Actualizado el 2 de mayo de 2012

Ernesto Piña:

El arte es el medio ideal para sugerir y educar

Por: . 30|4|2012

Ernesto PiñaLa voz, pausada; el trato, afable. Pero siempre absorto en su trabajo, en su pasión. Pareciera que cada segundo le resulta exiguo cuando se trata de construir un personaje y un guión. Y es que existe en sus obras ese placer que solo produce el acto único, puro y grandioso de contar una historia. Sobre todo, dirigida a un público tan exigente como los niños.

De sus estudios de Diseño y Pintura en la Academia de Ballet y Artes Plásticas de Camagüey, pasó al Instituto Superior de Arte (ISA), donde amplió sus conocimientos sobre el lenguaje de la plástica. Sin embargo, la manifestación no satisfacía sus ansias creativas. Se convirtió en una necesidad desbordar los marcos del cuadro, quebrar la rigidez del lienzo. Era urgente un cambio de soporte y así comenzó a experimentar en la tecnología digital.

Durante su estancia en el ISA nacieron sus primeros trabajos. Desde entonces, y sin obviar las útiles herramientas que obtuvo en la academia, el animado devino su medio de expresión, su canal para exteriorizar sus ideas. Las jerarquías legitimadas, los prejuicios y las actitudes arcaicas en el comportamiento de los padres hacia los hijos, los problemas de la pubertad, pero sobre todo las relaciones humanas han sido el sustento temático de sus entregas.

A este joven realizador le complace el riesgo, la ruptura de los convencionalismos, hablar “sin pelos en la lengua”. Si a ello añadimos su reciente vocación por los Wajiros, no habrá duda de que me refiero a Ernesto Piña Rodríguez. En su oficina de los Estudios de Animación del ICAIC nos refiere sus experiencias, y de paso, responde otras preguntas acerca de la producción audiovisual de la institución y del uso de los nuevos medios.

—¿Cuáles fueron los inicios de Ernesto Piña en el mundo de la animación?

—Primero dibujé empíricamente; la gente a mi alrededor decía que tenía aptitudes. Luego me conecté con el mundo del cómic y las artes plásticas porque, además de que me gustaban, sentía que el conocimiento de cada una de esas disciplinas completaría mi formación. Aquí en Cuba no se estudia la realización de historietas, eso lo aprendí en talleres de la UPEC que mi madre me buscaba porque veía que me gustaba hacerlas por mi cuenta. Más adelante fui a Camagüey a estudiar Artes Plásticas, y el conocimiento académico que gané lo volqué después experimentando la animación en el ISA, y me he mantenido animando hasta ahora, porque realmente este es el medio de expresión artística que más me enamora. Contiene a todas las demás manifestaciones en el proceso de realización de un solo producto.

—¿Cuál fue tu primer trabajo?

—Comencé haciendo algunas obras un poco más experimentales como Sentencia subterránea y Alas de libertad, este último un videoclip que le realicé a un grupo musical, llamado Hojarasca, que ya no existe. Fue exhibido en Lucas y nominado incluso al premio que da ese evento. Más adelante hice EME-5, polémico pero simpático. El público me agradeció haber tocado la temática del transporte urbano comparándolo con el animado Voltus V, que tocó muy de cerca a los de mi generación. Luego Todo por Carlitos me hizo más popular y me consagró; fue el animado que hizo que la Industria se fijara más en mí, en el loco que estaba haciendo muñequitos por su cuenta.

“En el ISA finalicé con una tesis fuera de los parámetros de arte que tenía en ese momento la Facultad de Artes Plásticas. Realicé un animado llamado ERPIROMUNDO, que precisamente abordaba el tema de mis conflictos como estudiante de arte. Esta obra se conectaba con tópicos que han tratado los artistas a lo largo de la Historia del Arte, en este caso es el Autorretrato, y al mismo tiempo la obra de animación transgredía los conceptos de arte promovidos por la academia. El animado sugiere, en cierta medida, que el arte de hoy no tiene fronteras entre las manifestaciones, siempre y cuando haga un buen uso de ellas desde el punto de vista formal y conceptual”.

Ernesto Piña—La idea original de la serie Pubertad fue de Mariela Castro, pero, ¿cómo la concebiste como director?

—Cuando hablo de la serie Pubertad no puedo desligarme de la Industria, porque además de que nace desde el ICAIC, también el mismo condicionó mi concepción artística de este gran proyecto. La serie se pensó siempre para la Televisión, esa es su ventana de exhibición por excelencia, por eso los diseños se prepararon muy sencillos, con colores llamativos, contando con el público al cual va dirigida, o sea, los púberes.

“La compañía de teatro infantil La Colmenita nos sirvió como termómetro para la creación de los personajes, sus historias, las que nunca quisimos que fueran ladrillos didácticos. Siempre se pensó en el lenguaje cinematográfico para realizar los guiones. Para las voces iniciales fueron elegidos nueve actores de La Colmenita; luego se sumaron más a medida que fueron creciendo los capítulos. Estos muchachos aportaron mucho en la búsqueda de diálogos creíbles, sin caer en la jerga popular y al mismo tiempo respetando el idioma castellano, sin dejar por ello de reflejar la manera de hablar del cubano.

