Actualizado el 14 de julio de 2015

Entrevista con la narradora turca Nermin Yildirim:

El mapa de los jardines de N. Y.

Por: . 4|7|2015

Quien vea una foto de Nermin Yildirim estaría mucho más cerca de pensar en una modelo de algún tipo de revista de actualidad. Y no. Nermin Yildirim es una narradora muy joven nacida en Turquía y radicada en Barcelona desde 2010. Se gradúa en 2002 de Periodismo y desde entonces trabaja para varios diarios y revistas de su país natal. Sin embargo, narrar es su fascinación y con ello pretende fascinar, y de igual modo a todos fascinarnos. De su capacidad de fabular o de contar historias dan prueba sus libros publicados, de los que no solo tuvimos la oportunidad de oírle hablar en la Casa de la Poesía, ubicada en el mismo centro del casco histórico de La Habana.

Nermin no solo nos habló de su obra y de sus comienzos e inserción en el panorama de la literatura contemporánea turca actual, sino que tuvimos también la oportunidad de escucharle —¡leído en turco!— un fragmento de una de sus novelas. Nada de sustos. El mismo fragmento había sido ya vertido al español con mucho más cuidado y tiempo de antelación. Así como Nermin fluía en diálogo directo con los asistentes —¡no el fragmento leído en turco!— fluyó de igual modo en español el momento de la historia de su novela que nos quería contar. Con sus  cuentos ha sido incluida en diferentes antologías literarias. Es así como ha podido participar en proyectos y festivales literarios en Alemania, Inglaterra, España, República Checa y Turquía. Nada, que es nuestro José Martí con mucha clarividencia: “Conocer diversas literaturas es el modo mejor de libertarnos de la tiranía de una de ellas”. Vuelvo a la foto, y es Nermin Yildirim quien risueña sostiene para sí el humo de su cigarro y, luego de unos instantes, lo espira hacia un lado casi y me responde: “No hay de qué preocuparse, Rito. Es mi esposo que es fotógrafo”. 

Confieso que al término de su lectura y conversatorio en la Casa de la Poesía, surgiría la idea de irnos hacia un costado de la Plaza Vieja, degustar un café y, más que otra cosa, dialogar.

Nermin, qué podrías decirnos de tus comienzos.

Empecé a interesarme en la literatura desde pequeña. En esos años no era la niña más social. Pero a cambio, leía muchos libros a toda hora, y encontraba mis amigos entre los personajes de esos libros. Después de un tiempo, pensé que quizá podía crear yo misma este tipo de amigos, otras realidades, y empecé a intentar crear cuentos cortos. Y desde aquel entonces hasta ahora nunca he dejado de escribir. Primero fueron historias cortas, luego novelas.

A los 30 años decidí empezar a compartir las cosas que había escrito con otras personas. Entonces acudí a una editorial con el manuscrito de lo que habría de devenir mi primer libro. Les gustó y accedieron a publicarlo. Desde entonces continúo escribiendo, pero ahora también compartiendo mis escritos con la gente.

Combinas tu obra con el periodismo. ¿Qué te interesa más? ¿Cómo lo logras?

Para mí siempre es más interesante escribir prosa, mi propia obra. Pero lo cierto es que he aprendido muchas cosas en la escuela diaria que es el periodismo, y siempre acabo usando estos recursos cuando escribo mis propios libros. Y al final, lo cierto es que acabo combinando el trabajo en el sentido más estricto. Por ejemplo, en mi última novela hablo de la II Guerra Mundial. Para ambientarme y conseguir historias, viajé al campo de concentración de Auschwitz, en Polonia, donde pude entrevistar a bastante gente. Estas entrevistas pueden ser luego historias humanas que se entrelazan en la ficción. Pero además, acabo sacando también algún texto o artículos para los medios de Turquía.

¿Crees que con la obtención del Premio Nobel por Orhan Pamuk los nuevos escritores turcos son más visibles? ¿Qué buscan las editoriales turcas cuando se trata de contar una historia?

