Actualizado el 4 de diciembre de 2013

Del día que Juan Villoro dijo que nadie sobrevive en silencio

Por: . 3|12|2013

Juan VillorroConocía sólo su rostro en las fotos: sonrisa franca y gozosa enmarcada por bigote y barba bien cortada, ojos despiertos por debajo de la frente ampliada por el retiro de la cabellera en extinción. Lo había completado con el estereotipo del mexicano moreno, bajo y chaparro, y el resultado en mi imaginación no distaba mucho de un Pancho Villa atrapado en el cuento de Blancanieves. Por eso el choque contra su envergadura física, cuando apareció en La Habana en noviembre para la Semana de Autor de Casa de las Américas, fue abrumador.  

El Juan Villoro de la realidad es un hombre sonrosado, altísimo y todavía delgado a los cincuenta y tantos años. Por fortuna para mí, en conferencia que tituló La desaparición de la realidad, él disertó sobre las humanas deficiencias para dar cuenta de lo real. Por suerte también, las virtudes que le atribuí a partir de la lectura de sus libros y crónicas, las intuiciones de que era el clásico tipo listo y ocurrente, se confirmaron en esta conversación que sostuvimos al día siguiente.

 CUANDO HABLAMOS ACERCA DEL HIJO DE LUIS Y UN DISPARO AL PASADO

 —Empecemos con una pregunta biográfica… En el perfil Mi padre, el cartaginés presentas a Luis Villoro como “exiliado accidental”, filósofo de las “esencias nacionales” y simpatizante de los zapatistas. ¿Qué influencia tuvo un progenitor como ese en la conformación del hombre que has llegado a ser?

—Las grandes influencias siempre son familiares. No hay temas más inagotables que los proporcionados por las personas cercanas, aunque a veces nos cueste entender que esas historias familiares pertenecen a la literatura. Ese fue el descubrimiento de García Márquez cuando recuperó la voz narrativa de su abuela para Cien años de soledad.

“En mi caso, soy hijo de un filósofo, de alguien más profesor que persona, que da cátedra en cualquier sobremesa y pone por delante el razonamiento de los hechos antes que la sorpresa de vivirlos; y eso me conformó de muchas maneras, desde mi forma de hablar hasta intereses que tengo.

“Durante la adolescencia pasé por la habitual rebeldía para apartarme de su referencia, en la búsqueda de espacios propios. Por ejemplo, él es autor de La significación del silencio, ensayo muy leído en México, sobre el valor filosófico de callar; y por el contrario, desde muy joven yo me aficioné al rock y de hecho mi primer trabajo fue como guionista de un programa llamado El lado oscuro de la luna, como el disco de Pink Floyd.

“Si tardé bastante en escribir ensayos fue precisamente porque pensaba que el terreno de la argumentación era el de mi padre, y lo mío la intuición de las historias…. Pero con el tiempo fuimos recuperando zonas de la relación que son muy valiosas, como la discusión de ideas.

“Luego, él ha tenido una vida de participación social, vinculado con proyectos de izquierda, y a mí como cronista esto me ha interesado mucho. Quizás él sea un romántico más extremo y un esperanzado en ciertas ideas de las que yo, por la generación a la que pertenezco, soy más escéptico, pero no deja de parecerme admirable su congruencia y me siento bastante cerca de él en este campo. “

—Tengo subrayada en mi ejemplar de la edición cubana (Arte y Literatura, 2006) de El disparo de argón esta frase: “El pasado es un fantástico desastre, una épica con geniales maneras de morir”. A partir de ella y para estimular a nuevos lectores, cuéntame de esa novela y, en sentido general, de las intenciones persigues al hacer literatura de ficción…

—La narrativa de los sucesos históricos en México tiene que ver con la idea de la tragedia como heroísmo. Por ejemplo, el general Anaya defendió al país de la invasión norteamericana pero se le acabaron las municiones y a la hora de rendirse pronunció la célebre frase: “Si tuviéramos parque, ustedes no estarían aquí”. Entonces, el pasado del que habla el padre del protagonista de El disparo de argón, que es un profesor de historia —y en esto hay un sesgo autobiográfico porque mi padre ha hecho filosofía de la historia— es esta oportunidad de rendirle tributo a la catástrofe.

