Actualizado el 11 de mayo de 2012

Rey Montalvo:

Hacer canciones y trabajar paciente

Por: | Fotos: . 9|5|2012

Rey Montalvo. Foto: RichardAlguna vez escuché a Rey en Matanzas y realmente me impresionó su preocupación lírica y el gran escudo de su sencillez. Ahora que ha estado perfilando en la EGREM su primer disco, de la mano de Emilio Vega, he aprovechado para hacerle unas cuantas preguntas.

Los primeros antecedentes que conozco me llegaron, por las historias que contaba mi padre en mi niñez, de sus tíos Lázaro Carrera, saxofonista, y Rafael Artiaga Carrera, trompetista, que fueron alumnos de Rafael Somavilla. Y otra de sus tías cantaba mientras trabajaba en la limpieza de la casa vecina a donde ensayaba Enrique Jorrín. Hoy, muy anciana y ciega, se lamenta de que su abuelo no la dejara acceder a la invitación de Jorrín para convertirse en cantante profesional, y me estimula a seguir en la música.

Mi familia paterna es de Cárdenas, “la Ciudad Bandera”. Allí mi padre estudió guitarra en el Conservatorio de Música con el profesor Ricardo Mederos. En mayo de 1975, él se afilió al Movimiento de la Nueva Trova en Matanzas con el grupo Tehuantepec. Dirigió el grupo Amistad e integró, simultáneamente, el trío Nueva Era, que en 1982 obtuvo el primer lugar en aquel desaparecido programa televisivo Todo el mundo canta.

Cuando en 1992 funda el Trío Madrigal, todavía en activo, recuerdo que mostraba orgulloso a su hijo de tres años tocando la clave cubana y las maracas… Esa fue mi primera incursión en la música: el cuarto integrante de un grupo que interpreta trova tradicional

Aprobé el ingreso a la Escuela Vocacional de Arte de Matanzas en la especialidad de piano. Pero solo estuve dos cursos, no tenía constancia en el estudio del instrumento y por esos años prefería disponer de mi tiempo para jugar a los soldaditos o creerme escritor de aventuras y novelas.

En 1994 se fundó el grupo teatral Las Estaciones, dirigido por Rubén Darío Salazar, y al año siguiente comencé a trabajar con ellos. Actuaba y cantaba, una faceta que exploté bastante entonces.

Además del teatro, me llamaban para participar en programas radiales infantiles en la emisora provincial Radio 26; y en los años siguientes, en programas del Telecentro de Matanzas. Recuerdo el Soy feliz, Mi juego musical y por último Barquito de papel, con el personaje del inspector Ramón, donde usaba bigote postizo y era muy divertido.

En el Preuniversitario todavía soñaba con la actuación, y fundé junto a dos amigos un grupo humorístico, A Sangre Fría. Escribíamos nuestras obras y así ganamos algunos premios de artistas aficionados de la FEEM. Pero no era ni buen actor, ni chistoso.

Tenía 14 años en el décimo grado del IPVCE Carlos Marx de Matanzas. Allí escuchábamos mucho las canciones de Carlos Varela y algunas pocas de Santiago Feliú; en los pasillos del preuniversitario, en los tiempos libres, los alumnos de más edad tocaban en la guitarra esos temas musicales de la trova. Recuerdo que empezaba a impactar en la juventud el dúo Buena Fe… Como tenía una vieja guitarra en casa, aproveché la coyuntura y le pedí a mi padre (que había retornado a Cárdenas con su segundo matrimonio y mi primera hermana) que me dibujara acordes simples en un papel, para aprender aquellas canciones.

Cuando terminábamos la docencia, me enclaustraba con mi guitarra en algún rincón del albergue, inventaba melodías con los acordes sencillos y les pensaba una letra… Fueron mis primeras canciones y las únicas que toqué en mi instrumento. Entonces no me entendía trovador, ni siquiera mis compañeros de aula conocían que tocaba la guitarra y menos aún que hacía canciones.

En el Servicio Militar los otros reclutas aprovechaban el tiempo escuchándome cantar, mi primer público. Ejercían su derecho a opinar, y nunca faltaron los que me pedían canciones de Silvio o Pablo, pero yo no pude complacerlos.

En el año 2006 comencé a trovar en serio en la Suerte de Cangrejos, una peña de Cárdenas cuyo puntal alto era Tony Ávila. Siempre interpretaba mis composiciones y fui para algunos un trovador.

Aunque soy de Matanzas y allí vivo, me inicié en Cárdenas, donde el movimiento trovadoresco entonces era amplio. El Museo a la Batalla de Ideas auspiciaba la Suerte de Cangrejos, y allí conocí a Vicente Feliú, Pepe Ordás, y otros que llegaban mensualmente a compartir sus canciones. Las trovadas eran largas, las madrugadas y los parques propiciaban las descargas después de los conciertos y era un medio de socializarse con otros semejantes.

