Actualizado el 17 de julio de 2011

Luis Alberto Barbería:

“El arte no puede tener salideros”

Por: | Fotos: . 27|4|2011

Dentro del movido plan de hacer un concierto en el teatro del Museo de Bellas Artes, de una presentación en el Hurón Azul de la UNEAC con Gerardo Alfonso, y su paso por algunas de las peñas troveras de La Habana, Luis Alberto Barbería hizo un espacio y nos concedió esta entrevista.

Conocer en persona a este integrante del grupo creativo Habana Abierta fue sin duda una grata experiencia. Excelente conversador, de un muy fino humor, incluso hablando de los temas más serios, Barbería es magnífico como entrevistado. Además, algunas de sus ideas y consideraciones sobre el panorama trovero cubano actual, sobre su propia obra y la de Habana Abierta, resultan muy interesantes y de seguro no estarán exentas de polémica.

Por supuesto, y aquí contradigo el cuasi dogma del regreso del hijo pródigo, el hecho de su visita, ese “venir de afuera” que a ratos enceguece a algunos, no convierte a Barbería en el poseedor de absolutas verdades ni criterios infalibles. Sin embargo, la perspectiva de moverse en otros escenarios artísticos, en circuitos con reglas muy diferentes a las del nuestro, sí le otorga válidos matices a su visión. Algunos de sus argumentos sobre lo visto y oído en su visita y sobre otros tópicos, pueden servir de buen espejo para un sano mirarse por dentro. En tanto otros, acuerdos o desacuerdos aparte, valen como razón a sumar, para apoyar o rebatir, a la hora de las reflexiones.

UNO, DOS, TRES, CUATRO: OTRA VEZ HABANEANDO

Uno de los temas inevitables era el estado actual de Habana Abierta. Después de Boomerang, un disco que, si bien escuchado, no tuvo en Cuba las mismas repercusiones de los trabajos anteriores, se avecina otro proyecto. Según nos cuenta Barbería, el grupo se ha tomado un tiempo y ahora regresa a la carga. El nuevo disco, esta vez con la presencia de Vanito Brown (Ihosvany Vanito Caballero), José Luis Medina, Alejandro Gutiérrez y de Luis Barbería, ya grabado y en espera de salir al ruedo, se llama Uno, dos, tres, cuatro, y es este número el que lo signa como eje. Cuatro participantes, cuatro euros el precio de cada maxisingle, que lleva cuatro canciones, y el refrán de que el perro tiene cuatro patas y coge un solo camino, son algunas de las particularidades del registro.

“Desde el 2005 no hacíamos un disco. Y estábamos tomando un café frente a la SGAE, allá en España, con un amigo músico, Eduardo Pineda, que estudió con nosotros en la Escuela Nacional de Arte (ENA). Hablando de eso mismo, de que el público quería escucharnos, que había que hacer otro disco. Pero el tema de que una disquera nos fichara y tal…, nos daba mucha pereza. Estuvimos tanteando con un productor y cuando el tipo hizo las cuentas, pues, era más fácil comprar una casa que hacer el disco. Nos pidió como treinta mil euros. Vale, su tabaco, gracias.

“Pues Pineda nos dice: mira, tengo un pequeño estudio en casa, puedo grabar ahí guitarra, bajo, bases, las voces. Menos baterías y percusiones. Me acordé de que años atrás, un músico que admiro mucho y que veía en los créditos de discos de gente como Phil Collins, como Al Jarreau, como Chick Corea, un percusionista cubano llamado Luis Conte, pues me había dicho que vacilaba mucho mis temas, ensayaba con el ‘Rockotocompás’, ese tema mío, y eso. Te imaginarás, tremendo elogio. Y le digo al socio que puedo a lo mejor llamarlo para que nos haga la percusión. Pues, me dice mi amigo, qué va, tú estás loco, ese hombre es un monstruo, te cobra seguro hasta por respirar.