“Yo me llamo como el más dramático de los niños héroes mexicanos, uno de los seis cadetes caídos en 1847 enfrentando a los norteamericanos, Juan Escutia, el que herido de muerte en la azotea del colegio militar se abrazó a la bandera y se lanzó al abismo. Hay un guiso irónico en la novela que se llama “Cadete envuelto” y alude a este martirologio, a la noción de ser patriota en el imaginario mexicano, que representa morir en nombre de los intereses nacionales. Es decir: no triunfar, no proponer, no una misión de esperanza sino un sufrimiento ejemplar.

“Luego, hay en esta novela y en buena parte de lo que he escrito una intención de poner en crisis esta idea de identidad, de nacionalidad entendida como gesta sufrida que debemos sobrellevar, para contraponer una búsqueda de opciones más esperanzadoras, más placenteras.”

—A pesar de esto que dices, tampoco tú te sustraes de la tentación de revisar el ayer. O al menos, eso sugiere Espejo retrovisor, el título del libro tuyo que ahora publica Casa de las Américas…  

—Naturalmente que el pasado es para mí una categoría esencial, porque básicamente vivimos en el pasado, el presente no existe, se fuga ante nosotros y lo único que podemos aprehender de la experiencia es lo que ya hemos vivido, y desde luego anhelar lo que viviremos después…

“En Espejo retrovisor hay una mirada atrás, se recogen treinta años haciendo literatura, pero este diálogo con el pasado intenta ser irónico y no persigue ese guión heroico que nos enseñaron en las clases de historia nacional.”

CUANDO HABLAMOS SOBRE EL RESPETO QUE MERECE EL ARTE DE ENVOLVER PESCADO

—Tomo de tu artículo La ética de un oficio esta reflexión: “El periodismo no puede ser visto como el cajón de desperdicio de un autor”, para preguntarte: ¿Cómo valora entonces Juan Villoro su labor periodística en comparación con el trabajo paralelo como autor literario?

—Estudié Sociología y no quise Letras, mi pasión fundamental, porque tenía miedo de que la historia de amor se convirtiera en matrimonio por conveniencia, al tener que leer forzadamente ciertos libros y autores… También porque tenía intereses más amplios, sobre la historia, la política, la economía, y era una carrera ideal para los indecisos porque es una especie de cóctel de muchas cosas.

“Pues ahí tuve un profesor que decía: “Estudien muchachos, porque si no van a acabar de periodistas”. En esa época el periodismo en México estaba muy corrompido, todavía no se había profesionalizado y había mucha censura; por lo cual esa profesión tenía muy poca aceptación social. Hablo de mediados de los setenta; hoy esa situación ha cambiado…

“Además, me parece que hay una larguísima y profunda tradición literaria dentro del periodismo. El buen periodismo es literatura bajo presión. Eso lo demuestra José Martí con sus crónicas extraordinarias, también Martín Luis Guzmán, cuyas crónicas están a la misma altura literaria que su gran novela de la revolución mexicana; y García Márquez, ante todo un periodista formidable para mí, porque más que sus novelas de realismo mágico disfruto sus Textos costeños y Relato de un náufrago, donde logra algo más difícil: el descubrimiento hechizante de que lo común puede ser maravilloso. Para mí el periodismo no es sólo una escuela para la literatura sino una rama paralela de la literatura.

“Por supuesto, hay un periodismo totalmente efímero; ese al que alude con ironía el poeta peruano Antonio Cisneros cuando publicó sus textos periodísticos bajo el título El arte de envolver pescado…

—En el mismo texto dices a continuación “El respeto que merece esta profesión (periodismo) se vuelve decisivo en el devastador momento que vivimos”, y expresas tu rechazo al premio FIL concedido a Alfredo Bryce Echenique con una “lectura social” del acontecimiento en medio del contexto actual de México…

—Escribí esa nota porque el jurado, equivocadamente a mi modo de ver, se dijo: “él ha cometido plagios en el periodismo pero a quién le importa el periodismo, lo premiamos por sus novelas”, como si no uno no tuviera que ser igualmente responsable de la palabra dada en el periódico que en el caso de una novela… Y aún más cuando vivimos un momento en que la apuesta por la verdad se vuelve fundamental.