Sí, después del Nobel a Pamuk, las librerías de otros países empezaron a tener una estantería dedicada a la literatura turca, cosa que antes no existía. Hace unos diez o quince años no era nada común que autores turcos estuvieran traducidos a otras lenguas, pero ahora somos más visibles, y las traducciones están llegando. El mercado literario internacional ahora nos comienza a prestar atención.

Respecto a qué buscan o no las editoriales turcas, nunca presto atención a esto. Creo que los autores no deben pensar en qué buscan o dejan de buscar las editoriales, sino en lo que ellos mismos quieran comunicar. La gente que sigue los deseos del mercado puede llegar a ganar ciertas cuotas comerciales a corto plazo, pero seguramente a largo plazo pierden bastante en cuanto a calidad literaria. 

Unas palabras sobre la narrativa turca actual si tenemos en cuenta su gran tradición. ¿Cómo ves que se mueve el campo literario dentro y fuera de la nación?

Ahora mismo nos encontramos con una generación de autores muy dinámica. Están mucho más enfocados en escribir prosa, novelas. Como siempre, hay algunos muy buenos y otros que no lo son tanto, pero desde luego estamos en un momento de efervescencia literaria singular. A veces tengo la sensación de que hay más escritores que público. El hecho de que despierte interés internacional nuestra literatura ayuda a este momento de efervescencia.

Hará unos días conocí a una académica estadounidense de origen chino y le preguntaba sobre una escritora llamada Amy Tang, y me decía que los chinos no se veían reflejados en sus novelas porque sentían que hacia un uso estereotipado de la nación y de los nacionales chinos. ¿Existen autores turcos en el mismo caso?

Por supuesto que dentro de un mismo país, como colectivo de autores, hay un campo muy ancho de creación donde caben muchas variantes. Entre ellas sí que podríamos hablar de que hay autores turcos que quizás utilicen en sus novelas algunos estereotipos al uso. Aun así, no creo que sea algo representativo de la literatura turca ni mucho menos. No, seguramente no vale la pena concretarlo en un nombre.

¿Entonces, qué autores contemporáneos turcos podrías recomendarle al lector cubano?

Aunque no es un autor contemporáneo, yo recomendaría la lectura de Ahmet Hamdi Tanpinar. Además, lo cierto es que no hay muchos autores turcos contemporáneos traducidos al español, pero sé que la obra de Tanpinar sí lo está. Él criticaba a la sociedad de su tiempo por medio de la ironía, de manera fina, muy inteligente. Te hacía reír pero pensar al mismo tiempo. Para mí él es el principal clásico, uno de los pilares fundamentales de la literatura en Turquía.

Me hablabas hará unos días (también lo mencionaste en la Casa de la Poesía) de un escritor ¿un poeta? de la misma época de Nazim Hikmet, y que sin embargo no llegó a ser conocido internacionalmente.

Sí, se trata de Sabahattin Ali. Escribía poemas, cuentos y novelas. Cuando murió en 1948, era aún muy joven, 41 años. Fue asesinado cuando trataba de escapar de Turquía por la frontera búlgara. Anteriormente había estado en prisión en diferentes ocasiones, por sus poemas y artículos. Por eso, Sabahattin Ali temía que iba a ser asesinado y trató de escapar de Turquía. Pero finalmente fue en vano.

Tan solo dos años después de la muerte de Ali, Nazim Hikmet huyó a la Unión Soviética, porque también temía ser asesinado. Después de su huida, le quitaron la nacionalidad turca, y tuvo que morir lejos del país que amaba. Varios años después de su deceso le volvieron a reconocer la nacionalidad turca. De modo que este tipo de historia fue común para algunos autores de la época. Aunque no lo creas, para nosotros la obra de Sabahattin Ali tiene tanto valor, o más, que la de Nazim Hikmet. El problema está en que lo que más vale y brilla de nuestra producción literaria de todos los tiempos algún día llegue a ser traducida.

