Actualizado el 31 de mayo de 2014

Ismael Torres:

Belleza y reflexión a través de la música

Por: . 30|5|2014

Ismael TorresIsmael Torres es un rosarino joven y sonriente, con influencias de la trova local, del rock de Fito Páez y permeado de las inquietudes de toda una generación que creció con el sueño de un mundo mejor repartido, con la esperanza puesta en un país que respetara la vida.

Hace dos años Ismael llegó a Cuba para cantar y conocer esta tierra. El vínculo fue instantáneo y desde entonces sus amigos y lugares predilectos en el centro de la Isla se han convertido para él en una localidad rosarina de ultramar; un sitio al cual regresa “porque es siempre como volver a casa”.

 “Yo nunca pensé que podría experimentar esa sensación de regresar al hogar en distintos países, y eso es algo todavía más hermoso que cuando uno llega a la tierra de uno. Y si bien antes había estado una sola vez, el tipo de relaciones que se tejieron, los espacios que conocí y la gente con la que intercambiamos —no solo canciones sino también amistad— me dejaron una marca muy fuerte”, me dice emocionado.

Sentados en la Sala Majadahonda del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, conversamos por un largo rato del concierto soñado en “A guitarra limpia”,  de sus pasiones e inquietudes, de las experiencias recientes y los amigos. De Argentina y Cuba.

— ¿Cómo viviste esta segunda visita al centro del país y qué le pareció al resto de la banda esa gran plaza de los trovadores que es Santa Clara?

—Fueron pasando cosas muy fuertes entre nosotros y también con los amigos que fuimos visitando, y que se resume en una imagen: cuando volvíamos en el auto de Trinidad —porque para allá íbamos cantando y haciendo chistes— y al regreso más de uno tenía lágrimas en los ojos y hubo casi una hora de viaje en la que nadie habló. Fue como una especie de duelo individual por haber vuelto.

“Obviamente, después cuando nos fuimos acercando a La Habana la alegría apareció otra vez, porque a mí particularmente me encanta esta ciudad y de alguna manera fue el primer lugar al que llegamos, pero habernos ido después de esa gira hermosa por el interior del país se resume en esa lágrima y ese silencio que cada uno iba expresando.”

—También han tenido la oportunidad de intercambiar con muchos trovadores jóvenes de la capital, ¿qué te parece el panorama de la canción de autor hoy en La Habana?

—La verdad es que me sorprendió gratamente y me alienta mucho poder ver que hay gente que está intentando trabajar muy serio a pesar de ser jóvenes. Ahora me viene un poco a la cabeza Eric Méndez, que me gusta mucho su obra, o Manolito Bass a quien ya había conocido en el otro viaje, pero fue muy lindo ver cómo en estos dos años él siguió creciendo y trabajando sus canciones.

“Me parece que el verdadero legado de los grandes de la trova, a pesar de que cada uno tenía su trabajo, fue concebir  la profesión como algo colectivo, de empujar todos juntos, que siempre es como el eslabón por donde suele cortarse la cadena en los músicos. Y ver a artistas jóvenes así, intentando cruzarse todo el tiempo, intercambiándose canciones, me da la pauta de que el legado de alguna manera está dando sus frutos Me encantaría que en Argentina eso creciera porque no sucede igual, pero al menos yo volveré allá con esa idea de seguir amalgamándonos los artistas de los distintos países.”

—Los inicios de Ismael Torres estuvieron ligados al trabajo de grandes artistas rosarinos como Adrián Abonizio. ¿Cuánto hay de esas experiencias en tu obra actual?

—A mí me sirvió mucho conocer artistas de esa talla y de lo que en Rosario se llama la trova rosarina, que quizás no es muy  homologable a lo que es la trova cubana, porque allá la trova tuvo más que ver en cuanto  al estilo musical con una fusión entre el tango, el folclor y el rock, pero si con una sensibilidad para trasmitir la realidad que sí podría parecerse más a la trova de aquí, entendiendo al trovador como alguien que cuenta lo que sucede y le aporta una mirada.

“Yo era muy chico, con 12 años, y ya participaba  de esos ensayos, después con 15 o 16 años acompañándolos con mis canciones, yendo a los conciertos,  y si bien el estilo musical que hoy yo estoy trabajando difiere un poco de eso o ha ido tomando influencias de otras músicas, sí siento que me dejó una gran influencia en cuanto al modo de contar, con pequeñas historias cotidianas, realidades o hechos muy trascendentales, pero no como un noticiero en el cual uno simplemente relata algo que está pasando, sino tratando de dar una mirada distinta de la que ya se tiene de las cosas. Ese es como el desafío más grande y es lo que intento todo el tiempo con la lírica de mis canciones, poder contar a través de pequeñas imágenes grandes hechos.”

— ¿Entonces es uno de los objetivos de tu trabajo mantener esa tradición?

—En tiempos donde el exceso de información  es una forma de desinformar también, me parece que es muy necesario poder generar a través de la música un espacio de reflexión y fundamentalmente de belleza, donde uno pueda encontrar un oasis en medio de tanto barullo y quizás detrás de esa belleza proponer una reflexión un poco más serena. Es ese el lugar que quiero ocupar dentro de una comunidad”.