La AHS en la ciudad de Matanzas retomó su labor de divulgar la Trova matancera y de toda Cuba —recuerdo que era el Aniversario 35 de la Nueva Trova—; y se fundó el 1 2 3 Trovando, espacio en la sede de la asociación donde ofrecí mi primer concierto, antes de iniciar mis estudios en la Universidad de La Habana.

En Cárdenas comenzaron a celebrarse encuentros provinciales de trovadores. Allí conocí a Mayito, del municipio Jagüey Grande, un trovador escondido en su tierra y su humildad, con canciones tremendas; a Alieski Pérez, graduado de la Escuela de Instructores de Arte, pinareño naturalizado matancero, con una obra interesantísima; y a Carlo Fidel, universitario como yo, con una increíble destreza en la guitarra y un lirismo envidiable en sus melodías; entre otros.

Rey Montalvo. Foto: RichardMatanzas fue otra vez cuna de innumerables peñas, fundadas por nosotros mismos. El apoyo de valiosos trovadores como Lien y Rey, Tony Ávila y Raúl Torres; de instituciones como la AHS, el Centro Provincial de la Música, la Dirección Provincial de Cultura y el Museo Palacio de Junco, consolidaron este novel movimiento. Llegamos a fundar un proyecto, Mástil de Guitarra, e hicimos giras por los municipios de la provincia.

En La Habana, amigos de la universidad me instruyeron sobre el movimiento trovadoresco en Santa Clara (y fuimos a El Mejunje alguna vez, a vivir experiencias de incalculable valor); conocí a Silvio Raúl Torres, que se incorporó al cúmulo de trovadores jóvenes en Matanzas. Visité conciertos en el Centro Pablo, en el Centro Hispanoamericano de Cultura, las peñas en el patio de la EGREM, así me llegó la Trova que se hace hoy en toda Cuba.

Cantaba en un Festival de Artistas Aficionados de la Universidad de la Habana y allí tuve un segundo encuentro con Silvio Rodríguez, en el año 2010. Ya había participado en su expedición por las prisiones en el 2008, cuando estuvo en Matanzas, pero el contacto lo establecimos en aquel Festival de la FEU. Silvio escuchó algunas grabaciones mías y me propuso trabajar en un disco, ¡mi primer disco!

La selección de temas fue una labor minuciosa. Es un disco de presentación, todos lo tuvimos bien claro; quisimos encontrar una variedad para conformar la personalidad de mi incipiente obra, sin menospreciar o sobresaltar ninguna canción. Inicialmente reunimos dieciocho composiciones, de mediados del 2009, finales del 2010 y solo una del 2011. Decantamos hasta establecer las doce definitivas.

En marzo de este año iniciamos la grabación en el estudio 101 de la EGREM, en San Miguel y Campanario, legendario y mágico. La producción musical a cargo del entrañable Emilio Vega. Entre los músicos que se incorporaron al proceso están Raúl “El Chino” Verdecia (guitarra acompañante), Rolando Luna (piano), Efraín Ríos (tres), Oliver Valdés (drums), Andrés Cuayo (percusiones), Héctor (Pepo) Herrera (clarinete) y mi padre (cuatro venezolano y coros). Se vivió el proceso del disco con mucha energía, con ganas de comerse el mundo. Todos los músicos, con Emilio Vega a la cabeza, conformamos un ambiente favorable a la creación y al trabajo meticuloso, siempre con tranquilidad y buena onda.

Me considero afortunado, a la vez más comprometido con mis creaciones y el público —sea minúsculo o grande— que las prefiera. Soy trovador como cualquier otro que así se considere: dispuesto a cantar donde pueda sembrar valores positivos, sentimientos y pensamientos críticos con este tipo de canción peliaguda y amante de su tiempo y sus memorias.

El disco como producto terminado, indiscutiblemente, es un impulso para mis composiciones que reflejan juicios valorativos y sentimientos hacia una mujer o fenómeno social determinado. Más personas tendrán acceso a mis canciones y espero que les aporte algo nuevo. Me gustaría que polemicen, que descubran cuánto de similitud o no hay en su vida respecto al mensaje que transmiten.

Cuando en octubre de 2011 la Editorial Vigía de Matanzas publicó mi primer libro de canciones, con una selección de veinticinco textos y once partituras, extrapolé mis sentidos creativos al trabajo del disco, no hubo vacío entonces.

El panorama por esos días fue distinto. Antes del inicio de las grabaciones para el disco, escribía canciones todas las madrugadas y las compartía con mi familia a la mañana siguiente. Al iniciar el trabajo con la mezcla, escuchaba el resultado final y lo descubría inalcanzable para próximos proyectos. ¿Después de esto qué? Demoré dos semanas en hacer una canción.

Personalmente, el principal proyecto creativo de todos los tiempos tiene que ser el hacer canciones y trabajar paciente, eso es lo único que depende de mí. No puedo pensar en próximas grabaciones o en grandes conciertos, ni entrevistas, eso, como la suerte, lo mueven los vientos.

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