Actualizado el 13 de julio de 2011

Luis Machado Ordetx:

Ballagas desde una mirada desprejuiciada

Por: . 7|6|2011

Desde un tiempo atrás, Santa Clara, ciudad en “adopción” del escritor y periodista Luis Machado Ordetx (Carmita, 1958), deviene en una obsesión investigativa, en el hallazgo documental en el cual se asienta su obra literaria; ensayística; testimonial. Varios de sus estudios, de un modo u otro, entroncan con fuentes documentales inexploradas con anterioridad; en el contraste de la oralidad y en el cruce con anónimos personajes relacionados con la historia literaria y cultural de un territorio que —surgido el 15 de julio de 1689— todavía precisa de contundentes exploraciones que expliquen el por qué de una singularidad que la diferencia de otras zonas cercanas a su jurisdicción.

De Santa Clara ha extraído el escritor una parte de esas enjundiosas fuentes que tomó del archivo oral y documental de Severo Bernal Ruiz (1918-1990), el “olvidado” Declamador Dilecto de Las Villas. De la ciudad, y hacia la ciudad, también devuelve esas concluyentes reflexiones enmarcadas entre 1930 y 1950, un trayecto histórico y epocal del pasado siglo, en el cual se insertaron importantes escritores, artistas e intelectuales en el decurso nacional y universal de nuestras letras. Esa ha sido, y es por derecho, una etapa de obsesión; de búsquedas y tanteos sobre la vida y obra de narradores y poetas casi olvidados en la historia de la localidad. No se podría prescindir de las escrituras del investigador —contenidas en sus libros Coterráneos (1997), Kilates del testigo (2007) y Ballagas en sombra (2010)— así como de su periodismo, para un cabal conocimiento de un período histórico que, si bien quedó atrás, marca pautas al acontecer cultural contemporáneo.

Su última investigación, constituye un acercamiento controversial hacia y desde el interior literario de Emilio Ballagas Cubeñas (Camagüey, 1908-La Habana, 1954), uno de los más imprescindibles poetas de la Historia de la Literatura Cubana. En su antecedente, en reiteradas ocasiones el autor abordó el quehacer pedagógico, periodístico, cultural y creativo del forjador de “Elegía sin nombre”, un agónico texto que, por demás, ha servido a lo largo de los últimos años de fuente polémica.

Por la recepción que el libro del periodista y escritor ha tenido desde la salida del Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara 2010, en julio pasado, sirvió de pretexto para formular algunas interrogantes en torno a esa investigación que, por demás, como sustenta, no representa un apartado conclusivo en el estudio panorámico referido al poeta camagüeyano.

Ballagas en sombra, tu libro, afirma un goce por lo gótico; tal vez lo neobarroco. ¿Por qué?

—No es la primera vez que hacen esa afirmación. Sinceramente, dije antes que no había reparado en eso. En los “límites de la interpretación”, parafraseando a Eco, reside el valor de una lectura que favorece al sujeto “interpretante”. Así lo sustento desde el ámbito de la hermenéutica.

Ballagas en sombra es un libro de (re)escrituras. Las dos primeras no gustaron. La inicial constituyó una edición crítica de las cartas que el poeta remitió a Severo de la Caridad Bernal Ruiz entre 1939 y 1948. La segunda adicionó, además, parte de una producción lírica y ensayística casi totalmente desconocida, así como algunos testimonios, también inéditos, que sobre el camagüeyano remitieron personalidades de la cultura cubana. He dicho que, jamás, pensé hasta entonces que un archivo tan vasto, como el de Bernal Ruiz —no manoseado, casi virgen—, levantara revuelo de malos ojos.

“Tienes razón, como otros, en apostillar ciertas reminiscencias góticas. No solo en el título, sino, además, en la propia escritura y el discurso, en el cual, como en la antigua Catedral de Reims, la oscuridad, el contrapunto, invitan a hurgar en la luz de los sucesos históricos en los que Ballagas estuvo inmerso. Quienes ya leyeron el libro, al menos, advierten una precisión más humana.

“Creo que sí, tienes razón, en eso de gótico, en título y escritura, por la aproximación a lo humano y el destierro a lo ‘divino’. Como esas grandes arquitecturas ‘góticas’, hay una carga informativa de notable urgencia y necesaria divulgación en torno a Ballagas; pero está apreciada desde ‘otros’ ojos”.