Más sobre lo que has publicado anteriormente y un adelanto sobre lo que estas escribiendo en la actualidad. ¿Cómo ves el cuento? De ser así ¿qué te interesa más?

He publicado tres novelas con la misma editorial (Dogan Egmond): Apartamentos Nomeolvides, Secretos soñados en Istanbul y El mapa de los jardines ocultos.  Mi cuarta salió publicada en marzo de 2015. También he colaborado en diferentes antologías de cuentos cortos con algunas historias. Mis obras se han traducido al búlgaro, serbio, francés, chino, alemán…

Estoy escribiendo cuentos. He publicado en Turquía y fuera. También escribo uno mensual para una publicación literaria de mi país. Me gustan los cuentos, pero siempre prefiero las novelas porque me place perderme a mí misma dentro de una historia por un periodo de tiempo más prolongado.

Quisiera que nos adelantaras sobre esta última novela tuya, y por qué has decidido entregarle (regalarle) al menos un fragmento al lector cubano.

El mapa de los jardines ocultos es una novela que nos acerca a las cartas que se envían dos hermanas en la primera mitad del siglo XX. Una vive en Istanbul, la otra se encuentra viajando como periodista por Europa, siguiendo la geografía de acontecimientos como la II Guerra Mundial o la Guerra Civil Española. Es un tiempo de depresión. En Europa, debido a estas guerras, y en Turquía, la depresión se debe al brusco cambio que se produce tras la caída del Imperio Otomano y la creación de la República de Turquía. Creo que el alma de un período histórico concreto afecta también el alma de la gente que vive en ese mismo período. He escrito este libro para mostrar esto, y también para hablar de que todo el mundo vive simultáneamente momentos similares, aunque nos parezca estar en ritmos muy diferentes.

Por tanto, la idea subyacente es que como país, como personas, si nos sentimos solos. Siempre debemos recordar que hay otros países y otras personas pasando sentimientos similares al mismo tiempo. Por lo tanto, si estamos solos, estamos todos solos… y si todos estamos solos, no hay soledad. ¿O sí?

Algo más que quieras decirnos a los lectores cubanos.

He visitado Cuba ya dos veces, y amo a este país y su gente. Me gustaría que la literatura fuera un puente entre Turquía y Cuba. Para mí, todo en Cuba está impregnado de literatura. Me parece que la gente tiene una manera muy poética de hablar, de expresarse… lo cierto es que me sorprendió al llegar aquí. Por eso, como amante de la literatura, me gusta estar en la Isla y hablar con los cubanos… es como leer un libro.

El Mapa de los Jardines Ocultos / Nermin Yıldırım

Un fragmento de la carta que Suad escribe a Behiye:

Después de que te fuiste, he tenido que esperar dos años para poder sentir un deseo real por algo.  En esa época pasaba los días leyendo debajo de una pérgola adornada de rosas, o a veces, bordando con el bastidor que mi madre, preocupada de que los libros me iban a corromper la mente, me ponía en las manos. Las horas se alargaban como quesos que se derriten al sol, los días se hacían interminables. Debo el no haber muerto de aburrimiento a un juego simpático que entró en mi vida durante esos tiempos. Y debo el descubrimiento del juego a Nevzat Bey.

En ese periodo Nevzat Bey viajaba al extranjero con mucha frecuencia. Esperaba su vuelta con impaciencia, porque siempre me traía libros en alemán y en francés, y me contaba unas aventuras que hacían al oyente morderse las uñas. Además, yo no era la única en casa que lo esperaba; de vez en cuando mi padre miraba el calendario y preguntaba “oye, cuando era que volvía ese Nevzat?”  Las novedades occidentales que nos contaría al volver hacían salivara mi padre emprendedor. Y cuando volvía, tal como él lo deseaba, Nevzat Bey se recreaba contando lo que había visto en Europa y cada vez, al finalizar su discurso, entrecerrando sus ojos y adoptando un tono de voz duro, preguntaba,

