Actualizado el 11 de octubre de 2011

Orlando Cruzata:

Los directores de videoclip de hoy son casi estrellas

Por: . 7|10|2011

Los días 26 y 27 de noviembre volverán los Lucas, que bajo el mando y la magia de Orlando Cruzata nacieron en 1997 para devenir un codiciado trofeo por la seriedad con que se entregan y un espectáculo musical de altos quilates. Como el pasado año, en este hay más de doscientos videoclips en competencia, por lo que su progenitor ya anda ajustando cada detalle y es muy difícil capturarlo. Pero yo ya le había grabado unas semanas atrás y de aquella conversación nacieron estas líneas.

—Existe una leyenda de que no estudiaste, que trabajabas en un agromercado…

—Yo sí estudié, ¡cómo no! Yo terminé el Pre, con muy buenas notas, era un buen estudiante, entré en la Universidad, en el Instituto Superior de Cultura Física Manuel Fajardo, lo que pasa que era una carrera que no me gustaba mucho, porque disfrutaba hacer deporte, pero no estudiarlo.

“Además, mi papá fue profesor y jefe de cátedra de esa Universidad, uno de los fundadores de la recreación, de la carrera de orientación en Cuba, del campismo, creador del Parque Lenin junto con Celia Sánchez…

“Entonces el Instituto de Cultura Física era un lugar que yo visitaba desde niño y nunca me dio por estudiar esa carrera. Las que a mí me gustaban era Historia del Arte y Medicina, pero no las pude coger. Hice las pruebas de aptitud física y entré.

“En segundo año no aguanté más porque era muy fuerte, no solamente el deporte, había asignaturas como Bioquímica y Morfología que no me gustaban, y dejé la carrera; y como vivía en La Palma, a una cuadra de mi casa había un Mercado Libre Campesino, y allí me vinculé y llegué a ganar doscientos, trescientos y cuatrocientos pesos al día cargando y descargando sacos. Aquello era una fortuna.

“Indiscutiblemente era un ambiente marginal y casi delincuente. Tenía 18 años y con tanto dinero eran fiestas, alcohol, muchachitas y todas esas cosas. Yo recuerdo que ese día no fui a trabajar al mercado y vino la Operación Pitirre en el Alambre, y se llevaron preso a todo el mundo. Por supuesto, yo era uno de los candidatos, pero no caí en la redada.

“Después vino una tía mía, hermana de mi abuela, que fue la que me dijo que no podía seguir así, que yo era una persona muy inteligente para estar en ese mundo y si no quería estudiar, que le dijera dónde quería empezar a trabajar; y yo le dije que en la televisión, y a la semana estaba trabajando allí, de ayudante de escenografía, en Atrezzo”.

—¿Y trabajando ahí es que tú entras en el grupo Nos y Otros, como actor?

—Sí. Nos y Otros se funda en 1982. En la televisión yo entro en el 81. En Atrezzo cargué muchos muebles para cantidad de programas, ya no se hacen, pero antes se hacían Aventuras, Teatros, Cuentos, Para bailar… y eso eran camiones y camiones de muebles.

“Lo bueno que tenía ese trabajo era que empezaba temprano y a las 12 del día ya terminaba, entonces me daba la posibilidad de coger cursos y aprender dentro de la televisión. Ya en el año 85-86 era utilero y me vinculo más al mundo de las filmaciones.

“Un amigo con el que estudiaba en Pre, José León, que estaba en Nos y Otros me dice que le hacen falta gente que actúe y que se acordaba que yo tenía condiciones. Yo tenía un pequeño grupito de aficionados en el ICRT que hacíamos algunas actuaciones en lo que es ahora el Estudio de Sono Caribe; él me había visto y me convenció para que bajara a una peña que tenían en la Casa del Joven Creador.

“Entonces voy a casa de Eduardo del Llano, de Luis Felipe… y ahí es que empiezo junto con ellos en el año 85-86 en la Casa del Joven Creador, y seguí hasta el final de Nos y Otros, y a la vez hice otras cosas”.

