Actualizado el 20 de marzo de 2015

Entrevista con Ormán Cala:

Un trovador silbaba en mis oídos

Por: . 17|3|2015

Tal vez le parezca raro al lector, pero llevo varios meses en los trajines de lograr esta entrevista con el bayamés Ormán Cala. Realmente, si no estuviera seguro de su talento musical hubiera desistido, sin embargo se trata de uno de los más valiosos trovadores jóvenes que tiene la Isla. Por eso he luchado por acercarle sus palabras sencillas, para que les cuente su historia. Si mientras leen este texto pudieran oírlo cantar sus canciones, advertirían su inequívoca vocación por el son y una lírica de potente expresión, donde se hace palpable la impronta de su andar por las calles bayamesas.

La idea de lo que es un trovador surgió en mi casa. De vez en vez, se juntaban mi abuelo y mi padre a cantar canciones de la trova santiaguera, cuando apenas era un niño. Claro que no tenía idea de lo que ocurría entonces. Conocí las canciones de Silvio y Pablo a los 15 años, fue así que apareció por primera vez la palabra trova, o un trovador silbando en mis oídos, en plena adolescencia. Estas canciones me atraparon, me sedujeron y me dejaron soñar con ese universo sonoro de acordes, guitarra, poesía y madrugadas, sueño del que no he querido despertar.

Me sentí trovador en la medida en que fui descubriendo ese mundo sonoro de guitarras y canciones. Comencé a escribir y cantar donde se diera la oportunidad. Primero de la manera más informal en descargas con los amigos del barrio en los parques y portales de esta ciudad, y luego todo se volvió un poco más serio. Casi sin darme cuenta andaba en actividades organizadas por la Casa de la Cultura y la Casa de la Trova, formando parte del movimiento de aficionados. Después fue mí llegada a las filas de la AHS. Desde siempre se me han presentado como trovador. Creo que esto se debe no solo a ese aire trovadoresco que tienen mis canciones, sino también al andar entre canciones por las calles de la ciudad.

Me contaron que en la Casa de la Trova de Bayamo se reunían a cantar cantautores de varias generaciones, en una peña que se hacía entonces. Pero yo todavía no soñaba despierto en frases musicales, así que no tuve el placer de asistir, ni si quiera de público. Hubiera sido bueno tener esa experiencia. Lo cierto es que cuando canté por primera vez una de mis canciones, solo quedaba el recuerdo grato de aquellos que compartieron ese momento. A mí me toco vivir la ausencia de esas generaciones bayamesas de trovadores que me antecedieron. Solo quedaba Isael Carrazana, como un único punto de enlace, y él formó parte, unos años más tarde, de aquellos que se fueron en busca de otras oportunidades.

Mis primeras canciones estuvieron centradas en vivencias personales, y aunque todavía escribo de cosas que me ocurren, trato de oxigenar mis canciones con el pulso de lo cotidiano, con esas vivencias comunes que terminan siendo parte de lo más íntimo de todo ser humano.

Lo más cercano en ese tiempo fue el grupo Nubes, integrado por Yusniel  Aliaga alias el Charly, Francisco Díaz, Armando Báez y Dayron Fonseca, que con un formato atípico de tres guitarras, un bongó y cuatro voces perfectamente acopladas, lograban una sonoridad en esencia trovadoresca, donde estaba bien marcada la célula del son tradicional en el bongó y aquellas guitarras con aires de country y pop rock. También tuve el placer de conocer a Waldemar Guerra, de Manzanillo, en unas Romerías de Mayo, en Holguín, y aunque no es bayamés, es otra de las voces de la provincia con la que tuve la suerte de compartir muchísimas madrugadas de guitarra y canción.