“Avni Bey, ¿los europeos son más listos que nosotros?”. Luego él mismo contestaba. No, claro que no eran más listos que nosotros. Pero eran más rápidos y sus mentes funcionaban de otra manera. A pesar de que éramos nosotros los que madrugábamos, ellos salían de casa antes. Sin embargo las raíces de todas esas ideas y descubrimientos, que el oeste trataba como si fueran suyos, pertenecían a los ilustrados musulmanes. Pero los europeos, muy aficionados a la soberbia, en lugar de reconocer que habían aprendido la medicina de Avicena, hoy se atrevían a despreciar nuestros médicos. Mientras chuleaban de sus pájaros metálicos deslizándose en el cielo, se olvidaban que Hezârfen fue el primero en ascender al cielo, y que Ibn Firnas construyó el primer pájaro metálico. Ahora mirar hasta donde habíamos llegado y darle vueltas a porque no habíamos podido cosechar la fruta de los árboles cuyas semillas habíamos sembrado, era nuestro deber moral. Mi padre, que era un apasionado de todo lo relacionado con cosechar frutos, le escuchaba sin dar un ruido. Y Nevzat Bey, que aprovechaba la fuerza que le daba este silencio fascinado para dramatizar su voz, seguía con su torrente verbal, con una emoción que pasaba de un susurro a un grito:

“La explicación de nuestra derrota es el hecho de que siendo musulmanes, hemos combatido contra los cristianos durante tantos años, Avni Bey. Sin embargo los tiempos han cambiado, ahora lo importante no son las religiones sino las naciones. Antes de la república, éramos musulmanes antes de nada, pero ya antes de nada nos consideran turcos. Es decir, el éxito que tanto hemos añorado, está cada vez más cerca. Los mercantes sagaces como usted, que entienden el alma de este tiempo, estarán entre los primeros en recolectar los frutos de esta época. Siempre que, como el europeo, actuemos rápido.  Hagamos el trabajo que hagamos, tenemos que lograr ser de los primeros en hacerlo. Y naturalmente, antes de nada, debemos ser conscientes de lo que estamos firmando. “

Como su propio padre daba la espalda al comercio, proclamando que era del vulgo, Nevzat Bey buscaba apoyo en el mío. Por petición de mi padre, y naturalmente, con todos los gastos pagados por parte del solicitante, los viajes a Europa se hicieron más frecuentes; empezó a ejercer como una especie de detective de invenciones y descubrimientos. Se esforzaba para encontrar una idea, un objeto nuevo que el ciudadano, sin darse cuenta, había estado esperando hasta ese momento, y sin el cual no podría vivir en cuanto lo poseyera. En el despacho de mi padre, atestiguado por su amplio escritorio de nogal, cargado de un lustroso conjunto de tintero y pluma, y una máquina de escribir de la marca Smith Corona, hablaba un día de fabricar perfumes cuyos olores permanecerían en el cuerpo durante una semana entera, otro día de la necesidad primordial de la nación por unos zuecos de baño que no hacían ruido.

Sus discursos efusivos describían los inventores y sus descubrimientos milagrosos con tanto fervor que era imposible quedarse indiferente. Con cada nombre que oía, mi mente se llenaba de decenas de preguntas. A saber de qué personas tan maravillosas se trataba, y que mundo más divertido habitaban, comparado con mi existencia tediosa. Nada más pensar en ellos la curiosidad me asaltaba; mi mente deseaba saber, mientras mi alma ardía con la pasión de saciarme de vivir. Luego, un día descubrí que cuando estaba harta de la mía, podía vivir las vidas de ellos. Claro, si yo quisiera, podría acicalarme con las vidas de la gente desconocida como si fueran prendas multicolores, y libre como el mismo aire, volar de un alma a otra. ¡Además desde mi propio asiento! ¿Quieres saber cómo? Te lo cuento; todo comenzó cuando Nevzat Bey adornó el final  de un discurso largo con ejemplos de Kutbettin Shirazi, quien actuó más rápido que nadie en su explicación del arco iris. Mientras escuchaba su charla, que era tan dulce como si tuviera un caramelo en la boca, sentí curiosidad por saber que sería aquella cosa que hiciera al erudito del cual hablaba fijar la mirada detenidamente en el cielo, y llegar hasta el análisis de los colores que se encontraban ahí. Mientras bordaba los vivos colores del arco iris en mi bastidor, intentaba sentirme como Kutbettin de Shiraz. De este modo, por poco que fuera, entendería su pasión y compartiría su emoción. En las semanas siguientes, cada vez que me aburría bajo la pérgola, me embebía en la idea de que estaba en la ciudad de Tebriz, en vez de en el jardín de la mansión, por una parte estaba curando al gobernador Teküdar y por otra, fijando la mirada en las nubes, estaba descifrando los misterios del cielo. Como si se pudiera ser Shirazi sólo por mirar el cielo… Pasé tanto tiempo mirando, hermana, que créeme, al final logré meter un trozo de Shirazi en mi alma!