—En qué año tú empezaste a hacer videoclips?

—En el 93. Soy de la generación que comenzó en los 90, porque en los 80 fueron otros realizadores.

—¿No te interesaba?

—Sí me interesaba, pero en ese momento el videoclip no llamaba tanto la atención. Nos atraían mucho más los documentales, los cortos…los programas de opinión. Empecé a hacer En confianza en los años 88-89. Estuve un buen tiempo de asistente con Raysa White, en Entre nosotros, y ahí aprendí mucho de ella.

“Entonces el videoclip yo lo veía como algo para el que le gustaba investigar. En el año 87 se crea el taller de video de la Asociación Hermanos Saíz, que tiene su sede en el Pabellón Cuba, y a mí me ponen al frente de ese taller, tenía que repartir las cámaras…

“La Juventud (UJC) y la televisión le dan a la Asociación Hermanos Saíz una cámara, un cubículo de edición, unos cuantos cassettes; y yo era el que administraba esa cámara. Por eso pude de ayudar a hacer algunos videoclips de los años 80, a Camilo Hernández, al ‘Gago’, a Juancho… gente que hicieron videoclips en esa década”.

—¿Cuál fue tu primer videoclip?

—Junto con Rudy (Mora) hice María Magdalena, de un trovador… bueno, dice él que era trovador, ahora vive en Argentina, que se llama Aurelio Sandar, y a partir de ahí seguimos trabajando juntos hasta la actualidad.

—Yo leí en una entrevista que tú decías que Rudy le aporta la parte de querer contar historias.

—Nos conocíamos del ICRT, habíamos estudiado juntos…, primero en el curso de edición, después en el 89 cuando se crea la carrera de Dirección de Cine, Radio y Televisión, en la Facultad de Arte de Medios Audiovisuales del ISA, teníamos afinidad y un día se dio la posibilidad, por problemas económicos porque a mí el videoclip, como medio de expresión, no me interesaba para nada, me gustaba verlo, pero nada más. Después del primero, empezaron a surgir más trabajos.

“A Rudy desde chiquito siempre le gustó contar historias, eso de los guiones, estuvo muy vinculado al mundo de la actuación, y yo he tenido mucha afinidad con la música”.

—¿Y por qué no estudiaste música?

—Para oírla sí, pero cuando empecé a estudiar solfeo, me di cuenta que no tenía nada que ver con eso. Estudiaba percusión, incluso llegué a matricular en el Conservatorio Alejandro García Caturla, pero fue un fracaso. Yo oía música y leía mucho. Entonces yo pienso que aportaba la parte de las imágenes, porque cuando oigo la música se me ocurren imágenes, no historias, y como me fui vinculando con el género, empecé a ver más videoclips, sobre todo los que nos llegaban del extranjero, y ahí me fui metiendo de lleno en ese mundo.

—¿Hay algún momento en el que puedes decir que el video clip empezó a ser importante para ti?

—En el año 94, cuando se empieza a estabilizar la producción de videoclips con la EGREM, el ICRT y el ICAIC, mediante un convenio que se hizo, que es cuando se hace el de Dan Den , el de la comparsa, cuando (Ernesto) Fundora entra en esa historia y hace algunos también.

“Pues nos dimos cuenta que era un medio que no sólo te ayuda económicamente, sino como medio de expresión, y al cual uno le podía aportar y decir cosas bien profundas. Y empezamos a ver, desde la experiencia de cada uno, desde lo cubano, qué podíamos aportar tanto en historias como en imágenes.

“La otra parte es la tecnología. La nuestra era bastante mala en comparación con lo que se hace el videoclip en aquellos momentos en el mundo, y con lo que teníamos había que innovar mucho, crear efectos y texturas para poder llegar a un nivel, que nunca era el ideal porque no existían las computadoras, todo era a nivel de cassette. Esto hizo que mucha gente, además de nosotros, viera en el videoclip formas de expresión y de experimentación, de lograr imponer un lenguaje, y eso fue lo que nos pasó”.

