Actualizado el 23 de enero de 2015

J.R. Fragela, premio Alejo Carpentier de Novela 2014:

“La literatura no es cualquier cosa”

Por: . 22|1|2015

Así es Fragela y su historia de joven silencioso, que pega insólitos brincos de Sotomayor para tomar el Olimpo de las letras cubanas. “El ganador es Javier Rabeiro Fragela, con la novela El sentido del mundo”, anunciaron en la entrega del Premio Luis Rogelio Nogueras de 2011 y, en medio de la extrañeza de los presentes ante el nombre desconocido, se adelantó a recibir el galardón un muchacho moreno y delgado, con cara de azoro tal, de “no puedo creer que me esté pasando a mí”, que hacía pensar en un corderito al que acaban de apartar del rebaño y nada entiende de su destino.

En 2014 veo una noticia en la tele y vuelo al teléfono para ser de los primeros en felicitar a ese mismo Fragela, a quien he sumado a mi lista de amigos en los años transcurridos desde el evento antes mencionado. “Oye, qué calladito te lo tenías, apretaste”, le digo. “¿Qué cosa, Rafa?”, contesta él con tono de sorpresa auténtica. “¡Que te llevaste el Carpentier de Novela!”, le respondo, asombrado a mi vez de su despiste. “Naaaaa, mentira…”, balbucea Fragela y adivino en su rostro una expresión similar a la de 2011. Para confirmarle la buena nueva le digo “Te lo juro, lo acaban de decir en el noticiero. ¿Tu libro no se llama El cordero aúlla…?”

Así es Fragela y su historia de joven silencioso, que pega insólitos brincos de Sotomayor para tomar el Olimpo de las letras cubanas. Un ex pintor autodidacta y sin título universitario enmarcado en la pared, que alcanza el lauro más ambicionado por los autores del patio. Ahora con 36 años y viviendo en La Habana, pero nacido en un pueblito de Matanzas, ignoto y con un nombre que parece salido de cervantinas páginas de ficción: Sabanilla del Encomendador. Que firma sus libros sólo como “J.R. Fragela” para hacer homenaje a su abuelo materno —al que describe como “hombre ejemplar”— y porque Javier le resulta demasiado ordinario para un nom de plume, y su primer apellido le recuerda el turbio drama familiar del antecesor que apuñaló a la abuela.

Cuando llegó a mis manos su novela de título desconcertante, compuesto por una figura literaria donde se hermanan palabras contrarias en una misma expresión hasta generar una interpretación ambigua, la leí con las grandes expectativas del amigo, pero también con la cuchilla afilada del editor y el crítico. Por suerte, el libro no me defraudó, y las impresiones causadas por este me incitaron a someter a “J.R. Fragela” al cuestionario siguiente.

 —¿Por qué elegiste ese “oxímoron” capaz de dejar perplejo a cualquiera, El cordero aúlla, como carta de presentación de tu novela?

— El título de un libro debe guiar al lector, mostrar la profundidad psicológica del mismo, dar la impresión de totalidad una vez que termina la historia. En el caso de El cordero aúlla, esa figura literaria me pareció el recurso indicado para una novela enfocada de principio a fin en lo más común de la vida: las contradicciones. Pienso que cumple su función de representar el objetivo del libro; o sea, la asombrosa incapacidad de las personas para llegar a ser algo más de lo que pueden ser, ya sea por factores externos o internos, y la absoluta verdad de que vale la pena querer lograr todo en la vida, aunque sea imposible, pues eso nos ayuda a entenderla. De ahí el título inaudito, con su significado de liberación y hallazgo.

