Actualizado el 24 de octubre de 2014

Rolando Ávalos:

Un caballero de la Orden Literaria Francisco de Quevedo

Por: . 21|10|2014

Negro, de hablar pausado y bajo, educado, es la imagen permanente que tengo de Rolando Avalos Díaz, Roly, al que conocí en casa de su tío Alexis Díaz Pimienta y que se extasiaba ante la conversación de los adultos. Tendría entonces trece años. A los catorce ganó su primer premio literario y desde entonces a la fecha, no para de sorprendernos con uno u otro lauro.

Ha colaborado en estas páginas y otras revistas, es miembro de la Asociación Hermanos Saíz y desde unos meses atrás, Caballero de la Orden Literaria Francisco de Quevedo.

¿Recuerdas tu primer texto publicado? ¿De qué trataba? ¿Dónde vio la luz?

Sí, y hasta lo tengo guardado. Todavía me recuerdo en 2002, con catorce años, sorprendido de hallar uno de mis primerísimos sonetos, “Mi barrio (El Roble)”, en el índice de una antología argentina, de edición independiente, cuyo título era el mismo de este certamen: “El arte en septiembre”. Allí obtuve un tercer premio. El poema es muy simple y muy sentido. Una crónica nostálgica sobre la pérdida de un contexto, el barrio de mi infancia en Guanabacoa.

¿Por qué, si eres de una familia de repentistas te dedicas a la poesía y la prosa impresa?

Porque desde el principio vi con naturalidad las semejanzas entre el repentismo y la literatura, sus ganancias mutuas, no sus diferencias. Mi familia también ha visto la Creación, así, en mayúsculas, sin exclusiones genéricas. Todo se fortaleció de los doce a los quince años, durante los cursos de la CátedraMaría (antes Experimental, ahora Honorífica) de Poesía Improvisada. Y en seminarios, encuentros, festivales, peñas, canturías.

Durante tres años viajé una vez a la semana hasta la Facultad de Música del Instituto Superior de Arte, a una formidable aula donde las palabras tenían movimiento, o el movimiento palabras. Era estupendo que las tareas consistiesen en encontrar una rima consonante, una metáfora o símil, un campo semántico. Claro, en ese espacio primaba y evolucionaba el Método Pimienta. Como puedes ver, no era casual. Así crecimos los alumnos de entonces.

No era un accidente descubrir una vocación artística de esa forma. Las inquietudes humanas y divinas de siempre se pueden narrar, poetizar o improvisar, no veo problema en ello. He crecido en una familia donde se ha practicado el repentismo, profesionalmente o no, sin tapujos, sin premeditación, sin prejuicios. Creo que, por desgracia, ese tipo de preocupaciones se adquiere, casi como un proceso natural, en la adultez, después de muchas lecturas, confrontaciones teóricas y estéticas, impuestas por el miedo y la autocensura. En mi adolescencia no tuve tiempo para acumular ese tipo de preocupaciones y gracias al magisterio de mi tío, magisterio ejemplar por ser un ejemplo en sí mismo, he asumido la narrativa y la poesía sin demasiados traumas, sino como vehículos. Y por otro lado, escribir cuentos y poemas, incluso con pretensiones de publicación, no escamotea para nada tu desempeño repentístico o tu destreza escénica.

¿Mencionarías la primera vez que tu tío Alexis Díaz-Pimienta te dijo “ese es un buen texto”?

Es que no lo recuerdo con nitidez. Sería muy impreciso formar esa imagen o evocar ese momento. Supongo que ocurrió a mediados o finales de la adolescencia, en uno de las tantas ocasiones en que mi primo Axel y yo le mostramos nuestras primeras líneas, como si se tratara de tesoros encantados. De cualquier manera, ocurrió relativamente temprano, cuando menos me lo esperaba.

¿Y en alguna oportunidad te dijo que “no servía”?

Claro, y el dolor era semejante a las primeras decepciones amorosas. Uno entrega demasiado de sí en esos primeros textos inmaduros. Al principio, no sé por qué, uno se enamora fácilmente de los párrafos o versos impublicables. Aunque las críticas nunca fueron agresivas o crudas, sino llenas de afecto familiar y siempre con sugerencias útiles. No tengo de qué quejarme en ese sentido. Aunque no niego la idea de cuán piadoso debió ser para no herirme a veces.

¿Es de Alexis tu “ADN” literario?

