Actualizado el 3 de noviembre de 2014

Mi casa entrañable

Por: . 1|11|2014

(Por una idea de Joaquín)

El Blado...Se sucedieron mis publicaciones en varios revistas del país donde entregué mis poemas, que años después aparecieron en libros y antologías. Nací en una finca bañada por el río Cauto, al lado del pueblito rural llamado Cauto del Paso. Era un sitio sin ningún ambiente artístico. Lo más notorio que yo recuerdo son los bailes de fines de semana, amenizados por el llamado órgano oriental y las peleas de gallos finos en la valla de Cheno.

Recibí mis primeras clases en la escuelita rural de Isabel Estela. Allí no pasé mucho tiempo, porque llegó al pueblecito Margarita, una muy buena maestra de Las Tunas, que se ocupó del centro escolar al que habían puesto Manuel de la Paz. Allí estuve hasta los comienzos del sexto grado. Fue entonces que a principios de 1963 llegó el ciclón Flora, que provocó grandes inundaciones, numerosas muertes y la destrucción de muchas casas y sembrados. Mi familia y yo tuvimos que guarecernos en casa de unos vecinos. Allí sesenta y ocho personas nos salvamos trepados en una barbacoa. Creo que fue lo más trascendente de mi niñez.

Cuando las aguas bajaron poco a poco se fue restableciendo todo, o mejor dicho, casi todo. La maestra, por poner un ejemplo, no volvió. Creíamos que perderíamos el curso, pero de pronto a los más adelantados alumnos de sexto nos llevaron para la ciudad de Las Tunas. Nos albergaron los CDR y un grupo de maestros muy diestros, nos dieron un cursillo intensivo y logramos por fin el certificado con el cual podríamos iniciar la enseñanza secundaria.

Para comenzar la secundaria me tuve que ir para Bayamo, a vivir en casa de unos parientes. Ya había estado un breve período en Las Tunas, pero la llegada a esta otra ciudad transida por la historia, fue algo de la mayor importancia. No fue solo cursar estudios de más alto nivel, sino trabar contacto  con importantes instituciones culturales. Nunca olvido la Biblioteca 1868 y sus múltiples opciones culturales. Por estos años intimé con varios compañeros, en comunión con los cuales se despertó en mi la vocación  por el cultivo de la literatura. Al principio cuentos muy elementales y cada vez más la poesía.

Así estuve hasta terminar el onceno grado. Todavía no se cómo me enrolé con otro grupo de muchachos y a finales del sesenta y nueve aparecimos en  La Habana a terminar los estudios secundarios. Entonces fue que llegué al Instituto Preuniversitario Carlos Marx, situado en el antiguo barrio aristocrático de Siboney.  En este lugar enseguida encontré otros interesados por la literatura y esto dio lugar a la creación de un taller literario que resultó de la mayor importancia para mí. Por el pasaron grandes escritores como Dora Alonso, Onelio Jorge Cardoso, Noel Navarro, José Antonio Portuondo y el mismísimo Nicolás Guillén, entre otros. También músicos como Hilario González y Teresita Fernández.

Todavía no habíamos asistido a instituciones culturales de la capital y ya estábamos en contacto con algunos de los más trascendentes escritores. Ello mismo nos permitió asistir a diversas instituciones artísticas, entre las cuales estuvo la sede nacional de la UNEAC. En ese lugar el propio Guillén me posibilitó la publicación de poemas en La Gaceta de Cuba y pude entrar a formar parte de la Brigada Hermanos Saíz, que se reunía en taller todos los sábados por la tarde. Fue el momento de conocer otros importantes escritores como Eliseo Diego y hacerme de la amistad de poetas como Alex Fleites y Norberto Codina.Luego vinieron muchos más como el salvadoreño Roque Dalton y la norteamericana Margaret Randall, que fue muy generosa con nosotros. Nos brindó su casa e innumerables libros. También vino el encargado de negocios de la Embajada de Chile, el poeta Gonzalo Rojas que como Eliseo fue un valioso profesor para nosotros y también nos regalaba las novedades editoriales venidas de su país. Allí se desarrollaron numerosas jornadas de mucho valor para nuestra formación.

En 1972 se produjo mi entrada a la Escuela de Letras de la Facultad de Humanidades de la Universidad de La Habana. Allí aprendí mucho con profesores como Mirta Aguirre y su hermano Sergio, José Antonio Portuondo, Beatriz Magui, Roberto Fernández Retamar y los jóvenes Cristina Baeza y Guillermo Rodríguez Rivera, por solo citar algunos que me vienen de inmediato a la mente. La Universidad me permitió hacer contacto con métodos de investigación y abrir mis horizontes de conocimiento. Esto complementó lo aprendido en las tardes sabatinas de la UNEAC en el taller de la Brigada Hermanos Saíz.

Estando en la Escuela de Letras me convocaron a colaborar con la revista El Caimán Barbudo. Cuando entregué algunos poemas para ser llevados a su redacción, no imaginé que estaría ligado por siempre a esta publicación. Empecé a llevar cada mes mis colaboraciones sin estar en plantilla. Me hice camarada de sus trabajadores y bastante tiempo después entré en su nómina, siendo director Jorge Oliver. Agradezco muchas cosas a El Caimán… Entre ellas sobresale haberme especializado en la música popular cubana, en especial de la trova.

Obtuve la Licenciatura en Estudios Cubanos en la Escuela de Letras y regresé a Bayamo. Entonces era 1976. Mi idea inicial era permanecer mucho tiempo Aquí. Comencé a trabajar en Radio Bayamo, obtuve una página dominical para la Brigada Hermanos Saíz, fundé un club de cine en coordinación con el ICAIC y un llamado Taller de Participación Libre, que sesionaba cada jueves en la casa museo de Carlos Manuel de Céspedes. Pensé que hacía lo mejor, pero desperté incomodidad entre funcionarios de cultura sin voluntad de desarrollar un trabajo semejante al mío. Esto motivó mi determinación de regresar a La Habana en 1979.

En la capital del país encontré muy buena acogida, sobre todo en El Caimán. Se sucedieron mis publicaciones en varios revistas del país donde entregué mis poemas, que años después aparecieron en libros y antologías. Desde los años ochenta empecé a viajar a otros países: Nicaragua, España, Francia, Italia, Portugal, Venezuela y México. Sin dudas estos andares me abrieron a otros conocimientos, que solo se ganan zapateando otras tierras.

Bladimir Zamora: Agradezco muchas cosas a El Caimán... Entre ellas sobresale haberme especializado en la música popular cubana, en especial de la trova.En este 2014, a finales de marzo, he regresado a Bayamo por problemas de salud. Ha sido el momento de comprobar el apoyo de numerosos amigos y de recibir la cooperación de mi familia y de instituciones culturales del territorio. Entre ellas la Asociación Hermanos Saíz y la Dirección Provincial de Cultura.

Pienso que en el tiempo que vendrá podré contribuir a la divulgación de la cultura de Granma y volver a La Habana, donde me esperan camaradas y lugares, con los cuales me sentiré siempre comprometido, en especial la revista El Caimán Barbudo, que es mi más entrañable casa.

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