Actualizado el 18 de febrero de 2012

Roly Peña:

Los jóvenes son el mejor público

Por: . 7|2|2012

Fotos: RichardRecién graduado de Dirección Teatral de Actores, Roly Peña actuó en el filme Una novia para David. Quizás muchas personas apostaron a que si había entrado en el cine allí se quedaría, pero a pesar de su juventud otro era el interés que lo motivaba: dirigir. Y aunque de vez en vez utilice la actuación “para liberar energías”, al cabo de un tiempo se ha situado como un director de ficción y documentales con el que se debe contar.

—Si empezaste por el cine ¿qué te llevó a abandonarlo?

—Yo venía de la Escuela de Dirección de Teatro. Un director demora más en hacerse. Siempre vi la vida dentro del arte como director. No tengo una visión actoral de un fenómeno dramático. Siempre tuve y tengo una visión como director. Y lo que un director realmente necesita es algún conocimiento de las distintas especialidades, no que sea un buen guionista, ni un fotógrafo, pero sí que tenga un gran conocimiento crítico para poder saber lo que quiere, y poder decir: esto no es lo que me conviene.

—¿Qué importancia le concedes ahora a la actuación dentro de lo que tú haces?

—La carrera del actor te da una autodisciplina muy importante. Un actor que realmente respete la profesión, desde que coge un guión, un texto, una obra de teatro, está obligado a estudiarla mucho, y después que la dominas, ir a buscar información de este personaje y de la obra. Se ha dejado de hacer el gran estudio del trabajo que uno va a interpretar: época donde se desarrolla la obra, la verdadera historia del personaje, porque casi ningún dramaturgo te la da. Esa la tienes que crear tú para justificar sicológicamente todo lo que está pasando con el personaje, y conocer bien el contexto sociopolítico cultural. Eso es algo con lo que yo cuento muy a favor porque aprendí la carrera de actor y la ejerzo todavía. Digamos que es mi relajación. Cuando estoy muy contraído en mi trabajo como director necesito actuar porque así descompresiono. La actuación te deja hacer algo que no pasa con la dirección, y es rebotar energía, botar energía.

—Tienes una gran producción para adolescentes. Dime por qué ha sido así y cuéntame de tus trabajos de dirección hacia este tipo de público.

—La primera dirección fue el making off de El eco de las piedras. Lo hice con un lenguaje para jóvenes. Tú sabes que en Cuba tenemos el conflicto con la novela de que hay un único público; ese es un problema serio, pues tienes que convencer a todos los públicos. Hay de setenta años, de ochenta, el ingeniero, el pobre, el no sé qué…, pero cuando yo hice el making off, fue para los jóvenes. Cuando tienes que hacer algo en una sociedad —es mi hipótesis—, al adulto le haces que acepte, pero no lo puedes cambiar. Tú cambias al joven porque está en plena formación. A partir de ahí es mi interés por los jóvenes. Me reconozco como un manipulador, como director, y si quiero imponer una idea en la que yo creo, prefiero trabajar sobre el joven, porque el adulto puede decir: acepto, pero no estoy de acuerdo, mas el joven no. El joven absorbe rápido, y es además el mejor amplificador que hay por problemas de energía. Para mí es el mejor público.

“En 1999 grabamos Enigmas. Después yo hice Sabor bohemio, Coco verde, que es una saga de Enigmas, y luego vino Deporte y amor. Pero mi primer trabajo como director en series, fue en el cuerpo de dirección de El elegido del tiempo, que me dio vista, porque arrancar con una serie como director sin haber hecho ninguna antes, ni haber estado en ese ambiente, conocer todos los problemas que trae, habría sido un fracaso. Puedes tener mucho talento, y si no dominas el oficio, todas tus posibilidades se pierden”.

—¿Por qué el policíaco? No solo tienes Patrulla 444, sino también Anonimato, un teleplay

—Para mí el policíaco es la propuesta que más te deja trabajar con el lenguaje moderno. Por su propio código, que es persecución, intriga, un poco de violencia… te deja trabajar; es decir, es un poco como el videoclip, que te da una libertad al expresarte. Aunque el público pone el lenguaje, acepta lo que tú le pongas. Cuando se lo repitas cuatro veces, lo entiende y lo acepta. Mientras que en las series dramáticas, para cambiarle su forma de contar la historia, tienes que tener cuidado y cambiar poquito a poquito.

