Actualizado el 20 de noviembre de 2013

Yamira Díaz:

“Las mejores canciones son las más infieles”

Por: . 19|11|2013

Yamira DíazEs un verdadero placer tener esta conversación con Yamira Díaz. Ella es una seria cultora de la trova cubana en las últimas décadas y es gratificante, además, constatar su sentido de pertenencia con Pinar del Río.

Crecí rodeada de música. Mi madre canta y toca el piano, durante mucho tiempo lo hizo profesionalmente. Mi padre era médico, pero apasionado a la música campesina, era repentista y tocaba su propio instrumento, un tres criollo que sonaba bien. Sus amigos lo invitaban a las canturías y yo me iba con él, me encantaba verlo tocar y disfrutar aquellos encuentros. Un día tomé el tres de mi padre y espontáneamente toqué una melodía muy breve y sencilla; tenía sólo diez años pero fue algo mágico, un descubrimiento que definió mi vida para siempre.
Mi padre me llevó donde un amigo suyo, el maestro Domingo Chamizo, quien me aceptó como alumna y puso una guitarra en mis manos por primera vez. Resulté buena estudiante, pero lo dejé poco después. Siempre he lamentado mi falta de perseverancia en ese momento y no haber aprovechado más esa oportunidad. A Chamizo le debo lo poco que sé. En la primera clase me dijo: “el que toca guitarra nunca se siente solo”, y esa fue la lección más importante. Desde entonces la guitarra forma parte de mi vida, ha sido mi más fiel compañía y nunca me ha traicionado.
Los muchachos dicen que comienzan en la trova para conseguir novias. Es posible, como todo. Aunque hay algo de machismo y hasta cierta puerilidad en ese romántico argumento. Creo que las mujeres que deciden ser trovadoras generalmente lo hacen porque quieren decir cosas de una manera diferente, por una necesidad de comunicación que tiene más que ver con lo humano que con su género. Y la trova ofrece ese camino, poder utilizar la música como un lenguaje verdaderamente universal, sin discriminaciones preconcebidas ni posiciones “femeninas” a ultranza.
Cuando estaba en el preuniversitario, y luego en la universidad, el movimiento de artistas aficionados era muy fuerte y de gran calidad. En esa etapa integré formatos diferentes: dúos, tríos y agrupaciones musicales, con un repertorio integrado por canciones de la Nueva Trova cubana así como de Atahualpa Yupanqui, María Elena Walsh, Víctor Jara, Violeta Parra, Inti Illimani, y otros tantos exponentes de la canción latinoamericana. Como solista, me acompañaba a la guitarra y comencé interpretando canciones de Silvio, Pablo, Vicente, Noel, Sara, Amaury, protagonistas de la banda sonora cubana de aquella etapa. Además hubo otros referentes importantes para mí, como Joan Manuel Serrat, Alberto Cortés, Mike Pourcel, Víctor Manuel, Fito Páez, Rubén Blades. Y también formaban parte del repertorio canciones de Jonh Lennon, Miguel Matamoros o Van Van.
En la universidad conocí a varios jóvenes escritores y actores, con quienes comencé a compartir intereses comunes desde el arte. Musicalicé y llevamos a escena la obra poética de Sergio y Luis Saiz, y en 1986 fundamos la Asociación Hermanos Saiz. Comencé a reconocerme a mi misma como trovadora, y en el 87 ya estaba componiendo mis primeras canciones. Fueron tiempos fecundos, componía mucho en esa etapa, hicimos muchas cosas. Recuerdo la Peña La Majagua, que estuvimos realizando durante un año, con más ganas que recursos, y donde participaron artistas y escritores jóvenes de todo el país. Interactuábamos todas las manifestaciones, y nos retroalimentábamos con la experiencia de los otros, creciendo como artistas y como personas. Era un contexto diferente, con otros conflictos, y el país de ese entonces más que un recuerdo, me parece una utopía.
Para mí la trova es un camino, con sus piedras afiladas, sus encrucijadas inevitables y sus sillas peligrosas. Como género, la trova puede coexistir de manera dinámica con todos los rumbos posibles de la música, y mantener su esencia indiscutible. Pero no llegas a ella por arte de magia; tomar una guitarra y cantar una canción no te hace trovador, no es tan simple…
El arte es mucho más que la actividad que uno realiza. Es una manera de ver la vida, de asumirla, de defenderla y de vivirla. Aunque no concluí los estudios de guitarra, más tarde y después de especializarme en Embriología, cursé y me gradué de nivel medio de Canto. Los estudios permiten obtener y sistematizar información, te proporcionan un lenguaje común que facilita la comunicación y el desempeño profesional, pero se necesitan otras cosas que no se aprenden en ninguna academia, como las aptitudes y la sensibilidad, que suelen ser innatas, y pueden quedar escondidas e incluso, perderse si no es propicio el entorno que nos recibe desde que llegamos a este mundo.