“En términos de producción se pensó en un sistema viable para la realización. Se trabajó la animación de forma limitada, algo que aligeró los costos de y agilizó el cronograma de entrega de cada capítulo. Conceptualmente es un proyecto interesante, osado y atractivo. No es una serie solo para los púberes, también para los padres, tíos y abuelos, que han encontrado en ella una base material de estudio para enfrentarse a su propia vida”.

—¿Por qué emplear una técnica como el Flash para trabajos tan diferentes como El Propietario y Pubertad?

Flash es un programa de animación, una herramienta. Aunque sí creo que condiciona en el acabado de la imagen final del animado que se haga con él, me atrevo a decir que no es un problema. Funciona en dependencia de los intereses del creador. Tanto El Propietario como Pubertad funcionan. En ambos casos lo más importante es lo que cuenta el guión, y la propuesta visual está en función del mismo.

—Como espectador percibo en tus trabajos una intención didáctica, educativa ¿Cómo se pensó el guión de Pubertad para que los episodios lograran este objetivo, sin ser moralizantes?

—En Pubertad te aseguro que los guiones siempre se pensaron para que el público se llevara un mensaje educativo sobre ese momento importante en la vida del ser humano. La realidad que se propone en la serie es una realidad soñada. No interesó recrear la realidad hostil y muchas veces cruel, mal educada, chabacana y chanchullera que tenemos. Pubertad va contra esa cruda realidad aunque no la ataque directamente. Pensamos que el arte es el medio ideal para sugerir y educar sobre las temáticas de la vida —en este caso específico la pubertad—, pero hemos llegado al punto de combinarlo con temas más universales. Sabemos que tenemos muchos problemas a nivel social. Hacer catarsis es una variante para combatirlos, pero no es el caso de esta serie. En el fondo de todo lo malo hay algo bueno, eso es lo que más nos importa expresar en cada capítulo. A veces se tocan los temas con ingenuidad, pero te aseguro que es totalmente intencional.

—¿Cómo conformas un personaje?

—Eso es complejo de explicar. No tengo una manera específica o una regla para eso. Depende de la historia que vaya a contar. Siempre hay que crearle características psicológicas y su vínculo con la sociedad. Luego se le hace un diseño físico que se corresponda con lo anterior. Y así es para todos, tanto para los buenos como para los malos de la película.

—¿Cómo escoges a los actores?

—Eso es otro misterio. A veces se piensan desde el guión y a veces no. Depende del personaje. Uno recuerda algún que otro actor o actriz por su voz y hace comparaciones con el personaje diseñado en físico. Pudiera hablarte de varios ejemplos pero voy a referirme a dos: En Wajiros fue complejo desde el inicio. No podía encontrar a los actores que yo quería porque estaban fuera de Cuba o porque tenían compromisos de trabajo en el momento de mi llamado; pero no me arrepiento del elenco. Los actores elegidos fueron desde los más conocidos hasta los nuevos que empiezan. Hicieron un trabajo espectacular y les agradezco infinitamente.

“En el caso de los protagónicos de Pubertad —como te comenté—, fue una selección de niños de La Colmenita, pero para los actores adultos que darían voces a los padres, tíos y abuelos, la Industria quiso llamar a grandes actores de la televisión y de la cinematografía cubana. Eso le dio mucho prestigio a la serie. En general el elenco es de lujo”.

—¿Cuáles han sido las mayores influencias que han nutrido tu trabajo?

—He crecido viendo muchas películas y animados. El cine siempre ha sido mi pasión y creo que tengo mucha referencia visual de lo que consumía y consumo actualmente. Siento que le debo mucho a los animados japoneses, rusos, checos, y polacos que veía en los 80 y parte de los 90, pero al mismo tiempo hay influencia de los animados cubanos; me nutro de la manera de construcción de las puestas en escena y del uso del humor dentro del guión, tratando de darle mi toque personal. Como artista que explora constantemente, nunca quedo conforme.

—¿Existe una estética en el trabajo de Ernesto Piña?

—El público te pudiera decir mejor que yo. Según me cuenta la gente, dicen que logro una estética diferente y cuento historias originales. Lo que siempre intento es que la parte artística resulte lo más acorde posible con lo que estoy contando en el guión.

—¿Qué posibilidades han brindado las nuevas tecnologías a la animación?

—Muchas posibilidades. Sin los avances tecnológicos en los nuevos medios no hubiera avanzado la animación, no se hubiera podido superar en aspectos técnicos. Pienso, por ejemplo, en el desarrollo que ha habido en la animación 3D. Sin la tecnología actual no se hubiera podido materializar en cine nada de esas asombrosas películas que hacen PIXAR Animation, Dreamworks, o una de las más recientes, dirigida por Spielberg y basada en Tin Tin —el personaje de cómics—, que llega al extremo de confundir al público en cuanto a si se trata de animación o de ficción filmada.

