Actualizado el 17 de julio de 2011

María Victoria

El guajiro también se enamora

Por: . 25|2|2011

Uno asiste a una actuación de María Victoria y recibe continuamente los potentes dones de su voz, brindados desde una personalidad que resume tanta cubanía como la palma real. La de ella es una dulzura que infunde respeto. Eso lo he podido comprobar asistiendo a El Guatecazo, la peña que ella tiene un domingo al mes en el patio-bar de los Estudios Areíto de la Calle San Miguel en el barrio de Centro Habana. El canto que ella riega ahí, en compañía de otros músicos que la secundan, fue lo que me impulsó a visitarla en su casa de la calle de Monte, para hacerle esta entrevista donde muestra las claves de de su quehacer.

Nací en la calle A entre 1ª y 3ª, en el centro del Vedado y mi mamá también es de Ciudad de La Habana. Pero, bueno, dicen que los niños están escuchando sonidos y cantos desde el vientre de la madre y mi abuelo tocaba el laúd, mi tío también, mi tía cantaba, les decían el trío Sosa, y mi mamá también cultivaba la música campesina. Así que ese género me viene como una herencia de familia.

Desde niña siempre me gustó cantar, aunque me inspiraba más la balada, la canción, el son, el bolero, porque cuando te imponen mucho una música tú le haces rechazo. Eso me pasó a mí, que veía la música campesina como si me la estuvieron imponiendo, porque todos los domingos había un guateque en mi casa. Entonces los amigos míos me decían “pero tú tan jovencita y cómo es que te gusta esa música” y yo misma entraba en contradicciones; después al pasar el tiempo me di cuenta que es una música exquisita, una música que, para mí todavía no está suficientemente explotada. Por eso hice este disco Mis Raíces, trayendo de nuevo este género casi olvidado y minimizado en nuestra cultura, que yo pienso debe dársele un poquito más de atención.

Mi mamá cosecha este género desde los siete años, entonces se conocen desde muy jóvenes todas: Radeunda Lima, Coralia y Ramón, Celina González, El Jilguero de Cienfuegos, Martica Morejón… se reunían en mi casa; y también estaban los poetas Chanito Isidrón, Chanchito Pereira, el padre de Alexis Díaz Pimienta… Era un piquete muy bueno y yo pienso que si me inicié en la composición se lo debo a escuchar buena poesía, buenos textos.

Compongo desde los diez años. Mis primeros temas eran muy infantiles; le canté a las estrellas, a la mariposa que se posaba en el jardín imaginario que tenía en mi cabeza y todavía sigo teniendo… Después en la adolescencia, con un poquito de más sentido, comencé a cantarle al amor, a la vida, a las cosas cotidianas, a lo que le pasaba quizás a una amiga mía y entonces eso me dolía y yo lo expresaba escribiéndolo, en un poema, en una canción…

Yo no sé tocar ningún instrumento. Empecé el piano y lo dejé. Después la guitarra, y la dejé. Empecé la escuela de instructores de arte y a los dos años me fui, porque decían que no podía ser artista profesional y yo no tenía vocación para enseñar. Entonces ingresé en la Empresa Artística Antonio María Romeu; es decir, que no estoy graduada de música y todo lo que hago, lo hago con mucho corazón. Como no sabía escribir música, yo tenía que memorizar toda la melodía, aprendérmela, y repetía y repetía hasta que se quedaba en mi mente; después ya con la grabadora me fue más fácil, porque iba cantando según me venía la inspiración, hasta que armaba mi muñeco, como digo yo, pero al principio pasaba mucho trabajo. Hay canciones que me han salido de arriba abajo, en otras me he pasado varios meses; hubo una en que estuve casi un año, porque no me encajaba una palabra y la dejé por incorregible, hasta que un día loco de esos que tengo yo, salió. Ahora ya tengo como sesenta canciones…

He participado en proyectos discográficos de otras personas, en discos de Guillermo Rubalcaba, en los del maestro Peruchín en el piano, también con el maestro Frank Fernández, con Pancho Amat, pero todo eso ha sido después de tener mis discos propios: Santa Lucía, que fue un disco del 2007 y nominado al Cubadisco 2009, y ahora Mis raíces, que resultó premio y gran premio.

Santa Lucía fue el primer disco que hice con Bis Music. No tenía ni productor, porque las cosas mías todas son así muy locas, y gracias a Montes de Oca escogimos los estudios de Frank Fernández para hacer el disco, y tuve la suerte de que Frank Fernández se enamoró del proyecto y me dijo “¿te gustaría que fuera el productor?”. Yo lo quería para que me acompañara en el bolero “La vida es un sueño”, de Arsenio Rodríguez, pero él hizo el tema “Santa Lucía”, que es un solo precioso. Era mi primer disco, nadie se quería hacer cargo de mí y Frank Fernández tomó las riendas, me guió, fue mi capitán en ese barco y yo se lo voy a agradecer toda la vida. Otra persona a quien agradezco es al maestro Adalberto Álvarez; también grabé con él en ese disco y fue el que hizo las notas; unas notas que a mi me llegaron muchísimo, porque siempre me han encasillado en la música campesina y Adalberto ahí dice que “estamos en presencia de una voz de la música popular cubana”, algo que saliendo de él… Después tuve la suerte de que en su nuevo disco, él me invitase a hacer el tema dedicado a su mamá, Rosa Zayas, una trova que la hice con el maestro Frank Fernández y su hija Norgerlis; y fue otro orgullo para mi, una satisfacción espiritual como artista.