Mi entorno familiar y social facilitó ambas cosas: el arte y la ciencia, que tienen mucho en común aunque no lo parezca. Y yo crecí, me eduqué, y he vivido entre ambas de manera natural; en los dos ámbitos la gente me reconoce y los practiqué simultáneamente a tiempo completo mientras fue posible. Después de formar mi agrupación acompañante, se hizo mucho más difícil destinar el tiempo necesario a cada una, era extremadamente agotador, y fue entonces cuando decidí parar en la Medicina y destinar profesionalmente a la Música la mayor parte del tiempo. Pero de alguna manera sigo ejerciendo, mucha gente sigue consultándome y valoran mi opinión; en estos tiempos en que la crisis de valores también afecta a nuestro sistema de salud, la gente agradece mucho ser escuchados y atendidos cuando lo necesitan, porque ese es el primer deber de un médico, y no cuesta nada ni hay Bloqueo que lo impida.
Cualquier tema puede desatar una canción. Me encanta contar historias, otras veces preciso con urgencia sacar afuera emociones o estados de ánimo, y en ocasiones sólo persigo divertirme. Con los años, las responsabilidades aumentan y la vida se va complicando, pero componer sigue siendo el mayor placer de mi vida. La experiencia y el oficio pueden ayudarte a construir una canción, pero creo que, en realidad, las canciones están en el aire, tienes suerte si se dejan atrapar porque ese encuentro es un verdadero éxtasis. Las mejores canciones son las más infieles, pues se van con cualquiera, y aunque no las hayas descubierto sientes que son tuyas y desearías haberlas atrapado primero. Por eso interpreto también canciones de otros autores, son historias que ellos descubrieron antes que yo.
La Radio y la TV de mi provincia han dado cobertura a mi trabajo, sobre todo algunos realizadores talentosos con programas de buena factura y aceptación en el territorio. En los medios de alcance nacional, la presencia ha sido esporádica, porque hay de todo: programas que te invitan y pueden promocionar tu trabajo, pero no disponen de recursos para garantizar mínimamente la logística imprescindible que ello implica; pocos realizadores que se preocupen por conocer lo que hacen los artistas fuera de la capital y lo promocionen de manera coherente y provechosa para todos; misteriosa clasificación de los artistas en “nacionales” o “locales”, lo cual puede decidir su presencia en ciertos programas. Pocas veces se presentan artistas que realizan un trabajo de excelencia desde otras provincias, y muchos de ellos logran llegar invirtiendo esfuerzos y recursos personales de todo tipo. Otras veces, son invitados para “cumplir con una cuota” que les permita a los realizadores evitar problemas en cualquier análisis al que sean sometidos. Hay programas de alto rating nacional, que a pesar de su estética discutible están en la mira del público y pudieran hacer visible tu trabajo y promocionarlo, pero adolecen de una ética dudosa y oscura. En ocasiones salen al aire programas interesantes, pero de manera temporal o en días y horarios nada beneficiosos, y hay programas tan especializados que te clasifican como algo de excepción, como un bicho raro que sólo la gente con un gusto exótico pudiera consumir. Y mejor no hablar sobre el poder que se le ha adjudicado al video clip, y todo lo que hay detrás de ese fenómeno hoy en Cuba.
Con respecto a los estudios de grabación, es un asunto polémico, con muchas aristas… Los sellos discográficos tienen un lógico marco de autonomía para tomar sus decisiones, en las cuales lo económico tiene un gran peso. Por otra parte, las producciones a veces son demasiado repetitivas, llegando a saturar ciertos géneros sin trascendencia ni aportes valiosos, o dejando lamentables espacios de silencio en otros. Y hay un aspecto que nubla cualquier esfuerzo: ¿qué pasa con el disco una vez terminado? He escuchado a algunos decir que aquí los discos mueren en cuanto comienzan a grabarse. No me gusta ser catastrofista, pero no me parece lógico, ni rentable, grabar discos de manera festinada o arbitraria, sin planificar estratégicamente lo que va a pasar con ellos, previendo los riesgos para que el esfuerzo y la inversión sean provechosos para todos los implicados: productores, artistas y público. Tampoco se debía perder de vista que, desde su surgimiento, los discos son la memoria musical de su tiempo y es nuestra responsabilidad que esa banda sonora se corresponda con la realidad.
