Actualizado el 17 de julio de 2011

45 años de El Caimán

¿Cuándo se publicó el primer Caimán Barbudo?

Por: . 10|6|2011

Las profundas transformaciones en todas las esferas de la sociedad iniciadas desde el año 1959, particularmente en la educación y la cultura, fueron un contexto propicio para el surgimiento de El Caimán Barbudo en el año 1966. La revista nació como suplemento cultural del periódico Juventud Rebelde y por ende tuvo un alcance nacional. Elaborada por jóvenes intelectuales y dirigida a este sector, constituyó un espacio donde afloraron las inquietudes políticas, literarias, artísticas y filosóficas de numerosos escritores, poetas, profesores y artistas plásticos noveles, que con el paso del tiempo conquistaron un lugar especial en la historia cultural de la nación.

En torno a la fecha del primer número de El Caimán Barbudo han existido diversas opiniones provocadas por el hecho de que en el machón no se incluyó está información.1 Por fortuna durante la investigación que realicé de la revista en el período del 2000 al 2002 pude esclarecer este asunto.2 En el propio periódico Juventud Rebelde encontré dos referencias al tema. En febrero, en una entrevista al escritor Jesús Díaz (en ocasión de habérsele otorgado el premio Casa de las Américas), realizada por la periodista Elsa Claro, él señaló: “(…) voy a encargarme de la dirección del suplemento cultural de este diario que comienza a publicarse en marzo. Pretendemos tener un vehículo de expresión y formación para nuestros jóvenes intelectuales. (…) Creemos que debe ser una publicación de carácter juvenil, realmente novedosa y que se inscriba además en la más seria tradición literaria de nuestro país y Latinoamérica”.3 En la pesquisa hallé también en la primera página del diario del 28 de marzo de 1966, junto al logotipo que iba a identificar al suplemento (el pequeño caimán con barba), el anuncio siguiente: “Pida a su vendedor hoy El Caimán Barbudo”. 4

Otra comunicación que confirmó lo expresado con anterioridad fue una escueta nota editorial del No.12, correspondiente a marzo de 1967, donde se señaló: “Con este número de El Caimán Barbudo llegamos al año de trabajo. Durante doce meses, poetas, cuentistas, ensayistas, dibujantes han laborado incansablemente (…)”.5 Con tales evidencias se puede afirmar que El Caimán Barbudo se insertó en el escenario cultural cubano a partir del 28 de marzo de 1966.

El Consejo de Dirección de la Primera Época de la revista, que permaneció hasta noviembre de 1967, estuvo integrado por Jesús Díaz (director), Guillermo Rodríguez Rivera (jefe de redacción), Juan Ayús (diseñador gráfico) y José Luis Posada (responsable de las ilustraciones). También participaron, según fue apareciendo en el machón: Elsa Claro, Mariano Rodríguez Herrera, Silvia Freyre, Luis Rogelio Nogueras, Orlando Alomá, Ricardo J. Machado, Víctor Casaus, Alfredo G. Rostgaard y César Masola.

En el desarrollo de la investigación tuve la oportunidad de entrevistar al poeta Guillermo Rodríguez Rivera, quien en 1966 era miembro de la Brigada Hermanos Saiz y se encontraba cursando el último año de la carrera de Letras, en la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana. Antes de asumir la responsabilidad en El Caimán ya había acumulado cierta experiencia como redactor en la revista Mella (1961) y secretario de redacción de Cuba (1965-1966). Algunos de sus interesantes comentarios sobre aquella etapa fundacional de la revista se transcriben a continuación.

FRAGMENTOS DE LAS ENTREVISTAS REALIZADAS EL 30 DE JUNIO Y EL 24 DE OCTUBRE DEL 2002 AL ESCRITOR GUILLERMO RODRÍGUEZ RIVERA

—Profesor, quisiera que me explicara cómo se conformó el grupo que dirigió la revista El Caimán Barbudo y cuáles fueron los principales objetivos editoriales que tuvo la publicación durante su primera época.

