Actualizado el 12 de junio de 2012

Víctor Alfonso Cedeño: realizador por cuenta propia

Por: . 8|6|2012

Danny y el club de los berracosSer arquitecto de profesión, historietista en sus ratos libres, y realizador por cuenta propia, hacen del cienfueguero Víctor Alfonso Cedeño una persona peculiar. Gracias al tono desenfadado y su original acercamiento a la vida cotidiana, la serie de dibujos animados Dany y el club de los berracos ha recibido varios premios institucionales y el reconocimiento del público.

Confeso admirador de la obra del cubano Juan Padrón y del anime japonés, este realizador asume la producción audiovisual de manera casi artesanal, contando con un número muy reducido de colaboradores. Sobre su personalísima mirada acerca de la realización de dibujos animados conversó en exclusiva con El Caimán Barbudo.

—Historietas de tu autoría han sido publicadas en la revista humorística La Picúa. ¿Qué relación hay entre esta expresión gráfica y tus animados?

—En La Picúa no era muy habitual publicar historietas, más bien se utilizaba el chiste simple o la tira humorística, como ocurre en el DeDeTé o en Palante. Me dieron la oportunidad de colaborar con historietas de una página, y fue así como les di vida a los personajes de Dany, El Chino y Mauricio; pero era muy difícil resumir una aventura con tres personajes en una sola página. No soy muy bueno para el chiste corto —se me da mejor contar historias—, por lo que decidí aventurarme en la realización de un libro de historietas que me permitiera extenderme en el número de páginas.

“Con El secuestro de un comic pude desarrollar más la personalidad de Dany y sus amigos. El libro consta de tres historietas —una para cada personaje— con diferentes soluciones estéticas: acudo tanto al comic estadounidense como a personajes de la historieta cubana. Luego de esta experiencia me quedé con el deseo de seguir contando cuentos, pero las editoriales tienen límites, planes anuales de salida. Me sentía muy dependiente, así que decidí incursionar en el audiovisual”.

—En tus trabajos eres algo así como “el hombre orquesta”. Tienes a tu cargo la dirección, el guion, la animación, la dirección de arte, la producción y además interpretas al personaje de Dany. ¿Te lo propusiste desde el primer momento o surgió sobre la marcha? ¿Mantendrás ese estilo de realización?

—Debido a mi ignorancia en el campo de la realización de audiovisuales no tengo muy claro la distribución de roles en una producción. Actualmente no sé por qué se necesitan treinta personas para realizar un dibujo animado de cinco minutos. Creo que con una laptop es suficiente.

“Además, no me gusta que me sorprendan. Cuando estoy realizando ya tengo en mi cabeza cómo se va a ver la película; por lo tanto, para mí están de más las plazas de director artístico, director de animación, diseñador de personajes, storyboard, puesta en escena, etc. Que me disculpen los que saben más del medio.

“Las mañas de producción las adquirí en la carrera de Arquitectura. Una obra bien desglosada es aburrida. Dominas todo el proceso, sabes cuánto tienes que hacer hoy, cuál es el volumen de trabajo para mañana, en qué fecha terminas la etapa. De todo el proceso creativo, lo que realmente disfruto es escribir el guion e interpretar el personaje de Dany; es un lujo que me reservo para mí y para los socios que me acompañan desde el principio: Marcelino Rodríguez (El Chino) y Alejandro Ordetx (Mauricio)”.

—¿Cuáles fueron los retos que asumiste al hacer dibujos animados de manera independiente?

—Hacer animación desde el centro del país y de manera independiente es muy difícil. Debido a la estrecha concepción que se tiene de la animación a nivel institucional en Cuba, los independientes desean realizar sus películas empleando lo supuestamente inapropiado, ya sea lenguaje de adultos, actividades sexuales, contenido intelectual, violencia…

“Por otro lado, es muy difícil armar un equipo de trabajo porque todos los realizadores desean hacer sus películas y no tienen tiempo para trabajar en las de otros. Es bastante raro ver a un director de animación independiente que cuente con un grupo de animadores, compositores y editores. Prima la competencia por encima del trabajo en equipo, el cual se facilita mucho cuando aparece dinero.

“Hice mis intentos para crear un grupo, pero todos fueron abandonando el barco. Actualmente trabajo con un equipo muy reducido —solo tres—, lo que implica que me encargo de casi todas las tareas, con el riesgo de no tener ingresos.

“A todo esto añádele el hecho de no contar con una infraestructura que te ayude en la promoción, exhibición y distribución de tus obras; llegas a sentir que estás haciendo películas que no existen. Por suerte, está la distribución alternativa en las memorias flash”.

—¿Tienes alguna formación académica en la realización audiovisual? ¿Crees que en Cuba debería existir una Escuela de Animación?

