Actualizado el 9 de marzo de 2013

El universo multiplicado de Atilio Caballero

Por: . 5|3|2013

El universo multiplicado de Atilio CaballeroEl narrador, poeta, dramaturgo, ensayista, traductor e investigador cienfueguero Atilio Caballero es autor de Los delfines, uno de los sesenta y seis cuentos cubanos más sobresalientes del período revolucionario, según el criterio de Alberto Garrandés en su antología del género La ínsula fabulante. Textos suyos han sido compilados en volúmenes de poesía y narrativa de diversas naciones del universo hispanoparlantes y escogidos para revistas especializadas de Cuba, Estados Unidos, México, España e Italia.

Al autor de Naturaleza muerta con abejas no le resultan extraños, antes bien cotidianos, los reconocimientos a la calidad de su obra, tan vasta como diversa. Entre otros, el Cirilo Villaverde de la UNEAC por su novela La última playa; el Pinos Nuevos de Narrativa merced a El azar y la cuerda; el Calendario de Poesía en virtud de La arena de las plazas; el José Antonio Ramos de Dramaturgia gracias a Marca de agua; o el Dador de Teatro por conducto de La casa de los fantasmas.

A esta notable foja de lauros, Atilio incorporó recientemente el Premio Alejo Carpentier en la categoría de Cuento.

—Rosso Lombardo es el título del volumen agasajado. ¿Motivo de tal denominación y de qué va este?

—Así, justo como el libro, intitulo a uno de sus diez cuentos. Alude a un tipo de tonalidad, de pigmentación poseída por las construcciones en la zona norteña italiana de Lombardía. Asemeja un color que recuerda el terracota vino. Casi todos los relatos hallan un denominador común que descubrí al azar; o sea que no fueron escritos, al menos de inicio, con ese propósito o sentido, y es que son cuentos que de alguna manera se remiten al viaje, al desplazamiento del ser humano en dimensiones geográficas distintas: visto dicho desplazamiento además como el realizado hacia el interior

“Aunque algunos transcurran en Cuba, guardan relación con mi estancia en Italia, lo cual les propende a abordar el cuestionamiento de la identidad. ¿Qué es esta? ¿Por qué pertenece uno a determinado lugar? ¿Será cierto que la identidad, según algunos teóricos contemporáneos, se difumina en tanto el hombre es un ser circunstancial y responde al lugar donde esté y no a donde haya nacido? En fin, esas preguntas, de cierto modo, están en los relatos. Así pues, portan ese hilo comunicante muy sutil de la búsqueda de la respuesta a la razón de la identidad y el motivo del viaje cual detonador de dicha interrogante, salvo acaso dos de ellos”.

—El periplo peninsular referido es el de tu permanencia a partir de 1992 en Milán, como director invitado del Teatro della Zattera. Ahora bien, Italia es un país que te marca en varios sentidos…

—Dicho viaje acontece cuando trabajaba en Casa de las Américas. Me invitaron a ejecutar allá una serie de presentaciones sobre el arte de la escena en Cuba, videos, conferencias… Luego ese colectivo, compuesto por latinoamericanos residentes en la urbe peninsular, me pide dirigir una obra de teatro de tema criollo. Era un proyecto fijado inicialmente para tres meses, mas extendido a dos años, del cual dimanaron muy buenas relaciones, mantenidas hasta hoy incluso en el perfil laboral.

“Mi abuela era italiana y yo me pude comunicar en ese idioma desde pequeño, porque la escuchaba. Después lo olvidé, pero cuando llegué al país europeo hubo como algo reactivado (la lengua es uno de los elementos que más impide identificarte con el lugar arribado) y de pronto estaba hablando esa lengua como un nacional más, sin acento ni nada según ellos. Eso fue un descubrimiento muy importante para mí, que yo también tenía que ver mucho con ese lugar, el cual en otro sentido no tenía nada que ver conmigo.

“Resultó una experiencia muy significativa en lo personal y de eso mismo se empapa bastante el libro; es decir, de cómo uno cambia de lugar y sin embargo encuentra cosas afines en otros sitios, pese a cualquier presunción contraria establecida”.

—En uno de los tres volúmenes que presentas en la aún vigente XXII Feria Internacional del Libro traduces a un gran creador italiano como Eugenio Montale. Antes lo hiciste con Claudio Magris y Giorgio Caproni. Refiérete tanto a ese texto como a los otros dos, que ven la luz bajo los sellos de Letras Cubanas y Reina del Mar Editores

—Lo primero: me gusta traducir. El primero por ti mencionado es un texto de traducciones a difundir por Ediciones Holguín, Colección Ático, y se trata de Cuaderno de cuatro años, el último libro de Eugenio Montale (1896-1981), gran poeta italiano, Premio Nobel en 1975, a quien desafortunadamente no se le conoce muy bien, ni en Cuba ni en el ámbito hispanoamericano, donde en honor a la verdad existe bastante distanciamiento de la gran literatura italiana, sobre todo la poesía más contemporánea de mediados y finales del siglo XX. Te hablo de esta por cercanía y dominio; además, está llena de grandes autores, si bien lo mismo ocurre con otras. Por eso sería muy bueno que diferentes personas hicieran lo mismo con estas otras literaturas.