— Sabemos que tu próximo disco saldrá del concierto “A guitarra limpia” en el Centro Pablo, pero cuéntame acerca del recorrido de tus producciones anteriores, sobre la evolución o no que hay en ellas…

Ismael Torres con su banda en el espacio A Guitarra Limpia—Por lo general siempre compuse las canciones, trabajé los arreglos y luego de un proceso bastante individual, abría un poco el juego hacia mis compañeros de banda. Ese método a mí me queda muy cómodo para trabajar, hacer un poco el rol de productor y compositor.

“En ese sentido fueron apareciendo los primeros discos; un poco porque no había otra opción y otro porque me gustaba hacer todo el trabajo. Después, en el disco En movimiento, surgió el ofrecimiento de un productor, y eso fue muy interesante porque fue una mirada externa sobre las canciones. Yo también tuve que por primera vez entregar mis canciones a alguien y confiar en el criterio de que otra persona de repente me dijera: este estribillo es muy largo y hay que cortarlo, o esta canción no está  muy madura, así que habría que sacarla del disco…

“De repente confiarle a otra persona ese tipo de decisiones que son aparentemente muy sensibles fue un desafío para mí, pero creo que también un aprendizaje, porque eso me ha dado hoy la confianza con mis compañeros de banda para poder hacerle ese tipo de preguntas y que ellos opinen.”

Ahí es donde empieza de verdad un trabajo colectivo, cuando uno quizás no esté muy de acuerdo con la decisión que toman los otros, pero a pesar de eso la defiendes artísticamente porque consideras que el criterio del otro también es muy válido. De esa manera se fueron gestando las canciones de este disco que vamos a grabar en vivo, en un trabajo muy cotidiano  pero de grupo permanente. Yo intenté con estas canciones empezar ese proceso ya desde el principio con ellos y creo que fue muy interesante porque también ellos defienden las canciones con un sentido de propiedad mucho más grande”.

Hay otro aspecto en la vida de Ismael Torres que seguramente atraviesa su obra musical,  y es su militancia en el Movimiento Giros, ¿en qué medida ese trabajo político-social condiciona tu modo de hacer y entender la canción?

— “Yo tuve la suerte de poder empezar con ese sueño casi desde el principio, cuando éramos solo cinco o seis personas. Estaba estudiando en la universidad, más o menos con 19 años, y ahora mirándolo en perspectiva  no podría saber por qué lo hice: era como una necesidad de salir del traje que mi clase social o mi entorno me tenía marcado, porque sucede que cuando uno tiene la suerte de nacer en una familia donde no te falta nada puedes no ver un montón de realidades que están ocultas, y estratégicamente ocultas. En la mayoría de las ciudades, el centro es el lugar donde aparentemente todo es maravilloso y en las periferias se sufre todo multiplicado por veinte, cosas que ningún ser humano puede soportar.

De repente la militancia me dio un golpazo de realidad muy grande, muy doloroso en un principio pero muy sanador también y cuando comencé a trabajar en barrios donde prácticamente no hay nada, ni siquiera agua potable, ni luz, ni alimentos, fue como un volver a nacer, un despertar. Eso me dio  una mirada y un lugar desde donde contar cualquier relato, sobre todo porque en primer lugar uno lo que dice es: frente a todo esto yo tengo que hacer algo, y con el tiempo te vas dando cuenta de que en realidad es más lo que uno necesita aprender que lo que tiene para ofrecer, y en ese aprendizaje, en esa construcción horizontal con vecinos que tienen una realidad totalmente adversa, se va gestando una energía que es superadora de cualquier límite.

Hoy el Movimiento Giros está conformado por casi 500 personas, trabaja en más de diez barrios en ámbitos como la educación, la cultura, los sindicatos, los trabajos, y todo eso se dio en ocho años. Prácticamente no hay forma racional de poder entenderlo porque ni siquiera si uno lo piensa en tiempo lógico, en 365 días, la cantidad  de cosas que eso ha ido multiplicando y la onda que genera en el agua esa piedra es superadora de lo que cada uno pueda hacer en su vida individualmente. Gestar algo así fue una metáfora tan similar a una canción: poder dejar en el mundo cosas que van a quedar vivas independientemente de lo que pase con cada uno”.

 Esta visita a Cuba forma parte de una gira mundial, En movimiento, que se extenderá a otros países, ¿dónde y cuándo termina?

Ismarl Torres en el Centro Pablo— “Esta es una gira de tres meses que desde el principio estaba previsto que empezara justamente por acá por la cantidad de conciertos que tendríamos y el hecho de poder grabar el disco. A raíz de eso se nos ocurrió aprovechar otros países por la cercanía y también porque habíamos recibido la invitación en otro momento y no habíamos podido ir, así que de acá nos vamos para México donde tenemos algunos conciertos en el D.F. y también con la idea de poder recorrer el país durante un mes, y después en julio estaríamos en Estados Unidos y probablemente en Canadá”.

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