Actualizado el 5 de enero de 2013

José Martín Díaz Díaz:

“En mi vida suceden muchas cosas mágicas”

Por: . 1|1|2013

José Martín Díaz DíazHace apenas dos años se estrenó la serie de animados Dados a la Diversidad, que dejó cautivado tanto al público general como a especialistas y personas vinculadas al dibujo animado. Muchos se preguntaron quién era este realizador hasta ahora desconocido en el mundo de la animación, que no sólo había hecho Dados…, sino que era guionista de Pubertad, una de las series de animados más exitosas del momento, que ya cuenta con más capítulos que ninguna otra en la historia de los Estudios de Animación y ha recibido importantes premios y reconocimientos.

Por demás, cuando el ICAIC eligió estrenar dos producciones en saludo a su 52 Aniversario, una de ellas fue la serie de animados Cuentos para una Abuela, de la que José Martín Díaz Díaz es también realizador y guionista.

—Aun cuando muchos conocen tu trabajo como guionista de televisión, eres toda una novedad en animados y has logrado grandes cosas en breve tiempo…

—Atendiendo al modo en que hablas de mí, te cedería todo el tiempo la palabra.

—¿Dije algo que no fuera?

—No. Por eso me gustó más.

—Quisiera comenzar por tu carrera de guionista, porque a ella le has dedicado más de veinticinco años. ¿Qué opinas de esa especialidad?

—Escribir, ya sea literatura o drama, es una especie de patología, una inadaptación que ocasiona sufrimiento. La humanidad siempre lo ha entendido y por eso la autoría de una obra es tan respetada. Pero la modernidad ha creado muchos artificios. El guionista de audiovisuales debe padecer la angustia, pero sin la compensación. Por designio de no sé qué mito, el autor no es el creador de la pieza, sino el que hace la puesta. Un guionista puede estar años en una obra; un director la despalilla en un mes y ya es el autor. Y despalillar es la palabra correcta en muchísimas ocasiones.

“En audiovisuales es donde único una frase como ‘Otelo, de Juan Pérez’ puede ser una frase correcta. Con Shakespeare suena fatal porque es un clásico y nunca firmó contrato de guionista, pero es lo que sucede siempre, sin que se eche a ver. Cada día me parece más falso y me pregunto si los demás implicados de verdad no notan la falacia. Es posible que un director haga tantos aportes a una obra como para que merezca ser considerado autor, pero es la excepción.

“Conozco equipos completos de realizadores por cuenta propia que se pasan meses esperando a ver quién les hace un guión. Tanta gente y ninguno resuelve el problema, yo digo que están esperando al mingo. Pienso que no es falta de capacidad, sino de disposición; porque no basta intentarlo, lleva su martirologio y al final, ¿para qué? Una vez que el tipo parió el ansiado guión le dicen: ok, agarra tu dinerito y vete, que ahora vamos a trabajar los creadores.

“El guión es el basamento teórico de cualquier audiovisual, su importancia es capital; ni las grandes compañías se dan el lujo de gastar dinero sin contar con un guión bien analizado que avale la eficacia de la propuesta. En países con pocos recursos habría que ser más precavidos, porque hay menos para gastar y, además, a falta de recurso hay que ganar la batalla a golpe de buenas ideas y esas nacen del soporte teórico. Debería ser la especialidad más atendida y en cambio es de las más despreciadas en Cuba. No sólo ante la producción terminada sino, y esto es lo más grave, durante su ejecución: el más esmerado y analizado basamento puede ser barrido por muy festinadas ocurrencias de un director. Hay directores inteligentes y capaces, pero su potestad no tiene que ve con eso, sino con el puesto que ocupa: una vez designado el dios hay que dejarlo hacer a sus anchas. Si algo sale mal solo queda lamentarse.

