Actualizado el 14 de noviembre de 2012

La ceiba frondosa

Por: | Fotos: . 12|11|2012

La Ceiba de Don AlejoLas tradiciones son fruto de la inspiración del ser humano en todos los tiempos. Así ha sucedido con la fiesta anual que en cada diciembre se celebra alrededor de la que llaman Ceiba de Don Alejo, muy cerca de San José de las Lajas. Ahora que se están cumpliendo veinte años de su primera edición, converso con Jaime Gómez Triana y Jorge Garcell Domínguez, que han estado en el evento desde el principio.

Jaime: Una ceiba no es de ninguna manera un árbol común. En Cuba es un árbol absolutamente sagrado. Imponente en medio del paisaje, ha sido Iroko para algunos y para otros el árbol que protegió a Jesús, por eso, dicen, el rayo la respeta y también la respetan los hombres. Allí donde está plantada, la ceiba constituye un hito y como tal juega un papel en la vida y en la identidad de la gente. Es algo que quizás en las ciudades puede ser pasado por alto, pero en el campo de ninguna mañera. Obviamente en San José de las Lajas y en sus alrededores hay muchísimas ceibas y esta fue una de ellas, hasta que quedó consagrada gracias a la literatura; fueron en realidad los lectores de La consagración de la primavera quienes le otorgaron la connotación especial que hoy tiene este árbol.

Jorge: La novela de Alejo Carpentier apareció en 1978 y la primera fiesta de celebración ocurrió en 1992. Se iniciaba el Período Especial y los escritores de San José de las Lajas quisieron fundar un espacio de confluencia entre la literatura y las artes. Ahora es difícil saber que llegó primero: la inspiración al leer las páginas de la novela o la necesidad de crear un lugar de encuentro entre los creadores, un sitio donde dignificar el espíritu en tiempo de carencias materiales de todo tipo.

Jaime: La ceiba sin duda fue una protección increíble en medio de la tempestad y un valladar frente a la desesperanza. Muchos, estoy seguro, pueden hablar de la sombra de la ceiba como una influencia realmente milagrosa en sus vidas y es que la tradición ha ido construyendo con el tiempo una relación muy particular entre sus fieles y el árbol, una relación que, por supuesto, pasa por la descripción maravillada de Carpentier. Si la ceiba que Carpentier describe no existiera habría que inventarla porque su huella sobre el novelista o sobre el personaje, que el caso de una novela tan autobiográfica como esta son caras de una misma moneda, es tan tremenda que sería una pena no haber podido identificarla.

Jorge: Fue el narrador lajero Ricardo Ortega quien, al leer La consagración de la primavera, se dio a la tarea de localizar el árbol; enamoró instantáneamente al también escritor, desaparecido, Norberto Domínguez Oliva, y este a su vez aglutinó a un grupo de amigos con la iniciativa. De ellos dos fue la idea de celebrar, en las cercanías del 26 de diciembre, como homenaje a Carpentier en su aniversario, sería una peña literaria a la sombra de la ceiba. La iniciativa fue respaldada de inmediato por otros escritores y artistas, miembros de la UNEAC y de la AHS. Pero en verdad fue la gente tan diversa que allí se reunió la que le otorgó un perfil definitivo.

La Ceiba de Don AlejoJorge: Muchos creadores del territorio defendieron la celebración durante estos años como un acontecimiento personal, que había que realizar a toda costa, como respuesta de muchos problemas que en los preparativos se fueron dando. Diciembre, los frente fríos y en muchos casos la lluvia obligó a cambiar el lugar de encuentro hacia la Casa del Joven Creador u otra institución cultural, alguna vez por problemas de transporte no fue posible recoger a los invitados, la verdad es que ha ocurrido de todo, pero la insistencia de muchos ha mantenido vivo el espíritu de los fundadores.

Jaime: Al principio todo se organizó desde la UNEAC, el proyecto también tuvo el apoyo de las instituciones de la cultura del municipio. Al frente de la biblioteca, el museo y la galería había personas sensibles e inteligentes que brindaron su colaboración y se comprometieron totalmente con el proyecto. Con el tiempo las personas cambiaron y la participación no fue la misma, sin embargo seguimos procurando el apoyo de las instituciones. Con el tiempo la UNEAC dejó de ocuparse. Ricardo Ortega, que solo dio impulso a la primera edición, se radicó en España y Norberto Domínguez quedó al frente de la organización de la segunda, luego viajó a Ecuador por razones de trabajo y vivió allá hasta su muerte. Fue la AHS quien tomó, poco a poco, las riendas del evento, trocando la peña en un lugar de encuentro para los jóvenes creadores de la provincia. Cambiaron los organizadores, sin embargo no se perdió la magia. La ceiba ha sido un lugar por excelencia para la trova y la literatura y también para el encuentro de generaciones.

