Actualizado el 10 de agosto de 2012

Entrevista con Luis Manuel Otero

Arte pirata en La Habana

Por: . 7|8|2012

Arte pirata en La HabanaA partir del 3 de julio de este año, la Galería Luz y Oficios acogió la más reciente exposición del artista de la plástica Luis Manuel Otero Alcántara. Con curaduría de Magaly Espinoza y Ulises Morales, la muestra sorprende por su naturaleza: integrada por piezas escultóricas y dibujos, además de una videodocumentación, donde por vez primera el artista presenta intervenciones realizadas en diversos espacios públicos de la ciudad. Las obras de este creador evidencian su amplio dominio técnico, producto de la constante experimentación que lo caracteriza.

Luis Manuel Otero Alcántara es un artista de formación autodidacta que ya alcanza cierto reconocimiento en el circuito artístico de la ciudad. Es miembro de la Asociación Cubana de Artesanos y Artistas (ACAA) y ha realizado varias exposiciones colectivas y personales. En su formación tuvo gran relevancia su participación en el taller de la reconocida artista Tania Bruguera y recientemente integró el proyecto Peace and Love, organizado por el músico X Alfonso.

“Siempre fui un tipo muy curioso, abierto a los conocimientos y a la forma de ver el mundo de diferentes personas. Gracias a eso es que llego a donde estoy. En el contexto profesional tengo muchos amigos que han estudiado en San Alejandro, en el ISA, y son personas que le han aportado a mi conocimiento y a mi filosofía. No llego ahí por casualidad ni porque alguien me regaló la obra. Llego ahí producto de mucho trabajo, de mucha experimentación, pero también de toda la información que me han dado todos esos amigos”.

Desde la informalidad que ofrece uno de los parques de La Habana Vieja, el artista nos comenta acerca de sus creaciones, de las particularidades de su discurso artístico y de sus proyectos más inmediatos.

—¿Cómo surge en ti el interés por el arte?

—Yo soy un artista de formación autodidacta y desde niño siempre tuve gran interés por las formas y las cosas raras. Siempre me llamó mucho la atención la religión aunque en mi casa no se profesara ninguna, lo afro, y algo que yo creía que era arte. Además, en mi familia estaba rodeado de personas vinculadas a oficios manuales, carpinteros, soldadores, podólogos…. Pero no tengo uso de razón de cuándo fue la primera vez que yo le di forma a un pedazo de madera, o de “ciforé”, que eran los materiales que tenía a mano. En la escuela recuerdo que le daba forma a las tizas, a los lápices, pero siempre con la iniciativa de darle forma a las cosas.

“Luego fui evolucionando hasta que mis trabajos alcanzaron un poco de tamaño y una estética más definida, a partir de un mayor dominio de la madera. Ese trabajo fue a parar a manos de un profesor de talla en madera de La Víbora, Jim del Taller Fowler. Así empiezo a conocer que era el surrealismo, el expresionismo, esas palabras raras y conceptos, y toda la filosofía de lo que era el arte. A partir de ese momento empiezo a descubrir ese mundo: desde la música, la literatura, el cine, el teatro, la danza…”

Arte pirata en La HabanaHas tenido la posibilidad de exponer con anterioridad en muestras colectivas e incluso personales. ¿Qué pudieras comentarme acerca de esas anteriores experiencias?

—Mi primera exposición fue muy modesta y se realizó gracias a un amigo que me comentó de la existencia de un espacio en el cual podía exponer: la Galería Ambos Mundos En este momento contaba con alrededor de veinte trabajos de pequeño formato, en los cuales mostraba mi dominio de la madera y la talla. Fue una muestra que pasó desapercibida, más bien fue entre amigos, pero al final era algo dentro de mi currículo. Después he tenido varias exposiciones colectivas más o menos importantes, pero todas las he emprendido con la misma energía y el mismo deseo.

“En octubre del año pasado tuve una exposición personal que para mí fue muy importante. Se llamó Los héroes no pesan y fue la clausura de una serie que tocaba el tema de la comunicación física y psicológica entre las personas. Era una obra muy experimental en la cual trabajaba con maderas quemadas y metales corroídos, e intervine la galería con aserrín. Las obras presentaban una figuración que rozaba con la estética de Giacometti, con la estética africana, con las cosas de escultores cubanos y con la obra de Antonia Eiriz.