“La situación de México es muy grave porque se ha convertido en el país donde ejercer el periodismo es más peligroso y compartimos con Irak el triste record de más periodistas asesinados o desaparecidos. En un lugar donde los reporteros arriesgan su vida para cubrir el crimen organizado y sus vínculos con el gobierno y los estamentos oficiales, me parece sumamente grave que no se honre a esta profesión amenazada.”

—En Cuando la madrugada era verdad presentas tu selección personal para Gabo periodista, antología preparada por la Fundación García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), y dices ahí que “la crónica latinoamericana se ha especializado en el arte de dar bien malas noticias”. Pero, en cambio, señalas un aporte garciamarquiano a “los botiquines  del periodismo contemporáneo”…

—Sí, porque García Márquez, desde muy joven, supo poner la atención en eventos que pasan en la vida y aparentemente no son noticia, pues no son particularmente dramáticos, ni inciden de manera espectacular en el curso de los sucesos nacionales, pero que secretamente configuran la vida que llevamos. Son las costumbres, los cambios de hábitos, los nuevos objetos que determinan nuestro comportamiento…

“Él se percató en cómo, por ejemplo, la intromisión accidental de una vaca, esa intromisión rural, cambia de pronto la vida de una ciudad y la resignifica de otra manera; o cómo un bandoneón abandonado encierra un secreto especial o el arte de dar serenatas envolvía el sentido de toda una época… Esa capacidad de observar lo cotidiano engendra un tipo de periodismo “celebratorio”; o sea, no es un periodismo de denuncia o de la catástrofe, sino de lo que merece ser notado y casi nunca observamos.

“La gracia de esos textos es que a través de esta escritura y esta mirada, nosotros realmente podemos poner en valor las cosas que damos por comunes pero que echaríamos mucho de menos si no estuvieran ahí. ¿Cómo sería nuestra vida si no hubiera el pan o las tijeras, si no existiera el peine? Las crónicas de García Márquez, con su rica ironía, nos hacen redescubrir la vida diaria como si se tratase de una “exclusiva”, nos dan la “noticia” de lo diario como si fuera algo desconocido.

— ¿Y cómo se las arregla el periodista ante la gran tragedia? Escribiste en 8.8: el miedo en el espejo, el recuento de tu experiencia personal en Santiago de Chile. Dices ahí que “Un terremoto es una radiografía de la honestidad arquitectónica”, y te confieso que eso me inspiró unos meses atrás para recoger el testimonio del fotógrafo Julio Larramendi, que vivió en Santiago de Cuba el drama del huracán Sandy…

—Pienso que si tú puedes describir lo infraordinario, los misterios de lo cotidiano, como algo distinto, luego serás capaz de describir las cosas que en sí mismo son novedades, como un cataclismo, una revolución, un golpe de estado… Ahí la noticia está servida e integra en sí misma una narrativa dramática.

“Cuando estaba en la secundaria, un grupo de amigos hicimos un periódico llamado La Tropa Loca, donde yo me encargaba de la sección de chismes. Ser chismoso es ya una manera de empezar a ser escritor, y a mí me encantaba el poder que me daba el manejo de los romances del salón y el juego con las iniciales que escondían los nombres verdaderos… Hasta un día en que iba a una clase de guitarra y al bajar del autobús me encontré con el edificio en llamas. Era un edificio muy alto de la avenida Insurgentes, llamado Aristos, y todo lo que estaba sucediendo ahí me cautivó: gente escapando por las azoteas, la solidaridad de los vecinos, la heroica llegada de los bomberos… Al llegar a casa, en lugar de chismes, escribí una crónica del incendio. Y así fue mi bautismo de fuego que me convirtió en un cronista serio…

“Luego, ante un cataclismo de esa naturaleza no puedes dejar de decir algo, porque nadie sobrevive en silencio. Nadie escapa de un tsunami o un accidente de avión y calla… Lo primero que hace es contar la historia.