“A la gente no puedes decirle ahora desde el principio: esto va diferente, porque no te lo va a aceptar. Al televidente no se le puede molestar, porque ese que tú tienes todos los días en tu casa, cuando asiste al teatro, sabe que va a enfrentarse a algo que él con voluntad va a ver. Después puede decir que no le gustó, pero no sale ofendido. El televidente sí se ofende; está dentro de su casa, es su espacio, es su tiempo y tú eres quien invade. Entonces, al cambiarle el lenguaje a ese público, tienes que hacerlo poquito a poquito… Es como la música. Vas educando al oído para escoger la música más compleja. Cuando vienes a ver, de lo que empezó a oír a lo que está oyendo hoy, la diferencia es abismal”.

—¿Qué sabor te dejó Patrulla 444?

—Muy bueno. Lo primero que voy a decir es que en las condiciones actuales de la televisión cubana, creo que ese tipo de proyecto se debe hacer así, en coproducción. Vamos a hablar de producción porque el dinero vale siempre. Aquí el ICRT puso el dinero, puso la técnica, y todo el dinero que el ICRT no tiene lo puso el MININT. ¿Quieres que te diga una cosa? Increíblemente fueron más receptivos los compañeros del MININT que los del ICRT; le daban más importancia, también es una obra que tiene que ver con su trabajo…

“¿Cómo haces un policíaco en un patrullero? Si el patrullero no investiga y eso es parte del policíaco: la investigación. Si el patrullero tiene el área limitada, cinco cuadras, y no puede hacer persecución. Ese fue el primer reto; y dijimos: vamos a hacerlo. Le empezamos a inventar sucesos a este patrullero bajo las condiciones del trabajo de la policía, en lo que ellos pueden participar, y les tocamos entonces un poco el tema personal. Tú sabes que la telenovela parte de ese chisme”.

—Asombra la cantidad de documentales que has realizado. ¿Por qué el documental?

—Es un problema de justicia. Con el documental quiero rendir respeto a los que nos antecedieron; porque, por ejemplo, tú me vas a hablar algo de Alberto Luberta… Hice el de Antolín el Pichón que después de un estudio consideré que era el único humor criollo que existía, gústele a alguien o no. Parte de ahí, de una opinión personal mía, de mi tiempo; porque el documental es también muy subestimado a la hora de producir; nadie lo quiere producir.

“La gente no le da el valor ni la importancia que tiene, porque una ficción sí pasa de época, un documental no. Una novela que fue un éxito en 1970, usted la pone ahora y no funciona; ahora, un documental con las palabras de un gran escritor, que grabó el ICAIC con una cámara fija y él hablando nada más, lo pones hoy y tiene la misma función de ayer. El documental tiene la fuerza histórica”.

—¿Cómo llegaste a Dos Ríos, el enigma?

—Yo estaba buscando temas de documentales. Eduardo Vázquez y yo nos habíamos propuesto hacer dos documentales: la clandestinidad en La Habana y la masonería en la primera revolución, en la de 1868. Tú sabes que todos los líderes eran masones. De eso se ha hablado poco. Estábamos en la Sociedad Cultural José Martí, donde investigamos… y ya Eduardo había tenido idea hacía tiempo del tema de Dos Ríos, y dijimos: como mismo estamos trabajando otros proyectos, también vamos a mover este, y salió Dos Ríos, el enigma. Ahora estamos trabajando en los amores de Martí, otra vez con Eduardo Vázquez como guionista.

—Con Dos Ríos, el enigma lograste romper un poco el dogma sobre Martí.

—Es increíble la aceptación de ese documental… Te estoy hablando desde disidentes profesionales hasta coroneles del MININT con la misma opinión. Valió la pena porque considero que la educación de nosotros debe ser muy sólida en el tema de Martí, en el aspecto político y también de cómo fue poeta, se enamoró, estuvo enfermo… Yo interpreté como actor a Martí, hasta que lo deportan.

Fotos: Richard—Afirmaste en un artículo: “No botemos el dinero, hay que parar, es lo primero de lo que tenemos que estar conscientes; no tenemos la capacidad de dar lo que necesita el pueblo, pues, bueno, pensemos cómo hacerlo. Si hay que parar, se para; pero lo que salga tiene que salir como es porque es más grave botar el dinero y no complacer a este pueblo”. Cuando dices “complacer al pueblo”, ¿no dejas espacio para los programas experimentales, para los que rompan con los códigos de la televisión?

