Actualizado el 23 de julio de 2015

Pepe del Valle:

Creo que no he salido jamás

Por: . 14|7|2015

Gran parte de mi niñez la pasé con mi abuelo paterno, Miguelito Rodríguez, quien fue un excelente guitarrista acompañante de figuras como Juan Arrondo, Carlos Embale, Moraima Secada, el dúo Clara y Mario, y otros muchos que iban a visitarlo a la casa, ya fuera para descargar, o para ir a tocar a La Casa de la Trova de Guanabacoa después. Y en el caso especial de Arrondo —autor de grandes éxitos interpretados por el genial Benny Moré—, pude ver en muchas ocasiones cómo le llevaba a mi abuelo sus canciones recién inventadas, para que él le pusiera los acordes precisos, y le diera esa sonoridad que les faltaba.

No tuve formación académica. Mi abuelo, que siempre me vio con buen oído para la música, me llevó a hacer las pruebas para optar por una de éstas escuelas de arte tan buenas que habían, pero luego me decidí por las artes plásticas… Quizá debí hacerle caso y estudiar música.

No sé cuándo me reconocí como trovador. Un día alguien te señala como tal… Por un lado siento que sí, que hay una parte de lo que he compuesto que se encauza de manera natural por ahí, sobre la base del discurso del propio texto “comprometido”, o de la misma propuesta musical. Pero a diferencia de la mayoría de mis colegas de Habana Abierta, al crecer en Guanabacoa, oyendo sobre todo esos géneros musicales, quizá más apegado al sentir de la calle, como el guaguancó, las guarachas, las congas callejeras; además de la música tradicional cubana que me enseñó mi abuelo paterno, tuve quizá otra manera de expresar y de asumir la música a la hora de componer.

Tendría 14 o 15 años cuando intentaba hacer algo onda Morricone: silbando y demás. Y luego quería hacer canciones como las que cantaba Roberto Carlos; y también soñaba con que un día él me las cantaría. Luego compuse muchas guarachas y cosas. Y también hice canciones junto a mi amigo David Torrens, sobre todo para ligar por ahí y eso… aunque él siempre ligaba mucho más. Debe ser por eso que seguí experimentando con mis guarachitas y mis cosas

Mis amigos del inicio son Torrens, y algo más tarde, Alejandro Gutiérrez. Luego de grabar el CD Habana Oculta, producido por los maestros Gema y Pavel, y gracias a sus esfuerzos para que se conociera nuestra música dentro y fuera de Cuba, fuimos a España invitados al Festival de Música Étnica y del Mundo, en Bilbao. Y a partir de ahí comenzó todo lo que ya se conoce más o menos de nosotros.

Mi vida allí es como suelen ser la mayoría de los comienzos de una carrera musical en un país extranjero amigable: con mucha ilusión y una alegría desbordante.

Después del Habana Oculta, grabado en una casa del vedado, en Madrid grabaríamos Habana Abierta, que de cara al público, sobre todo un público mayoritariamente español, fue un éxito increíble para nosotros.

En Madrid nos decían que era como estar viendo ocho conciertos en uno, por la variedad que aportaba cada cual. Fue una aventura loca. Luego la cosa fue decayendo quizá por mala gestión, y sin dudas que por nuestra eufórica indisciplina…

En España produje muchas canciones. Esto de componer es como una enfermedad perenne para mí… no me libro nunca. Sin embargo, en esos diez años juntos grabamos sólo cuatro discos. Y en mi caso, he grabado en ese periodo sólo siete temas: “Lucía”, “Con tanta presión”, “Masoquismo”, “Fijaciones del verano”, “Play”, “Arrollando bien” y “Boca Abajo”. Te puedes imaginar que tenemos canciones en la gaveta como para hacer dulce; o mejor, para hacer otros discos de Habana Abierta en un futuro no muy lejano.

En España tocamos todos los palos. Compartimos grandes escenarios con artistas como Chavela Vargas, Ana Belén, Víctor Manuel, Ketama, Pedro Guerra, etc. Y también formamos la cumbancha en sitios pequeños con un público quizá más cercano, como el que tenía el Suristán o La Palma, en Madrid.

Actuando con Habana Abierta, no estuve en otro país. A mi regreso a Cuba espero que la gente cante y coree mis canciones cuando toque en vivo, sería lo máximo para mí… Sería como dice mi colega Kelvis: ¡lo más grande de la vida!

Hace veinte años que no venía —aunque veinte años no es nada, según Carlitos— y se lo puedo creer; pero ahora que ya llevo unos meses aquí, tengo la sensación de no haber salido jamás ni de Guanabacoa… Todo me lo conozco muy bien. Y de las cosas nuevas —que por otra parte son más antiguas que Ñañaseré— pero que me han impactado muchísimo: está la cantidad de pregoneros que hay por las calles a todas horas vendiendo todo tipo de productos, con mejores voces que las que tienen algunos cantantes de moda.

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