—Lucas nace en 1997, ¿En ese tiempo había acaso una producción suficiente de videoclips en Cuba?

—Suficiente nunca. Había muy pocas, unas treinta producciones al año, o menos. Pero a partir de que surge el programa empieza a subir la producción porque, claro, al tú crear un espacio en la televisión nacional donde se pusieran habitualmente los videoclips, empiezan a crecer porque hay un lugar donde la gente lo va a ver, le va a dar promoción a los músicos, a los realizadores…

En el momento que Lucas nace no se parece a ningún programa musical cubano. Tú rompes varias estructuras como el color de la ropa de los animadores. ¿Cómo tú escoges a los conductores —que ha tenido varios—, y cómo llegas a concebir esa ruptura? ¿Es intencional desde el principio, o fue un proceso que te llevó a diferenciarte de lo hecho, o tienes influencia de otra parte?

—Ahí hay de todo un poco. Al principio el programa era un poco más atrevido, pero era con menos conceptos. Lo del conductor fue Tony Arroyo, que realmente no es un conductor, es el actor, pero como yo lo conocía del Pre, un día lo vi, le propuse la idea y como era muy entusiasta, empezó conmigo en un pequeño estudio que nos daban.

“Entonces, a partir de inventar con los bombillos, las luces…, nos divertíamos con eso porque era para el verano ese. Después cuando se termina el verano la televisión dice que podía seguir. Nos dimos cuenta de que era atractivo para algunos jóvenes, empezamos a darle forma de manera conceptual a toda aquella locura.

“A partir de que creamos el concepto Lucas, dijimos, vamos ahora a visualizar este concepto y empezamos a vestirnos de negro. Yo había visto un programa en España, en el que todos los hombres estaban vestidos de negro y quise traer eso a Cuba, como es tan atípico, con el calor que hace.

“Los conductores tienen un problema en su cabeza porque toda la vida han querido trabajar en espionaje, y la vida pronto los lleva a ser presentadores de videoclip, tienen un problema serio, psicológico. Y después de que se va Tony Arroyo, todos los demás que han entrado tienen un matiz humorístico como Hirán, Edith Massola, Rigoberto, Silva. Hacen humor, pero inteligente, de ironía, de lo absurdo, que ahí está la influencia de todo el trabajo con Nos y Otros”.

Al poco tiempo de surgir Lucas, el videoclip se empieza a autofinanciar, y quienes tienen más posibilidades de hacerlo, en una etapa fueron los salseros, la música popular, creo que ahora son los reguetoneros, ¿acaso eso no lleva que tu programa privilegie un tipo de música por encima de otra?

—Pudiera ser. En aquel momento quien más posibilidades económicas tenían de hacer videoclips eran los salseros, ya después eso se estabilizó porque todo el mundo cobró conciencia de lo importante que era tener un videoclip, tanto la televisión nacional como las disqueras, los músicos, y por supuesto, los realizadores.

“Empezaron a aparecer videoclips de otros géneros musicales el pop, el rock, el rap, la canción, la balada cogió mucha fuerza. Es decir, que más o menos, al estar el programa al aire, mucha gente se interesó por hacer videoclips.

“Después vino el boom del reguetón, que le sucede lo mismo, pero no es el mismo momento. Ya se hacen videoclips de pop, de rock, de música bailable. Ahora se hacen muchos de reguetón, aunque algunos no se ponen porque son muy primitivos, o son muy malas las letras, o son muy malos los videos.

“Pero sí están llegando muchos videoclips, por ejemplo, de rock. En la medida de que la gente tenga más posibilidades, como ahora, de hacerlo independiente, porque consiguen una cámara digital o lo editan en su casa, en una computadora, y ya lo traen a la televisión sin muchas necesidades técnicas”.

