Actualizado el 26 de noviembre de 2013

Edwin Casanova

“Es música cubana todo lo que se presenta en Proelectrónica”

Por: . 25|11|2013

Edwin CasanovaDurante los meses del verano, junto al calor y las diferentes actividades culturales, la música alcanzó buenos momentos. En ese contexto, como cada año desde su surgimiento en el 2000 tuvo lugar una nueva edición del festival Proelectrónica. Aprovechando este evento busqué entre las agrupaciones al integrante de un dúo que ha ganado gran aceptación dentro del público joven. Ingeniero devenido en músico, de carácter afable, tiene en su haber no solo la incursión en el video clip y en la composición musical, sino también en proyectos de animación. Sobre la creación de Nacional Electrónica en el 2004, sus consideraciones sobre el festival Proelectrónica y los trabajos futuros, nos comenta Edwin Casanova

—Junto a Alexis de la O eres integrante de Nacional Electrónica. ¿Qué es Nacional Electrónica y cómo surge la idea de la agrupación?

Nacional Electrónica es un dúo de compositores o de “productores”, que es el término dentro de este mundo de la música electrónica. Alexis llevaba un tiempo haciendo música por computadora y a mí me parecía muy buena. Nunca me imaginé que en Cuba y en aquel momento, estoy hablando de los años 2002 y 2003, se pudiera hacer música en aquellas computadoras y que tuviera una cercanía tan grande con el estándar de calidad de la música que uno escuchaba, por lo menos de la electrónica. Eso me maravilló.

Ambos, desde antes, habíamos hablado de que cada uno hiciera música. En ese momento conversamos sobre convertir esa música que él hacía solo, encerrado en su casa, para él y dos o tres amigos, en un proyecto un poco más ambicioso, más definido. Ahí fue cuando decidimos hacer un dúo, que al principio no era un dúo sino un trío pues estaba también Michel Portela, que es un trovador de Santa Clara. Él hacía las voces porque, inicialmente, la idea era hacer un grupo como tal, con voz, temas cantados y quizás con instrumentación, en dependencia de los músicos que tuviéramos a mano. Al final quedamos Alexis y yo trabajando como dúo. Fuimos haciendo la música, los discos y fueron apareciendo encargos. Así surgió Nacional Electrónica en enero de 2004.

 —En varias entrevistas o artículos sobre su trabajo han declarado que no es que se propongan hacer una ruptura en el contexto musical cubano, sino abrir el diapasón a otros ritmos. ¿Cómo definirías la producción del grupo?

—La idea desde un principio fue justamente eso. Nos parecía que en la música cubana había una especie de estancamiento en cuanto a la búsqueda de nuevas soluciones, de sonoridades distintas. Cuando hablo de sonoridades me refiero a cosas que a los músicos cubanos, a veces, se les olvida un poco. Por ejemplo, que la sonoridad, el timbre, el color y la textura son elementos musicales también; no solo el ritmo o la armonía complicada que puede lograr un jazzista. Nos parecía que había algunos elementos por los cuales los músicos se preocupaban antes. Por ejemplo, en los años 80 y en los 70, y que, de repente, esa preocupación se había perdido en los 90, por una cuestión de apertura al mercado y también de tratar de lograr los estándares de la música pop y más comercial del resto de Latinoamérica y quizás del resto del mundo.  A nosotros nos parecía que se había perdido el espíritu de hacer cosas que pudieran ser un poco a contracorriente. Cuando uno oye música de los 80, un tema de Kiki Corona por ejemplo, uno ve que había un interés de los músicos que trabajaban con él, y en él mismo, de buscar sonidos nuevos o distintos. Algo que enmarcara que había un sentido y una identidad propia, separada de lo que estaban haciendo los demás. Lo mismo pasaba con Moncada en ese tiempo, con Edesio Alejandro. Había una preocupación de la gente que hacía música y no era música popular, la típica música popular bailable… ¡Pero es que hasta Van Van, cada cierto tiempo sacaba un tema con una sonoridad distinta!

