Actualizado el 18 de octubre de 2012

Rocío García:

“Para mí el arte no tiene sexo”

Por: . 15|10|2012

Rocío GarcíaEn medio del calor del mediodía llego a su casa. Amable y sonriente me recibe. Lo primero que distingo al entrar es un grupo de hombres situados uno al lado del otro, hombro con hombro. Hay algo inquietante en sus miradas y en el roce de sus cuerpos, es una especie de silencio cómplice. De alguna manera me siento amenazada, como si fueran a salir del cuadro y violentar el espacio.

La creadora se encuentra en una disyuntiva. Por una parte, hay un ruido espantoso del otro lado de la calle; por otra, se halla en proceso de construcción. Sin embargo, se dispone a concederme la entrevista, luego de mimar a sus cotorras. Mientras las aves la mantienen ocupada, recuerdo su famosa serie Hombres, Machos, Marineros y pienso en el erotismo que se esconde en los juegos de fútbol. Descubro en la pantalla de su máquina un cartel de Pulp Fiction —la emblemática cinta de Tarantino— y ello me remite a la violenta Uma Thurman, de Kill Bill.

Quienes se han acercado a la obra de esta artista comparten un criterio unánime: muchos de sus cuadros parecieran fotogramas. La acción dramática, el singular colorido, las atmósferas de cine negro, los personajes, deambulan por sus piezas exaltando nuestros sentidos a través de la provocación.

Rocío García me comenta acerca de su producción y, de paso, me permite un acercamiento, no solo a la reconocida pintora, sino a la mujer.

Estela: En 1977 obtienes una beca para realizar estudios superiores en la especialidad de Pintura en la Academia de Arte Repin, en la entonces Unión Soviética ¿Cuánto aportaron a tu crecimiento como artista estos estudios?

Rocío: Fueron muy satisfactorios, y aunque al principio una se acomplejaba un poco por los rusos y el realismo socialista, al final la Academia no tenía nada que ver con eso. La Academia era muy clásica, te enseñaban a pintar y a dibujar casi como en el Renacimiento. A mí me vino muy bien. Desde el punto de vista de la técnica y el dibujo me dio una formación muy sólida, que complementó lo antes aprendido en San Alejandro. Tuve buenísimos profesores, los rusos son muy talentosos. Desde el punto de vista formal fue sumamente importante esa base, ya que mi intención siempre fue trabajar a partir de la figura humana.

Estela: En 1994 comienzas a trabajar como profesora de pintura y dibujo en la Academia de San Alejandro, en Cuba ¿Por qué regresas al salón de clases?

Rocío: En primer lugar porque era obligatorio: había que hacer el servicio social; pero después me gustó y todavía estoy ahí. Hace mucho pude haberme ido, pero disfruto el intercambio con los jóvenes. He tenido muy buenos alumnos. Me revitaliza el contacto con ellos, hay una retroalimentación que hasta ahora ha funcionado muy bien.

Estela: En 1995 tuviste la oportunidad de realizar la exposición Rocío: Pinturas, en el cine-teatro Trianón ¿Esta relación con el grupo de teatro El Público fue acaso el inicio de tu curiosidad sobre el nexo plástica-artes escénicas, o esa era ya una inquietud que poseías?

Rocío: En realidad no creo que tenga una relación, al menos consciente, con las artes escénicas, más bien fue circunstancial, conocía al grupo y me invitaron a exponer en ese espacio. A veces también los ayudé a hacer trabajos de ambientación y restauración. Sin embargo, después de la serie Hombres, Machos, Marineros (1998), yo empecé a concientizar el uso de la imagen secuencial. Por eso creo que mi obra tiene mayor afinidad con el cine que con el teatro.

Estela: ¿Se define la pintura de Rocío García como oposición a un esquema o a un estereotipo, como una manera de romperlos o por mostrar un universo que existe y tiene validez para existir?

Rocío: Me preguntas muchas cosas. En realidad, pinto lo que me mueve. Creo que lo que más me interesa es adentrarme en los asuntos psicológicos del ser humano, donde la sexualidad es parte de su condición y raíz de sus conflictos. Tengo criterios muy freudianos sobre eso. Sí, creo que el sexo puede influir en las actitudes sociológicas, políticas, religiosas, etc., de la gente.

“Por ejemplo, en mis obras siempre abordo el tema del poder y lo relaciono con lo erótico, porque pienso que ese es uno de los poderes más grandes que existe. A través de él se pueden manipular millones de cosas: desde una secretaria hasta un jefe de estado. Yo cuestiono el concepto del poder desde ese imaginario”.

Estela: Me comentabas acerca de tu predilección por el cine. Uno de los elementos que más me atrae de tu obra es su fuerza visual y, además, la intencionalidad narrativa ¿A qué se debe esta inclinación por contar historias?

Rocío: En realidad desde niña siempre dibujaba y narraba cosas, más que hablando o escribiendo. Yo creo que eso estaba dentro de mí, desde siempre. Intento decir cosas a partir de una historia imaginada, pero te dejo ciertas libertades para que tú armes la tuya propia. Por ejemplo, doy algunas señales y detalles como ocurre en un relato de suspense, para que con ellos fabules la historia a tu gusto porque, en definitiva, aunque quiera manipular tu mente; siempre irás hacia un espacio que es muy tuyo, muy personal, porque cada cual asume las historias desde su perspectiva. Yo juego con eso también. Y me gusta usar el humor, resortes dramáticos y psicológicos.