“Pues nada, llegué a mi casa. A mí, que me gusta pedir poco, me digo, a ver qué le escribo a este hombre, y decirle además que era todo a pulmón palante, de favor. Bueno, le hice el correo como diez veces, escribe y borra. Como la Cucarachita Martina, qué me compraré, qué me compraré… Hasta que lo mandé y dale… Pasó un mes, no me respondía, y me dije, bueno, la jodí, metí la pata hasta el cuello. Qué te digo, que de pronto me responde su esposa y me manda a decir que Luis está de gira, que cuando regrese te escribe. Pues el hombre respondió y me pide, oye, manda para acá las pistas, guitarra y voz, que le voy a pagar al técnico de Phil Collins para grabar las percusiones en mi estudio. Lo hizo de pura bomba, porque le gusta la música de nosotros. Y cuando las mandó de vuelta, superbien grabados, con una calidad impresionante, y todo separado por pistas, cada sonido una pista… Encima me dice que si algo no nos gustaba, que lo quitáramos. Ese fue el comienzo. Vaya, de jugar al baloncesto en el patio de la escuela, saltamos a la NBA.

“Ya de ahí fue armar el equipo, llamar a los músicos, y empezó a sumarse la gente. Aparecieron los amigos que nos siguen desde hace años, diseñadores gráficos, fotógrafos, informáticos que hacían webs, esta que tenía onda como manager, hicimos un equipo grande, a pulmón. De pronto en Miami, nos encontramos a Waldy, que era el técnico de sonido de la Casa del Joven Creador cuando tocábamos allí. Nos dice, te mezclo el disco y nos buscó un masterizador. Como decía Huckleberry Hound: corre mucho bolita de nieve”.

GRABAR O NO GRABAR: ESE ES EL PRODUCTOR

Otro tema del diálogo estuvo en los avatares para grabar y producir discos. En no pocas ocasiones, en el camino de hacer un disco se desvirtúa el deseo del creador y cae preso de otros intereses, generalmente menos inclinados a la cultura. A la pregunta de si puede o no alguno de esos productores ser el genio del mal que desfigure los objetivos del artista, Barbería nos dice:

“Si es el que tiene el billete, pues sí puede desvirtuarte. Y no te puedes defender, ahí es: o lo aceptas o no. Eso es con los principiantes, con los desesperados. Ahora mismo en España hay como un tsunami de cantanticos, como les llamo yo. Que incluso salen empujados por los padres: hazte famoso, hazte famoso, y que se parecen todos. Eso es a raíz de la Operación Triunfo. Los ves con tremenda ilusión y yo me digo: pobrecitos, almas de Dios. Porque te agarran, te hacen un contrato leonino y te amarran por no sé cuántos años. Y lo que les importa es salir por televisión. Pero los que ya tenemos carretera en la espalda no hacemos eso, somos los dueños de nuestro material.

“Por ejemplo, yo me he retirado de Madrid, de Málaga, me he ido para hacer calidad de vida, para componer como lo hacía aquí en Cuba. Sin la dictadura del mercado, sin la dictadura de que tal cosa es lo que vende y tiene que llevar un estribillo aquí o empezar de tal modo. Yo quiero hacer canciones, como las hacía aquí. Además, eso lo voy a vender yo. Y mira, aunque yo venda con una discográfica cien millones de copias, no me voy a enriquecer yo, se enriquecen ellos. Por eso están con el cuento de la crisis, que está la música en crisis. No, si yo he estado en crisis siempre, lo que pasa es que ahora me he igualado contigo; ahora todo ha bajado a mi nivel, pero a mí no me ha afectado, el problema es de ellos. Yo sigo luchando.

“Eso se lo dije una vez a una ejecutiva de la industria. La tipa sentada en su oficina, ganando tres mil euros al mes, y yo, su artista, bueno… y tuve una discusión con ella, hablando de eso. Le dije: mira, yo siempre voy a tener una guitarra y un cuadradito donde tocar. Pero si a ti se te cae esto, te vas.

“Es el mismo tema de la piratería. Yo estoy a favor de la piratería, porque yo no gano por venta de discos; yo gano en los conciertos. Mientras más personas tengan mi música, más van a ir a verme. Entonces, que mi música la quemen y la tenga gratis todo el mundo, que me conozcan. Después van a ir a verme en concierto. ¡Allá las disqueras que son las que se afectan!”.