Eso, creímos nosotros que se había perdido, y por ahí nos interesamos en la música electrónica. También porque era muy fácil hacerla para dos muchachos que no sabían nada de música y aún saben muy poco. Además, porque la música electrónica llevaba ya treinta años en el mundo y aquí en Cuba era algo desconocido. Creíamos que sumar la música electrónica como un elemento más dentro de la música popular cubana contemporánea podía ser interesante.

 —Han incursionado también en el video arte y en la realización de bandas sonoras. Coméntame sobre esos trabajos.

—Más que video arte en sí, lo que hicimos estaba como en el medio entre el video arte y el video clip. Hay un video que lo hizo Alexis y lo corregimos entre los dos. Ganó el concurso que se realizó para la película Cuba baila. Eso es lo único que hemos hecho como video arte. Lo que sucede es que en un momento hicimos un grupo de video clips con nuestros medios, muy baratos, con low fidelity, y esos videos tenían un matiz diferente, unas intenciones distintas.

No teníamos ninguna presión del mercado y los hicimos con todas las pretensiones artísticas que teníamos en aquel momento. Eso fue del 2005 al 2007 y después hubo otro en el 2009. A una parte del público les pareció que esos videos podían ser video arte. Siempre hemos defendido que son video clips, aunque sean muy distintos a la producción de video clips que había en ese período en Cuba. Los hicimos con el objetivo de promocionarnos, ya que la música electrónica era casi desconocida en el contexto nacional por ese entonces, y para hacer visible el proyecto la vía más efectiva eran los video clips y ponerlos en “Lucas”, porque ese programa televisivo estaba en un punto de clímax. Hicimos esos videos a partir de la inconformidad que teníamos con lo que se estaba haciendo en materia de video clip y a partir de la estética que pensamos tenía que ver con las características de nuestra música. Partimos del lenguaje de la música electrónica y de cómo podía ser expresado y visto como un producto cubano.

Recibimos publicidad y promoción por los medios y la gente empezó a conocer a Nacional Electrónica y comenzaron a aparecer trabajos por encargo. Queríamos que no solo fuera una cuestión de interés puramente artístico, sino que también se pudiera convertir en una especie de oficio el hacer música. Para dos personas que no vienen del mundo de la música puede ser muy difícil insertarse en un determinado mercado musical, pero nosotros más o menos lo hemos logrado haciendo música por encargo para audiovisuales, documentales, para Danza Contemporánea y teatro. Ese hecho estuvo muy relacionado con el éxito y la visibilidad que nos dieron los videos.

 —Hace poco se realizó el último concierto del festival Proelectrónica. El festival le da cierta visibilidad al género. ¿Crees que la música electrónica tiene actualmente suficiente apoyo institucional? ¿Cuán importante ha sido el trabajo del Laboratorio Nacional de Música electroacústica en la promoción de las agrupaciones y en el problema de la profesionalización?

Inauguración de Proelentrónica—Esa es una pregunta complicada de responder, creo que el movimiento en general o una gran parte no está del todo conforme con lo que ha pasado con las instituciones. Cualquiera podría pensar que uno no está conforme porque las instituciones nos han tirado a un lado o no nos han hecho caso. No es así. Las instituciones sí nos han apoyado. El Laboratorio nos apoyó mucho, en un principio se vio muy interesado por nosotros; de hecho, le dio cierta apertura dentro del Festival Primavera de La Habana a la música electrónica, aunque no sea igual a la música electroacústica… Nosotros creemos que hay ciertos prejuicios dentro del mundo académico y el mundo de los músicos más experimentales, porque la música que hacemos proviene de un mundo comercial, de disqueras, y de una música tal vez electroacústica pero ablandada para cumplir con un interés mercantil y la aceptación de un público determinado, ya que al final es música pop… Sin embargo, cuando uno oye las obras de Juan Blanco, se da cuenta de que en determinadas piezas él está en un punto en que es difícil definir del todo si eso es música electroacústica o música electrónica. Desde el punto de vista de uno que no es músico, pero que conoce la música electrónica de escucharla y de hacerla, uno encuentra patrones que son típicos de la música electrónica y que quizás no son tan comunes en la música electroacústica o académica… Creo que por eso Enmanuel Blanco, el Director del Laboratorio de Música Electroacústica, tuvo el interés de incluirla dentro del catálogo, de los festivales, de manera que la música electrónica comenzara a tener su espacio dentro del mundo de la música electroacústica en Cuba.