“Esta muestra constituyó un paso muy significativo dentro de mi historia porque yo vi como la gente reaccionó ante ella, sobre todo el público no especializado, personas que no sabían nada de arte, que se encontraban con este tipo de obra y se sentían muy motivados e identificados. De cierta manera la gente captó lo que yo quería decir y eso fue muy importante porque me dio mucha valentía para hacer cosas como la de esta última exposición”.

¿Cuál es el concepto de Reciclaje y Resistencia, la exposición que presentas ahora en la Galería Luz y Oficio?

—Esta exposición es producto de casi dos años de arduo trabajo y va sobre las soluciones que hallan los cubanos en la vida cotidiana; bueno, en un principio partía de ahí, pero después la obra fue mutando. Mi trabajo toma mucho de la cultura popular, de lo fetiche, del arte africano pero mirado desde la propia cultura del cubano. Pienso que en la realidad no se puede ver el arte africano por el arte africano, sino más bien desde la visualidad del cubano, desde la apropiación y la desmembración de todos sus fetiches, del simbolismo e interpretación que estos han tenido por parte del pueblo. Todo ese culto ha generado una estética desde el punto de vista artístico y religioso.

“Desde un principio lo que hice fue apropiarme de la cultura popular, de sus íconos y formas fetichistas para fusionarlos con grandes íconos de la cultura universal como Mickey Mouse, la Estatua de la Libertad, la Torre Eiffel, pero que yo miro desde la trasmutación de la visualidad cubana. La exposición también habla de la añoranza que tiene el cubano por lugares como París, Estados Unidos, fomentada por la información que les llega de los medios. Mi obra juega con esa nostalgia, apelando a la deconstrucción de esos medios de comunicación que son efímeros y que al final convierten esos sitios en fetiches. Sin embargo, los nuestros no los valoramos porque son simplemente fetiches que tenemos aquí, y cuando los construimos desde esa visualidad alcanzan un nuevo valor, una nueva posición dentro de la conciencia del cubano”.

Arte pirata en La Habana¿Por qué el calificativo de “Arte pirata”?

—“Arte pirata” es adonde ha desembocado toda esta serie que en un principio estuvo conformada por obras de pequeño formato, producto de la propia experimentación de la cual salieron proyectos como animales y otros objetos muy graciosos. Luego tuve la necesidad de que esos trabajos crecieran porque ya no me conformaba con piezas de un metro y necesitaba una obra como escultor. Un amigo me propuso emplazarlas y desde ese momento se conforma esta producción que parte de esculturas, una vez más. Son obras que formaron parte del imaginario social así como los Elefantes de Jeff, las Arañas de Bourgeois, las Cucarachas de Fabelo y las Hormigas que aparecieron por aquí hace poco en la Bienal.

“Yo me apropié de todos esos íconos de la cultura popular y universal dentro del medio arte, porque es en lo que se han convertido. Lo que hice fue deconstruir todas esas obras y a las cuatro o tres de mañana, sin permiso de ningún organismo, me apropiaba del lenguaje arte para intervenir diversos espacios públicos. Las obras amanecían en las afueras de las instituciones, las cuales intentaban averiguar de quién era la obra pero luego las destruían. De hecho ninguna de ellas ha pasado de un día. Una sola obra Regalo de Cuba a Estados Unidos estuvo cinco días en el Malecón en el marco de la XI Bienal1, en un contexto donde nadie podía determinar si era o no de la institución. Yo la puse y al final duró cinco días hasta que alguien se dio cuenta de que no pertenecía a la muestra y fue retirada. Al final desaparece como todas las obras anteriores.

“Mi trabajo juega mucho con la ironía y con la burla, y tiene un elemento muy crítico en cuanto a las instituciones que solo legitiman un espacio determinado de los artistas; a artistas encumbrados en esos espacios y graduados de escuelas de arte. También es una crítica a la forma de ver el arte hoy. Decirte que es solo por el gesto es una ingenuidad de mi parte. En esas intervenciones se puede ver lo que cada cual quiera ver. De ahí parte lo de “Arte pirata”, por el hecho de que aparece sin permiso de ninguna institución. Las sitúo por la autonomía que me da el ser artista y el estar legitimado como tal. Es un gesto ¡que tampoco inventé yo!”.