—Ese no es el tema, porque la única televisión en el mundo que es experimental es esta. Aunque nos quejemos, es una televisión que nos permite experimentar. Yo hago un teleplay y desbarato la forma de comunicación, y a mí no me censuran en el ICRT; es decir, ese espacio existe: todo depende del realizador. En teleplay, cuento y teatro, en televisión, usted puede experimentar y nadie lo censura. Ahí está Piard, y así entiende él cuando hablamos a nivel popular. Rudy ha experimentado, el otro ha experimentado, y nadie lo ha criticado por eso. ¡Ah!, un crítico que dice: nadie entendió. Bueno, ese fue un crítico, pero la televisión como institución no ha censurado la experimentación; por tanto, yo no lo tengo como prioridad en mi discusión. La única televisión en el mundo donde puede haber un Piard es la cubana.

—Sí, pero cuando en el texto aludido, fuiste categórico al decir que es más grave botar el dinero y no complacer a este pueblo, englobas a todo el mundo. Te pongo un ejemplo: A capella siempre ha tenido un alto índice de gusto y no de teleaudiencia. ¿Se quita del aire?

—No, no, el problema es que en el momento en que yo digo eso, estamos hablando de telenovelas. La telenovela no es el espacio para el que estamos hablando aquí hoy, ¿no?

“Tenemos una telenovela para todo el público. Esto no es México, que hay una en la mañana para las amas de casa, otra en la tarde para el que trabaja, que son gente de cuarenta años, y tienes la de las nueve de la noche para los intelectuales. Aquí tú tienes una para que le guste a la ama de casa, al estudiante, al universitario, al médico… Entonces tiene que haber una gran investigación, y después decir: hay que gastar esta plata para esto, y hay que gastarla porque tú se la das; pero por una investigación seria. Decimos que la ropa tiene que ser así, esto tiene que ser así justificadamente, pero si usted gasta la mitad del dinero de otra forma, ¡botó entonces el dinero!, porque no cumplimos los objetivos”.

—Un creador me dijo que la televisión nuestra es culta pero aburrida. ¿Qué opinas?

—Considero que la programación nuestra es culta y la televisión de nosotros es aburrida. Lo mejor que tiene la televisión nuestra es su programación, siendo tan criticada, porque tenemos muchos enlatados buenos…. Por eso te digo: la programación es buena pero la televisión es mala, son dos cosas diferentes. La televisión que hacemos nosotros, incluso hasta los programas que hacemos mal, son programas cultos. Pero hay que verle también la parte aburrida.

“¿Y por qué es así? Porque el lenguaje de comunicación es muy viejo, caduco. Tú compites contra gente que está viendo DVD, antena; sin embargo, nuestra producción es mala. Es verdad que el país tiene que comprarles todo a los niños, y al avión para que entre el turismo y gane divisas, todo eso lo entiendo, pero ¿quién le pone de subtitular a un televidente: ‘esto me quedó mal porque no tenemos recursos’… Hagamos un programa bien, no veinte malos, porque si tú vas a construir tu casa con cuatro cuartos… para que se te caiga. ¿Qué hiciste? Botaste el dinero”.

—¿Qué tienes ahora en preparación?

Los amores de Martí, un documental, estoy loco por entrarle a eso, con Eduardo también como guionista… Ahora vengo de una reunión y en noviembre hay la factibilidad de una novela de 80 capítulos. De momento el título de producción es Vereda tropical.

“Tengo un espectáculo de cabaret, que grabé en DVD este domingo en La Cabaña. Es una idea que surgió después del Congreso de la UNEAC con el tema de cambiar de revolucionar un poco el cabaret cubano, por aquello de la crítica que siempre hemos hecho de que son los que exhiben las mulatas con las nalgas…

“Estoy preparando también un proyecto para la gente del programa Naturaleza, una ONG que hay aquí con tema ecológico. Debe ser para el Canal Educativo y quisiera convertirlo más o menos en lo que son los Lucas del videoclip; que sea el programa centro de la naturaleza en Cuba, donde haya festivales de videos, de pintura… Hay que concientizar a la población con el tema, pero no basta con la información, porque si no se convierte en un espectáculo, la gente no lo ve, y entonces sería aburrido, muy intelectual, pero muy aburrido”.

—Algo que yo no te haya preguntado y quieras decir sobre la televisión…

—Para mí, la televisión debería tener un curso de actuación para todos aquellos interesados o posibles actores de la televisión, porque tenemos muchos problemas… Es más fácil que la televisión haga anualmente un curso de seis meses para preparar actores en el oficio de la televisión, a que tú tengas un profesor de actuación para todas las escuelas de arte o en las Casas de Cultura. Para nosotros los directores, qué tranquilidad a la hora de hacer un casting, y para no tener que enseñar a los actores en medio de la producción, eso va contra la calidad y contra la producción.

“La televisión debería tener ese curso, que no es propiamente de formación de actores sino para crear el oficio televisivo en los actores.”

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