Actualizado el 16 de agosto de 2012

Richard Carretero:

“Hay que darle más valor a los oficios”

Por: . 14|8|2012

Richard CarreteroEn medio del abrasador calor de este verano me recibe en la necrópolis. Sus ropas, cubiertas de yeso, delatan su agitada jornada en lo que transcurre el día; pero aún así sonríe y se dispone a responder mis preguntas.

Graduado de Técnico de Artesanía, a este joven le place el complejo universo de la restauración. Después de diferentes cursos de tipologías de muros y de pintura mural, se ha incorporado al trabajo más complejo que ha enfrentado hasta el momento: la restauración de las esculturas y monumentos del Cementerio de Colón. Difícil misión que ha abrazado con entusiasmo junto a su brigada, conformada por Didiel Díaz Pedro, Javier Escarpanter, Carlos Leyva Borges, LLasi Romero Cueto y Ernesto Miranda, el jefe del grupo.

Si bien su profesión le ha permitido trabajar en espacios claves de nuestra historia, como el Complejo Morro-Cabaña, su estancia en el cementerio ha constituido una auténtica escuela y su mayor orgullo. Richard Carretero Abreu, junto a los jóvenes de la Escuela Taller, lleva a cabo la noble tarea de “esculpir en el tiempo” y nos conversa acerca de sus experiencias en la restauración, del papel de los jóvenes y de los distintos enfoques desde los cuales son percibidos los oficios actualmente.

—¿Cuándo empezaste a estudiar restauración?

—Empecé a estudiar restauración debido a un documental de la Escuela Taller que vi después de graduado en Técnico de Artesanía. Hice las pruebas de ingreso, entré en Forja, de ahí pasé a Pintura Mural y me gradué en el 2004. La Escuela Taller tiene la particularidad de que te hace contratos de estudio-trabajo y, mientras estudias la especialidad, trabajas a pie de obra, como los muchachos que ves aquí que están haciendo la Cúpula de Loredo.

—¿Y en tu caso, cómo te vinculaste a las obras del cementerio?

—Cuando te gradúas, la Escuela Taller te ubica en la Oficina del Restaurador, porque ese es el objetivo. De ahí pasé un tiempo en la Empresa de Restauración de Monumentos, que se fusionó ahora con Puerto Carenas; dirigí dos años Pintura Mural por la Juventud y de ahí pasé al Complejo Morro-Cabaña, a trabajar en la restauración. Hace cuatro meses que estoy en el cementerio, como trabajador de un contratista particular: Carlos Leyva Borges.

Richard Carretero y sus compañeros de la brigada—¿En qué momento comenzaron las obras en el cementerio?

—Comenzaron hace varios años, y por aquí han pasado diferentes grupos; no puedo darte una fecha exacta, pero hace aproximadamente cinco años. De hecho, el grupo en el que yo estoy ahora lleva cuatro años. Ellos son los que mayor experiencia poseen en cuanto a los materiales, las formas de trabajo y los cánones estéticos que hay que seguir.

—¿Cuáles son los problemas que afectan a las obras?

—Cada obra tiene su particularidad y así también son los problemas. Yo he trabajado en distintas empresas y todas funcionan de forma diferente. Ahora mismo, con la fusión que existe en la Oficina del Historiador, con la cual tenemos un contrato, aunque seamos particulares, los mayores problemas no están en la técnica que tenemos, sino en las incomprensiones que se producen por parte de otras personas, los dirigentes, por ejemplo, cuando no se domina completamente el trabajo. A esto se une que se presiona por tiempo de entrega y aquí los trabajos son complejos, al sol. La labor que se hace es con las esculturas, por tanto es delicada. Además, si se violan pasos se puede causar un daño irreversible a la pieza.

“El trabajo aquí es a mano alzada. Hay piezas que hemos hecho desde cero, a partir de documentación gráfica, una foto y la información que poseen los dueños. En el caso de Loredo Bernardo, el catafalco, se tomó la plancha de mármol en bruto y se elaboró. Fue un trabajo artístico, completamente escultórico. Si a ello se une la presión por fecha de terminación, que te hace violentar el trabajo, se entiende que ello genere inconformidades.

“Por otra parte sucede, y esa es la razón por la cual han rotado por aquí varios grupos, que muchas veces se trae a gente (es mi criterio como joven restaurador, de acuerdo con mi experiencia), que no posee la capacidad ni la calificación para este tipo de trabajo.

