Actualizado el 4 de agosto de 2011

Amilkar Feria Flores:

“Tengo una idea para compartir”

Por: . 13|7|2011

—¿Qué peso ocupan la ilustración gráfica y el dibujo en tu vida profesional?

—A veces uno no escoge los derroteros de su “vida profesional”. Se trata de una relación con el mundo, y de uno con uno mismo, de cómo metabolizas tu existencia; por lo que le quitaría lo de “profesional” y lo dejaría simplemente en “vida”. Soy egresado del Instituto Superior Pedagógico de La Habana en 1991, y de la Academia de Bellas Artes de San Alejandro, además de otros estudios de postgrado con intereses más específicos como la Antropología, la Semiótica y la Producción Simbólica. Pienso que una formación tan fragmentada como la que tuve, con tantas luces parpadeando en mi curiosidad, con lecturas tan disímiles, con influencias tan heterogéneas, pudo desembocar en la ilustración como modo de expresión más o menos recurrente. Para serte absolutamente honesto, yo no creo mucho en esas categorizaciones genéricas que a veces son necesarias, pero que en el arte propenden a fusionarse con mucha frecuencia. Creo que, antes que ilustrador, soy un creador que se expresa de tantos modos como tenga al alcance, y uno de ellos es el dibujo.

“Parte de lo que te explicaba antes, en relación con mis inquietudes intelectuales, tiene que ver con los géneros en los que he incursionado dentro del dibujo, entre los cuales hay cosas para niñas y niños, de corte periodístico, científico-técnico, literario, humorístico…; de hecho, muchos me consideran un humorista gráfico, algo que no me molesta en lo más mínimo, mientras tenga plena conciencia de mis otras apetencias, y sin prioridades, por supuesto”.

—¿A qué se debe ese exitoso giro en tu trabajo, al incluir creaciones literarias, periodísticas y de videoarte? ¿Falta algo en esa lista?

—Con toda seguridad ese giro solo es visible desde afuera, pero ya se venía fraguando por allá arriba. Raras veces se hace consciente, pero estamos sujetos a todos los aldabonazos que la vida nos da en la materia gris; una serie interminable de estímulos que, si se vienen a ver, son infinitamente más numerosos de a los que podemos responder.

“Voy a aceptarte lo de ‘exitoso’, porque para mí todos los sueños materializados constituyen éxitos; pero sí, tengo publicado un libro de poesía, y mi obra en este sentido aparece compendiada en varias antologías impresas y virtuales. También están los títulos de narrativa Algunas animalezas y otras bestialidades, publicado el pasado año por Extramuros; y Crónicas diluvianas, de la editorial venezolana La Casa Tomada, en igual fecha.

“Lo del periodismo vino un poco más tarde, pero con raíces igualmente antiguas. Creo que tengo cierta vocación para hacerme eco y portavoz de ciertos sucesos, luego de ser interpretados y degustados, pero sin llegar a ser didactista o categórico con lo que digo.

“Una de las cosas más lejanas a mi alcance de potencialidades es la música. Me hubiese gustado hacer música, pero, aunque gozo de plena salud auditiva, Beethoven, sordo de cañón, hizo todo lo que yo no puedo ni podré hacer en ese sentido. No está en mi paquete de opciones sensoriales, ni de eso que llamamos talento. Pero el audiovisual, que es un género bastante más antiguo de lo que la gente sospecha, porque no es otra cosa que cine, tiene bastante que ver conmigo. De adolescente era asiduo a las salas de cine de ensayo, y siempre aprecié el carácter plástico y literario que había inmerso tras el celuloide. Lo que yo hago en este sentido tiene mucho que ver con experimentos que trascienden los soportes habituales de mi trabajo, solo eso”.

—¿Cuándo obtuviste el premio literario y que opinión te merece la manifestación poética?

—Luego de probar suerte en otros certámenes, el jurado del concurso Pinos Nuevos me sonrió con el premio en la manifestación de Poesía. Fue en el año 2007, presentándose un año después durante la Feria del Libro del 2008. Me parece que la poesía es el núcleo de casi todas las formas sensibles entre las artes y las ciencias. Está en la danza, la música, el teatro, la plástica, etc., pero solo es aceptado como manifestación dentro de la literatura.