—En tus obras apelas al reciclaje, con una estética cercana al Arte Povera, ¿a qué se debe ese interés? ¿Por qué se hace tan recurrente esto en tu discurso?

—En un principio yo era tallista de madera, puramente tallista. Siempre me llamó la atención los desechos de maderas, y yo decía: tengo que solucionar esto de alguna forma porque era una lástima perder toda esa madera. Y a mí me interesa mucho la ecología. Un día decidí hacer mi primer animal a partir del amarre de las maderas desechadas con tela. Era algo muy experimental, que veía como algo decorativo, lindo, era simplemente un gusto estético.

“Después eso alcanza una nueva filosofía trasmutada dentro de este propio proceso creativo. Luego comienzo a aumentar el formato de las piezas y me di cuenta de que necesitaba más madera, y es cuando empieza a cobrar un nuevo valor. Era la madera que me encontraba en las esquinas, desechadas en los derrumbes y era la que más me gustaba porque al final toda esa madera comida por el comején, lacerada por el tiempo tenía toda una historia y una filosofía detrás, un discurso a la hora de armar la obra. Por eso es que empiezo a utilizar estos medios. Yo conocía del Arte Povera, y me di cuenta de que tengo mucho de esa estética no solo en esta serie sino en trabajos anteriores en los que trabajo con papier mache, tierra, piedras, que parten mucho de lo povera”.

—Teniendo en cuenta que la mayor parte de tus producciones artísticas se expresan mediante la escultura, se puede suponer que es tu medio predilecto…

Sí, me siento muy bien con la escultura, con la tridimensionalidad. He intentado pintar y hacer otras cosas, pero han pasado realmente como mera experimentación. Por ejemplo, estos últimos dibujos que estoy haciendo son más bien de carácter procesual. Los dibujos al final no me llenan, son simplemente parte del propio proceso, de cómo voy construyendo la obra de arte dentro de mi cabeza, tridimensionalmente, y ellos me ayudan a esclarecer muchas cosas. Cuando tomo un pedazo de madera ya sé cómo manejarla; es como el 3D, cuando yo lo descubrí me di cuenta de que de esa misma manera yo veía y construía las obras dentro de mi cabeza. Mi proceso creativo parte de la escultura, del amor a lo tridimensional, a la materia.

—No obstante en esta exposición se aprecia tu incursión en la videodocumentación. ¿Qué importancia le confieres a este medio?

La videodocumentación en un principio era lo que me servía para documentar mis intervenciones para que estas trascendieran más allá del puro gesto que era efímero, de horas; yo, como artista, necesitaba que eso se reconociera como gesto. Luego los solucionaba de forma muy minimalista y lineal. Ahora todos estos videos han tomado autonomía, ya que son historias que relato a partir de las esculturas. Serían dos caminos: una serie de videodocumentales acompañados de las esculturas, y la otra con videos más construidos con historias a contar desde un punto de vista posmoderno, porque puede que quizás no tenga nada que ver lo que están viendo con lo que se está contando.

—¿Te encuentras enfrascado en estos momentos en algún nuevo proyecto?

Sí, ahora mismo estoy enfrascado en varios proyectos que se despegan un tanto de esta estética, aunque no de la filosofía. Por ejemplo, quiero hacer una intervención que va a durar seis meses, se trata de un San Lázaro que va a pedir limosnas durante ese tiempo. Ese dinero va a ir a una institución determinada, para cubrir sus necesidades primarias. Es una educación hacia la vista de estos mitos de la religiosidad del pueblo cubano, y la solidaridad también que existe a partir de esos íconos. Yo aprovecho todo eso para hacer un aporte más a la sociedad.

NOTAS

1. Durante esta fecha se presentaba, como parte de la XI Bienal, en el Malecón Habanero el proyecto Detrás del muro. La muestra estaba integrada por un grupo de instalaciones, esculturas y obras de gran formato, distribuidas desde La Punta hasta la Calle 23.

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