Actualizado el 14 de enero de 2015

Narrar desde la otredad o desde el lado misterioso de las cosas:

Entrevista con Lucía Puenzo

Por: . 12|1|2015

Lucía Puenzo: La verdad, no quiero dejar la literatura, es lo que más hago en mi vida; ahora estoy con una novela y un libro de cuentos. La mañana, que es la parte buena de mi día, la dedico a escribir literatura, lo que más placer y diversión me genera.Conocí el cine de la realizadora argentina Lucia Puenzo (Buenos Aires, 1976) un año después de estrenado su primer largo de ficción, XXY (2007) filme que concursó en la categoría de ópera prima en el 29no. Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana. Cinta que obtuvo sendos premios internacionales: el de la crítica en Cannes 2007, y el Goya a la mejor película extranjera, en igual año.

XXY no ganó el Coral. Recuerdo que seguí el festival por los medios de comunicación, muchas eran las expectativas con la cinta, la crítica valoró el filme de manera positiva, y la sorpresa por la no entrega del lauro tuvo que impactar a más de un especialista. Al final, los premios también son cuestión de suerte, del gusto estético y las múltiples subjetividades de los jurados que los otorgan. Por todo lo anterior, mi curiosidad crecía, pero los deseos de visualizar el filme no se hicieron realidad hasta finales de 2008, cuando llegó a Villa Clara procedente de la Distribuidora Nacional ICAIC, junto a otras cintas concursantes; y es que las subsedes en las demás provincias exhiben estos materiales a un año de estrenado en el Festival de La Habana.

Contar el conflicto de una niña intersexual y su relación con el medio, su propia familia y el descubrimiento del amor, es de por sí una historia difícil de narrar. XXY es un filme con un discurso desgarrador que narra desde la voz de la otredad sensaciones tan complejas como la elección de la identidad sexual, la llegada del primer amor y la huella que supone este sentimiento para un personaje a medio camino entre lo femenino y lo masculino, para un ser que se sabe diferente. El ocultamiento del conflicto por parte de su familia acentúa dicha contradicción en esta niña, que a su vez se siente un ser raro, medio monstruo, y vive literalmente escondida de todo y de todos. XXY es una cinta enigmática que me dejó el sabor agridulce de las “supuestas elecciones en la vida”, la pérdida de algo o de alguien, con un halo trágico, y la certeza de haber asistido al encuentro de una voz diferente en la gran polifonía del panorama del cine latinoamericano contemporáneo.

A esta película le siguió El niño pez (2009), estrenada también en La Habana y en Berlín, el propio año. El filme es una adaptación de su primera novela. Retoma algunos tópicos que parecieran inquietar a su realizadora, como referido descubrimiento del amor, el despertar sexual, el universo de lo familiar y en qué medida marca a sus protagonistas, así como el tema de la genética, aunque esta vez tratado como metáfora; de ahí su título. La relación que sostiene una adolescente argentina de clase burguesa y una inmigrante paraguaya que trabaja como doméstica en su casa, es el eje central del filme, que tiene en la estructura dramática su mayor acierto. Obra que también discursa sobre el universo de lo diferente, sobre las consecuencias de las elecciones en la vida, la inevitable huella que deja en nosotros un sentimiento tan poderoso como el amor, que puede acarrear un sinnúmero de dificultades cuando es producto de lo “prohibido”. El niño pez es una cinta que también apela a símbolos, a leyendas del imaginario y la tradición de determinadas comunidades latinoamericanas, como la leyenda del Niño Pez a orillas del lago Ypoá.

Wakolda (2013), su tercera película, formó parte de la selección oficial de la sección Una cierta mirada, de Cannes, y en San Sebastián; también fue escogida para concursar en el 35to. Festival de La Habana. La cinta también constituye una adaptación de su quinta novela. Wakolda fue premiada enla Habana y fue la primera película de Lucia Puenzo que pude ver en el marco del Festival. Tiene como eje narrativo la figura de Josef Menguele, médico alemán que logró escapar ala Argentina y evadir así a la justicia por los crímenes que cometió en los campos de concentración nazi durante la 2da. Guerra Mundial.

Wakolda narra la historia de este fanático de la genética y su obsesión por experimentar con niños, para lograr “perfeccionar” sus cuerpos, unido todo esto a su relación con una familia argentina, y en específico con una niña que viven en un lugar perdido dela Patagonia argentina. Narrado en tono de suspense, retornan en el filme el despertar sexual, el cuerpo, la genética… Resalta la dirección de fotografía, sobre todo en la elección de las locaciones y el tono plúmbeo en la composición de los planos, que hace que sentir el intenso frio y la adversidad del contexto de esos paisajes.

