Actualizado el 28 de mayo de 2012

Hander Lara:

Toda obra de arte es política

Por: . 26|5|2012

Hander LaraLa caída desde una rampa de gran altura, el aventurarse hacia el vacío, la conformación de una exposición, acciones todas en las que el vértigo se encuentra contenido, cercano. Sin embargo, existe una sensación subyugante en el riesgo, en el caminar por la cuerda floja. En esta Oncena Edición de la Bienal de La Habana, hay un joven que dio este salto de fe.

Su vocación por el arte lo llevó a cursar estudios en la Academia de San Alejandro, luego en el ISA, y finalmente completó su formación mediante una beca en Suecia. Si bien la influencia en cuanto a las posibilidades expresivas del arte le llega desde muy cerca, debido a la dedicación de su padre a la escultura, él prefiere no ser encasillado en género alguno.

En su obra la fotografía ha cumplido un papel preponderante a la hora de indagar en los espacios e intersticios entre el objeto tal cual lo concebimos y la singular función que adopta en sus piezas. A propósito de estas experimentaciones, el año anterior presenciamos su exposición Land-escapes, en la galería Rubén Martínez Villena. 

La producción de este artista incita a repensar los lugares, las nociones preconcebidas que tenemos del paisaje. Si revelamos que su más reciente exposición lleva por título El lugar de todas las cosas, muchos descubrirán que se trata de Hander Lara. En La Cabaña, en el Pabellón G-4, nos comenta acerca de sus creaciones y, de paso, nos ofrece sus opiniones sobre el carácter de la obra de arte en el contexto contemporáneo.

—¿Cómo surge en ti el interés por el arte?

—Digamos que ese gusto vino casi en mi mapa genético, pues mi padre, Tomás Lara, es escultor y desde pequeño crecí viendo arte, visitando exposiciones, correteando por los talleres del ISA… En fin, que ese mundo me fue cultivando una sensibilidad aún cuando ni siquiera pensaba dedicarme a ello. De niño siempre me gustó dibujar, pero no fue hasta la adolescencia cuando decidí seriamente que quería estudiar arte y dedicarme profesionalmente a esta labor.

—¿Cuáles fueron tus primeros estudios?

—Verdaderamente mis primeros estudios los tuve en casa, pues aunque mi padre nunca me condicionó a tomar este camino sí se interesó por crearme habilidades manuales. Luego de comunicarle mi decisión de querer estudiar seriamente comenzó a prepararme para los exámenes de ingreso a San Alejandro. Allí estudié cuatro años, terminé con título de oro y posteriormente cursé estudios en el Instituto Superior de Arte (ISA), graduándome con igual condición. En el último año de la carrera obtuve una beca de estudio en el Royal University College of Fine Arts en Estocolmo, Suecia, y luego de graduarme del ISA cursé un Postgrado de Producción Simbólica en la misma institución, donde desde el año 2009 me desempeño como profesor.

—En septiembre del pasado año presentaste en la galería Rubén Martínez Villena tu exposición Land-escapes, en la que mostraste un conjunto de escenarios inusuales, a través de las posibilidades que brinda la fotografía para manipular los objetos. Coméntame sobre ello.

—Con esa muestra pretendía recoger un grupo de obras pertenecientes a esta misma serie, algunas realizadas durante mi beca en Suecia y otras aquí. En estas piezas construía una suerte de paisajes que en realidad no respondían a un contexto específico, no los asumía como una referencia visual de un contexto determinado, sino que estaban más conectados con el concepto de “no lugar”, donde se mira y se está sin estar propiamente. En esos trabajos de alguna manera recuperaba los “no lugares”, pero desde mi ambiente más próximo, haciendo como una operación de etnógrafo de lo cercano. Resultaban imágenes híbridas que buscaban desplazar las fronteras de lo “posible” desde la capacidad connotativa del arte. Espacios que movían más al ansia de lo distante, lo sorprendente o lo desconocido, originados por el interés de confrontar lo particular con lo universal, una propensión a manipular los objetos de la forma más insólita posible. A partir de la observación precisa de un detalle irrelevante, sustraído de su entorno y distanciado, hacía emerger las múltiples sutilezas que lo pueblan y lo hacen único.

Instalación de Hander Lara en La Cabaña—En esta oncena edición de la Bienal te encuentras en La Cabaña, en el Pabellón G4, con una muestra, El lugar de todas las cosas, donde expones fotografías, dibujos y una instalación. El contraste entre la foto en blanco y negro y la foto a color genera una visualidad muy atractiva. Además están contenidas unas cuantas propuestas muy interesantes desde el punto de vista formal y conceptual. Cuéntame, ¿cómo concebiste la exposición?