“Lo peor no es que se echa a perder un producto, al cual el guionista tal vez dedicó mucho esfuerzo, sino que se desmoraliza a ese guionista, quien, para la próxima, cuelga el sable o ya no pone igual empeño. Me da gracia cuando dicen ‘hay guionistas, lo que hace falta salir a buscarlos’. Yo digo: aquello que hay no hace falta buscarlo. Esta falacia se ampara en que, para ser contratado como guionista, no hace falta ningún documento particular, así que, tentativamente, en Cuba todos somos guionistas. Es como decir: ‘Los elefantes tienen trompas, los pingüinos no. Así que, salvo los elefantes, todos los animales del mundo son pingüinos’. Claro que para ser guionista no hace falta ningún papel y basta con que lo sepas hacer. Siempre habrá gente dispuesta a intentar escribir guiones y siempre se podrá cubrir las plazas con los interesados. Pero así no se puede desarrollar una especialidad y, como decía, es una especialidad de suma importancia.

“El respeto por una especialidad va más allá del respeto por la persona que la realiza. Los clásicos de la animación cubana son por fortuna buenos guionistas, pero eso puede no ocurrir. Hoy se habla mucho en los Estudios sobre la importancia del guión, porque se comienza a sentir el déficit. A lo mejor los nuevos pueden ser buenos guionistas, pero, y esto es una opinión personal, son hijos del equívoco sobre la especialidad. Como el culto es a la dirección pueden haber creído que el guión no tiene mucha importancia, y no se estudia lo que no hace falta”.

—A pesar de eso, has sido guionista por muchos años. ¿Cuál sería el encanto?

—Trabajas tu propia idea, casi eres el único del equipo que puedes hacerlo. También da mucha autonomía, en el sentido de que no necesitas de nadie para empezar, porque eres el comienzo. Claro, el encanto siempre tiene que ver con el gusto de cada quien, para mí estos son los encantos.

—Eres el guionista Pubertad. ¿Qué criterio te merece esa serie?

Pubertad me ha traído muchas satisfacciones; el sólo hecho de trabajar con Mariela Castro es un honor que debo a la serie. A los púberes les ha gustado. Al principio yo tenía mis dudas. La idea era partir del deber ser, o sea, no podíamos mostrar aptitudes negativas y esto es un serio inconveniente para crear una trama y para la identificación del público. Era una característica que ya estaba desde la primera temporada, antes de yo incorporarme, así que tuve que aceptar el desafío. Ahora doy gracias por eso, porque ha funcionado muy bien y tiene la virtud adicional de esta exigencia. Me ha gustado mucho además trabajar con Ernesto Piña, con Elsita Carrasco, contigo y con todos los implicados. Y en los Estudios de Animación del ICAIC creo que hay bastante conciencia de la importancia del guión.

—El 3D es bastante novedoso en Cuba y con él realizaste Dados a la Diversidad, probablemente la primera serie producida en esa técnica en nuestro país. Ahora realizas Cuentos para una Abuela, la primera serie en 3D de los Estudios de Animación. ¿Cómo es que te vinculas al 3D, dónde lo aprendiste?

—Hacía rato buscaba algo que me permitiera más autonomía, que saliera de mis manos como producto terminado. La literatura es una opción y, de hecho, la he cultivado, pero en ella me siento todavía medio intruso. La animación es muy autónoma, la puedes hacer nada más con una computadora. Empecé medio que jugando, cacharreando, como se dice, hasta que una amiga me presentó a Ariel Núñez Morera, un gran estudioso del 3D. Ese fue el gran acontecimiento. Tuve mucha suerte porque di con el gran tipo, Ariel es una de las personas más informadas sobre el 3D en Cuba.