 En 2002 asistí por primera vez  al evento Longina, de Santa Clara, gracias a un buen amigo (Rafael Vilches) que era presidente de la AHS en Granma. El hizo todo lo posible para que yo estuviera en ese importante evento. Recuerdo que en esa ocasión apenas hablaba, andaba como asustado con un poco de temor a lo desconocido, aunque tengo que reconocer que el estar callado forma parte de mi carácter. El encontrarme con otros trovadores del país fue especialmente bueno Reconozco que fui uno cuando salí de Bayamo y otro a mi regreso. Compartir canciones con tantos trovadores talentosos me devolvió a Bayamo mucho más orientado en la manera de trovar y escribir canciones. Después de esta experiencia, participar en todo lo que se me convocaba se volvió una adicción

He asistido a programas de radio y televisión aquí en mi ciudad, de manera ocasional a lo largo de estos años, para promover un poco de mi vida artística, dígase conciertos, eventos u otros espacios culturales en los que he participado.

Mi primer encuentro con los medios a escala nacional fue divulgado en una reseña publicada en El Caimán Barbudo, donde también se hablaba del grupo Nubes y de la Fiesta de la Cubanía, organizada en el mes de octubre en Bayamo. Recuerdo con cariño la entrevista vía telefónica para la radio que me hicieras en La Habana durante uno de mis primeros viajes a la capital, para una presentación de El Caimán

He estado en los programas de televisión de carácter nacional Cuerda Viva y Paréntesis, bien pocos, si se tienen en cuenta los años de mi andar, y creo que otros como yo, del Oriente del país, lo han experimentado; y es precisamente lo difícil que resulta viajar con más frecuencia a La Habana para este tipo de promoción.

Me encanta toda la música cubana, en especial la trova tradicional, y sé que tengo mucho de ella en mi manera de hacer canciones, como también ha sido muy importante la obra de Silvio, Pablo, Noel, y toda esa generación fundadora del Movimiento de la Nueva Trova

Es muy difícil no estar influenciado directa o indirectamente en esta isla tan musical. Pienso que de alguna manera me parezco a esa generación, con la que me ha tocado convivir.   

Del ámbito internacional no sabría decirte si tengo tal o tales influencias. Presto atención a toda la música que llega a mis oídos, porque cualquier canción puede tener algo que me motive.  Mira, me gustan las canciones de Sabina. 

En todos estos años, la Casa del Joven Creador, sede de la AHS en Granma, ha sido la única institución cultural que de manera incondicional y estable, ha brindado apoyo a mi trabajo, abriendo sus puertas para la realización de conciertos, peñas y otros espacios de interacción artística, y por supuesto, en la promoción de mi obra dentro y fuera de la provincia. Ahora se ha sumado la Casa de la Trova, con la creación de un espacio llamado  Sobre la guitarra la voz.

No estaré nunca conforme con lo que he logrado hasta ahora, quedan muchísimas canciones por hacer y temas que abordar en ella. Sé que en algún momento va a llegar el que deje Bayamo en busca de nuevas oportunidades. Pero lo cierto es que me ha costado mucho decidir, cuando de alejarse definitivamente de esta ciudad se trata.

Aspiro a hacer todas las canciones que pueda, en este corto paso por la vida. Que queden grabadas, y las futuras generaciones puedan escucharme, aunque no esté físicamente, y claro que todo el que las escuche pueda sentirlas suyas, y disfrutarlas tanto como yo.

¿Qué cuales rastros encontré de La Bayamesa, de Céspedes, Fornaris y Castillo Moreno, y de Mujer Bayamesa, de Sindo? Por lo menos en cuanto a Sindo, en Bayamo todos los años se realiza una jornada que incluye recitales de poesía, conferencias, serenatas y un concurso de creación musical. Todo esto dedicado a esa hermosa canción. Por tres días, del 25 al 27 de marzo, tenemos la oportunidad de viajar en el tiempo, para recordar tan valiosa composición musical, y todo lo que representa para la cultura cubana. Pero después todo vuelve a ser igual de rutinario. 

De la canción La Bayamesa pudiera decirte que no corre con igual suerte. Pues aunque en Bayamo también se organiza un evento dedicado a Céspedes, dentro de este se hace culto al patriota y trovador, no a esta pieza pionera de nuestro cancionero trovadoresco. Solo la voz de un reloj digital gigante frente a la Plaza de la Revolución entona cada hora sus notas llenas de gloria. Por lo menos es un logro, pues se trata de la primera canción de la trova cubana.

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