—El objetivo del videoclip en cualquier lugar del mundo es claro, se hace para situar comercialmente a un autor. Si en Cuba no tiene un objetivo comercial, ¿cuál es entonces?

—En Cuba sí tiene un objetivo comercial, lo que no se puede ver lo comercial como algo negativo, porque lo comercial tiene muchas cosas positivas. Hay cosas que son comerciales y tienen una calidad tremenda, porque están destinadas a llegar a millones de personas, y casi siempre las cosas cuando tienen cierto vuelo artístico, enganchan a más personas que las cosas que están tiradas con mal gusto.

—Ahí están todos los grandes ejemplos de la publicidad de la Coca Cola, la SONY, que son puramente comerciales pero detrás de eso te das cuenta que hay cerebros funcionando y creativos de primera línea porque para atrapar a cuanto televidente se le ponga delante.

“Lo que pasa es que en Cuba, al principio, quienes se acercan al videoclip y le dan ese empujón en los 80, son los propios realizadores que querían llegar a la televisión y exponer su visión audiovisual, y no tenían posibilidad de hacer un teleplay, una serie, un teatro, ni cine.

“Es mediante un videoclip que llegaban a la televisión: cogían la canción de alguien que le llamaba la atención y con ella ponían su imaginería, desembocaban sus necesidades espirituales, son videoclips puramente de autor con canciones de Silvio Rodríguez, de Carlos Varela, de Moncada, y a veces no tenía que ver el videoclip con la canción, pero sí tenía un vuelo poético.

“Esa marca del videoclip cubano ha continuado, lo que pasa que al cambiar la mentalidad económica del país, al darse cuenta que el videoclip también sirve para hacer llegar a millones de personas la obra de un músico, de una agrupación, pues para tal fin tienen que cambiar esos códigos.

“Ya no puede ser tan cerrado un código de autor-autor, aunque todavía tienen marca de autor. Tú ves un videoclip y te das cuenta que está en la poética de Fulano, de Mengano, aunque ya se están abriendo a un público mayoritario, porque le interesa que su obra llegue a millones de personas, tanto la obra del músico como la del realizador.

“En Cuba desde un principio se le ha dado una importancia en la promoción del videoclip al realizador. Fíjate que yo creo que en los festivales de videoclips que hay en el mundo, Lucas es uno de los pocos en los cuales se premia no sólo a la figura musical sino al director, aparte de los premios de dirección.

“Y en Cuba, los directores de hoy son casi estrellas, la gente los conoce tanto como a los músicos porque siempre se le ha dado un protagonismo en los medios, desde los más comerciales hasta los más autores, y en el proyecto están todos”.

—Pero yo te hablaba de comercial y del objetivo por una razón, las condiciones económicas de este país; yo quiero ir a comprar el Tríptico de Silvio ahora y no puedo, el videoclip se hace en otros lugares para que la gente vaya y compre el disco, aquí no, porque la gran mayoría no tiene posibilidades. A veces yo me he preguntado si esa es una diferencia del videoclip cubano con el resto, que es más promocional que comercial en ese sentido, no en la forma, sino en su poder adquisitivo.

—Sí, podría ser una marca del videoclip cubano. La gente no va a comprar el disco por un problema económico, pero la gente sí lo quema, y va y lo busca y lo compra quema’o, a un peso, dos pesos; es decir que a la larga, a través de un videoclip sí se está promocionando la obra de un artista, de un músico, de una agrupación, pero se está promocionando también la obra de un realizador.

Y eso significa más trabajo para ese realizador. En la medida en la que tú eres más conocido en los medios, pues te buscas más opciones de trabajo, igual que el músico que a medida de que sus temas son más populares a través del videoclip, del disco, pues tendrá más posibilidades de trabajo.

“Te estoy hablando desde centros nocturnos hasta trabajos en provincias. O sea, que el videoclip en Cuba también sirve para promover al artista y su obra… Tal vez no se venda la cantidad de discos por el precio que tienen, pero de que ayuda, ayuda”.