Es complicado dar una respuesta objetiva a esta pregunta. Quién sabe.Todos nacemos con un don y con un sello. Creo que en literatura nada es puro y hay mucha promiscuidad lectora, o adquirida sabe Dios por qué, o través de quién. Todo es inflamable, contaminante e influyente. Perdona las redundancias si las hay. Y mi origen creador, tal vez por cuestión de genes, por parte de mi madre, vino de allí, de mi tío, pero igual pudo haber venido de ella, o de mi abuelo materno, Jesús Díaz Martínez; o incluso por el lado de mi papá, por qué no.

Para ser escritor primero hay que garrapatear versos o historias sobre el papel, algo que hice cerca de los once años, casi sin darme cuenta, dándole rienda suelta a mi temperamento imaginativo, en la mesa de la sala de mi casa de Guanabacoa, al lado de mi padre, que hacía su tesis de Cultura Física. Despistado como soy, tiempo después, supe que mi tío Alexis, ese hombre que improvisaba por televisión largas seguidillas, también hacía y publicaba novelas, cuentos, poemas y ensayos. Entonces empecé a leerlo y a enorgullecerme de un tío que al unísono era tan buen escritor y repentista.

¿Por qué estudiaste Comunicación social?

Me gradué de Teatro en una Escuela de Instructores de Arte y entre las opciones que daban para continuar los estudios en la Universidad, esa fue la carrera que me resultó más atractiva. Pero yo quería Filología, por supuesto. Por ignorancia o por descuido nunca me presenté a las pruebas por concurso y seguí ahondando en las asignaturas de Comunicación Social, tan noble y tan útil como cualquier otra licenciatura. Después he sabido de excelentes autores egresados de cualquier facultad. Algunos ni se graduaron. Aunque yo sí lo haré.

¿Cuántos premios has recibido? ¿En qué géneros?

Correré el riesgo de la inmodestia y caeré en la trampa de las estadísticas. Si cuento los premios internacionales que he ganado desde los catorce, ya suman cinco, entre Argentina, España y Colombia. En Cuba, también contados desde esa edad, he obtenido cinco. Diez en total. Sin incluir, desde luego, las categorías de menciones o de finalista. Hasta ahora ninguno ha encaminado a la publicación de un libro, sólo a antologías, ediciones en revistas impresas o en sitios digitales, siempre con cuadernos de décimas, poemas en verso libre y cuentos sueltos.

¿Me hablas del último certamen que ganaste? ¿Cómo participaste en él?

Sí. Se trata dela edición número 34 del Certamen Poético de la Orden Literaria Francisco de Quevedo, específicamente la modalidad El Buscón (para autores menores de 30 años), que sólo han obtenido dos cubanos hasta ahora, que yo sepa: María de las Nieves Morales y yo.

El acto de premiación se celebra cada año donde mismo se organiza: Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, España, sitio famoso porque parece ser que los últimos estudios han demostrado que “el lugar de la Mancha” al que se refería Cervantes, es allí mismo. Así que mejores fantasmas no me iban a acompañar en otro destino. Se trata de una ceremonia muy curiosa, donde los presentes lucen investiduras y durante todo el acto se expresan en un castellano del siglo XVII. Mi tío me hizo el favor de acudir, representarme, vestirse de esa manera y honrar por mí la Orden Literaria. O sea, que ahora tu entrevistado es un Caballero de la Orden Literaria Francisco de Quevedo. El texto ganador tiene tres cuartillas y se titula “Poema para que me llames por teléfono”. Como en la mayoría de las convocatorias internacionales, me hice de esta a través de Internet y participé vía e-mail.

¿Cuáles son tus proyectos inmediatos en literatura?

Espero que en la Feria Internacional del Libro de 2015 aparezca “Árbol en la cumbre. Nuevos poetas cubanos en la puerta del milenio”, antología preparada por Roberto Manzano y Teresa Fornaris. Los proyectos son muchos y variados. Ojalá sepa pronto por dónde empezar y qué terminar de tantos archivos a medias. Quisiera darle salida a dos poemarios listos e inéditos. Escribo, hace meses, quizá años, un libro de cuentos y una novela. Pero lo más probable es que primero dé a luz un álbum ilustrado junto al pintor e ilustrador Orestes Castro. Eso, lo preciso y lo concreto; en las sombras abarco y aprieto notas para investigaciones en torno a la oralidad y la improvisación poética, colecciones de reseñas literarias, retazos de obras teatrales, una novela corta juvenil y otros poemarios, en décima y en verso libre.

Categoría: Entrevistas | Tags: |

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