Actualizado el 24 de diciembre de 2011

Conversación con Esteban Insausti

Sobre la necesidad imperiosa del diálogo

Por: . 21|12|2011

Es imposible realizar un recuento del cine cubano de ficción en la primera década del siglo XXI sin mencionar a Esteban Insausti. Varios títulos demuestran la relevancia alcanzada por su trayectoria artística; entre estos:  Más de lo mismo, su primer cortometraje de ficción (Sección Oficial de Cannes 2001), con una historia que revela la agudeza del realizador para explorar circunstancias muy actuales; Las manos y el ángel, seleccionado por la crítica cubana como mejor documental exhibido en Cuba en el año 2002; Luz roja, tercera historia del filme Tres veces dos (2003), donde confluyeron otros dos realizadores: Pavel Giroud y Lester Hamlet, para conformar una cinta seleccionada por la crítica entre los 10 mejores filmes exhibidos en 2004; y Existen, documental permeado de la gracia, el ingenio y grandes dosis de absurdo que caracterizan a algunos locos famosos de La Habana, Premio Coral al mejor documental experimental en el 28 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Precisamente en la pasada edición de ese evento, Esteban Insausti estrenó su primer largometraje de ficción: Larga Distancia, una película que puede sorprender por su carácter profundamente autoral, y su solidez dramática, en la línea del mejor cine cubano de todos los tiempos. Con el trasfondo de este nuevo filme, pude intercambiar con Esteban Insausti.

¿Cómo surgió el proyecto de Larga Distancia?

Corrían los años 90, cursaba entonces el cuarto año de la carrera en el Instituto Superior de Arte, y regresaba de un viaje de trabajo esclarecedor, por demás, de circunstancias profesionales y sociales desconocidas para un joven de veintitantos años. Me disponía a celebrar aquella vivencia, que deseaba compartir con aquellos amigos de siempre, con una fiesta de cumpleaños como pretexto. Pero la vida, siempre insospechada, superó aquella noble necesidad. En mi ausencia había perdido casi a la totalidad de estos amigos, indispensables sin que pudiera percibirlo, sin despedirme, sin acuerdos. Aquel vacío provocó el adiós que no tuve tiempo de ofrecerles, y que de alguna manera intenta revelarse con Larga Distancia, una suerte de exorcismo donde colocar aquella pena que hasta hoy perdura.

Pero el nombre inicial de la cinta era Cuatro hechizos

Recuerdo con mucha gratitud la primera vez que testé el proyecto, con el privilegio que supone la atención de un grande como Humberto Solás. Otro colega y amigo, Ernesto Granados, me convidó a su templo un primero de enero de 1999, aunque él mismo permanecía en una especie de silencio o mutismo inexplicable. Nos recibió fascinado con la idea. Para entonces se llamaba Cuatro Hechizos. Aquella lección de vida que fue el encuentro, inolvidable, me sugirió entre otras cosas que, sobre todo, conservara el nombre. A mi madre que es algo lacónica en sus criterios, le resultaba muy “literario”, en fin… Luego de barajar algunos títulos llegó Larga Distancia.

Un proyecto que surgió hace tantos años debe haber contado con un largo proceso de producción y, tal vez, una realización costosa.

Toneladas de tinta se han derrochado intentando glorificar, por un lado, y satanizar por otro, las formas de producir con muy bajo presupuesto. Más que en términos de costo, prefiero hablar de eficiencia. En tanto encuentro el distribuidor adecuado para un proyecto complejo, a la hora de conciliar posibles intereses de mercado, no debo adelantar cifras. No obstante, sí puedo revelar, con toda honestidad, que Larga Distancia es posiblemente una de las películas cubanas más económicas en la historia de nuestra industria revolucionaria. Pero, como dice un gran amigo, la vida se mide por resultados y no por esfuerzos…; y con los mismos estamos muy felices.

¿Los mejores recuerdos?

Un equipo en pleno, que hizo suyo el proyecto y se entregó a toda clase de duelos, entre risas y abrazos. Un rodaje divertido y a toda velocidad, con la compañía de un gigante como Alejandro Pérez, en la dirección de fotografía, que garantizó aquel ritmo casi frenético de trabajo, tan productivo y que ha marcado una experiencia diferente o camino, en tanto las formas de asumir estos proyectos con presupuestos estéticos complejos demostraron que era posible lo que parecía irrealizable para algunos.

Hablemos del guión, escrito por usted. ¿Por qué no utilizar un escritor?

Le debo a Senel Paz mi concurrencia en aquel proyecto-experimento. Trabajé en el guión y en la trasformación de dicho argumento junto a Xenia Rivery, su gestora. En la tradición nuestra la relación guionista-director es más bien fortuita. Esta es la única experiencia que he tenido con un guionista, de la que conservo los mejores recuerdos, y espero que no sea la última.