—Tú dices en un trabajo que leí que el videoclip pertenece a una estética de la superficialidad. Entonces, si eso es así, ¿Por qué hay muchos que no son superficiales?

—La estética de la superficialidad no quiere decir que sea superficial, quiere decir que eres ligero, fácil. La estética de la superficialidad juega con que esos productos sean consumidos rápidamente. Estás obligado a que el espectador capte en tres o cuatro minutos la mayoría de las cosas que le estás dando.

“Para eso tiene que haber una espontaneidad, una comunicación muy rápida con el espectador a través de códigos que te lo permitan. Una estética de la superficialidad puede lograr reacciones profundas en los seres humanos. Todo eso depende de la realización, tanto del poder poético que tenga el tema musical como de la capacidad que tenga el realizador.

“Tiene la posibilidad de que como es un género que está hecho para ser repetido una y otra vez, quienes lo ven van descubriendo poco a poco lo que no pudieron en una primera, una segunda, una tercera vez. Y eso te permite utilizar códigos en un segundo, y tercer planos, como producto publicitario para que no se agote.

“A veces la gente te dice que ya lo vieron, pero en un buen videoclip se descubre cosas siempre”.

—¿Cómo tú lograste hacer de los Premios Lucas el espectáculo del año?

—Yo no creo eso. Lo que sí es el espectáculo de premiación que más llama la atención. En primer lugar porque es un programa de televisión. Si ese mismo espectáculo fuera llevado a los premios de teatro, no pasaba nada porque no se ponen en televisión. Indiscutiblemente, estar dentro de la televisión te da un poder del cual tienes que ser responsable porque tienes a siete millones de personas mirando lo que tú haces.

“No hay cosa más aburrida que una premiación. Hay gente que no les interesa los premios ni nada de eso. Entonces, lo único que uno hace es hacer eso lo más potable posible. ¿Qué pasa?, que como nosotros entregamos premios a los videoclips, lo que hacemos es asociarlos con las imágenes que ya los realizadores utilizaron en sus materiales y tratar de llevar algunos elementos, que este artista con esto otro funciona, que estos son populares…

“Te metes un año haciendo un programa al aire y más o menos sabes lo que está funcionando. Eso te lo da el oficio, eso yo por lo menos no lo estudié. Te lo da estar mirando mucha televisión norteamericana, por eso me hace falta que me pongan una antena en la casa para no tener que venir al ICRT a eso, porque esa es la mejor escuela.

“A la vez que tú empiezas a ver eso, ¿a quién le vas a pedir que te enseñe ese tipo de espectáculo? Son ellos quienes lo hacen desde una pila de años atrás.

Ahora, por lo menos, ¿qué hago?, capto la esencia de ese tipo de espectáculo, cómo se ponen las cámaras, cómo se ponen las luces, cómo entra Fulano, cómo entra Mengano, y los llevo a mi realidad, a mi música, a mi gente, a las condiciones económicas, a las condiciones de escenografía que tengo.

“Esa es una fórmula que si funciona allá tiene que funcionar aquí, porque somos los mismos seres humanos, lo único que ellos viven allá y nosotros aquí. Aquí tenemos los mismos resortes, y la vida te ha demostrado que sí. Ahora, tú le pones tus valores: la cubanía, los valores que es importante rescatar en los cubanos, darle el protagonismo a tus músicos, a toda la música cubana, desde la tradicional hasta el reguetón, mientras sea buena, y eso es lo que funciona. Más todo el talento que hay en este país en los músicos, que si no funciona estamos muy mal”.

—Pero, Cruzata, uno ve tus programas, y otros que se televisan, y te preguntas, ¿por qué los Lucas son tan buenos y los otros no?