“Yo trabajé en Pintura Mural, en Cantería, pasé cursos de tipologías de muros, de restauración y conservación en el CENCREM y en el Gabinete de Conservación y Restauración. Ahora, al estar en este grupo que está bastante preparado, me complementan con el trabajo del mármol y sus procedimientos.

“A veces vemos trabajos que se realizan con mucho pulido, incluso monumentos a los que se les da máquina, y ello afecta, crea daños por el tiempo y la erosión de estos monumentos, debido a las características de nuestro clima, que es muy húmedo, y también por la composición mineralógica del suelo. El alto nivel de salinidad y de humedad crea gran corrosión y cuando lo quitas con un procedimiento muy fuerte puede causar daños irreversibles”.

—¿A qué se debe el alto número de fuerza de trabajo particular que se haya en el cementerio actualmente?

—Es una fuerza que la Oficina del Historiador ha implementado con buenos resultados, ya que se ejecuta y se terminan obras. En el personal estatal influye el tema salario contra productividad, salario contra esfuerzo de trabajo. A veces la fuerza estatal no gana igual que cuando se trabaja con un contratista. A mí me gustaría más trabajar de forma estatal, pero económicamente no es lo mismo. Te vinculas a una empresa y estás sujeto a un sistema de pago por resultados, mientras que con un contratista es más loable el ajuste de salario.

“En cuanto a la motivación de los jóvenes, este es uno de los factores que los desmotiva a vincularse a la empresa, y más que a ellos, a los obreros. Se puede decir que la mayor parte de la restauración aquí está en manos de gente joven, muchachos de la Escuela Taller trabajando en yeso y en cantería. La cúpula es un proyecto que se les entregó desde su derrumbe, producto de un trueno. Ellos la están reconstruyendo a partir de la documentación gráfica y por los familiares que vienen y dicen cómo era la estructura”.

—¿En qué piezas ha trabajado tu equipo?

—Se hizo el Monumento de los Bomberos, el de los Estudiantes de Medicina, el de los Condes de Mortero, el Monumento Marta Abreu. En el caso de La Piedad se está dando un tratamiento de conservación que aún está en curso.

En pleno proceso de restauración—Me decías que consideras que es un trabajo artístico, que la restauración se realiza, incluso, en mármol y en ocasiones el trabajo se hace desde cero. Partiendo de ese precedente, ¿por qué crees que se le da tan poca visibilidad al trabajo de ustedes?

—Mira, no creo que haya un total silencio en cuanto al tema de la restauración y los jóvenes. Creo que después de la creación de las escuelas talleres para enseñar estos oficios, la restauración en Cuba se ha nutrido de muchos jóvenes. Si vas a Trinidad, la restauración de Pintura Mural está en manos de jóvenes; en un viaje que hice tuve la oportunidad de compartir con ellos.

“Aquí en La Habana hay una masa joven haciendo restauración y un gran porciento en las escuelas. Ahora, el mayor problema lo veo en la permanencia de esos jóvenes en sus puestos de trabajo. Es un problema que creo se debe a la desmotivación económica, porque se gradúan de oficios muy cotizados, con muy buena preparación, y les pagan más cuando el contratista es particular. También creo que tiene que ver con la valoración artística del trabajo. Ese enfoque se lo da Eusebio Leal, quien es un gran defensor de los oficios y de su valor artístico.

“Existen personas sensibles en las empresas, pero también los hay ingenieros que están trabajando en el medio y desconocen los oficios; otros, no tienen el mismo grado de sensibilidad, lo que se da más en los mayores. No lo voy a plantear como una contradicción generacional, pero hay sus fisuras. Por ejemplo, cuando estábamos trabajando en el catafalco, que es una obra compleja, un día vino un jefe de agrupación y nos dijo que nosotros seguíamos veraneando con los palitos esos.

“Aquí venimos a trabajar y es duro, porque no siempre están todas las condiciones. No merecemos esa falta de respeto. Pienso que hay que darle más valor a los oficios. No se puede mantener la mentalidad de las normas de construcción presupuestarias, sino que hay que ver el valor artístico del trabajo. Creo que hay que valorar y volver a analizar las políticas de trabajo que existen en cuanto a los jóvenes.”

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