—Jesús Díaz era profesor de Filosofía Marxista en la Facultad de Letras de la Universidad de La Habana, donde yo era estudiante de los últimos años, pero teníamos casi la misma edad. Nos hicimos amigos, a pesar de que éramos profesor y alumno. Jesús empezaba a escribir cuentos y se ganó un premio con uno de ellos que se llamaba No hay dios que resista esto, que fue un cuento que se dedicaba a la zafra, al corte de la caña. Después que gana este premio empieza a dedicarse un poco más a la literatura. Fue un premio reconocido porque estaba Onelio Jorge Cardoso como miembro del jurado. Casi enseguida, a Jesús lo nombran por la Juventud Comunista jefe de la página cultural del periódico Juventud Rebelde a fines de 1965. Era una paginita que se dedicaba a publicar algunos poemas. Jesús me pidió colaboración para trabajar con él, pues él no tenía en esa etapa muchas relaciones con el mundo cultural. Yo ya había entregado para publicar mi primer poemario titulado Cambio de impresiones, y mantenía relaciones con los poetas mayores y con los de mi generación, así que comencé a trabajar con él. Publiqué algunos de mis poemas e hice contacto con algunas personas que enviaron sus trabajos. Por esa época también publica Víctor Casaus su primer libro. Al año siguiente, en 1966, Jesús gana el Premio Casa de las Américas con el libro de cuentos Los años duros. Yo no sé si Miguel Martín, primer secretario de la Juventud Comunista, quien tenía muy buenas relaciones con Jesús, le propone a este, o al revés, la publicación de un magazine, un suplemento cultural de Juventud Rebelde dedicado a la literatura de los jóvenes. Jesús Díaz queda como director y me designa jefe de redacción de la revista. La frecuencia seria mensual, a diferencia de Lunes de Revolución, suplemento del periódico Revolución, que salía todas las semanas.6 Por El Caimán cobraba yo, como jefe de redacción y Silvia Freyre, que era la secretaria de redacción. Ella era la coordinadora, la que estaba allí siempre. Jesús seguía trabajando como profesor en la Universidad y hacía este trabajo además. (…)

El Caimán Barbudo como suplemento del periódico Juventud Rebelde tenía una tirada enorme, que eran como cien mil ejemplares y además era gratuito. Después se independiza, pero en los primeros números fue como suplemento de ese diario. Entonces armamos un grupo de colaboradores. El primer diseñador fue Juan Ayús y el primer ilustrador, el gallego Posada, quien también trabajaba en el periódico. Entre los que se sumaron estuvieron: Elsa Claro, Mariano Rodríguez Herrera, que trabajaban también en el periódico. Después se formó un Consejo de Redacción donde estuvieron algunos de los mencionados junto a Ricardo Jorge Machado, que era profesor del Departamento de Filosofía (…).

El Caimán era una revista artística literaria. Tratábamos algunos acontecimientos políticos como la guerra en Vietnam, las guerrillas en Latinoamérica, pero sin cargar demasiado la mano para que no perdiera su perfil (…).

Yo redacté un manifiesto que titulé “Nos pronunciamos” y que fue firmado por Orlando Alomá, Félix Guerra, Sigifredo Álvarez, Rolen Hernández, Iván G. Campanioni, Víctor Casaus, Helio Orovio, Félix Contreras, Luis R. Nogueras, Froilán Escobar, José Yanes y yo.

Nosotros lo que hacíamos fundamentalmente era lanzar la gente nueva, vincularnos a los jóvenes pintores, a Ever Fonseca, y otros; el primero que aparece es Posada que ya era un poco mayor, pero como trabajaba en El Caimán, es el que inicia. Él fue además quien le dio el nombre a la publicación. Después nos vinculamos a la Escuela de Arte. Manuel López Oliva, que era estudiante entonces, se hace muy amigo de nosotros y con él vamos a la Escuela Nacional de Arte (ENA). De esta manera se relacionan con la revista muchos muchachos con el propósito de mostrar la nueva promoción en el mundo de las artes plásticas (…).

—En la revista hubo números temáticos como los dedicados al arte e independencia en Puerto Rico, al Encuentro de Poesía Rubén Darío, al Congreso Cultural de La Habana, en homenaje al Che, entre otros. Cuáles eran los criterios que ustedes mantuvieron en la selección de los temas y trabajos.

—Combinábamos temas, algunos que queríamos publicar y que pedíamos, por ser más cercanos a la actualidad. Por ejemplo, si había un evento que nos parecía importante, o un tema que necesitábamos tratar en particular. Este fue el caso del Encuentro de Poesía Rubén Darío, que se celebró en Varadero, en 1967, al que le dedicamos un número. Otros eran colaboraciones que nos ofrecían, sobre todo, en la parte de creación. Los escritores nos enviaban cuentos y poemas para que se los publicaran. También se incluían ensayos, o artículos, aunque no éramos una publicación de información, sino más bien de reflexión sobre la realidad, que ya no es reflejar o contar algún suceso. Eso lo puede hacer mejor un diario, o una revista puramente informativa. El Caimán era un suplemento cultural que debía discurrir sobre los hechos que acontecían en el momento.