“Para el libro del terremoto en Chile, el quinto más fuerte de todos los tiempos, tuve la suerte de que los daños en el aeropuerto me obligaron a estar unos diez días más en Santiago, y en ese tiempo los sobrevivientes nos dedicamos a lo que se dedican los sobrevivientes: a contar la historia, a presentar sus versiones personales e intercambiar experiencias. Alguien dijo que tuvo premoniciones del hecho, otros hacían planes ahora que habían vuelto a nacer… Fue una experiencia narrativa; sobrevivir es siempre un hecho narrativo.”

CUANDO HABLAMOS DE UN ORNITORRINCO Y DEL GRIEGO ULISES JUGANDO PELOTA

 —En el prólogo de Safari accidental dejaste una simpática definición de la crónica, que ha tenido una repercusión inmensa. ¿Por qué “la crónica es el ornitorrinco de la prosa”?

—Busqué una mascota, porque Alfonso Reyes escogió al centauro para el ensayo, por tratarse este de un género híbrido, que tiene de argumentación y de narración.

“Pero la crónica es todavía más compleja porque contiene elementos de, prácticamente, todos los géneros. De las memorias, en la medida que hay un narrador en primera persona y se comunican vivencias personales; del relato, a través de la estructura, que tiene un planteamiento, un nudo argumental y un desenlace; del reportaje puro y duro, porque trasmite información y datos específicos; de la entrevista pues se utilizan declaraciones; hasta del teatro, pues estas declaraciones se arman con una cierta dramaturgia, incluyendo al coro griego, que en nuestro tiempo es la opinión pública; y del ensayo, porque trasmite ideas… Todo esto reunido y sin que se le pueda reducir a ninguno de estos géneros en particular.

“Y esto me recordaba al ornitorrinco, que tiene de castor ligado con pato, o con algún otro animal extraño también seguramente australiano, como el koala o algo así… Esta mezcla que, sin embargo, es un animal muy específico, me pareció adecuada para describir la identidad propia de la crónica.”

—Una manera tal vez de reconciliación con tu padre es que, al igual que él, te has vinculado con la docencia, y sueles participar en los talleres del FNPI para jóvenes periodistas. De la relatoría de uno ofrecido en Buenos Aires tomo esta expresión tuya: “No digo que el cronista deba ser un erudito, sino alguien con muy buena atención dispersa”. ¿Qué quisiste decir con eso?

Juan Villorro en Casa—El cronista tiene que ser una persona muy curiosa, pero no con una curiosidad muy especializada. Uno de los fracasos de cierto tipo de periodismo reside justamente en el enorme conocimiento acerca de una cosa en particular, que te lleva a saber cada vez más de cada vez menos.

“Te pongo el ejemplo del periodista deportivo, que sabe los datos estadísticos de todos los peloteros del mundo, pero no puede entender la épica de conjunto del juego de béisbol. Es decir: integrar las supersticiones, las ilusiones, las viejas rivalidades, los componentes de la simbología…

“El béisbol es una narrativa muy cercana a la Odisea de Homero… Sí, porque es la tarea de Ulises: trata de un hombre que sale del home, y necesita volver a su casa para ganar cada partido. Si tú manejas ese referente, le darás un agregado sugerente a la narración del hombre solitario que busca anotar su carrera, porque entenderás cómo lo distrae el canto de las sirenas, representado por los gritos de los fanáticos en el estadio; el encuentro con el cíclope, encarnado en el short stop que intenta ponerle out; y todos los obstáculos que hacen monumental la hazaña, en apariencia sencilla, de llegar a home, de regresar a casa.

“Una de las posibilidades más ricas del cronista es la de establecer conexiones entre zonas de la experiencia que no se habían acercado antes y sólo a través de la crónica se comunican. Y esas conectivas sólo pueden provenir de una atención dispersa. Pues si prestas atención a la literatura clásica al tiempo que tienes interés por el béisbol, puedes establecer de pronto ese cruce entre dos líneas de fuerza que te permite ver de otra manera un fenómeno.”

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