“Todavía nos falta mucho por andar en el saber usar las grandes posibilidades artísticas que brindan las computadoras. También sucede que muchas veces en la Industria los cronogramas de producción no se corresponden con las intenciones artísticas de los creadores. Además considero que, más que las posibilidades artísticas que brinda la tecnología, en el caso de la animación lo más importante es tener una buena historia que contar, una idea interesante”.

Ernesto Piña—¿Qué opinión tienes acerca de la producción de los Estudios de Animación del ICAIC?

—Es una pregunta difícil de responder. Tengo una relación directa con la Industria y siento que me atrae y le debo porque da motivaciones para llenar mis lagunas sobre el género de la animación. El ejemplo que siempre cito es la serie Pubertad, que me dio la posibilidad de crecerme más como realizador, me dio oficio, me conectó con una manera muy industrial de hacer animación y de como lidiar con diferentes instituciones.

“Al mismo tiempo siento que no estoy de acuerdo con el sistema de producción y con algunos aspectos de la política conceptual que tienen los Estudios de Animación. No quiere decir que no lo cumpla cuando me toque, pero creo que deben renovarse los conceptos de producción y, sobre todo, que se abran mucho más a las temáticas actuales y le den más chance a la experimentación. Hay mucha producción de los jóvenes. Existe un grupo muy reducido que apuesta por lo interesante artísticamente, buscando lo novedoso. Pero hay otra mayoría cuyos proyectos están demasiado cercanos a los animados foráneos. En otros casos se ven nuevos por la tecnología y se les nota un poco de vejez desde el punto de vista del concepto.

“Cuando comencé a hacer Sin pelos en la lengua, soñé que podía convertirlo en una producción de los Estudios como lo logramos con El Propietario. Es una lástima que la política de concepto de la Industria no esté de acuerdo con muchas de mis ideas que al final terminan en una producción independiente. Sería muy interesante que el ICAIC valore la posibilidad de hacer obras de este tipo también”.

—¿Por qué crees que no se visibiliza más la producción de los Estudios de Animación del ICAIC en la televisión nacional?

—No puedo responder a eso. Mejor pudieran hablar los responsables que se encargan de la distribución en el ICAIC y la Televisión Cubana.

—Desde hace varios años se han venido premiando diferentes trabajos de animación, tal fue el caso de 20 años, y tu trabajo también ha sido reconocido. Recibiste un premio en la Muestra debido a tu corto El Propietario ¿Qué marcó en ti ese reconocimiento?

El Propietario marcó un punto de giro en mi carrera y me parece que también dentro de las producciones de los Estudios de Animación. Hablar de la Muestra Joven siempre me da alegría; ese espacio es como una madre para todos los jóvenes realizadores de todos los géneros cinematográficos. Nos hemos convertido en los representantes inmediatos del nuevo cine o audiovisual cubano. La Muestra es nuestra, y la defenderemos a capa y espada. Ese premio, tanto para mí como para el otro director, Wilbert Noguel, fue muy especial. En lo profesional me dio más seguridad y mucho aliento para creer en lo que estaba haciendo.

—¿Qué te impulsó a realizar Wajiros?

Wajiros es otro de los animados que yo quiero mucho. Me gustaba la idea de hacer algo que tuviera que ver con el campesinado cubano, porque tengo sangre de guajiro: mi padre es de Camagüey y yo he vivido mucho tiempo allí. Como me motiva la tecnología, quise hacer una combinación de eso con una historia de amor. A través de este animado también hago un homenaje a las parrandas de Remedios y Camajuaní. Eso es lo que salió en Wajiros. Ha sido la obra que más trabajo formal ha tenido, si la comparo con las anteriores, aunque su guión es de los más sencillos y tradicionales que he realizado.

—¿Cuáles son los proyectos futuros de Ernesto Piña?

—Estoy trabajando en un corto animado que tiene como título de producción La visita del moscón. La idea se basa en la leyenda local que dice que cuando una persona ve un moscón en su casa es porque va a llegar una visita. Ya estoy trabajando en la animación del proyecto y diseñando personajes. Continúo con mi habitual equipo de realización, pero esta vez invité a diseñar conmigo a un nuevo colaborador, Jorge Pentón, uno de los jóvenes dibujantes con alto nivel artístico que promueve los Estudios de Animación.

“A largo plazo estoy preparando mi primer largometraje titulado Proyecto Anti-Ciclón. Tiene como temática el uso de la energía alternativa, en este caso la eólica. El guión lo estoy trabajando junto con Felipe Espinet, gran amigo y profesional, y contaremos una historia de Ciencia Ficción ligada con humor, espionaje y aventura. La estética será mucho más trabajada, pero sin perder la esencia de mi trabajo, que al final es lo que el público ya conoce y agradece.”

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