—Para que no salga de mi boca, en definitiva un lector más, sólo otro intérprete del libro, te invito a que tú mismo presentes como autor la novela a otros lectores y que intentes motivarlos a su lectura, mediante una sinopsis de la historia que cuenta, y haciendo explícito el tema que querías abordar…

—La novela cuenta el progreso emocional de una situación adversa y de cómo las personas, como sucede a menudo, suelen quedar paralizadas ante ellas. A un muchacho, que representa el resultado más acabado de una familia en declive, le diagnostican un cáncer y entonces decide hacer algo que nunca se atrevió hacer, algo para lo cual no está preparado pero que late en sus venas. En el proceso de cumplir su objetivo descubrirá nuevas esencias que, en definitiva, nunca hubiera descubierto de otro modo, y que, de alguna manera —contrario a lo que la mayoría de las personas jamás llegan a descubrir—, justificarán su vida.

La novela, en realidad, transcurre en la mente de los personajes, por lo que no creo que sea una historia para cualquier lector; la concibo más bien para el tipo de personas que se hacen preguntas, que intentan saber por qué estamos aquí, ahora. Es decir, para el tipo de persona que vive a través de la emoción —el único lugar, a mi juicio, donde una persona puede vivir.

Este libro es un intento por mostrar al lector que no hay respuestas para las contradicciones que nos regala la vida, pero que, a pesar de todo, es posible encontrarlas.

J.R. Fragela, premio Alejo Carpentier de Novela 2014, durante la presentación de su novela El cordero aúlla—Leí tu novela teniendo la sensación de estar ante algo realmente muy diferente de casi todo lo escrito en los últimos años en el terreno nacional. No es novela urbana, ni “posmoderna”, ni pop; no hay rejuego con las nuevas tecnologías; tampoco está la típica sobreabundancia de referentes ya sea de alta cultura o de cultura de masas. Además, tu relato prescinde de las consabidas determinaciones de la identidad nacional y cultural y del peso de las circunstancias económicas, políticas, sociales. Yo no dudaría en decir que lograste escribir una novela auténticamente universal. ¿Planeabas marcar esas diferencias? ¿Te atreves a valorar tu novela con relación al contexto actual de la literatura en Cuba?

—Mi objetivo inicial y final era plasmar una muestra de las ironías y contradicciones de la existencia, de cómo casi siempre terminamos haciendo lo que no esperamos o imaginamos, en una especie de determinismo que nos coloca en otra dimensión. A mí siempre me ha interesado la manera en que las personas llegan al lugar en que están, reflexionar sobre eso para hallar la solución. Uno de los valores agregados de la literatura, para mí, está en ofrecerles experiencias a las personas, mostrarles errores que pueden evitar, dimensiones diferentes de algo que nunca hubieran pensado, llenarlas de inspiración a través de las historias, hacer, de hecho, que el conocimiento entregado las haga vivir mejor. Creo que si alguien, con un mínimo de sentido común y sensibilidad, lee, por ejemplo, Los miserables, puede convertirse en una persona optimista, capaz de mejorar su vida y la de los demás. La literatura no es cualquier cosa.

Mi novela, en el contexto actual, tal vez sea distinta, pero no porque me lo halla propuesto; no pienso que uno pueda proponerse escribir de una forma o de otra, supongo que todo responde a mi manera de pensar y vivir, diferente o idéntica a la de cualquier otra persona. De todas formas, el contexto actual es súper variado, ningún libro se parece a otro. La única diferencia es la promoción, ya que unos son más conocidos. Pero por lo general, hay un eclecticismo muy rico.

El cordero… no se caracteriza sólo por la escasez de referencias toponímicas que ubican al relato en cierta nebulosa geográfica. Además, los personajes no tienen nombres propios; son simplemente “el muchacho”, “la mujer”, “la abuela”, “la madre”, etc. Como esto ya ocurría con El sentido del mundo, me intriga saber ¿qué persigues con este modo de definir a tus protagonistas en base a la abstracción de un rol?

—Muy fácil: quiero que el lector se centre en las ideas que le propongo, que no haga afinidad con ningún nombre o lugar, solo con la sensación que quiero traspasarle. No me interesa que se identifique con tal personaje, solo quiero que piense en la trascendencia de la emoción que pueda hallar en la historia. Que sienta, como mismo Philip Larkin quería que los lectores de su poesía sintieran: “Nunca lo había pensado así, pero así es”. Si al final de la lectura alguien siente algo, cualquier cosa, que le aporte a su propia forma de pensar, entonces es suficiente para mí.