En otra ocasión me fijé en Hezârfen. Cuando estaba harta de ser yo, me sentaba en el diván debajo de la pérgola y me abandonaba a dulces fantasías. Me dejaba llevar por el sueño más bello que una persona cuyo mundo está limitado al jardín de su casa podría tener, y abría mi corazón a mundos lejanos. En estos sueños que soñaba a plena luz del día, yo era Hezârfen, era mil científicos, es decir, era de los que saben mucho. Leía la esencia, miraba el vuelo de los pájaros, diseñaba varios tipos de alas dentro de mi cabeza. Es más, mientras hacía todo esto, no me incomodaba lo más mínimo, ni siquiera me levantaba de mi asiento. Desde el sitio donde estaba sentada, subía por ejemplo a la Torre de Galata. En ese momento tomaba a mi madre, que escrudiñando la expresión relajada en mi cara, me aconsejaba acelerar el trabajo que tenía en la mano, por un miembro de mi ferviente público, y sonreía. Echando un último vistazo a la multitud alineada abajo como cuentas multicolores, esperando que volara, cerraba mis ojos y me dejaba caer sobre el atlas azul. Dando vuelta tras vuelta en el cielo, como un fino pelo, deslizándome al temor reverencial del público, mi padre, preguntando por mi salud sin importarle mucho la respuesta, se convertía en el Sultán Murad IV. Él no lo sabía, pero se estaba preparando para darme en unos minutos una bolsa llena de oro y después, temiendo el poder de mi mente, para exiliarme hasta nada menos que Argelia.

No malentiendas hermana, no me he vuelto loca en absoluto. Sólo intentaba darle un poco de alegría a mi vida sobradamente podrida. Que siempre supe quién era (al menos hasta el punto que todo el mundo cree saberlo). Pero también supe quien no era, y con el esfuerzo de sentirme como si fuera así, transporté mi alma a otras vidas. Si mis sueños comenzaron con los ilustres musulmanes, con el tiempo penetré en el alma de todo lo que me provocaba interés. Transcendiendo la geografía y los talentos, abandoné mi mente a las aguas templadas de mi curiosidad. Para huir de mi misma no quedó ninguna puerta donde no hubiera llamado, ninguna vida donde no hubiera entrado, ninguna identidad que no hubiera adoptado. Un día descubría la electricidad, al siguiente componía un pedazo de concierto a solas. Si ayer descubrí un nuevo continente tras una larga expedición en el mar, hoy escribía una novela en francés. Al principio escogía gente que ya existía para vestirme con sus almas, donde no alcanzaba la verdad les recortaba cuentos inventados. Pero más adelante empecé a dar vida a los que no estaban, crear gente que nunca había existido, y sentirme como si fuera ellos. Es decir, que con el tiempo, amplié el negocio.

Claro que tuve que ocultar mis juegos de todo el mundo, y así lo hice. Sino, estaba segura que lo más probable era que, convencidos de que había perdido la razón,  harían lo que hiciera falta para quitarme mi única diversión. Por eso jugué mi juego a solas durante muchos años. A ellos no les vendí entradas.

 

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