Actualizado el 30 de mayo de 2012

Con Adrián López:

ANIMAndo el panorama audiovisual cubano

Por: . 28|5|2012

Adrián López. Foto: Ailyn Martín PastranaLuego de demostrar lo que para muchos era una utopía: hacer dibujos animados en provincia, los Estudios ANIMA —filial de los Estudios de Animación ICAIC en Holguín— han dejado de ser un ejemplo exótico dentro del panorama cultural cubano para convertirse en referencia obligada. Con el estreno de Abdala: el retorno de los señores de Xibalbá (2011), los escépticos se convencieron de que cuando talento y empeño convergen, se derrumban las ideas preconcebidas.

Con la premisa de mostrar una estética diferente, alejada de los localismos que imperan en el audiovisual cubano, el grupo creativo apuesta por temas universales. En estos momentos trabajan en Caupolicán —segundo cortometraje de la serie Oros Viejos— y además, tienen a cargo la animación de la coproducción venezolana-cubana Kaporito, el guardián de la montaña, dirigido por la carioca Viveca Baiz.

Con Adrián López, realizador y fundador de los estudios holguineros, conversó en exclusiva El Caimán Barbudo.

Abdala y Caupolicán forman parte de la serie Oros Viejos, ¿cómo se conectan las historias?

Caupolicán cuenta la historia de un hombre muy seguro de sí mismo, cuya prueba es vencer su propia vanidad. Él es fuerte físicamente, pero débil de espíritu: esa es la moraleja. Será una historia de veinte minutos aproximadamente. El próximo capítulo será sobre la leyenda de Quetzalcóatl.

“En Abdala muere un Itzá —especie de sacerdote o sabio— y hay que elegir a un sustituto; Caupolicán es sencillamente la elección de un héroe guerrero. La historia comenzará en la plaza donde se realiza la prueba. Al final, el protagonista vence sus propios miedos y el Quetzalcóatl le dice: ‘No busques la fama, porque toda ella cabe en un grano de maíz’. Sigue la misma estética de Abdala, con la ventaja de que ya mandé a mejorar los diseños de personajes. Los capítulos comparten los ambientes de la época mesoamericana. La idea de la serie no es recrear una cultura específica, sino todas, porque lo importante es la historia americana”.

—Actualmente impartes un Taller de Animación en la Escuela de Arte de Holguín, ¿qué hacen allí exactamente?

—Es un Taller de Animación de dos años de duración. No sé si les enseño cómo debe ser, pero al menos les meto el diablo en el cuerpo. En sentido general abordamos las técnicas básicas de animación, algo de postproducción, 3D, Photoshop… Vienen al estudio a hacer los trabajos conceptuales, lo que se llamaría “animación experimental” —que no es videoarte, porque es pura animación.

“La idea es que formen parte de ANIMA una vez graduados. En estos momentos somos diecisiete animadores y también contamos con grupos de apoyo en Puerto Padre, Santiago de Cuba y Granma. Ellos tienen otros trabajos y se suman a lo que hacemos aquí, en dependencia de las necesidades productivas”.
Boceto de "Abdala"

—¿Crees que sea necesario crear una Escuela de Animación en Cuba, o implementarla como una especialidad dentro de las Escuelas de Arte?

—El ICAIC y el ICRT, cada uno por su lado, han desarrollado sus escuelas de animación, pero como especialidad no se ha constituido. Si queremos que en Cuba haya un movimiento de animación fuerte debe existir en nuestros centros de formación, tanto en el nivel medio como en el superior, la especialidad de Animación, que no es postproducción y tampoco efectos visuales, ni siquiera videoarte. Estas especialidades beben de la animación, pero no existirían sin buenos animadores.

“Hay que tomar la experiencia de los que han desarrollado la animación y convertirla en una metodología para aprender; es necesario pasar por todas las escuelas, tanto nacionales como foráneas. Para llegar al cubismo la vanguardia pasó por la rígida academia…”

—Todo lo que me comentas influye en el desarrollo del animado en la Isla, pero además de la producción es necesaria la unión, tener objetivos comunes. ¿Qué piensan hacer con respecto a esto?

—Tenemos la ambición de hacer un Festival de Animación en Holguín, al cual invitaremos a los grupos creativos del Oriente, además de un grupo de anime de Camagüey y mis alumnos de la Escuela de Arte de Holguín.

“La idea es agrupar trabajos experimentales, sin importar tendencias ni estilos: solo que sean animaciones. No queremos condicionar nada; primero lanzaremos una convocatoria para ver a cuántos les interesaría participar. No habrá eventos teóricos, ni conferencias. Creo que ese primer evento sería para sentarnos todos y decidir qué vamos a hacer a partir de ahí; pensar en cómo establecer un mecanismo que permita coexistir a la producción de la industria con la que se está haciendo de manera independiente a lo largo de todo el país.

“Eso podría cambiar el panorama del animado en Cuba. Todo lo que hagamos en ese sentido ayudará a crear una producción audiovisual que satisfaga al público joven.”

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