—El poeta, ¿seguirá despertando controversias?

—No lo dudo. Cada cual ve el mundo a su manera. En el Boletín de la Comisión Cubana de la UNESCO, de septiembre de 1954, Gastón Baquero recogía su conferencia “En la muerte de Emilio Ballagas”, y aquí se abrieron nuevos resquicios, cuando expresó que “[…] Pertenece a la historia de la poesía cubana Emilio Ballagas, y son muchas las páginas de esta que se escribirán bajo su nombre, si se quiere escribirla con justicia y verdad”.

“No bastaba con lo dicho por Cintio Vitier en Lo cubano en la poesía; tampoco en lo ‘entredicho’ por Virgilio Piñera y los criterios de teóricos (pre)ocupados por descifrar y escudriñar en los enigmas tangenciales que aparentemente hacían notar al camagüeyano como un ‘impedido’ eterno, un transgresor, un escritor ‘homoerótico’ en la Historia Literaria.

“La vida de muchos escritores está llena de sorpresas; de silencios. Hay mucho misterio y tela por donde cortar .Es una lástima que en el ensayo que escribí, esa correspondencia entre Ballagas y Bernal Ruiz esté empleada en función de un discurso demostrativo; de la apoyatura puntual.

“La visión que expongo, sin dejar de ser polémica —¿qué acto humano no lo es?—, tiende a la humanización, a lo conflictivo, y sobre todo a la necesaria justicia próxima a nuestro tiempo. Ya te digo, es una observación no ‘conclusiva’; pueden aparecer otros análisis desde las más variadas aristas. Los estudios sobre la obra poética, literaria y vivencial de Ballagas, no están terminados”.

—¿Qué persiste de Ballagas en Santa Clara?

—Mucho. La ciudad, desde su fundación “es un cruce de caminos; de obligado tránsito de personas”. Eso no es nuevo, lo dijo el investigador Manuel Dionisio González cuando escribió en 1858 la Memoria Histórica de la Villa de Santa Clara y su Jurisdicción. Desde entonces no hubo hombre de cultura, de ciencias e ideas que no pasara por la ciudad. Unos dejaron huellas y perduraron en el tiempo; otros figuran entre los ignorados y también forman parte de la (des)memoria.

“Por suerte, Ballagas fue de los que se aplatanó al ambiente cultural, literario e histórico justo en el instante en que arribó a la Escuela Normal para Maestros de Santa Clara y ocupó su cátedra como profesor Titular de Gramática y Literatura. De inmediato comienza a publicar en una revista renovadora para las letras cubanas —por desgracia olvidada—, Umbrales, y deja testimonio periodístico en la prensa villaclareña, y también en el Club Umbrales, especie de sesiones artístico-literarias que animó el dramaturgo Juan Domínguez Arbelo.

“En Santa Clara, el rastro está en los alumnos que tuvo; en los intentos por crear una Escuela de Periodismo; en la apropiación de motivos poéticos, y en la custodia de puntos de vista en torno al vanguardismo literario. De cierta manera la pisada de Ballagas reside en la poesía que luego dejó Gilberto Hernández Santana, Carlos Hernández López, Arturo Doreste y Ramón Arenas Hernández (Ramiro de Armas), por citar parte de los escritores que descollaron en el cultivo de la poesía de vertiente afrocubana o neorromántica.

“Ahora en Cuba se publican algunos ensayos cortos, a manera de introducción diacrónica, en antologías sobre la poesía villaclareña, incluso la surgida o referida en Santa Clara, y la huella es distorsionada desde una perspectiva ‘pancrónica’. Eso hay que decirlo, es una lástima que de pluma y porrazo se borren muchos nombres; se omitan títulos de poemarios singulares, y las causales están en el propio desconocimiento de quienes investigan y tienen la responsabilidad de los estudios históricos; eso es una verdad irrefutable.

“En ninguna otra ciudad, el poeta fue más pleno, más independiente y trascendió en su tiempo”.

—La correspondencia entre Ballagas y Bernal, ¿de qué habla?