—Qué relación tuvo el grupo que se nucleó en El Caimán Barbudo con la Editorial El Puente (1961-1965), y cuáles fueron los motivos de las polémicas que se suscitaron entre estos jóvenes intelectuales.

—La única editorial dedicada propiamente a publicar obras de los jóvenes era El Puente. Yo presenté en ella unos poemas. La dirigían dos personas: el poeta José Mario Rivero y la escritora Ana María Simo. Publicaron obras de jóvenes, algunas de no muy buena calidad, pues era una editorial que comenzaba y de gente joven. Ahí publicó Nancy Morejón sus primeros cuadernos, Lina de Feria, y también Miguel Barnet presentó su segundo libro. Ellos hicieron una antología que se llama Novísimos de la poesía cubana. Hay otras personas que también publican poesía, pero después se desempeñaron en el teatro. Con ellos yo tuve una polémica. El Puente era una editorial que tenía una posición bastante ajena a la Revolución, no en contra, pero sí un poco separada. No era por parte de la gente que publicaba, sino por su dirección, sobre todo por José Mario. (…) Mi enfrentamiento con esta editorial era por lo que ella promulgaba, por su política editorial de concentrarse en una poesía más metafísica desvinculada de la realidad, como si aquí no existiera una Revolución. No era contra sus escritores, pues ellos pueden tener el camino que quieran; el poeta va experimentando con el paso del tiempo (…).

Se produce una polémica entre la Editorial El Puente y nosotros que se materializa en el enfrentamiento entre Ana María Simo y Jesús Díaz en La Gaceta de Cuba.7

Aunque eran dos proyecciones diferentes, una editorial y una revista, pertenecíamos a una misma generación. Yo nunca tuve una posición sectaria, de excluir a alguien porque estuvo en El Puente. Incluso yo le propuse a otros poetas de mi generación que firmaran el manifiesto, pero se negaron. Es el caso de Miguel Barnet. Tenían sus razones, pues nosotros comenzábamos, mientras que ellos habían escrito más obras; en segundo lugar, no estaban de acuerdo con la “ley de los manifiestos”, ni tampoco empezar a pontificarse, porque nuestro grupo estaba diciendo prácticamente como debía ser la poesía. Eso es muy propio de los jóvenes.

Nuestro enfrentamiento con El Puente no era institucional, sino sencillamente una diferencia de proyecciones sobre cómo debía ser la poesía. Está como sustrato su apatía hacia la Revolución, su desvinculación y desinterés.

—Para finalizar quisiera que me hablara sobre la polémica que se desató en las páginas de la revista en torno a la novela Pasión de Urbino, de Lisandro Otero.

—La novela Pasión de Urbino, de Lisandro Otero, compitió por el Premio Biblioteca Breve, de la Editorial Seix Barral, española. Lo gana Tres Tristes Tigres, de Guillermo Cabrera Infante (…). Después, cuando él rompe con Cuba y lo autoriza la censura española, es que se publica su obra en 1970. Se demora cinco años para que se edite el libro. En su historia, intercala viñetas sobre la lucha revolucionaria, utilizando una estructura muy parecida a la empleada en su primer volumen de relatos Así en la paz como en la guerra (1960), donde los cuentos tratan temas universales, pero las viñetas se refieren a la lucha revolucionaria. Cabrera escribe su novela Tres Tristes… mientras trabaja como consejero cultural en Bruselas. La censura franquista le impide publicar las viñetas, él las quita, le da el nombre actual que tiene el libro y decide romper con Cuba. Escribe luego unas viñetas contrarrevolucionarias y las publica después (…) Cuando gana esta novela el Premio Biblioteca Breve, Pasión de Urbino compite y queda como finalista. Fue publicada por la Colección Cocuyo. Lisandro Otero era entonces vicepresidente del Consejo Nacional de Cultura (…). Nosotros hacemos una encuesta donde pedimos tres opiniones, una a favor de la novela, otra en contra y una de término medio. La primera fue de Oscar Hurtado, la segunda del poeta Heberto Padilla (que estaba en bronca con Lisandro), y la tercera de Luis Rogelio Nogueras (Wichy). Nosotros les llamábamos en broma, “el ditirambo”, “la diatriba” y la “mediatinta”. Entonces publicamos las tres opiniones. Pero Padilla convierte aquello en un elogio de Cabrera Infante. Dijo que este se había tenido que ir de la Isla, que la Seguridad Cubana lo bajó del avión, y otras cosas más. Nosotros presentamos un comentario explicando que Padilla no se había referido a lo solicitado. Fue una ingenuidad nuestra publicar su escrito, porque además, no era lo que le habíamos pedido. Esa es la historia.