—Hay que diferenciar el espectáculo para teatro una vez al año, al habitual, porque hacer eso habitual, todas las semanas como lo hace Gloria Torres, Víctor Torres, Pulido, Anita Rabasa… esos sí son héroes de verdad, porque meterse en un estudio a inventar, con las condiciones que hay allí, eso sí es difícil. Lo mío no, yo lo hago una vez al año nada más, en el Karl Marx”.

—El espectáculo, pero ¿por qué si existen tantos buenos videoclips cubanos, los programas musicales nuestros generalmente son banales?

—Por culpa de los realizadores, de los escritores, de los asesores, por culpa de todo un equipo creativo que hay ahí. No tiene que ver ni con la situación del país, ni con el bloqueo, ni con los músicos en Cuba, ni na’. Porque no hay un equipo serio, porque a veces quienes dirigen las redacciones son personas que nada tienen que ver con la televisión.

“Pueden saber mucho de música, de política, pero no conocen de la televisión, porque se ha perdido el sentido de pertenencia hacia la televisión, de los propios grupos; porque se ha perdido el respeto hacia la creación. Porque muchos directivos piensan que lo musical es un relleno, y cualquiera puede hacer un musical.

“A veces se le entrega a un director que jamás, ni en dramatizado, ni infantiles, ni en juveniles, le entregarían la posibilidad de hacer una dirección de programa. Entonces, el musical se le entrega a una gente que ha demostrado que tienen una sola neurona.

“Todo eso ayuda a que se pierda la tradición de la profesión de director de programas musicales, que nosotros tenemos el ejemplo de Condal, de Ginori, de Rifat, de Figueredo Doncel, de Cachito, bueno, de la gente que hacía un espectáculo en los estudios de 17 y 19, en vivo, incluso.

“Esa gran tradición se ha ido perdiendo, porque la profesión de directores de programas musicales ha bajado tanto el nivel por todas estas cosas que te digo, que ese es el resultado que tenemos, hay una gran banalización de los programas musicales. Hay un concepto de que el musical lo hace cualquiera, que prácticamente no tiene que ser director.

“Por eso tú ves a veces un programa musical que deja mucho que desear, porque detrás de eso no hay una mente ni un concepto que tú puedas respetar. Simplemente, hay una persona que está por ganar dinero y pone dos o tres producciones musicales que no las hace ni para la televisión, las coge del disco y ya.

“Ese es otro problema; antes los directores de programas hacían producciones para sus programas de televisión, prácticamente eso no existe, aunque todavía se hace en el Cubadisco, en los Lucas. Los otros cogen un disco, y dicen, tal y más cual tema, lo ponen y a doblar.

“Yo creo que el único que está haciendo eso es Pulido, que más o menos logra hacer algunas producciones musicales para La descarga. Trae a Fulano, a Mengano, te puede gustar o no, pero detrás de eso hay alguien que está tratando de mantener esa dignidad que tienen que tener los programas musicales.

“En el teatro esos no pueden trabajar así, porque en el teatro es muy difícil hacer un musical; y hay que tener mucho respeto a la gente que hace musical en el teatro, porque ese es un género que aquí en Cuba siempre ha tenido una buena tradición y lo hemos ido perdiendo, porque yo me acuerdo aquel teatro musical que se hacía aquí que era excelente.

“Y eso es lo que le ha pasado a la televisión. Pero la culpa no la tiene nadie de fuera, son los de la televisión”.

—¿Qué sería para ti una televisión culta?

—El otro día estaba en una reunión y se preguntaban por qué en la televisión no aparece más música clásica. La televisión no es para la alta cultura, la televisión debe tener momentos de alta cultura. Puede existir tal vez un canal, (cuando haya veinte o treinta canales, o televisión por cable, que existen dondequiera), como existe un canal para los animalitos, para las historias…

Pero la televisión que llega a siete u ocho millones, no puede ser a full para los talentos. Tiene que haber momentos de banalización, momentos políticos…. Porque es que todo eso es cultura. ¿Dónde está el quid de la cosa? En hacerlo bien. Usted puede hacer un programa banal, pero tiene que hacerlo bien, que tenga equilibrio, que no se te vaya el mal gusto, a lo chabacano, hacia el facilismo.