Cuarteto (Editorial Letras Cubanas), el otro de los libros, recoge cuatro obras de teatro. Los editores de esa casa y yo hemos trabajado mucho con este material, porque es un texto que inaugura una colección de volúmenes oscilantes entre teatro y literatura. Incluye uno, el más clásicamente teatral por clasificarlo de alguna manera (conserva la unidad de acción, espacio, tiempo; las estructuras con crisis, conflicto…) titulado Marca de agua. Fue en su origen un espectáculo montado junto a Teatro de los Elementos hará unos quince años, basado en la investigación acometida en el lago de Siguanea en torno al destino de ese pueblo sumergido. Resultó algo muy intenso para nosotros (hablo así porque aún me siento parte de dicho colectivo). Siempre tuve la deuda con los actores y su director, José Oriol González, de que debía ser publicado, puesto que no fue un texto escrito ex profeso para ser montado sino una investigación propia, y de las improvisaciones elaboradas sobre la base de los elementos encontrados se estructuró tal pieza. Caso contrario a Marca de agua, otros de los materiales contemplados en Cuarteto: La alegría de los peces y Crisálida Noctis, observan líneas mucho más difusas entre ambos universos; lo literario y lo dramatúrgico desdibujan fronteras.

“Por su lado, Díptico (Reina del Mar Editores), el tercero de los libros a presentarse, contiene otras dos obras teatrales: Ten mi nombre como un sueño y Niebla del riachuelo”.

Atilio Caballero—El año anterior Marcial Gala obtuvo el Alejo Carpentier en Novela; ahora tú en Cuento. ¿Mera casualidad o algo grande se está moviendo en Cienfuegos en materia literaria?

—Reflexioné sobre eso justamente hace bien poco. Si te soy sincero, estimo que lo último no. En virtud de ambas distinciones al hilo, alguien podría colegir el presunto reflejo de un movimiento literario en Cienfuegos, mas yo no lo creo. A excepción de cuanto a mi juicio constituye lo más interesante acaecido en la literatura local ahora (lo escrito por mujeres jóvenes como Laura Conyedo, Kryster Álvarez, Eylin Lombard) no aprecio la existencia de una especie de “movimiento” importante; mucho menos en la narrativa. Los dos lauros consecutivos no son sinónimo de ningún “despertar” o algo parecido. Ha sido tan solo una feliz coincidencia que Marcial y yo ganásemos estos premios en 2012 y 2013. Lo que sí podría traducir, en fin de cuentas, es un reconocimiento a los dos escritores del territorio de los cuales más se habla en consonancia con nuestra representación a nivel editorial en el país, a quienes llevamos más años aquí escribiendo con mayor rigor… Al margen de Alejandro Cernuda, no veo muchos exponentes importantes que pudiesen granjearse espaldarazos de este tipo. Ojalá me equivoque, pero es mi manera de ver el panorama.

—Teatro de la Fortaleza, por ti fundado, arriba a su década. Resume su línea directriz de trabajo en un párrafo.

—Si bien resulta harto difícil en tan breves palabras, ha de decirse que es un grupo de creadores formado a partir de afinidades electivas. Son personas con quienes quise trabajar, las fui escogiendo y desde el principio nos propusimos realizar una labor de investigación teatral profunda. Todos nuestros espectáculos, unos nueve en diez años, nacen de investigaciones emprendidas en el lugar donde vivimos (la violencia, la locura, la inmigración). A partir de dicho estudio previo allí, en las áreas cercanas a la antigua Central Electronuclear (CEN), levantamos el texto o tomamos uno prestado para desarrollar el concepto. Ha sido la tónica del quehacer, amén de de sus búsquedas estéticas u otros objetivos imposibles de tocar ahora.

Intelectual de formación integral, pocas veces tan apropiado el término, a sus 53 años Atilio no ha desperdiciado ni un minuto del calendario. Cuando el segundo día del año intentamos contactarlo para la entrevista, la hermana respondió que el 1º de enero había partido en la noche rumbo a la CEN, sede de Teatro de la Fortaleza, con cuyo colectivo comenzara a trabajar esa misma semana en nuevo montaje. Ahora traduce a otro notable escritor italiano. No cesa de escribir ficción y no-ficción. De no viajar el interesado en contactarlo al mencionado sitio, solo se lo topará en la sala de navegación de la UNEAC cienfueguera, adonde viene a revisar sus correos desde aquel lugar ultramarino, desde donde se desplaza en barco o en ómnibus.

Sin dudas, no posee el dinero de Ken Follet, pero no creo llegue nunca un momento cuando decida abandonar el acto de escribir, a la manera del anciano Philip Roth. Hay imágenes que el firmante no logra reproducir en su mente, por acaso imposibles. Un de ellas es la de este señor en estado de inactividad. La naturaleza casi nunca se traiciona a sí misma.

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