Actualizado el 13 de enero de 2012

Diálogos alternantes con Pedro Llanes Delgado

Por: . 12|1|2012

Pedro Llanes DelgadoDías atrás el villaclareño Pedro Celestino Llanes Delgado (Placetas, 1962), soportó con parsimonia el asedio continuo de amigos y seguidores de su trascendente obra literaria. No era para menos tras circular la noticia en medios digitales e impresos del Premio Internacional de Poesía Nicolás Guillén, convocado de conjunto por la Universidad de Quintana Roo, la UNEAC, la revista mexicana Río Hondo y el escritor azteca Jorge González Durán.

Con ese lauro se convirtió en el tercer nacido en la región central cubana que alcanza ese galardón tras las conquistas de Las sucesivas puertas, de Heriberto Hernández Medina, y De lo que se supone, de Arístides Vega Chapú. El hecho cultural demuestra, nuevamente, la valía literaria de la poesía como corpus viviente en la creación artística de una generación de escritores surgida hacia la octava década del pasado siglo.

Todos los despachos abordaron el galardón de Llanes Delgado desde el punto de vista noticioso. En el fondo muy poco se conocía sobre el contenido del libro En la isla de las velas azules, ganador de la XIV edición del Premio.

Los jurados, en su veredicto, al analizar más de setecientos poemarios procedentes del Caribe Hispano, Estados Unidos, Canadá, Europa, Australia, Sudamérica, África y Asia, aseguraban que el libro de Llanes Delgado contenía “originalidad e intensidad; combina verso y prosa. Es una obra con rasgos de actualidad que no reniega de la tradición”.

Sin embargo, el poeta, parco al fin, en un mutismo interior que lo caracteriza, nada reveló, hasta que la insistencia periodística lo sacó del confinamiento hogareño y lo conminó a responder un cuestionario incisivo en torno a las particularidades del texto poético.

Las respuestas no se hicieron esperar, y decantan el por qué un estilo discursivo y temático lo ha acompañado siempre desde que una vocación literaria lo enroló en una manera de decir narrativo, poético, teatral y ensayístico que incluyen a Llanes Delgado como uno de los escritores más originales y significativos del panorama literario cubano contemporáneo. Eso nadie lo discutiría, aunque casi a diario el creador prefiera su actuación anónima en una manera expresiva de componer versos y palabras cargadas de un gusto insistente por lo barroco, el intimismo y la soledad del hogar.

Desde esos pormenores persiste un hálito viviente en Diario del ángel; Sibilancia; Icono y ubicuidad; Sonetos de la estrella rota; Pequeña balada; El fundidor de espadas; Del norte y del sur; Poemas nocturnos para L.; Oscuros guerreros y Reja de Luz Vázquez y otros poemas de amor, libros que recogen una sustancia poética y narrativa deudora de la historia literaria clásica y cubana.

En Llanes Delgado confluyen los componentes simbólicos que, en ocasiones, tienden a un hermetismo solapado por el vaho íntimo en que reconstruye la vida y la muerte, la negación o la plenitud, como si afirmara con Heidegger que el ser “brota de la experiencia de la nada” dentro de la totalidad de la existencia reintegrada a un espacio ubicuo en que ronda la visión total del hombre que desea recorrer todos los posibles espacios que lo fulguran.

Como el poeta prefirió el diálogo por medio de la palabra escrita, y se sometió a un cuestionario previamente elaborado al azar y circunscrito a los pormenores de En la isla de las velas azules, libro ganador del Premio Internacional Nicolás Guillén, hago a los lectores partícipes activos del encuentro entre las preguntas y las respuestas.

Geovanis Manso Sendán, Pedro Llanes Delgado (al centro) y Luis Machado Ordetx durante una lectura de poesía en la Feria internacional del Libro, Villa Clara 2011 (Foto: Archivo del autor).—¿Cuáles temas aborda el libro?