—Desde las primeras letras de Ballagas en sombra, estoy destacando el valor inestimable de ese epistolario. Tuve la suerte de “abrir” ese archivo; de gozar de la libertad de estudiarlo; y digo más, tiene mayor amplitud por el sentido de connotación y denotación que entraña como unidad cerrada; de ruptura de la narración; por la significación derivada.

“Son documentos que contribuyen a enriquecer la percepción del lector sobre temas discutidos en torno a la poética y la vida de Ballagas en el contexto de una provincia; de la capital de un país y también de su condición de emigrado temporal en los Estados Unidos.

“Antes del fallecimiento del declamador villaclareño, ‘manoseé’ el epistolario; lo fotocopié y tomé todos los elementos compositivos de la escritura. Eso ocurrió en 1987; y no encontré ningún ‘código’ en el sentido de las cartas. No eran necesarios entre el remitente y el destinatario. Ahora, preguntas ¿de qué tratan las cartas? Son confesiones íntimas del poeta.

“Tienen múltiples lecturas; muestran respuestas puntuales sobre literatura; periodismo; vida social y cultural; angustias espirituales y económicas; regodeo en la dualidad del creyente que es cristiano y además siente devoción por la cultura yoruba; crítica literaria y artística; historias inconclusas sobre los cotilleos y chismitos entre intelectuales; solicitud de búsqueda de materiales para consultas literarias; poesía de ocasión, esa que el escritor no tuvo en cuenta en la composición de libros posteriores; la vida inconclusa del emigrado que no logra adaptarse a la sociedad que lo acoge; ciertos instantes transgresores en la actuación social e individual; los misterios a los que alude con reiteración un creyente, referidos a la vida, la muerte, el amor…

“Disponer de la revisión de esas cartas, representó un golpe de suerte. Las cartas son de Ballagas. Eso nadie lo dudaría. Ahí están acotaciones al margen; unas escritas a máquina, otras en cursiva; de impecable caligrafía; de un valor testimonial sin límite; y por encima de todo, facilitan la explicación de sinsabores, alegrías, querencias espirituales, materiales y hasta sexuales, desde las cuales se fundamenta una inquisición que bosqueja muchos de los misterios que rondan en torno a la vida y la literatura que dejó Emilio Ballagas, uno de los más indiscutibles escritores cubanos del pasado siglo.”

Otros tópicos quedan sobre el tapete abierto en torno al poeta Emilio Ballagas Cubeñas. Podría hablarse, incluso, del porqué se enemistaron a muerte el escritor y el declamador. Eso queda inferido en un acto de “malacrianza” que tuvo el segundo tras el cierre del contrato del apartamento que en préstamo el poeta dejó al villaclareño, quien zanjó su deuda con la Cultura Cubana al entregar a la edición de Lunes de Revolución, en 1959, poemas inéditos del camagüeyano. También al abrir las puertas a investigadores para que cotejaran los datos aportativos de un archivo sin precedentes sobre la vida literaria de Santa Clara.

Admite Machado Ordetx que, al desempolvar todas las documentaciones, el declamador fue justo, y lo contó, ante el gran cúmulo de invectivas que en torno a Ballagas salían en revistas especializadas de Cuba y el extranjero, en las cuales críticos e investigadores apelaban a revisiones y cálculos impresionistas sobre los verdaderos y trascendentes significados y significantes contenidos en sus versos. Es una realidad que ronda siempre en quienes quieren descubrir, más allá de lo que se infiere, un valor inusual en la palabra escrita.

Otros temas quedarán pendientes en torno a Ballagas: el espacio se acaba, y en nuestras librerías está la investigación publicada por Capiro el pasado año. Podría hablar, incluso, sobre esa obsesión del poeta al anunciar la muerte desde sus primeros versos, como la “vida que va hacia otro instante”.

En toda la poética de Ballagas hay una confesión hacia la muerte; un regodeo, y lo muestran más libre y cercano a lo contemporáneo, sin postrarse ante lo tímido y evasivo; incluso no tan radicalmente homoerótico, y no tan urgido de perdón por los pecados. Ese es el Ballagas que flota en el texto que compuso el investigador, y en el cual convida a una lectura acuciosa y alejada de los tapujos que aún ciñen nuestro tiempo.

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