Actualizado el 4 de diciembre de 2012

Una zancada editorial

Por: . 1|12|2012

Mario Vizcaíno SerratEl debut editorial de Mario Vizcaíno Serrat no ha sido un paso, sino una zancada. Algo que puede ser tan revisitado como un libro de entrevistas resultó un buen catauro de revelaciones, íntimas las más, de un grupo de artistas y escritores cubanos —Leonardo Padura, Raquel Revuelta, Frank Delgado, Pedro Juan Gutiérrez, Anette Delgado y Fernando Pérez, entre otros— que, salvo porque de algún modo u otro se expresan a través del arte y viven en la isla, no tienen, ni generacional ni estilísticamente, conexiones apreciables.

Es así que Portarretratos a la deriva —Ediciones Extramuros, 2011— posee, además del valor congregante anterior, uno agregado: la reunión de puntos de vista sobre episodios de la historia contemporánea de un país, a veces esa historia de detalles puntillosos y soterranos, pues será difícil o no se encontrará ni en la erudición de los tratados ni en la fragilidad objetiva o el soslayo acatado de los medios. Es, en resumen, un libro del que se aprende, tanto de personas como de sucesos y de las relaciones entre ambos; un libro que, aunque puede ser leído de un tirón, no oculta los trabajos y la perseverancia, por momentos incómoda, de su autor, para conseguirlo. Parte de sus claves están en la siguiente entrevista.

—¿Cuándo decides que en el trabajo hecho había fraguado un libro?

—Hace ya varios años, empezó a interesarme la idea de reunir un grupo de entrevistas y publicarlas en forma de libro, siempre que le interesaran a alguna editorial. A mediados de esta década armé por primera vez un proyecto de libro, rechazado entonces debido a que, según la editora de entonces, faltaba un hilo conductor de las entrevistas. Este libro, muy parecido a aquel en cuanto a concepción, fue aceptado en la misma editorial y trabajado incluso con mucho interés. Fue muy importante que el jefe de redacción, Arnaldo Muñoz Viquillón, tomara el libro con un criterio profesional.

—Si existe alguna, ¿qué relación guardan los entrevistados? ¿Por qué fueron estos y no otros, que supongo tendrías como candidatos?

—No existe relación entre los entrevistados, excepto el vínculo natural de ser artistas, cubanos, populares, con prestigio en sus respectivas esferas. Hubo otros entrevistados que inicialmente estaban en la lista, pero las entrevistas no me complacieron. Fue lamentable tener que haberlas excluido, porque se trataba de artistas tan buenos como los que hicieron el libro.

—No parece que las entrevistas obedezcan a un guión preconcebido. ¿Cuál es tu método de entrevista? ¿Confías todo a la espontaneidad o persigues un equilibrio entre la libertad de preguntar y la seguridad del cuestionario?

—Lo que hago es estudiar al personaje todo lo que puedo, luego de localizarlo y pedirle la entrevista. Cuando siento que tengo suficiente información, hago el cuestionario, con un margen imprescindible para lo que vaya surgiendo durante la entrevista. Como sabes, a veces las preguntas que surgen durante la conversación suplen a otras que ya no hacen falta. Es como un juego de tenis, que hace la entrevista más disfrutable, apasionada, sincera.

Portarretratos a la deriva—¿Cuál fue el entrevistado más difícil de contactar y entrevistar?

—No recuerdo si alguno fue más difícil de contactar que otro. Pero tuve que esperar por algunos debido a sus ocupaciones, como a Fernando Pérez, a quien pensé que no iba a poder entrevistar porque, casi al expirar el plazo que me dio la editorial, no habíamos podido sentarnos a conversar. Esa entrevista y la de Anette Delgado fueron hechas para el libro, de modo que las restantes nueve fueron entregadas antes con el compromiso de hacer lo mismo con esas dos enseguida, pero el enseguida se convirtió casi en un imposible. Hubo un artista a quien no pude incluir, el pintor Pedro Pablo Oliva, porque no pude dar con él a tiempo. Mi idea es que estuvieran representadas todas las manifestaciones del arte, así que faltaron las artes plásticas.

—¿Alguno se molestó con tus inquisiciones?