—En esta muestra me interesa abordar la noción de lugar y la significación que tiene para mí, como insular, desde su dimensión simbólica. Considero que los lugares pudieran ser apreciados como los recipientes de “lo humano”, y aunque hogar y lugar no son sinónimos, este último posee siempre algo de hogar dentro de sí; creo que en la frialdad de estos tiempos el concepto de lugar conserva cierta calidez. Es por esta razón que me interesaba, en esta exposición, aproximarme a la noción de lugar desde diversas aristas, manifestar que esa búsqueda incesante de un sitio deviene en búsqueda de un espacio donde permanecer, al cual aferrarse, y ello fue potenciado a través de las diferentes series y obras.

“Como conoces, mi trabajo está estrechamente relacionado con la noción de paisaje, entendido precisamente como un lugar visto desde la distancia. Por ello, he emprendido un ejercicio de cuestionamiento desde el punto de vista formal y conceptual para abordar un género tan antiquísimo —en ocasiones anquilosado— con la voluntad de contribuir a una revalorización de los márgenes de funcionalidad y autonomía de dicha expresión en el ámbito de la visualidad contemporánea.

“Busco explorar alegóricamente asuntos de profundo arraigo dentro de la producción plástica contemporánea, como la identidad y el sentido de pertenencia; indagar las correspondencias o contrapunteos entre los anhelos públicos y privados, las apetencias contingentes y virtuales que vive hoy —como estereotipo— el ser ilustrado de la periferia. Intento manipular con sutileza y lirismo el recurso del distanciamiento, el subterfugio de la huida, para transformarlo en alternativa de reafirmación individual, en instrumento de impugnación a los dogmas ideológicos y culturales”.

—En las obras apuestas por una relación objeto-contexto ¿Por qué se hacen tan recurrentes estos dos polos de sentido en tu poética? ¿Hay implícita una crítica o es solo una muestra de la realidad de este minuto?

—Mi obra siempre ha estado estrechamente vinculada al objeto, producto también de la formación que recibí como escultor durante mis años de estudio, por lo que siempre me ha resultado interesante lo que el mismo es capaz de comunicar desde su dimensión simbólica. A la vez, aprovecho las posibilidades de lectura que ofrece el objeto al interactuar con los restantes elementos que se hallan estructurados dentro de la pieza. Todo ello propicia una guía adecuada en la comprensión de su sentido último.

Hander Lara“Me resulta muy interesante cómo para el artista el mundo se le convierte en texto, cómo los objetos nos comunican cosas, no porque en realidad tengan la capacidad de hacerlo, sino por la capacidad que tiene el artista de leerlos desde una dimensión simbólica.

“Considero que un artista no puede mantenerse al margen de su tiempo, por eso la obra que realizo resulta una respuesta a la realidad que continuamente experimento. Dicha realidad la segrego luego a través de una propuesta que hace énfasis en determinados aspectos que me afectan o me interesan como individuo y artista. Toda obra de arte es política, precisamente porque siempre lleva implícita una actitud; es por eso que el público no debe quedar indiferente, aún cuando se estructure desde un sentido íntimo o personal. En mi caso, creo que las obras apuntan hacia posturas reflexivas sobre los temas que me interesa potenciar de manera particular en cada una de ellas, constituyendo al mismo tiempo un reflejo de la realidad que me golpea a cada instante”.

—En el caso de esta exposición se aprecia tu incursión, ya no sólo en la fotografía, sino también en la apropiación del espacio mediante la instalación ¿Piensas que la hibridación con otros géneros y técnicas favorecen tu trabajo?

—Nunca me he considerado un “escultor”, o un “fotógrafo”, o nada que pueda encasillarme en un medio determinado; me considero más bien un productor simbólico, precisamente porque cualquier medio o recurso expresivo me resulta legítimo en cuanto contenga o porte los significados necesarios para cada obra. No me gusta la idea de constreñir las posibilidades discursivas a un solo medio, pues cada uno tiene sus códigos y no son más que herramientas de las cuales uno, como artista, se sirve para canalizar una idea. Aunque mi formación fue como escultor, siempre me ha interesado explorar los diferentes medios, pues me brindan la posibilidad de encontrar la manera más efectiva para llevar a cabo una propuesta. Es por ello que considero favorable explorar diferentes recursos siempre que la obra se realice de manera coherente.

—Finalmente, ¿tienes algún proyecto para el futuro?

—Tengo muchísimos proyectos para el futuro inmediato y lejano, tanto en Cuba como en el extranjero, sobre los cuales ya me encuentro trabajando y concretando en la medida de lo posible. Lo más reciente es una muestra en Bruselas, Bélgica, en este mismo mes de mayo.

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