“He conocido a muchísimos poetas que no han escrito un solo verso, incluso, que ni lo han declamado. Pero hay posturas, hechos, acciones, que traen implícito el mejor modo de hacer poesía. Te decía lo de la ciencia, porque no he conocido un suceso poético tan extrañamente inquietante como la Teoría de la Relatividad de Einstein, únicamente comparable para el común de la gente con el monólogo interior de Ulises, de James Joyce: la mayoría no entiende un carajo. Pero hay algo mágico y sobrecogedor que algunos humanos son capaces de percibir, y parte de ese lirismo, bien explicado o ilustrado, siempre nos llega”.

—A mí me complace el trabajo que hace Tarantino en el cine, actuando incluso en sus propias películas. Tú también apareces en tus videos de creación. ¿Obedece al mismo criterio?

—Tarantino es uno de esos creadores que ha zarandeado el cine contemporáneo, con un lenguaje muy peculiar, como en su momento lo hicieron Einsenstein, Chaplin, Tarkovski y muchos otros. Me parece que en mi trabajo es una pretensión superlativa hablar de actuación, ni siquiera de Cine, así, con mayúsculas, porque lo que hago se trata de una apoyatura expresiva para algunas ideas que expanden su rango de necesidades a algo más que unos versos o unos trazos. En todo caso, con un poco más de criterio, creo que mi aparición en escena obedece a un comportamiento antropológico, ideoestético, que asumo de modo integral. Si soy yo quien esgrime esas ideas, me gustaría ser yo quien las exprese. Si voy a ser actor o realizador cinematográfico algún día, todavía no ha llegado el momento.

—Coméntame del premio de Camagüey y de la exposición de videos

—El Festival de Camagüey es un certamen muy serio y este año va para su cuarta edición. Se trata de uno de los muy pocos espacios especializados en Videoarte en Cuba, además de poseer rango internacional. Sus organizadores son personas muy competentes, interesadas en difundir y estimular la creación dentro del género. Ahí obtuve el Premio Ceiba con una pequeña obra titulada Tengo una idea, que se completa hacia el final con otro texto que dice: Para compartir, de apenas veinticinco segundos de duración.

“La exposición quedó a todo tren. La presenté durante todo el mes de abril en el Miramar Trade Center. La percepción de la realidad, como la titulé, estuvo compuesta por cinco videos que guardan relación entre sí”.

—¿Qué opinión te merecen el arte contemporáneo y la Bienal de Artes Plásticas de La Habana?

—El arte es el modo de conciencia social más voluble y sensible que existe. Todo lo conmueve, nada escapa a su diapasón de inquietudes. Cada vez se democratiza más, cada vez la gente tiene más acceso a los modos contemporáneos de hacer arte. Internet está plagado, ahora mismo, de galerías virtuales, de creadores independientes que ponen su trabajo a consideración de la vasta humanidad con acceso a este medio de comunicación. Creo que se trata de un dilatado proceso de cambio, una revolución, un mecanismo en el que, a veces, pareciera no ser siquiera arte…

“Es bastante complejo. Por eso catalogar o conceptualizar sobre este particular, en estos tiempos, puede resultar bastante peliagudo. La Bienal de la Habana es, más que una feria comercial para el arte, un mecanismo de confrontación. Es lógico que cualquiera se sienta confundido con la avalancha de propuestas que un evento de este tipo acarrea”.

—Revisando tus papeles, veo que estás metido hasta los codos en la docencia, impartiendo clases en la Academia de San Alejandro y en el Instituto Superior de Arte. ¿Cómo asumes el proceso?

—En cuanto a mi desempeño profesoral puedo decirte que ha sido toda una revelación. Se que debo asumir un reto como el de imponer códigos, sembrar ideas, pero atento siempre a las particularidades del estudiante y a la elasticidad con que un joven de estos tiempos asume los patrones de la academia.

“Soy partidario de una formación como la que tuve: mucho empeño en la asimilación de la tradición clásica, y, por otra parte, una tremebunda vocación para desarticular, recomponer o reinventar el arte. De hecho, no soy de los que piensa que se trata de modos contrapuestos, sino de mecanismos imbricados a los que se les puede sacar mucho partido, en todos los sentidos posibles. Te decía que ha sido una revelación, porque con los estudiantes he aprendido tanto como cuando me tocó recibir conocimientos dirigidos. Sin perder de vista lo que está más sedimentado, creo que soy un eterno aprendiz, no dejo de sorprenderme con los ‘juegos’ de los ‘chamas’ que nos vienen pisando los talones, ¿para qué te voy a engañar? Siempre hay más, y mientras más tarde se te cierre la mollera, mucho mejor”.

—¿Planes?

—Seguir adelante. Todos los días me digo a mí mismo: “Camina, pa’ que te conozcas”, mejor que “pa’ que me conozcan”.

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