“Si la factura es impecable atrae a millones y millones de personas. Como los hay en todos los canales, que son programas muy tontos, pero fotografía, edición, efectos, todos esos espejitos que brillan falsamente, son atractivos para el gran público y funciona perfectamente.

“Ahora, la televisión nuestra, por suerte, no va a ser nunca 100% comercial, pero tampoco puede ser 100% de alta cultura. Entonces, lo que tenemos es que crear espacios para las grandes masas, que son los espacios de las altas teleaudiencias, pero dentro de ellos mismos pueden tener momentos de alta cultura, de música popular, de buen humor…

“Todo depende de los grupos creativos, que son los que conforman los programas: el guionista, el realizador, el director…, y todo eso puede formar una televisión culta; de hecho, yo creo que la televisión cubana es bastante culta, lo que es muy aburrida, muy obsoleta a veces. Pero cuando tú ves las tiras de la programación, es una televisión culta.

“Cuando tú ves en América Latina y Miami, llega un momento que tú dices: bueno, ¿y hasta cuando es esto? No se soporta. Porque nosotros somos fruto de una revolución social que se preocupó y se sigue preocupando porque la gente estudie, que lea, que tenga acceso la información, a la alta cultura, con un costo mínimo, es decir, no es un panfleto que tú puedes ir a la Universidad, eso es una realidad y eso va elevando el nivel cultural de la población, y esa población te exige que después esa televisión sea así.

“Lo que hay es que sentarse a pensar cómo nuestra televisión, que ya es una televisión culta, o al menos tiene una tendencia a que lo sea y no a lo comercial, sea menos aburrida; sí porque hay muy buenos programas pero son aburridos, no son atractivos, son bloques, sin embargo son programas muy interesantes, lo que le falta es un poco de factura.

“Y lo otro es al revés. A veces hacemos programas que son atractivos desde el punto de vista visual, pero demasiado banales o demasiado tontos. Como que se nos va la mano; no encontramos el medio. Yo creo que uno de los méritos que tienen, sobre todo los espectáculos de Lucas, es que hay banalidad, pero también momentos emotivos, musicalmente logrados, momentos que desde el punto de vista visual son logrados; hay humor… Yo creo que más o menos está en el equilibrio.

“A veces se les puede ir la balanza, porque todos cometemos errores, pero yo creo que por ahí está el quid de ese tipo de espectáculo; y por supuesto, el incentivo de la competencia que a todo ser humano le gusta competir o ver competir. ¿Quién ganó, quién perdió?

“Y eso es aprovechado en el espectáculo. Fíjate que nosotros tenemos como elemento de espectáculo, los premios. En los Lucas los premios no los sabe nadie hasta que no se dicen, porque tú vas al Caracol, al Cubadisco, al Festival de Cine… y ya la gente está sentada esperando a que digan su nombre. Eso le quita espectáculo al show”.

Pero ustedes tienen esa posibilidad por la manera…

—… por la estructura que se aborda, claro. Dijimos: aquí la gente no puede saber nada, no, porque el jurado puede decir algo. Bueno, entonces el jurado decide, pero la forma en que lo hace no le va a permitir que aunque se lo diga no sé quién a la prensa, diga el premio porque ni él lo sabe, porque votó en una boleta independiente de lo que hicieron los otros, entonces nadie sabe y eso es lo que forma parte del show.

“Cuando el músico se para está tan emocionado de verdad, que cuando le pones la cámara esa emoción se la transmite al televidente, y a la gente que está ahí que empieza a gritar… y eso forma parte de ese show, que también es un incentivo para que la gente vaya”.

—Utilizaste a Rufo Caballero en los Lucas. ¿Crees que encontrarás otro comentarista con el nivel que lo hacía él?