Estela: ¿Cómo se concibió el diálogo entre tus pinturas y la historia en la cinta Verde Verde, de Enrique Pineda Barnet?

Rocío GarcíaRocío: Bueno… en verdad Pineda vino a verme cuando yo hice una exposición titulada El domador y otros cuentos, en el 2003. Él ya había visto Hombres, Machos, Marineros y llegó con un guión que estaba preparando. Decía que ese guión y mi obra tenían mucho en común y que se había sorprendido de haber visto una pintura que subvertía diversos cánones en cuanto a la sexualidad.

“Entonces conversamos mucho, me leí el guión que tenía en aquel entonces, y que él después corrigió varias veces, pero yo no influencié en ese guión. Más bien coincidíamos en tiempo y espacio. Fue idea suya que la película tuviera una estética que lograra una narración paralela entre mi pintura y su guion, sin afectar la unidad del filme. Yo no sabía si iba a ser posible lograr eso y creo que sí, que se logró. Por eso mucha gente piensa que él está narrando a partir de mis cuadros, pero no, él ya tenía su relato estructurado mucho antes de conocerme. Sencillamente Enrique se encantó al ver mis exposiciones y tuvo la idea de involucrarme en su proyecto. Yo también me alegré.

“Cuando empiezan a rodar la película, por supuesto, casi todos los cuadros ya estaban hechos. Los elegidos eran de series realizadas entre 1998 y 2003. Lo que sí hice especialmente para la cinta fueron unos dibujos de las escenas eróticas más fuertes, que él no quería mostrar físicamente en la película. Eran dibujos que sugerían plásticamente el espacio dramático necesario durante el acto sexual y la violencia del crimen. Fue algo que él logró muy bien, haciendo interactuar las imágenes fijas con la acción de los personajes.

“Otro elemento importante es la atemporalidad presente, tanto en Verde Verde como en mi obra. Yo soy una pintora que, aunque parto de cierta realidad, no me interesa hacer una pintura localista. Lo que yo muestro en mis series puede pasar en Cuba o en cualquier otro país del mundo, son asuntos humanos y por tanto universales.

“La película quería decir eso también, no era Cuba, era un espacio cualquiera del mundo, sin tiempo exacto, una circunstancia que podría pasar ahora, o haber ocurrido en siglos pasados. Sabemos perfectamente que la homofobia no es un mal solo del mundo latino ni de un tiempo pasado en la presunta Europa civilizada”.

Estela: El espacio del bar es recurrente en tu producción, ¿por qué te resulta tan atractivo?

Rocío: Bueno, imagínate, yo soy fan al cine negro norteamericano, a todas esas películas de los años 40 y 50. El submundo de los bares para mí es muy especial y fascinante. Me encanta ir, ver a la gente, los movimientos y disfrutar todo lo que está pasando. Yo digo que cualquier negocio se arruina, pero los bares no. Existen y existirán.

Estela: Ahora quiero comentar sobre estas obras que pertenecen a tu última muestra, que fue inaugurada en agosto del 2012 en la Galería Habana, bajo el título de El regreso de Jack el Castigador. Me comentabas que una de las obras está inspirada en la Venus de Tiziano… ¿Cómo concebiste el proyecto?

Rocío: Conceptualmente yo tengo el criterio de que el Amor es el asesino perfecto, porque siempre te va a matar (en el mejor sentido de la palabra, por supuesto). Tú te puedes escapar de cualquier cosa, pero del amor jamás nadie escapa. A partir de esta idea se me ocurrió crear otra especie de thriller1 que formalmente iría, desde citar a Tiziano hasta llegar a Tarantino, manipulando a su vez la leyenda del famoso asesino de mujeres: Jack el destripador. Es todo un juego metafórico sobre el concepto y las consecuencias del Amor.

Estela: Esta pregunta no tiene relación con tu obra, está más bien dirigida a la mujer. En este momento en Cuba se otorga gran atención a los estudios de género, ¿qué opinas acerca de los debates en torno a género y masculinidad que se están realizando actualmente en espacios televisivos y otros de mayor interacción social como Mirar desde la sospecha?

Rocío: En realidad, yo no he ido nunca a esos debates, pero siempre he sido defensora de los derechos de la mujer. El hombre ha tenido mucho espacio, porque invariablemente ha sido el dueño de toda la historia. A partir de que la mujer se ha ido liberando y buscando su independencia, la sociedad se ha matizado y el arte se ha enriquecido; no solo en las artes visuales, sino también en el cine, la literatura, la danza, etc. El mundo artístico tiene hoy una dinámica donde la mujer se inserta con toda naturalidad. Sin embargo, no creo que haya un arte femenino y un arte masculino, porque si continuamos con ese criterio seguimos en el gueto. Para mí el arte no tiene sexo. Es, o no es.

Estela: Finalmente, ¿qué proyectos tienes para fines de este año y el año próximo?

Rocío: El año próximo tengo una invitación para exponer en Suiza, en la Havana Gallerie de Zúrich, pero no me gusta hablar acerca del después. Soy un poco mística: si se habla mucho, las cosas se debilitan.

NOTAS

1. El Thriller, 2006. Exposición de Rocío García en el Museo Nacional de Bellas Artes.

Ver galería con obras de Rocío García en El lente de Richard

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