“Soy medio místico y no por gusto, es que en mi vida suceden muchas cosas mágicas. Creo que encontrar a Ariel no fue casualidad, y luego todo sucedió como por arte de magia. Quería conocer a Mariela para mostrarle el proyecto de Dados a la Diversidad a ver si podía brindarme alguna ayuda para realizarlo. Por otro lado me hablan de los Estudios de Animación y estaba pensando si venir a presentar mi proyecto de ‘aquí estoy porque llegué’. Entonces recibí una llamada de Elsita, preguntándome si quería escribir una serie en los Estudios y con asesoría de Mariela, a quien Nelson Flores, por iniciativa propia, le había mostrado mi proyecto. Tengo que agradecer mucho a muchas personas, he sido muy afortunado en amigos”

Cuentos para una Abuela ha sido muy elogiada, tanto por su guión como por su realización, y fue elegida para celebrar el 52 Aniversario del ICAIC. Obtuvo, además, los premios Vitral de Animación 2011, el Cine Plaza y otros. Pero otra de sus virtudes, algo que quizás pocos conocen, fue su viabilidad: fue una serie muy barata y que pudo terminarse en breve tiempo…

—Sí, y te agradezco a ti, a Arlene Comas y a Esther Hirzel, la directora de los Estudios, el haberme dado la oportunidad. Creo que esa obsesión que tengo por el ajuste, por lo viable, se la debo a la televisión, donde tienes que escribir atendiendo a aquello con lo que se dispone. Creo que eso también me ayuda con el 3D. El 3D deslumbra, hay que cuidarse de él; puedes hacer cosas que sorprenden y es difícil sustraerse a la tentación. Tecnología pura, quiero decir que cualquier persona con una buena máquina, leyendo un tutorial y utilizando el plugin pertinente puede hacer cosas sugestivas. Creo, incluso, que los programas 3D estimulan mucho esta fantasía: la de que puedes hacer lo nunca visto sin poner mucho de ti. Es un modo de motivar el interés por este software, hasta en personas que no lo usan profesionalmente. Eso está bien: es el lado lúdico del 3D y puede ser bueno como provocación. Pero no intentes sorprender con lo que hizo la máquina, porque mucha gente tiene máquinas.

“A mí me salva el hecho de que no me acerqué a esa técnica por eso, sino porque me permitía hacer animaciones, cualquier animación. Si lo pudiera hacer con títeres, o con actores en vivo, tendría el mismo entusiasmo. Pero aquello no lo tenía y esto sí. Así de simple. Es un gran instrumento para cualquier animación, sea pretenciosa en efectos o no.

—Decías que te sientes como un intruso en literatura, pero parece que no lo haces mal. Tienes unos cuantos reconocimientos en esa esfera.

—La literatura es la madre de la narrativa, creo yo. Me gusta por lo directa; es el autor y el lector, sin casi nada por el medio. Como una carta que se le hace a una persona desconocida. Esta es una idea un poco romántica, porque en verdad la literatura tiene un montón de leyes y normas que a veces me aturden. Me digo: yo solo quisiera escribir cosas que disfrute quien las lea, que le sirva para entender o pensar en algún asunto que considero importante, y en el mejor de los casos lo emocione o le deje algo particular. No voy a hacer ningún aporte a la literatura, nada más la utilizo como vehículo.

“Digo que es una idea romántica porque no pueden editar un libro para que yo me de ese gusto, y si hay gente que sí hace aportes formales, supongo debe tener la prioridad. Pero me alegra que funcione, a pesar de mis pocas pretensiones formales. Todos los cuentos que he escrito hasta ahora han recibido reconocimientos, pero son cinco en total, más los relatos infantiles que obtuvieron mención en el David… así no se vale.

“También me falta tiempo. Los guiones se escriben y el trabajo de animación se hace frente a la PC; físicamente hablando se trata de la misma actividad, y agota. Para mí no hay nada mejor que la vida, lo que sucede en la realidad, no estoy muy dispuesto a perdérmelo en favor de la PC, hasta me regaño cuando está sucediendo mucho. La obra que más defiendo, la más importante de mis historias, es mi propia vida y quiero que me quede buena. No importa que no sea contada. O tal vez siempre la estoy contando de muchas maneras.”

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