Santa Lucía se divulgó bastante y estuvo pegadísimo en la Discoteca, en Radio Taíno, en Frecuencia Total; realmente fue un disco que me abrió muchas puertas, y le agradezco a Bis Music por haberme permitido hacer mis canciones, porque hay seis temas ahí de mi autoría.

La idea del disco Mis Raíces viene de hace mucho tiempo, pero no había podido realizarlo por lo que ya dije, que la música campesina estaba olvidada, y entonces me reuní con los directivos de Bis Music y les expliqué que debíamos aprovechar que iban a dedicar el Cubadisco a la música campesina. Fui a ver al maestro Pancho Amat y él me preguntó “¿cuál es tu objetivo con este disco?”. Le dije que dejar un legado a las nuevas generaciones, a personas que quizás no se han interesado en este género para que lo escuchen y le presten un poquito más de atención y, bueno, para una satisfacción mía, espiritual y emocional. Entonces Pancho respondió “pues cuenta conmigo, guajira, para lo que te haga falta”. Ese es otro de los grandes que tengo en mi corazón, porque es una persona desinteresada, con tremendo entusiasmo y deseos de ayudar, que lo hizo todo por este disco, aportar y aportar y aportar. No tengo palabras para agradecerle al maestro Amat y a su Cabildo del Son, que me acompañaron en esa trayectoria…

En aquel momento yo no tenía grupo y el que tengo ahora es un proyecto fresco. He tenido agrupaciones de formatos pequeños; pero en el 2000 fui a España y la gente del grupo se quedó viviendo por allá y yo vine definitivamente para acá. Luego, en el 2003, hice otro de pequeño formato. Pero la agrupación que ahora me acompaña en el patio de la EGREM, el tercer domingo de cada mes en El Guatecazo, lo que llevamos juntos son tres meses. He tratado en esta agrupación de buscar, además de buenos músicos, excelentes personas, eso vale mucho. Hasta el momento he tenido la suerte de hacer buena química; eso es muy importante en una agrupación, que fluya buena energía y la gente esté contenta. Por mi parte, trato de ser lo más transparente posible con mis músicos en el trabajo, en la comunicación, en sus problemas, en mis problemas; hemos tratado de hacer un equipo, para no decir una familia, donde nos ayudamos mutuamente, se ensaya bastante, dos o tres veces a la semana, por eso el empaste que tenemos actualmente.

Yo quise hacer esta peña en el patio de la EGREM y ponerle El Guatecazo de Centro Habana, porque pienso que faltan lugares donde se interprete este género. La gente piensa que la música campesina es solamente décima, poesía; no, la música campesina tiene tonadas, tiene guajiras, criollas, son montuno, guaracha, tiene todo eso la música campesina.

Yo pienso que es una esencia de nuestras raíces, es auténtica, es lo que está sembrado y queremos arrancar de la tierra; y después, bueno, cada uno le da el brillo, el matiz que quiera darle, pero realmente la música también viene de ahí, son nuestras raíces, por eso debemos defenderla, cuidarla, mimarla, debemos darle un lugarcito y recordarla. No olvidar que esa música existe y que es parte nuestra.

Hace falta apoyo, no creo que esté creciendo el género; al contrario, muchas personas empiezan cantando música campesina para entrar en el arte, y después se desvían a otras. No estoy criticando a nadie por eso, lo que pienso es que hay que hacerlo dignamente, que hagan un repertorio, que tengan algo novedoso. Ahora muchos empiezan a cantar el punto cubano, con las mismas canciones, “Santa Bárbara” o “Rumba Rica”, temas que se han escuchado muchísimo, que pueden seguirse cantando para no olvidarlos, pero hace falta variedad y actualizar al género mismo, renovarlo, lo que sin perder la esencia, para que a los jóvenes les llame un poquito más la atención. Hay que pensar en eso, en la juventud, que tiene ideas muy bonitas y pueden aprovechar esta cobertura y dedicarle un tiempo; pero los que se inclinen por este género que sea con ideas, para despertar el interés, porque si van a destruirlo mejor que no lo hagan.

De Pepe Ordás, el tema “¿De dónde viene el amor?”, eh, viste qué forma de decir tan linda, porque el guajiro también se enamora. ¿Por qué tiene que decir siempre el sinsonte, las lomas? No, si hay muchas formas de expresar la música campesina sin tener que tocar esos adornos. No, el guajiro también se enamora, el guajiro también tiene corazón, es solamente abrir la imaginación y dejar que fluya.

¿Qué va a hacer María Victoria en los años por venir? Yo digo que el único que sabe lo que te toca es Dios. Dios sabe lo que te espera, pero te voy a decir lo que yo pienso que me toque a mí… Yo quiero hacer un segundo Mis Raíces, que lo estamos pensando Pancho y yo, es lo que tengo en proyecto para el próximo disco. Y seguir cultivando, seguir cosechando arte, que es lo que sé hacer. No sé hacer realmente más nada… Ah, cocinar, que cocino riquísimo, eso dice la gente, Pancho aquí se chupa los dedos.

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