—Ninguna formación, pero siempre vi muchas películas norteamericanas. Desde niño dibujaba historietas fijándome en cómo se resolvían las secuencias de los largometrajes de animación que se transmitían por televisión. Una vez que se terminaba un filme, salía corriendo para mi cuarto y me ponía a dibujar.

“Confieso que recibí una muy mala orientación profesional. Cogí por el caminito habitual: preuniversitario vocacional-carrera universitaria-trabajo, cuando lo que realmente me atraía era el cine. Quizás por eso llegué un poquito atrasado al mundo de la producción audiovisual.

“Considero que es necesaria la creación de una Escuela Cubana de Animación, que abarque todo lo referente al manejo de los principales softwares empleados para la obtención de imágenes generadas por ordenadores. Actualmente el cine cubano de efectos especiales y el fútbol nacional son la misma cosa”.

—¿Cuáles mencionarías como tus principales referentes artísticos?

—Crecí leyendo los libros de historietas de Juan Padrón, de los cuales Verdugos es mi preferido. Cuando vi por primera vez Elpidio Valdés contra dólar y cañón me quedé loco. Padrón hizo posible la realización de filmes cubanos con secuencias de acción y persecución —uno de los géneros que más disfruto—, con choques de intereses entre grupos poderosos, además de una fuerte caracterización de los personajes.

“Por otro lado, Voltus V me impactó tremendamente, sobre todo por lo humano de la historia. Los personajes eran reales, sentían, lloraban, y provocaban un fuerte vínculo emocional con los espectadores. Seguí tras la huella de personajes humanizados y los encontré en el celoso Cowboy Woody y el paranoico Astronauta Buzz Lightyear, la figura paterna de Goofy, el inestable Míster Increíble…”

—En el tercer capítulo de Dany y el club de los berracos contaste con la producción de los Estudios de Animación del ICAIC. ¿Cómo fue la experiencia con la Industria? ¿Repetirás?

—Fue maravilloso trabajar en los Estudios. Desde el primer día ocurrió un duro impacto entre mi manera de trabajar y ellos tuvieron que enseñarme las etapas necesarias para realizar un dibujo animado de manera estándar. Fue muy cómodo contar con un personal talentoso y ver cómo cada uno de ellos se distribuían las responsabilidades.

“Creía que estaba viviendo un sueño, pero a su vez existen ciertas limitaciones propias del sello que caracteriza a la institución. Para poder seguir desarrollando la serie con los Estudios tendría que presentar guiones que queden bien con Dios y con el Diablo, y yo no me enlisté en esto para quedar bien con todos. Eso sería suicidio”.

—La Muestra Joven ICAIC fue el lugar donde tu obra se dio a conocer a un gran público. ¿Qué opinión te merece como realizador este espacio? ¿Cómo ves el futuro de la Muestra?

—La Muestra Joven ICAIC es la gran fiesta anual de los jóvenes realizadores. La oportunidad de reencontrarse con los que ya conocemos y conocer a los nuevos que se incorporan, siempre con el deseo de que repitan para poder vernos las caras el próximo año. Es un lujo poder exhibir tu obra ante un público que llene el Cine Chaplin.

“El futuro de la Muestra siempre va a depender de la calidad de las obras escogidas. Por lo general han primado los trabajos que cuestionan lo convencional, pero creo que deberían tener cuidado con el hecho de favorecer ciertas obras solo porque cuentan con soluciones contraculturales. Por otra parte, me gustaría que buscaran una salida para el caso de los largometrajes que compiten en ficción con cortos que tienen tres minutos de duración. Al final lo premiado es lo que caracteriza al evento”.

—¿Piensas seguir la serie de Dany y el club de los berracos o tienes otros proyectos en mente?

—Concebí Dany y el club de los berracos como una serie de diez capítulos, pero francamente me estoy demorando mucho en sacar cada capítulo. Ya es necesario el apoyo institucional. Actualmente estoy buscando apoyo para el desarrollo de la serie completa.

“Paralelo a Dany… he realizado los corticos Incontrolable y Pez peleador. Además, trabajé junto con mi amigo El Muke en su corto Invertebrados, donde aprendí un poquito sobre otros softwares que se emplean para la animación”.

—¿Cuánto hay de Víctor en el personaje de Dany?

—¡Muchísimo! Desde pequeño siempre terminaba pegado como un imán al equipo de los nerds. Aunque llegara a una nueva escuela, mis amigos terminaban siendo los del grupo de los bobitos.

“Considero que el público de hoy tiende a alejarse de los mundos idealizados y se identifican más con obras que reflejan una realidad cotidiana, protagonizada por héroes para nada glamorosos. Si este negocio se trata de reflejar realidades, pues la que más cerca me queda es la mía.

“¡Así que ya saben! Si desean saber qué sucede con mis personajes, no dejen de seguir la espectacular serie Dany y el club de los berracos. Apto para todas las edades. Por el canal USB.”

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