*Investigadora de la Biblioteca Nacional José Martí y autora de la Tesis de Maestría “El Caimán Barbudo: su visión de los hechos culturales y políticos de los años 1966-1969”.

NOTAS

1. Ferrer Dorbignet, Armando. “Divulgación de la cultura nacional en El Caimán Barbudo”. [Trabajo de Diploma]. La Habana: Universidad de La Habana. Facultad de Artes y Letras, 1984. p. 2. El autor señaló: “El Caimán Barbudo fue creado en mayo de 1966, como suplemento cultural del periódico Juventud Rebelde (…)”

-Rubio Jiménez, Vladia. “Textos y contextos de El Caimán Barbudo. Estudio del período 1982-1986” [Trabajo de Diploma] La Habana: Universidad de La Habana, Facultad de Comunicación Social, 1987 p. 7 La autora consideró que el primer mes de la publicación fue mayo.

-Martínez Pérez Liliana. “Los hijos de Saturno, para una historia política y cultural de la intelectualidad cubana (1959-1971)”. [Tesis de Doctorado en Historia]. México, D. F.: Universidad Iberoamericana, 2001 p. 145. La autora apuntó: “Entre marzo o abril de 1966 salió a la luz el primer número de El Caimán Barbudo (…)”. En el área de notas correspondiente a este planteamiento, precisó que: “(…) el mes exacto del inicio de El Caimán Barbudo resulta una incógnita por varios motivos (…)”

-Pérez Calaña, Yuliet e Isairis Sosa Hernández. “Despertar al saurio o en busca de las palabras perdidas (Un acercamiento a la revista El Caimán Barbudo dentro del campo cultural cubano en el período 1966-1980)”. Trabajo de Diploma. Universidad de La Habana. Facultad de Comunicación, 2009 (documento digital). p. 11 Estas autoras señalaron en la introducción: “Desde su fundación, en mayo de 1966, El Caimán Barbudo se abre al campo cultural cubano estableciendo una ruptura generacional”.

2. Ponce Suárez, Vilma. “El Caimán Barbudo: su visión de los hechos culturales y políticos de los años 1966-1969.” [Tesis de Maestría, inédito]. La Habana: Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, enero del 2003.

3. Díaz Jesús. (…) 1er. premio en cuento en el concurso Casa de las Américas. Ent. Elsa Claro. Juventud Rebelde (La Habana) 14 febr. 1966: 5.

4. Pida a su vendedor hoy El Caimán Barbudo (…) Juventud Rebelde (La Habana) 28 mar. 1966: 1.

5. Con este número de El Caimán Barbudo (…) El Caimán Barbudo (La Habana) mar. 1967; (12): 2.

6. Lunes de Revolución se publicó durante el período del 23 de marzo de 1959 al 6 de noviembre de 1961.

7. Recién asumida la dirección de El Caimán, Jesús Díaz fue invitado a participar en una encuesta sobre el problema generacional junto a otros diez escritores de distintas edades, estilos y géneros literarios (Alejo Carpentier, Nicolás Guillén, Alfredo Guevara, José Antonio Portuondo, Lisandro Otero, Roberto Fernández Retamar, Ambrosio Fornet, Heberto Padilla, Edmundo Desnoes, Jaime Sarusky y Pablo Armando Fernández), los que respondieron a preguntas relacionadas con este tema. La respuesta de Díaz fue profundamente crítica para con su generación, específicamente, respecto a los jóvenes que habían pertenecido a las Ediciones El Puente. Este trabajo recibió la respuesta de Ana María Simo, quien había sido co-responsable de esa editorial.

Ver: Díaz, Jesús. “Encuesta generacional”. La Gaceta de Cuba (La Habana) abr.-mayo 1966; 5 (50): 9

Díaz Jesús. “El último Puente”. La Gaceta de Cuba (La Habana) ag.-sept. 1966; 5(52): 4.

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