Jorge: Desde los primeros momentos participó también la Fundación Alejo Carpentier. A través de la propia Lilia Esteban, viuda de novelista, se gestionó la realización de una tarja conmemorativa que se colocó en el sitio, la cual lamentablemente fue robada.

Jorge: Ahora la Ceiba de Don Alejo es un proyecto provincial de la AHS y de la Casa del Joven Creador de Mayabeque. Es el marco propicio para la presentación de nuevos jóvenes creadores y su quehacer. El encuentro deviene una especie de fiesta resumen al final del año. Hoy cuenta con el apoyo de la Dirección de Cultura de la provincia Mayabeque y del territorio de San José de las lajas, entidades que han reconocido el encuentro una de las celebraciones identitarias de la nueva provincia. Es curioso pero Humboldt y Bonpland realizaron la descripción botánica de la Ceiba en un lugar conocido entre San José de las Lajas y Güines, en un sitio que se encuentra relativamente cerca del que describiera Carpentier

Jorge: Desde el primer momento se planteó la participación de Teresita Fernández, ella fue durante años el ángel del encuentro. En los primeros encuentros también llegaron Obini Bata y Joel Carrera, participaron además un grupo de trovadores y escritores de la UNEAC y la AHS. A partir de la presencia de las Obini y de Teresita se fijó un esquema que se repitió por muchos años. La fiesta abría con un canto a Elegguá, luego se leía el fragmento del texto de Carpentier con todos sus detalles. Casi se podría usar la ubicación de la ceiba, tal y como aparece en la novela, para llegar hoy al lugar. Luego alternan trovadores y escritores, con el tiempo llegaron además teatristas, bailarines, artistas del performance. El cierre correspondía a Teresita Fernández. Ella se sintió siempre muy a gusto a la sombra de la ceiba, decía que aquel paraje le recordaba su antigua peña en el Parque Lenin. Fue Teresita quien propuso la ronda, con su “dame la mano y danzaremos…”. Los versos de Gabriela Mistral musicalizados por Teresita obligaban a girar en torno al árbol, la tradición se ha mantenido hasta hoy. Sin ronda no hay ceiba, es el acto final de comunión.

La Ceiba de Don Alejo Jaime: En veinte años han pasado por allí muchos escritores y artistas, muchas figuras consagradas y noveles. Recuerdo la presencia de Graziella Pogolotti, José María Vitier, Pedro Luis Ferrer, Nelda Castillo, Lina de Feria, Pepe Hevia, Héctor Gutiérrez, Jorge García, Martha Rojas, Adelaida Fernández de Juan, Norge Espinosa, Martha Campos, Ariel Díaz, Rita del Prado, Heidi Igualada, Roberto Zurbano, Tamara Venereo, los integrantes del Estudio Teatral La Chinche, de Teatro Tacón y de Teatro en las Olas. El Caimán Barbudo también ha estado muchas veces con nosotros y ha ido tomando el pulso de la fiesta

Jorge: Esta fiesta para muchos era “la peña mayor” de San José de las Lajas. En la década de los 80 y 90 se hacían muchas reuniones culturales en el territorio, que giraban alrededor de un trovador o un escritor. A la Ceiba de Don Alejo se invitaba lo mejores artistas del municipio y de la provincia, quienes compartían el escenario con los invitados de la capital. La gente empezó a esperar el encuentro con expectativa. Se convirtió en un espacio de jerarquización en el que muchos querían estar y fíjate que es un encuentro que nunca ha amplificado indiscriminadamente su escala, fundamentalmente porque presupone una peregrinación al campo. De manera que ha sido el concepto y no la masividad lo que lo caracteriza. La gente que vive cerca de la Ceiba se siente feliz de vivir allí, de custodiar un árbol sagrado, de recibirnos año tras año, eso es lo más importante.

Jaime: Las instancias nacionales en verdad no se han involucrado. Es un evento hecho por la gente, quizás por eso se ha mantenido. Nunca nos ha interesado una validación que no venga de la misma gente que ha estado y permanece involucrada. La guagua que trae a quienes vienen de La Habana la pone la provincia a solicitud de la AHS, que también gestiona con el gobierno local el resto de los aseguramientos. El encanto es que a la sombra de la ceiba nos olvidamos por un rato del rango nacional o provincial. El lugar no admite poses de ningún tipo, allí todos somos uno. Una vez que llegas regresas. La ceiba tiene su magia.

Jorge: Hay una tradición familiar. Me alegra ver jóvenes que vinieron con sus padres cuando eran muy niños y han seguido viniendo. Es hermoso encontrar varias generaciones entre los fieles. En cuanto a los artistas jóvenes muchos se han dado a conocer en la Ceiba, recuerdo a los integrantes de Enfusión, un muy buen grupo musical de Bejucal, que encontraron en la ceiba a un grupo de valiosos interlocutores que los ayudaron luego a perfilar su carrera. En ese sentido es un espacio vivo también para la promoción, quizás el más dinámico e importante que gestiona la AHS en Mayabeque.

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