Actualizado el 19 de mayo de 2014

Ihosvany Bernal:

No paro de cantar, lo siento, pero soy trovador

Por: . 18|5|2014

Ihosvany BernalLa guitarra llegó a mediado de los 80, yo tendría unos 14 años. Era la época dorada de la trova y era adicto a escuchar aquellas canciones defendidas por un tipo detrás de una guitarra. De la misma manera que había caído seducido por las bolas, el trompo y las cuatro esquinas, ahora era ese fabuloso y aparentemente fácil instrumento el que me atrapaba. Las bolas, el trompo y las cuatro esquinas pasaron de largo; la guitarra… esa venía en serio. Recuerdo la primera vez que tuve una en mis manos, fue soviética, como correspondía a la época.

Los primeros acordes los aprendí mirando a otros, luego conseguí que un buen amigo y mejor maestro (Roberto Alemán) me diera clases de teoría, solfeo, apreciación, armonía y por supuesto del instrumento. Así aprendí a leer, escribir e interpretar la música.

En el servicio militar comencé a componer, ya había cantado las canciones de Silvio y Pablo en todos los idiomas y en todas las noches que transcurrieron entre el 86 y el 91. En el año 93 y en pleno periodo especial, me enrolé en un trío y me puse a cantar canciones de la trova tradicional para los turistas porque la jugada estaba apretada y yo no sabía hacer otra cosa que tocar la guitarra y cantar… Iniciaba así una nueva etapa en mi carrera artística: la etapa gastronómica, pues hice sopa en cuanto timbiriche recaudador de divisas abrió sus puertas por aquellos días en la Habana Vieja, ese fue mi debut en la música como profesional. Del trío salté a un quinteto que se llamó Original y Copia y que dirigía el espectacular tresero Guillermo Pompa Montero.

De esa escuela salí graduado con diploma de oro en el año 98. Durante esos años me mantuve componiendo y, cuando el quinteto se desintegró, me presenté a “Los días de la música”, festival que organizaba la AHS y que otorgaba becas para entrar a las empresas musicales con plantilla propia. La beca me fue otorgada en el 99 por un jurado integrado por trovadores más viejos que yo y  pude continuar en el Centro Nacional de Música de Concierto, ya no como instrumentista de un quinteto, sino como trovador.

Paralelo a todo esto, conocí en un bar de la calle 26, una noche de mediados los 90, a Samuel (Águila) que hacia una canción por día y que pronto se convertiría en el hermano “Elsamuel”.  Todas las noches de aquel año 96 nos encontramos en ese mismo bar, para apertrecharnos y bajar al malecón con las guitarras a cantar hasta el amanecer, recuerdo que eran tiempos de menta, vino espumoso y chispa, creo que estamos vivos de puro milagro…

Gracias a aquella amistad comencé a vincularme con los trovadores de mi generación: Julito Hernández, David Sirgado, Diego Cano, Fernando Bécquer, Ariel Díaz, Silvio Alejandro, Yolo Bonilla, Axel Milanés… en fin, que por esa época frecuentaban las Peñas de 12 y Malecón, F y 3ra, la Casa de la FEU, el Viernes del Bartolo en el Creador, la Peña del Alambra (en el Payret) y los parques y casas de amigos que quedaban encerrados dentro de la geografía de estos lugares.

En las peñas cantaba mis canciones y siempre me llamó la atención la diversidad de influencias que se reflejaba en la obra de los trovadores que participaban, las propuestas eran todas diferentes y eso me resultaba interesante.

En el año 2000 no teníamos los trovadores jóvenes un espacio donde hacer conciertos y donde el público pudiera, de una manera diáfana y coherente, acercarse a nuestra obra; y digo coherente porque las peñas, si bien son un espacio necesario y útil para darnos a conocer, son pocas las canciones que se pueden cantar  por la cantidad de trovadores que participan y muchas veces no conseguimos establecer una comunicación personal con el público que asiste, ni hablar del factor etílico que va in crescendo, y luego de la primera hora ya nadie ve ni escucha ni sabe…

Por eso, en abril de ese año comencé a hacer con “Elsamuel” un espacio de conciertos mensuales para promover la obra de los más jóvenes, la trova de los creadores de nuestra generación. Ese espacio se llamó Puntal Alto y tuvo el apoyo total del Centro Pablo; por ese espacio pasamos todos y creo que aprendimos en mayor o menor medida cómo preparar y hacer un buen concierto, cómo promovernos a pesar de la ausencia, por aquellos días, de nuestra música en los medios. El espacio duró cerca de 8 años, y además tuvimos la posibilidad de hacer con el mismo nombre y de forma paralela un programa radial de una hora semanal en Habana Radio, programa que, desde nuestra poquísima experiencia en el medio, aprovechamos al máximo durante 5 años, difundiendo la música de todos los trovadores de nuestra generación

Dejando a un lado esa faceta de promotor que inevitablemente siempre me sale, vuelvo al trovador:

Mis canciones hablan de las cosas que veo a diario, me alimento de la cotidianidad, de todo lo que me rodea y encuentro particularmente interesante. Me atrapa esta ciudad donde nací y vivo, sus barrios, las miradas, las sonrisas y tristezas de la gente que veo a diario, camino mucho por sus calles buscando detalles, motivos y siempre me sorprende, invariablemente, la belleza, la frescura… El mar es otro motivo muy presente en mi obra, la circunstancia del agua por todas partes de la que hablaba Virgilio en ese memorable poema “La isla en peso”… Yo soy un hombre enamorado y no pierdo oportunidad ni frase melódica para dejarlo en claro, en todas mis canciones está presente el amor como sentimiento mayor que nos guía y nos hace ser lo que somos en cada momento de la vida…

En mis canciones hay crítica a lo que considero que está mal de nuestra sociedad y del mundo en general, me interesa llamar la atención sobre temas como la crisis de valores y el deterioro de las relaciones humanas, me interesa que además de una melodía bonita y duradera en el subconsciente, el que me escuche piense un poco en los demás.

Sobre la mayor o menor afluencia de público a las peñas de trova, creo que los fracasos más recientes se deben al afán por cobrar la entrada y los aciertos responden a la estrategia de entrada libre.

Grabaciones en estudios tengo muy pocas, mi música no está amparada por ningún sello discográfico, mis canciones, las que han llegado a otras partes del mundo conmigo y sin mí, han sido grabadas durante los conciertos A Guitarra Limpia del Centro Pablo y luego subidas  de manera indiscriminada por terceras personas a sitios en internet. Gracias a esta labor anónima pero eficaz, de promoción y comercialización, mis canciones han llegado a lugares inimaginables.

En honor a la verdad, jamás he presentado mi proyecto musical a ninguna casa discográfica nacional y estoy seguro que cuando ese momento llegue encontraré oídos receptivos en las personas encargadas de aprobarlo… Es solo que siempre quedo atrapado en la canción que va naciendo y dejo para luego la de ayer. Creo que me escuchan más personas en vivo que las que me escucharían si tuvieran que comprar mis grabaciones, por eso no paro de cantar, lo siento, pero soy  trovador.

Categoría: Entrevistas | Tags: | |

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