Por otro lado, no rechazo completamente los nombres propios, los utilizo cuando tienen una importancia en la historia, cuando cumplen un objetivo en el TODO de una historia.

—Desde El sentido del mundo, con su título más de manual filosófico que de novela y un tipo de historia que cabe en la definición genérica de “alegoría”; y ahora con el latido reflexivo de El cordero aúlla; se perfila en ti un menor interés por la peripecia y lo fáctico que por aquello llamado “novela de tesis”. ¿Estás de acuerdo con esa visión? Luego, ¿cuál sería la tesis cardinal de El cordero…?

—Estoy completamente de acuerdo, pues lo que me interesa es la implosión de esa parte del cuerpo llamada cerebro, y todas las trayectorias internas que se producen a partir de ese instante, por lo que la tesis es simple, casi empírica: solo existimos en nuestra mente.

—Te leo algo de tu novela: “Contempló al grupo: dos mujeres y dos hombres que revolotearon alrededor de ella y planearon despacio, hasta caer en picada. Los hombres eran buitres; las mujeres, mariposas. Los hombres picoteaban, las mujeres libaban”. Así, de un modo evdentemente lírico, describes una escena de sexo grupal. Podría citar cientos de fragmentos del mismo corte, donde el lenguaje es más poético que denotativo o referencial, con más regusto por la metáfora que por la narración objetiva. Incluso te afloran rasgos de una ternura al tratar a tus personajes de una “sensibilidad” diríase que femenina… y espero que tomes esto en un sentido más allá de lo sexual (RISAS). ¿Por qué? ¿Tiene que ver con influencias literarias? Estoy pensando en Djuna Barnes y El bosque de la noche, o en Anaïs Nin y Corazón cuarteado

—Siempre he creído que la sensibilidad carece de género. Uno tiene vivencias buenas y malas que van creando el carácter, sensaciones que afloran en una conversación, a la hora de escribir un texto, de mirar la ciudad. Uno es muchas cosas a la vez, puedes golpear a alguien y luego, con esas mismas manos (recuerda el poema de Retamar) acariciar a una mujer.

Solo he leído a Djuna, y me parece genial. De Anaïs solo conozco la biografía, pero me excito nada más de pensar en sus diarios. De las dos, prefiero a Anaïs, ya que, según tengo entendido, era muy desprejuiciada, y eso en una mujer es una bendición.

El lirismo en la novela viene por las mismas situaciones que se narran: difíciles, duras, diferentes, muchas veces abstractas. Las metáforas ayudan a explorar los terrenos de la experiencia o la inteligencia, a ver lo que no es posible ver a simple vista.

— Onetti decía que “Los hechos son siempre vacíos. Toman la forma del sentimiento que los contiene”. Esta afirmación del escritor uruguayo pareces seguirla a pie juntillas, porque te preocupas por el mundo interior de tus personajes más que por sus acciones externas. ¿De dónde te viene ese interés?

—He visto que las personas sensibles, las que tratan de “sentir” la vida, tienen una existencia más favorable que las que se ocupan solo de lo inmediato y son arrastradas por la cotidianidad. Al final, cuando uno analiza qué ha hecho con su vida, lo que importa es lo que ha podido sentir (parecería que es lo que uno ha podido vivir, pero eso no funciona sin un significado). Ahora mismo, si te pregunto qué hiciste el segundo miércoles del mes pasado, no podrías decirme, a no ser que hayas “sentido” algo importante. Sentir es vivir; a la inversa, de algún modo, solo estamos vegetando, viendo el tiempo pasar.

—“El muchacho”, tu protagonista, está signado por un latente instinto asesino… Aporto esta información para revirar hacia ti mismo una pregunta que me hiciste hace poco: ¿qué aspectos de coincidencia y cuáles de separación hay entre El cordero aúlla y una novela negra?