—Algunos no esperaban ciertas preguntas, cierto ejercicio del criterio que debe haber en una entrevista que intente ser honesta.

—De alguna manera, ¿siempre te propones ejercer la provocación en las entrevistas o esta solo surge en la coyuntura?

—Me lo propongo, aunque no como camisa de fuerza. Un periodista no debe recibir como indiscutibles las respuestas de sus entrevistados, y debe ser un puente entre ellos y los destinatarios de una entrevista, que esperan conocer un poco más a sus ídolos, para llamarlos de alguna manera. No como pose, pero es bueno cuestionar al entrevistado, para que se sienta más comprometido con la gente que leerá o escuchará. Pero para eso debes sentir respeto por tu oficio, quererlo, pues corres el riesgo de que los entrevistados se molesten y pierdas su favor, su amistad incluso. Es un conflicto que resolví hace años: mi trabajo es tan respetable como el de ellos, por lo que debo defender, como ellos, mi derecho a hacerlo bien, al menos a intentarlo.

—¿Es embarazoso saber el límite entre curiosidad e insolencia?

—Quizás. Pero aquí no se trata de curiosidad, sino de indagación, diálogo, polémica. Eso depende también de la capacidad del entrevistado para entender que un trabajo público puede en cualquier momento ser analizado, cuestionado, precio que debe estar dispuesto a pagar. Los trabajos anónimos no están expuestos al ojo popular.

—¿Qué tiempo dedicas a la preinvestigación del entrevistado? ¿Acudes a cierta chismografía sobre el personaje contada por fuentes más menos fidedignas?

—No acudo a chismografía, pero sí me interesan los aspectos humanos de los entrevistados, su vida como personas, como esos seres humanos con defectos y virtudes, como cualquier hijo de vecino, aunque mucha gente los idealice. A la gente le interesa cómo son y piensan esas personas que ven en la televisión, en el cine, en los teatros, y eso lo tengo muy en cuenta.

—Al final de las entrevistas, ¿el resultado es que conoces más a la persona o la persona destruye los estereotipos y terminas teniendo a otra?

—Hay de todo. Puedes cambiar, para bien o para mal, la idea que tenías de esa persona, si no la conocías antes. Las entrevistas permiten entrar en el mundo de las emociones ajenas, a veces de sus demonios más escondidos, que en ocasiones salen a flote durante una conversación.

Mario Vizcaíno Serrat—¿Qué vedas al lector? ¿El pudor puede más que la verdad o todo lo contrario?

—Al lector le presento el resultado de la conversación, ni más ni menos. Aunque el proceso a veces tiene el ingrediente de que el entrevistado desea ver la entrevista lista, antes de ser publicada, para decir mejor determinadas cosas en las que se quedó pensando, o porque no quiere decir algo indebido, o por esa natural vanidad humana que invita a cuidar la imagen.

—¿Cómo explicas un título como Portarretratos a la deriva? ¿Acaso son portarretratos o son retratos y por qué les toca un destino tan incierto? ¿Es que acaso estar a la deriva significa estar en manos de los lectores…?

No son retratos, porque los retratos terminan de hacerlos los lectores, en cuyas manos están los artistas una vez que tienen el libro. Por eso están a la deriva, quedan a merced de los lectores. Los artistas, con lo que dicen, y yo, con el modo en que los presento, hacemos los portarretratos.

 —Una vez publicado el libro, lo has releído. ¿Encuentras errores que se filtraron a la imprenta o hallas preguntas omitidas que pudieron mejorar la entrevista?

—Lamentablemente, he descubierto más de un error, algunos más deplorables que otros. Eso crea como una impotencia, pero ya no hay remedio. En cuanto a si pude hacer otras preguntas, claro, creo que las entrevistas pudieron ser mejores, pero esas son las que pude hacer yo, las que me permitió mi capacidad.

—¿Tienes algún nuevo proyecto periodístico en preparación?

—Estoy trabajando en par de proyectos, pero me paso con fichas ahora, pues uno va por la mitad y el otro apenas comienza, así que es mejor hablar cuando las cosas estén más adelantadas.

Categoría: Entrevistas | Tags: | | | | | |

El Caimán Barbudo © Todos los derechos reservados