Poster de Wakolda (2013). Wakolda fue premiada en la Habana y fue la primera película de Lucia Puenzo que pude ver en el marco del Festival. Tiene como eje narrativo la figura de Josef Menguele, médico alemán que logró escapar a la Argentina y evadir así a la justicia por los crímenes que cometió en los campos de concentración nazi durante la 2da. Guerra Mundial. Siempre quise conocer a Lucia Puenzo, dialogar con ella sobre sus películas. Desde XXY, su cine dejó una marca en mí, y al enterarme que la presidencia del festival habanero la invitaría a participar como jurado de ficción de la edición 36, sentí que el destino podía darme el privilegio de conocerla. Pero aun así era difícil, porque los jurados pasan el día visionando filmes, así que materializar el sueño iba a ser tarea titánica.

Pero el destino y la suerte (creo en ambos) me ayudaron. La tarde del 8 de diciembre de 2008, en el Hotel Nacional me reencontré con Francisco Delgado, amigo periodista de Radio Metropolitana que también esperaba ansioso por Lucia Puenzo, que le concedería una entrevista. A él agradezco la posibilidad de materializar tan esperado suceso. Imaginaba a Lucia una mujer diferente, robusta, de carácter fuerte y difícil. Me encontré con una persona muy diferente. Su sencillez, su amabilidad, su belleza y dulzura me hicieron descubrir a la verdadera realizadora, mientras conversábamos en el patio del Hotel Nacional.

 ¿Qué está sucediendo con los nuevos realizadores en Argentina, y con las estéticas? ¿Existe actualmente un distanciamiento de aquel cine de los años ´60, 70 y 80, que hablaba de dictaduras, de política, de guerras de liberación?

El nuevo cine argentino nace en 1998 con la cinta Pizza, birra, faso, de Bruno Stagnaro e Israel Adrián Caetano. Ello marca un camino, una estética. En los primeros años había una voz común, un emparentamiento  estético y temático. Al pasar los años, comenzaron a surgir nuevas miradas, voces distintas. Ya no se podía englobar al cine argentino en una misma visión. Se comenzó a tener una nueva conciencia de que el cine nacional no nace de la nada. Casualmente, un año antes de comenzar el movimiento del nuevo cine argentino, se crea una ley que abogara por la protección de la obra de directores de otras generaciones como mi padre, Luis Puenzo, y el de los nuevos realizadores. Le debemos a la anterior generación mucho. Ellos entendieron que la cultura tiene que ser protegida, que el cine es patrimonio del país. El nuevo cine argentino tuvo períodos y cambios; hoy difícilmente se puede hablar de un mismo cine. Hay diversidad de miradas.

Tuviste la posibilidad de comenzar tu obra cinematográfica con XXY, posteriormente El niño pez ¿A qué se debe el punto de giro entre estas y  Wakolda?

Cuando estoy sumergida en la escritura de una novela o el rodaje de una película, muchas veces no tomo la distancia necesaria para poder analizarlas de forma crítica. Cuando escribo literatura existe una cuota de misterio. Hay cosas que no sabes por qué las haces. Me permito en los guiones, en un primer momento, no trabajar con la estructura dramática. Si te pones a pensar en los puntos de giro, en el clímax, hay algo del alma de lo escrito que se pierde. Los tres filmes tienen bastantes puntos de contacto: el cirujano que normaliza un cuerpo en XXY tiene mucho que ver con Menguele, quien es casi su versión fanática y politizada. Las dos niñas, la intersexual Alex, de XXY y Lilith, de Wakolda, tienen mucho en común. Hasta las actrices tienen muchos puntos de contacto. Cuando conocí a Florencia Bado, me recordó mucho a Inés Efrón. Busco en mis actrices alguien que en su mirada pueda reflejar el alma de la película; estas chicas son muy sexuales y muy asexuadas, muy frágiles y muy fuertes, muy jóvenes y a la vez muy viejas.

Cuando se hace el casting se tiene en cuenta la visualidad, lo que el actor es capaz de expresar ¿Es más importante preparar a los actores que ver las cuestiones de la fotografía, la banda sonora?

Fotograma de XXY (2007). Fotograma de XXY (2007). Busco en mis actrices alguien que en su mirada pueda reflejar el alma de la película; estas chicas son muy sexuales y muy asexuadas, muy frágiles y muy fuertes, muy jóvenes y a la vez muy viejas.Todo resulta importante, cada uno de los rubros técnicos. Para mí, el sonido es fundamental en un filme. Tengo la suerte de trabajar con el mismo sonidista siempre. Si una película te golpea emocionalmente es porque hay una buena banda sonora. Sin embargo, como mis películas son de vínculos, de personajes, los actores son fundamentales, sin ellos no se puede contar una historia.