—No sabría decirte, pues desconozco casi todo de ese género. Supongo que los puntos en común son los mismos que podría tener con cualquier otra novela, en lo que se refiere a contar una historia, y los de separación deben estar en la forma de abordar la historia.

La inclinación del personaje por la muerte solo define, acaso, la inexorabilidad de su instinto, la aceptación de su humanismo. En la novela negra su vocación asesina debería estar justificada por las circunstancias o la crueldad del personaje, no por la angustia de la curiosidad. Creo que El cordero… no clasifica como novela negra en el sentido de que no circunda la muerte, sino la interroga.

—Alcanzar un lauro de tal relevancia puede hacer que un escritor crezca y se imponga retos mayores, o perjudicarlo porque llegue a creerse en la cima del mundo. Intuyo que ganar el Carpentier entraña para un escritor incipiente, como tú, riesgos mayores que en el caso de autores más establecidos, como han sido la mayoría de los anteriormente ungidos con este premio. Por eso quiero saber de qué manera vas sobrellevando “el precio de la fama”…

—Muy impresionante, pues el prestigio literario que otorga un premio de esta magnitud lo cambia todo. Lo he disfrutado mucho y me he divertido también con los equívocos y las valoraciones de los demás.

Pero lo que en verdad agradezco es la posibilidad de verme asociado a un escritor como Carpentier, que siempre he admirado de una manera superlativa. El premio, también, eleva la responsabilidad literaria del premiado, que intenta merecerlo, y también estar a su altura. En fin, sumándome al criterio de Osdany Morales: habría que ver qué opina Carpentier de los premios Carpentier.

—Por la dedicatoria que reza “Para Zulema de la Rúa, ÚNICA” y la aparición de ella en la portada de El cordero…; y también porque tengo la impresión de que en el mundillo literario y antes de este “premio gordo”, tanto más se te conocía como pareja de esa mujer bonita e igualmente talentosa como escritora… Por todo esto quiero hacerte una pregunta personal, sin importarme me tilden de periodista a lo prensa del corazón… ¿De qué manera influye en tu literatura y en tu vida la compañía de la ganadora del Premio Candelario con sus Cuentos para huir de La Habana?

—Bromeando, cuando me hacen ese tipo de preguntas pienso en Bukowski, que decía que, para escribir bien había que tener sexo, al menos una vez, con una mujer hermosa.

lo que más me impresiona de Zulema es que la belleza es el menor de sus talentos. La he visto hacer y lograr cosas impensables, he visto la magia con que transforma todo a su alrededor. Pero ella, contrario a lo que podría pensarse, no se considera escritora, ni siente la literatura como un fin; para ella solo es algo interesante dentro del área de sus conocimientos. Me ha enseñado más de lo que he podido aprender, me ha "pervertido", como le gusta decirPero lo que más me impresiona de Zulema es que la belleza es el menor de sus talentos. La he visto hacer y lograr cosas impensables, he visto la magia con que transforma todo a su alrededor. Pero ella, contrario a lo que podría pensarse, no se considera escritora, ni siente la literatura como un fin; para ella solo es algo interesante dentro del área de sus conocimientos. Me ha enseñado más de lo que he podido aprender, me ha “pervertido”, como le gusta decir. Me ha convencido de la importancia de que cada persona tenga a alguien con quien intercambiar sueños.

Pero lo mejor de ella es que sea una de las mujeres más divertidas que conozco. También una de las más polifacéticas e inteligentes, de las que asume el conocimiento como un bien personal, y no como una forma de poder u ostentación. Con ella he podido entender la mitad del mundo, por lo que su mayor influencia está en hacerme creer que puedo lograrlo todo.

—¿Proyectos futuros, literarios o no, en los que está empeñado J.R. Fragela?

Siempre me he visto como un emprendedor, alguien que quiere ir más allá. No conozco mejor proyecto que ese: ir siempre más allá.

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