Pero, para la concepción de Larga Distancia, conté con la asesoría de muchos colaboradores que tuvieron a bien prestarme su sabiduría. Fue un proceso tortuoso en alguna medida, determinado por la propia morfología de la historia, contada desde la memoria emotiva de Ana que, como todo proceso imperfecto, recuerda desde su evocación personal, discriminando y privilegiando recuerdos sin poder desprenderse del contexto social, político y económico que la circunda. Siempre tuve la obsesión y el propósito confeso de manipular algunos cánones de las formas narrativas, de modo que el proyecto fue también, además de un ejercicio estilístico, el vehículo para intentar manipular algunos de aquellos paradigmas.

El soporte dramático de la cinta es complejo y está muy bien estructurado ¿Cómo se logró esto?

El aporte de una montadora como Angélica Salvador, que a pesar de su juventud ostenta una obra importante, permitió hacer realidad ese reto. Una vez que tuve claro el “Qué” y luego el “Cómo”, estructuramos la narración, conscientes de que la misma descansaría sobre el montaje, propiciando así el lenguaje elíptico y ese juego espacio temporal que sustenta toda la historia.

¿Cuál es el conflicto que muestra la película y qué puntos de contacto tiene con la realidad?

Esta es una película donde la amistad también es un sinónimo de patria. Cuando “perdemos” un amigo se crea un vacío importante, los espacios vitales se resienten y perdemos todos. Contar esta clase de conflictos, desde el arte, requiere honestidad. Larga Distancia no busca respuestas, más bien todo lo contrario. Tampoco insiste en la lágrima fácil, la queja oportuna o la risa como recurso de identificación. Si tenemos en cuenta que gran parte de nuestra población reside en el exterior, entonces ese compromiso se hace mayor. Yo soy nieto, y a la vez hijo de emigrantes, así que de alguna manera este filme intenta discursar sobre ese contexto, a veces agónico, difícil y traumático como lo puede ser el exilio en cualquiera de sus motivaciones. Larga Distancia no pretende ser un ensayo antropológico o social sobre el tema. Nos propusimos al menos asumirlo, con ese dolor y con la responsabilidad y profundidad que amerita.

¿Influyó en su primer largometraje la experiencia precedente en el género documental?

El documental es un género de una ductilidad que permite casi cualquier forma de experimentación de lenguaje. A ese género, y los grandes maestros de mi país le debo la espontaneidad con que intento asumirlo. Ellos a su vez, fueron discípulos de Man Ray, Pudovsky, Vertov, Welles, Goddard, entre otros, de ahí un aporte tan relevante como el de Memorias del Subdesarrollo, De cierta Manera, o La Primera Carga al machete en cuanto a la mezcla de géneros y estilos, en nuestra cinematografía. A este género le debo el albedrío feliz con que intento expresarme. Sería injusto si no reconociera esa influencia en casi todo mi trabajo.

Algunos directores tienden a utilizar los mismos actores por razones de ductilidad, de confianza. Repite usted con los protagonistas de Luz roja: Zulema Clares y Alexis Díaz de Villegas. ¿Afinidad del director con los actores, o de los actores con los personajes?

Zulema Clares es una actriz capaz, con su talento, de mostrar una neutralidad, así como la ambigüedad emocional que tanto busco en cualquier situación. Entrenada en la mejor escuela que puede tener un actor, sobre todo joven, que es el teatro; con una esencia multicultural que la define, ya que desde hace algunos años vive en la rápida complejidad de una ciudad como New York. Alexis es un actor en el que también confío. Su apariencia gélida, está siempre presta para una vulnerabilidad imponente que, desde un físico muy particular, puede defender. Es un actor con una fuerte formación teatral, más cerca de la vida que de la técnica, cuyo mayor reto físico fue dominar uno de los instrumentos musicales más complejos: el contrabajo. A su entrega le agradezco con mi eterna gratitud.

¿Qué representó para usted dirigir a dos grandes actrices, como Verónica Lynn y Coralia Veloz, y apostar a un tiempo por jóvenes como Lynn Cruz y Tomás Cao?

El magisterio de dos grandes actrices, e inmensos seres humanos, no podría resultar sino un privilegio, en forma de bendición, que agradeceré en toda mi experiencia profesional. Más allá de su talento, conocido de todos, la humildad y sensibilidad de ambas sigue siendo una experiencia de vida, que guardo como un celador.

Lynn Cruz y Tomás Cao son actores tremendamente dúctiles, talentosos, auténticos, sinceros y orgánicos. Cuentan con una fotogenia característica, que les permitiría renovar el panorama actoral del cine actual en la isla.

Ha emprendido una sustanciosa asociación creativa con algunos artistas que son recurrentes en sus obras. Pienso en el fotógrafo Alejandro Pérez, el cantautor X Alfonso y la editora Angélica Salvador.

