectáculo musical es de realización muy costosa. También agradezco el reconocimiento de la UNEAC, los medios televisivos y radiales, a los distintos eventos culturales que se llevan a cabo en el país y en los cuales somos invitados a participar como Alabanza, Los Días de la Danza.

“Muy en contra de mi voluntad no aparecemos en la prensa escrita, por ejemplo en las noticias de las culturales, aun cuando regresamos de giras grandemente exitosas y de gran repercusión internacional como las que se ponen en el programa De la gran escena. No se le da publicidad a nuestro programa, porque el valor de la entrada al mismo no es en moneda nacional y hasta hace poco era solo para el turista extranjero. Esta característica nos aleja del contacto con el pueblo.

“Pienso que es hora de que se haga justicia y se reconozca el trabajo de los artistas que dan lo mejor de si cada noche en estos centros de espectáculos, que son graduados de escuelas de arte y algunos de institutos superiores; y que también necesitan que se les mencione, que el pueblo conozca de su trabajo y de lo que aportan al desarrollo de la cultura nacional.”

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