Por un tiempo se pujó mucho también porque de alguna manera fuéramos oficializados como músicos o contratados por la Empresa. Nosotros tuvimos una audición, filmamos un contrato con la Empresa de Música de Conciertos. Somos parte oficial del catálogo del Laboratorio. Ahora, eso está muy bien, se hicieron algunos intentos de crear determinados espacios, pero lo cierto es que no ha habido una perseverancia o una continuidad. Por ejemplo, hace como un año nosotros empezamos a gestionar un espacio físico que fuera exclusivamente para la música electrónica y eso se ha quedado ahí… Las instituciones sí nos han apoyado, nos han legitimado, pero hay una especie de divorcio entre una gestión real y que nosotros podamos tener más presencia para el público y más frecuencia en las presentaciones.

Por vías personales, algunos sí logran tocar en un club con frecuencia, pero otros no porque la música que hacen es menos comercial y le interesa menos al gerente… Ahí es donde una institución tiene que mediar para que haya una presencia más activa, una visibilidad real, para crear un público y una relación más cercana entre el público y la producción que nosotros hacemos; sobre todo la producción en vivo que es la que más escasea y, aún más, la que no es bailable.

 —El 2013 marca una nueva edición en el festival Proelectrónica. ¿Cuál crees que ha sido el mayor logro del evento hasta la fecha?

—Proelectrónica se ha preocupado por dirigirse directamente a la música electrónica y apuesta todo lo que puede apostar por este género musical en específico…  Además, empezó como un festival pequeño  de una noche, y ya este año hubo dos conciertos: el primero, de música electrónica no bailable —creo que por primera vez se hace eso—; y el segundo en La Tropical.

El festival se interesa por la música electrónica hecha en Cuba, ya sea tocada en vivo o pinchada o mezclada en vivo por Djs; pero el hecho es que es música cubana todo lo que se presenta en Proelectrónica… Y lo mejor es que si bien  comenzó siendo un festival, ya hay intereses por parte de los organizadores de ir más allá y que pueda satisfacer las necesidades que tenemos como movimiento. Hasta ahora es un festival. Creo que tiene que mejorar en cuestiones de organización y programación, quizás la búsqueda de mejores espacios para los conciertos, pero el hecho es que ya no sé está pensando solo a nivel de festival, sino que se está pensando en muchas más cosas.

— ¿Cuáles son los últimos proyectos de Nacional Electrónica?

Edwin Casanova—Nacional Electrónica tuvo una época de hacer muchos discos, mucha música, pero en un momento determinado nos dedicamos más a la música por encargo y es lo que más estamos haciendo ahora. Hace poco terminamos una música de Danza Contemporánea para una coreografía de George Céspedes que se estrenó en el teatro Mella. Estamos trabajando también para el ICRT, en una serie de animación en stop motion, dirigida por Niels del Rosario. También queremos intentar algo que se hace poco en Cuba: mezclar música electrónica en vivo usando las nuevas tecnologías como el Ipad y los softwares… Lo bueno y lo malo es que es una improvisación. De ello, lo bueno, es que es en vivo y eso se ve poco; pero lo malo es que tanto nos puede quedar bien como muy mal, porque todavía es difícil tener dominio de toda una tecnología aún muy novedosa.

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