Para mi fortuna, estos talentosísimos artistas no solo colaboran de manera recurrente en mi obra, sino que también cuento con su amor, pasión, amistad y entrega a prueba de todo. A todos nos une un infinito afecto, que trasciende los límites de una simple relación de trabajo, pues lo que hacemos es parte importante de nuestras vidas. En ese hacer nos lo jugamos todo. ¿Acaso puede pedirse más?

¿Cuál fue el concepto de trabajo de la fotografía?

Utilizamos para fotografiar la historia toda clase de objetivos, en especial las telefotos y gran cantidad de angulares. En la película reinan la sombra, la penumbra y los contrastes fuertes de luz; la dirección de fotografía, la dirección de arte, el diseño escenográfico y el vestuario, caminaron al unísono con los presupuestos dramáticos y formales concebidos. De alguna manera esta es una propuesta que está más cerca, en cuanto a conceptos expresivos, de la sombra que de la luz.

¿Y la música?

X Alfonso hizo prodigios para un proyecto que, a decir de su propia voz, es el más complejo (musicalmente hablando) que ha asumido. Se paseó en apenas veinte días por toda clase de géneros, con un acierto inusitado, desdoblándose desde el jazz más tradicional, el house, y la música clásica hasta la ópera. Posee además una euforia creativa verdaderamente contagiosa, y un talento impresionante, que lleva con una humildad que humilla.

¿Cómo se presenta lo cubano en Larga distancia?

Larga Distancia es hija únicamente de su tiempo, así como de la visión que de ese tiempo poseemos todos los que nos aventuramos a hacerla. El arte es parte de lo real y no una demarcación exclusiva e impenetrable paralela a la vida. Larga Distancia nace de la inconformidad con lo que se pretende como absoluto o correcto, con una imaginada categoría de cómo debe ser lo cubano. En mi opinión, lo cubano en Larga Distancia es absolutamente todo, contaminado de todo, como la cultura que nos define.

¿A qué tipo de público dirige sus filmes, tomando en cuenta el lenguaje singular que emplea?

A modo de epílogo, la cinta cierra con una cita: “A todos los amigos que se fueron y a los que se quedaron”. El contenido mismo de la frase devela una vocación abarcadora. Pensamos en toda clase de público, que sea capaz de recepcionar y conectarse con el mensaje que intento contarles. El arte que apela a la participación, digamos menos pasiva, así como a la inteligencia, difícilmente alcanzará consenso masivo.

¿Encontraste una receptividad del público cubano durante el estreno en el 32 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano?

A pesar de lo tardía y accidentadas que fueron cada una de estas funciones, la recepción de Larga Distancia superó toda expectativa, si tienes en cuenta que en un festival hay 150 películas para escoger, posiblemente mejores que la tuya. Si no hubiera despertado polémica e interés no pasaría de la segunda función. Ver aquellos cines repletos de público… No puede haber para nosotros mayor regocijo.

Evidentemente le interesa más sugerir que explicar. ¿Qué se propone concretamente con este primer largometraje de ficción?

Peter Brook, menciona en su texto ”La intuición sin forma”, que para que cualquier punto de vista sea útil uno debe comprometerse con él totalmente, defenderlo, incluso, hasta las peores consecuencias y es lo que hemos intentado hacer, ser coherentes con la historia que queríamos contar, en el momento histórico que la misma transcurre.

¿Cuáles son las características más significativas que distinguen a su filmografía hasta el momento?

Una intensa y creciente preocupación por la soledad del mundo contemporáneo, la sociedad en la que vivo, el goce y la agonía que son la existencia misma, el dolor y la dicha que es vivir. Construyo un mundo de imágenes dónde las ideologías, los viejos dogmas, las incomprensiones y las políticas no nos limiten la ilusión ser auténticamente libres.

¿Cuáles son sus proyectos para el futuro inmediato?

Continúo buscando financiamiento para otros dos viejos proyectos. El primero, Club de Jazz, versa sobre la maldición que supone en algunos sectores mediocres de cualquier sociedad, el talento en demasía y la veracidad de lo auténtico. Y Pincel con sangre, mi proyecto más ambicioso hasta la fecha, inspirado en pasajes de la vida de la pintora cubana-norteamericana Ana Mendieta: otra historia de desarraigos culturales y compromiso con el arte. Sobre el mismo, Susana Pous, coreógrafa de danza contemporánea y su grupo, hizo una versión de este argumento para danza y cine, que realizaré este mismo año. Doy los toques finales al proyecto de ficción Desorden, una versión de mi documental Existen. También homenaje a la novela Trastiendas, del desaparecido Miguel Collazo. Para mediados de este mismo año, intento filmar, de manera absolutamente independiente, Vacío, un proyecto de carácter más experimental, sobre la necesidad imperiosa del diálogo.

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