—Mi cuaderno centra su atención en problemas existenciales, en la muerte de mi madre ocurrida a finales de diciembre de 2010. Es un homenaje a ella, como anteriormente a mi padre en Poemas nocturnos para L. Les he edificado una catedral de palabras efectivizadas que perpetúan lo significativo e inolvidable que son para mí. En la isla de las velas azules trato el tema de la muerte, la inercia y el estrés de la pérdida de manera parabólica, con discursos que pueden quedar sujetos a diferentes lecturas.

—¿Particularidades estilísticas y referentes poéticos?

—Este poemario mezcla la prosa y los versos, procura que no haya transición, aprovecha además los paratextos. Narro momentos importantes de mi vida afectiva, en él me permito ser áspero, a veces expresionista. A simple vista se nota que hay continuidad, concordancia con mi visión de las cosas. Pero, por otra parte, abandono de estilización, de retóricas que pongan distancias con respecto al receptor.

—El poeta se nutre de símbolos; recrea sus imágenes; se inmiscuye en “ese ir al encuentro”, del que habló Octavio Paz. ¿Por qué el “azul” y el sentido “islas” incluido en el título?

—Aquí sigo la tradición de las poéticas caribeñas que parten del relato de insularidad: Walcott en Omeros, Brathwaite, Davartige, Cage Florentiny, Virgilio Piñera, todo distinto y semejante, de acuerdo con la teoría relacional de Glissant. El color azul —Padilla decía de Lezama en uno de sus poemas que hasta el color azul parecía darle la razón— es trasvestido por mí en simbolizaciones menos exactas, de más tragicidad.

—Pedrito, siempre hablamos de puntos de contactos estéticos, temáticos y estilísticos entre la narrativa y la poesía en tu obra. Eso es innegable; un sencillo recorrido se convierte en aserto en que nada está quieto, sino en dialéctico ascenso. ¿Espero no equivocarme?

—Mi obra se comunica, sostiene diálogos alternantes. En Del norte y del sur (teatro) aparece el personaje Dolores, al igual que en la parte inicial de Poemas nocturnos para L. (poesía); Spíritu Santo (topos) se encuentra en El fundidor de espadas (novela), pero también en Poemas nocturnos para L. Mis poemarios y mi narrativa comparten lugares comunes, poseen semas y símbolos que a veces se corresponden porque engloban visiones de las cosas con tendencia a la contigüidad.

—Nietzsche afirmó que los griegos inventaron los vericuetos de la tragedia para mostrar un exceso de salud, de plenitud histórica. Sin embargo, hay una lógica en toda tu creación literaria que reduciría a una pregunta adicional. ¿Qué es la poesía en tu vida y también en la familia?

—La poesía indaga en lo existente e inexistente, hace de la realidad otra realidad donde aquella se reconozca, incluye la justicia, lo bello y lo bueno ¿no es parte de esto, la familia?

—Eres una persona inquieta; sumergida a una constante lectura; a un aprendizaje sin que imperen anarquías en los estudios y en la creación artística. ¿En qué proyectos literarios desandas ahora todas las preocupaciones?

—He escrito con mi esposa Silvia (Osiris Padrón Jomet) Entre el Atlántico y el Caribe…, unos ensayos sobre la caribeñidad y Breviario disperso (ensayo, también inédito). Pronto terminaré una novela infantil pero aún no la he titulado.

La idolatría nada tiene que ver con la perspectiva literaria del villaclareño Pedro Llanes Delgado. Todo su corpus literario se estructura a partir de una fidelidad; una manera de ser que comulga a cada instante en una caligrafía diminuta con la que teje todas sus pasiones de orfebre de aquellos hechos sorprendentes que acuden como asombros al “desgarramiento” íntimo. Ahí sumerge su inspiración creativa y se ciñe como guardián de una herencia poética que considera inclaudicable dentro de “fantasmas” que aprisionan los sueños del hombre.

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