¡A CORRER QUE AHÍ VIENE BARRY WHITE!

Los miedos infantiles regresan cuando uno menos lo espera, y nuestro entrevistado, por supuesto, también carga los suyos. Pues, a propósito de la voz de Barbería (y aquí hago un paréntesis para coincidir con Joaquín Borges Triana, cuando afirma que padecemos en nuestros predios del criterio generalizado, e incorrecto, que sólo considera que canta bien quien más notas altas alcance) y hablando de miedos de la niñez, surgieron un par de graciosas anécdotas. En el caso de este redactor, los temores de la edad de los enanos andaban de la mano de un horrible títere llamado Francisquito, nada que envidiarle al tal “Chucky” de las películas, y sólo un poco menos horroroso que su titiritero, que usaba un nombre con ciertas reminiscencias romanas.

“Desde niño siempre tuve la voz muy grave. Pero grave, grave de hospital, te digo. Incluso, cuando estaba aquí y cantaba con los trovadores, la onda era disparar para arriba. Yo me sentía en desventaja, y sin embargo cuando salí afuera, mi voz es una ventaja.

“Te cuento una anécdota de mi niñez… Imagínate, esa era la época de los Boney M, de Earth, Wind & Fire, y yo siempre hacía el tonto y me ponía a imitarlos. Hasta imitaba a Héctor Rodríguez, por esa voz que tiene. Pues, en el disco en solitario que hice, hay un tema en la misma onda de Barry White. Pero el chiste es que de muy niño, yo le tenía miedo a Barry White. ¡Ah, a él y a Miriam Makeba! Verla en la televisión salir a cantar su pata pata y yo salir a correr, era lo mismo. Y del Barry, hasta miraba debajo de la cama, pues me sonaba que el tipo me iba a salir de ahí, con esa mano negra y grande. Pero, bueno, es verdad que en aquella época, el hombre parecía un bisonte, con aquellos pelos y siempre sudado. Una imagen fuerte, un bisonte vestido de blanco. Y mira tú, al final, he terminado hasta haciendo algún tema medio como él”.

DIME SI TE ATRAPO CON MI SWING. ¿Y NO CON MI TROVA?

El debate sobre ser o no ser trovador es algo que se apaga y se reaviva de vez en vez, casi siempre sin acuerdos finales y con más leña ardiendo en el mar de los criterios y hasta en los charcos de las confusiones. Además, el piquete nucleado en 13 y 8, génesis del hoy grupo creativo Habana Abierta, mantuvo y mantienen posturas radicales respecto a las definiciones. Así pues, se imponía teorizar un poco. Por supuesto, aunque sea un estudioso del fenómeno trovero quien está detrás de estas preguntas, Luis Alberto Barbería tiene todo el derecho del mundo de definirse como desee; no hay obligaciones, y mucho menos calificativos que haya que imponer a nadie, aunque cruce alguna que otra teoría por medio. No obstante, hay algunos de sus conceptos, más bien algunos de los argumentos que los sustentan, que este investigador no comparte del todo.

“No, yo nunca he sido trovador. Si me ves con un acordeón o un teclado no vas a decir que soy un trovador. Lo único que me identifica con eso es la guitarra. Si profundizas en mis melodías, en mis armonías, en los giros melódicos, en la concepción, no tienen nada que ver. Además, no te lo digo porque tenga nada en contra de los trovadores, pero mientras otros escuchaban a los otros trovadores, yo escuchaba a Stevie Wonder, a Earth, Wind & Fire, a Chick Corea, a Al Jarreau, a Pat Metheny. Yo puedo ser un cantautor, pero no con el concepto de España. En España, un cantautor es el trovador, y yo digo que no. Stevie Wonder es un cantautor, porque canta sus propias canciones. Ves a un tipo con la guitarra y ya crees que va a ponerse a reivindicar cosas y todo eso.

“Siempre el trovador, como que ha despreocupado la parte musical, vaya. Digo: generalmente, el chácata, chácata, chácata, cerrar los ojos y soltar texto para adelante. Yo le pongo letra a la música, es lo que intento. Hacer música interesante y ponerle letra, pero también la puedo cantar tarareándola, y es música igual y ya no soy trovador”.