¿Piensas dejar a un lado el cine por las series televisivas, o llevarlos simultáneamente?

Por suerte, no. La verdad, no quiero dejar la literatura, es lo que más hago en mi vida; ahora estoy con una novela y un libro de cuentos. La mañana, que es la parte buena de mi día, la dedico a escribir literatura, lo que más placer y diversión me genera. Tengo una película para el año próximo en París, mi proyecto cinematográfico más grande, del cual terminé una primera versión. Ganamos un concurso de series, el INCA, y vamos a filmar en la primera mitad de 2015, una de 13 capítulos sobre ciencia enla Argentina. Con Kirchner ha habido un florecimiento de las ciencias y queríamos hacer un tributo; una serie con cuatro protagonistas científicos (astrónomo, biólogo, buzo profesional y arqueólogo) quienes viajan por el país viendo sus problemáticas más importantes, atravesadas por el género. La ciencia tiene mucho suspenso, muchos enigmas. En la segunda mitad del año próximo voy a filmar una película.

¿Cómo valoras las propuestas del cine latinoamericano actual? ¿Qué opinión le concedes al cine cubano de hoy?

Hoy hablamos de la necesidad del cine latinoamericano. Hoy se vislumbran las nuevas miradas, estéticas, los géneros; la diversidad de propuestas. Admiro el cine hecho en Cuba, las escuelas de cine que tienen una tradición detrás, los jóvenes que llegan con propuestas nuevas, miradas nuevas. Se percibe que cada vez es menos caro hacer cine. Ya no hay excusas para no filmar. Quien quiere filmar con tecnologías más económicas puede hacerlo. Lo que hace la diferencia es el talento. Hay que saber elegir, y estos son buenos tiempos.

Haces un cine de autor que enfoca la identidad de género, el conflicto de lo sexual, hasta ciertas poéticas audiovisuales del cuerpo y el universo de lo femenino…

Cuando veo mis películas, mis novelas, a distancia, entiendo que resaltan temas recurrentes. En general, los artistas pasan la vida con obsesiones, con miedos. Escribo sobre mis miedos, cómo exorcizar todo lo que me perturba, que una y otra vez, aparecen de formas distintas. Sin dudas, en mi hay algo de la genética, de los cuerpos, de la identidad sexual, el despertar sexual, que aparecen muy camufladas. A veces, sin proponérmelo, personajes secundarios pasan a ser protagónicos, o la historia se desvía. Hay que ser muy permisivos, que si eso aparece es lo que hay que contar. No hay que forzar para contar algo desde la cabeza, hay que contar desde otros lugares más misteriosos.

Se te reconoce como una realizadora de autoría, existe un sello…

Uno puede querer que su película la vea todo el mundo, a pesar de ser autoral. Antes parecía una mala palabra meterse en la temática de los géneros, pero ahora cada vez más los directores se animan. Me divierte meterme en los géneros. A mí los géneros me gustan mucho; hacer filmes con la marca de autor pero que atraigan un público diverso, hacer contacto con los espectadores sin que el director se traicione. Nosotros queremos que nuestros filmes sean vistos.

Como parte del jurado del Festival, me gustaría saber tu apreciación sobre lo visto; si hay calidad en estas propuestas del cine latinoamericano y el cubano.

En relación a lo primero, hablábamos (el jurado) de cuán impresionante es la diversidad del cine latinoamericano. En las veintiún películas concursantes, se vislumbra una diversidad de miradas, de géneros, de tono, de estéticas, que hablan de una riqueza del arte en este momento, de que están todos los colores metidos allí dentro, por suerte. Es difícil juzgar unos con otros, por lo diferentes que son y las propuestas que hay. Por otro lado, en cuanto al cine cubano, tenemos unas cuantas películas y cortos en la muestra… Se percibe lo mismo que pasa en todo el mundo con el cine, que ya no hay excusa para no filmar. Por suerte, el cine dejó de ser algo tan caro, que solo muy pocos podemos hacerlo, y además se puede ver cine en todos lados. Yo creo que internet permite que uno apriete un botoncito y vea todo. No soy muy crítica de todo ese universo. Yo creo que eso hace muy interesante el vivir en esta época. En todo caso es muy abrumadora la cantidad. Hay que saber elegir, porque si no, no se llega a ver lo bueno. Eso es otro asunto.              

Eres narradora, novelista, pero aquí en Cuba no se conoce tu obra literaria… ¿es que no ha tenido la posibilidad?

Mis libros han sido publicados en diferentes países de Latinoamérica, Estados Unidos, Europa y algunos países de Asia, pero no en Cuba, por mala suerte. Si conocen un buen editor, pónganme en contacto (risas), me encantaría, sin dudas.

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