—Yo creo que no, como Rufo Caballero será muy difícil que aparezca otra gente. No solamente por sus conocimientos y por lo preocupado que era para sus investigaciones… bueno, el nivel intelectual que tenía. Era la persona que tenía la inteligencia y la valentía de decir las cosas como las sentía y las creía, y eso es muy difícil.

“Hay profesionales que son muy buenos críticos porque tienen el nivel, pero no tienen el valor de decir las cosas en la pantalla de un televisor delante de millones de personas y decir: usted se equivocó en esto, aún corriendo el riesgo de equivocarse; y Rufo tenía ese don, aparte del don de la comunicación.

“Claro, había un prestigio, había una obra, un trabajo como crítico, como intelectual, que aunque usted no estuviera de acuerdo, respetaba. Y eso va a ser muy difícil de encontrar”.

—Entonces Lucas va a perder una parte muy importante…

—Lo estamos perdiendo en estos momentos porque no aparece una persona. He tocado varias puertas, pero hay gente que no le gusta buscarse problemas.

—Lo de Rufo no es sólo la valentía, es que era capaz de bailar en un videoclip, ir al Latino y fajarse conmigo por Industriales… una gente con un nivel muy grande y a la vez muy popular. ¿No has pensado en buscar otra manera que le de una sola persona?

—También hemos pensado que haya una especie de debate, que haya una persona que opina así, y otra que opina asao. Puede ser que como Rufo dejó tan alto ese nivel, la gente dice: qué va. Siempre va a estar el estigma ese de que eso lo hacía Rufo, aunque yo les he explicado, vamos a hacerlo diferente, con otra estructura. No tiene que ser la imagen de un crítico que sea el que dice lo último, pueden ser varios… Hay que seguir buscando.

“Es una pérdida. Ahora mismo, si hubiéramos tenido a Rufo tuviéramos interesantísimos comentarios de unos cuantos videoclips que se han producido este año, y la gente hubiera aprendido muchísimo y se hubieran aclarado algunas dudas. Y también se lo hubiera dicho a muchos realizadores de videoclips que nos están llegando como diarrea, de reguetoneros y tonterías: ‘mira esto es malo por esto, y por esto’, como siempre hacía en el programa. Tenemos un hueco difícil de llenar y que ya nos está afectando”.

—Tú sigues siendo un creador joven. ¿Nunca piensas arriesgarte a hacer otra cosa en la televisión, que no sea música, digamos, ficción, documental, no tienes tiempo o no tienes interés?

—Sí tengo interés, pero no tengo tiempo, acuérdate que Lucas es un proyecto que tiene como motivo principal promover lo que yo quise: tener un programa y los Premios Lucas. Ahora mismo tengo los Lucas Plus, que salen en Multivisión, que es diferente al Lucas; la antología que está saliendo por Tele Rebelde, al fin, después de tanto trabajo.

“Tengo tres programas en el Canal Educativo. En estos momentos estamos en un proyecto en la sala Atril, viernes, sábado y domingo, para demostrar que se puede tener un Café Lucas, y a la vez recaudar fondo para poder hacer el evento, porque no hay dinero. Tú sabes que la vida ha cambiado y hay que buscar financiamiento para hacer los grandes eventos.

“Y he estado trabajando en acabar de terminar el canal de videos en Cuba. En estos momentos hay una muestra en el ICRT, que lo ponen en las computadoras. Estamos tratando de conformar eso para al menos sacar una señal para la ciudad de La Habana con doce horas de videoclips. Y el año que viene son los 15 de Lucas, estamos preparando un espectáculo, una gira, lograr terminar ese canal”.

—¿Puedo anunciar lo del canal?

—Estamos ensayándolo, es una cosa digital. Estamos tratando de armarlo, lograr al menos de sacar una señal por Internet que se vea en toda Cuba y después, por el transmisor de Multivisión, que hay un momento que no transmite, pero esto está en experimento.

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