A la pregunta de si el resto del grupo comparte su criterio, Barbería responde afirmativamente. Sin embargo, le recuerdo que en la euforia de aquel concierto casi mítico de los Habana Abierta en La Tropical capitalina, recuerdo a Boris Larramendi, exteriorizando su alegría con un “¡Caballero, la trova está en la Tropical!”. Entonces me responde:

“Sí, pero es… no sé; esa puede ser una manera de decir algo. En mi caso, yo he trabajado como músico de sesión, con muchos otros artistas. Porque no cojo la guitarra sólo para hacer canciones, yo estudio la guitarra. Buscando nuevas afinaciones, nuevas técnicas. Normalmente, el trovador agarra la guitarra cuando le viene la musa. Yo no creo en la musa. Te repito, no tengo nada en contra, pero no me considero un trovador así”.

PARA DESPERTAR A LAS CABRAS

Ya a la hora de recoger los bates, y rondando los temas troveros, la pregunta sobre nuestro panorama sonoro se imponía. Como Barbería recorrió algunos de los espacios de la movida sonora capitalina, tenía elementos de juicio para hacer algún comentario.

“He estado en varios sitios. He visto cosas muy interesantes. Hay un muchacho que me encantó, que es Ray Fernández. Muy coherente y se separa un tanto de los demás. Ah, y otro que está muy bien es Tony Ávila, que además es tremendo tipo, muy buena onda.

“Ahora, sí creo que, musicalmente hablando, falta un poco de información. Se debería escuchar más música. Hay que nutrirse de todo. Silvio Rodríguez, estoy convencido de que debe tener un discografía inmensa, y que la escucha. “Es un tipo que musicalmente tiene muchas historias, no es sólo el texto, usa los bajos, las armonías… Que tiene una mano derecha que echa humo, y hace cosas complicadísimas, pero eso hay que cultivarlo también. Muchos de los trovadores de ahora, de los jóvenes, están todavía intentando acercarse a esa parte de la trova, pero lo hacen como si fuera un pintor tratando de imitar al mejor Picasso. Quieren llegar directamente a hacer el toro en dos palitos, dos cuernos y un rabito, sin pasar por todo lo que a él le costó llegar a eso. Y no es así. Que me abran fuego, pero me aburren.

“Eso me parece que deben revisarlo. Tengo una idea, voy hacer la letra y la música me da lo mismo como salga. Es un discurso musical que no lleva a ningún sitio; melodías que no van a ningún sitio. Me importa la letra y la música; allá la gente, eso se va como a un segundo plano. El arte no es así. Si llegas a un sitio donde no te entienden el texto y encima sueltas un tostón en la música, pues aburres hasta a las cabras. El arte no puede tener salideros. Si te preocupas de la letra, igual va con la música. De la letra, te preocupas por leer; entonces, escucha música, para preocuparte también de cómo componer. Hay gente en el mundo haciendo cosas muy buenas, a la altura de la estratosfera. Ahora mismo, ya ni compro música en audio, voy al DVD, a buscar la imagen, para ver planteamiento escénico, la mecánica en total.

“También, ah, me acordé, un tipo de tremenda música, simpático, con buenas letras, histriónico, y que injustamente no es de los más conocidos, es Roly Berrío. Es un capo. Me quedé escuchándolo y es impresionante. Y comunica, así haya tres en el público o haya quinientos. Cuando veo a un tipo así, me dan ganas de progresar. Y de pronto aparece otro y es como si no lo hubiera escuchado, hace algo aburre cabras. ¿Pero dónde tú estabas, hijito, no has oído ahora mismo lo que ese hombre ha hecho? Ese es un pensamiento muy reducido. El culpable de que el público se levante y se vaya eres tú; si el público habla, eres tú. Y que no me digan: no, mira, es que no me conocen, es un público difícil, yo no estoy en la difusión, en la radio. No, no, no es así. Porque si llegas al escenario y haces una maravilla, todo el mundo te atiende. Eres tú quien puede hacerlo. Y te repito, no le quiero abrir fuego a nadie, pero así lo pienso, que me perdonen…”.

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