Mis principales oportunidades discográficas han sido conciertos en vivo y se las debo al Centro Pablo, que ha trabajado mucho por la trova y los trovadores. También tuve la oportunidad hace años de grabar un disco en los estudios Abdala y de participar en varias antologías. Pero todo el proceso alrededor de un disco es costoso, dinámico y cambiante; por ejemplo, hoy la realización de un DVD que acompañe al disco, mejora mucho las posibilidades para su éxito, pero complejiza y encarece más el proceso. Es un poco la serpiente que se muerde la cola, círculo en el que también entran las producciones independientes, muchas veces grabadas en estudios privados, añadiendo otros matices al asunto.
Creo que la trova tuvo mucho que ver con el surgimiento de lo que hoy conocemos como “peña”, no sólo como modalidad de espectáculo, sino como un espacio de encuentro que trasciende lo cultural y adquiere una dimensión social, ética y estéticamente diferente, muy en consonancia con el complejo y heterogéneo entramado que estructura hoy nuestra cubanía. Las peñas constituyen nuestra principal y más asequible oportunidad de interactuar con el público, para mostrar la obra y hacerla profesionalmente sostenible. Pero también se han erigido como una alternativa de la resistencia cultural ante evidentes amenazas de todo tipo.
En enero de 2014cumplirá el Trovazo sus primeros diez años de emisión mensual ininterrumpida. Este es mi espacio de presentación habitual en la ciudad; lo considero mi espacio matriz porque me ha permitido desarrollar mi trabajo con el grupo, promoviendo ante el público pinareño no sólo nuestra obra, sino la de valiosos artistas cubanos y extranjeros. Hemos sorteado muchas dificultades, pero el esfuerzo ha valido la pena.
Nunca hemos sido muchos los que apostamos por la trova en este lado de la isla. No somos una región de gran tradición trovadoresca, como Santi Spíritus, Santiago o Santa Clara. Pero ha habido siempre cultores del género; pudiera mencionarte, entre otros, al maestro Aldo del Río, Omar Pérez, Ana Cristina Pozo, Noel Gorgoy, Tony Carreras, los hermanos Labrada, Miriela Mijares, Víctor Quiñones, Yoandi González o Yordi Toledo, con un amplio diapasón de estilos que van desde lo más tradicional hasta lo más contemporáneo. Algunos perseveramos, pero otros han emigrado o decidieron realizar un trabajo musical diferente, y en este momento no se avizoran muchos candidatos.
La trova fue indiscutiblemente una de las protagonistas más apreciadas de la banda sonora de Cuba hasta hace casi dos décadas, pero hoy el panorama es diferente. Las razones son muchas: objetivas, subjetivas, internas, externas, humanas y divinas…pero todas con un resultado lamentable: la mutilación de nuestro patrimonio musical, al ceder el terreno precioso de un género que ha contribuido a definirnos como nación. Para los más jóvenes, hacer trova hoy no resulta atractivo;pocos lo intentan y la mayoría cambia el rumbo hacia variantes más promisorias o rentables.
Yamira DíazEn nuestro país la cultura cuenta con un sistema bien diseñado, para que el buen arte pueda surgir y desarrollarse en y desde cualquier lugar. Las dificultades surgen porque las personas con poder de decisión no siempre son las más capaces ni las más honestas. Sé que permanecer en provincia significa estar lejos de los medios, casi inaccesible para los productores, realizadores y promotores más reconocidos y exitosos, fuera de la mira de las disqueras y del gran público. Yo he tratado de sortear la perentoriedad de sobrevivir a toda costa, perfilando de manera muy personal mi concepto del éxito: hacer lo que me gusta y disfrutarlo.
Aprecio el trabajo en equipo, y hacerlo con los músicos de mi agrupación es una de mis mayores pasiones, cada sesión de ensayo es un taller creativo donde participamos todos, y lo disfruto casi tanto como el acto mismo de componer. En cada presentación procuramos ser muy profesionales y a la vez divertirnos. Además, desde hace cinco años tenemos también el Proyecto Arena Fina, destinado a las niñas y los niños, una experiencia profesional y humana increíble.
Soy pinareña y sé que este es un sitio complejo, con muchas cosas por hacer, pero me siento bien aquí. Tengo un sentido de pertenencia que renueva mi entusiasmo y me hará permanecer, mientras siga creyendo en las cosas que son importantes para mí.

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